lunes, 17 de noviembre de 2008

Panfleto número 3.

Para ti, por ser, y para estar mejor.
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Quisiera decirte muchas cosas. Decirte, por ejemplo, lo grande que se mira el conejo de la luna desde acá, o lo poco que brilla el sol cuando está anocheciendo. La tristeza que da verlo apagarse, poco a poco, aún con la consigna de que regresará al día siguiente, se le den de comer corazones sangrantes o no.
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Quisiera decirte muchas cosas. Decirte, por ejemplo que nos han mentido. Que no tenemos ninguna de las cosas que compartimos, que nos hacen hermanables, que ligan nuestra relación más allá de la sangre: que Carlota no murió loca, sino cuerda, cuerdísima, y que Maximiliano la amó hasta el último de sus días, que nunca le puso el cuerno con una negra en el Brasil, y que ninguno de sus capitanes estuvo vendido a Juárez y a su Reforma. Que ambos viven, felices, felices en una vejez sin par, rodeados del estilo de sus cortes, en un lugar de la Viena Imperial todavía, de cuyo nombre no quiero acordarme.
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Quisiera decirte muchas cosas, cosas que digan que tú y yo vivimos en una falacia absoluta, un error garrafal que hace que no seamos nada, a duras penas generosos conocidos: que Carlos V nunca probó el chocolate, que Cortés nunca dejó Cuba, que el Imperio Azteca nunca cayó... porque nunca estuvo alzado, y que el hombre no cruzó Bering, y que las glaciaciones, los calores infernales y las revoluciones del corazón nunca han existido.
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Quisiera decirte muchas cosas, cosas que nos despierten, nos hagan sentir en el amanecer de la vida, en la plenitud de la edad de oro. Decirte, por ejemplo, cómo se escribe una copla caribeña, cómo se atrapa una ola de mar, cómo se cuentan los ángeles en la punta de una aguja, o los versos en una rima sin pasión. Cómo se hace la vida, cómo se genera el amor, cómo se apaga una sonrisa.
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Quisiera decirte muchas cosas. Decirte, por ejemplo, que la palabra es un invento que nos hace humanos, pero no nos da la paz. Decirte, ¿por qué no he de decirte? que la luna es de queso, la naríz de los perros de chocolate, el núcleo de la tierra de zumo de naranja concentrado -y altamente hidrogenado-. Decirte, quizá, que la vida no se escribe en un minuto solamente porque haría falta otro millón de años para vivir ese minuto a conciencia.
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Quisiera decirte muchas cosas. Pero nada sirve. Nada funciona. Todo está mal. No hay peces en el mar, ni días felices, ni tierras pacíficas. No hay héroes, ni columnatas, ni efigies. No hay conciencias, no hay almas, morimos y aquí se acaba todo. Cuando no hay palabras, cuando no hay consuelo en las letras posibles, no hay para qué reinventar la realidad.
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Nada de esto, que yo intento hacer cambiar con mis letras, nada de esto que quisiera reinventar para ti, para hacerte sentir mejor, funciona si no estás tú. Porque nadie como tú para contar historias, para cambiar las realidades, para aplacar los conceptos y traer la sonrisa a la cara desde fondo del corazón. Nadie como tú para entender mis locuras, mis histerias, mis modos raros de creer, de amar, de leer, de soñar. Nadie como tú para compartir mis sueños, para darme el aliento diario, el hombro franco en qué apoyar la mano.
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Si me escuchas, si esto llega a ti, aprovecha el mensaje y dale todo de ti a esa maldita enfermedad, para que sepa que contigo no cuenta, que contigo todos sus intentos son fracasos nonatos, guerras perdidas. Porque eres fuerte, más de lo que tú y yo imaginamos incluso. Sigues siendo mi héroe, pero esa es una cosa que me toca a mí. Por lo pronto, necesito que estés bien, porque el mundo, mi mundo, el que está lleno de esas ganas de vivir que tú siempre me has compartido, es distinto sin ti, y distinto no me gusta, distinto no estoy dispuesto a vivirlo.
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Procúrate, no te abandones. Son los momentos duros, como éste, en que somos el refugio más ansiado. Tú sabes que cuentas conmigo, con lo mucho o poco que mis palabras puedan ayudarte, que mis mentiras puedan consolarte, que mi juicio pueda ponerte en razón. Yo tampoco soy perfecto, pero es gracias a lo que tú me has dado en los momentos más crueles, a manos llenas, como siempre, que hoy estoy a flote procurando hacer algo por ti. No es mi batalla, pero estoy dispuesto a redoblar mis fuerzas. Esto no se acaba hasta que uno de los dos doble los brazos... y los míos no cederán. No pasarán.
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¡Salud!
Faltan 13 días para la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2008.

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