lunes, 17 de noviembre de 2008

Ámbar.

A la lagartija, por la longa espera.
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Flaca hasta perder los huesos, detenida en un colapso de piel y escamas, rodeada de partículas venidas de su propio mundo centáurico, apocalíptico, terminal, científícos de Chiapas encontraron a una lagartija conservada -y muy bien conservada- en ámbar. El animalito tiene la nada despreciable edad de 23 millones de años. Sí, leyeron bien, y si no lo pueden creer, o si leyeron muy rápido, les va de nuevo: 23 millones de años.
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El ámbar es, según mis informantes -sí, ya volvieron, ¡albricias!- un compuesto orgánico proveniente de las cortezas de ciertas coníferas que crecen en muy determinados puntos del mundo, y cuya tarea es la de resguardar al árbol lastimado de elementos patógenos que pudiesen atacarlo. En forma de resina, osea, líquida -o más bien como moco de gripiento-, el ámbar resbala desde el interior del árbol hasta cubrir la herida causada al árbol por cualquier elemento punzocortante.
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Altamente apreciada -incluso llega a cotizarse más cara que el oro, según me informan-, se hace con ella joyería diversa y bisutería de lo más "nice". La cosa es que el ámbar se ha hecho famoso no sólo por su dorado y transparente color, ni su función reguladora del equilibrio ecosistémico, sino porque es capaz de conservar gran cantidad de organismos al caer sobre ellos por accidente y endurecer.
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Sí, es como el mosquito prehistórico de la película Jurassic Park, cuyo ADN extraído hacía posible la clonación de los dinosaurios.
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Nuestra -es que es mexicanísima: la encontraron en Simojovel, una zona de Chiapas que tiene las minas más ricas de ámbar- lagartija no trae otro ADN que el suyo propio, y ya bastante petrificadón. Junto a ella, en la misma gota de ámbar, se encuentran algunas hormigas cenozóicas -osea, bastante antigüitas-, que según los encargados de la investigación tras el hallazgo, estaban atacando a la lagartija cuando la gota de ámbar se los llevó... a todos. También está en la misma gota un grillo, que, según fuentes extraoficiales, nomás andaba de mirón.
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Ya los estoy escuchando hasta acá: "Éste de plano cree que uno entra a su blog nada más para chutarse sus hallazgos mitológicos y leer las miserias de su existencia". Sí, tienen razón, pero por algo siguen entrando para leerme cual manadas de Pitufos cuando llega Gargamel -en bola, sin juicio ni beneficio-. A mí lo que toda esta noticia me trae de júbilo, y que espero a ustedes los contagie, es el hecho de recordar que los accidentes de lo fortuito, que de pronto parecen borrarnos de la faz de la tierra, pueden tener en realidad la función de perdurarnos.
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¿Qué sabia es la vida que logra encapsularse por millones de años, hasta que otro accidente la devuelve a la luz? Vida y verdad, me parece, tienen la misma estructura en su funcionamiento: el destino las cubre, las apaga, o hace lo posible por desaparecerlas... pero no falta el despistado que, sin deberla ni proponérsela, saca todo a la luz y luego se lleva el crédito.
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Pero el crédito, nomás por esta vez, se lo lleva la lagartija -y sus amigos-. Me han recordado que, después de todo, ser cubierto por una masa de ámbar caliente y aplastante, y ser enterrado en el subsuelo en el pasar de los siglos y milenios, no está tan mal después de todo: algún día todo, hasta lo que esconde el ámbar, sale a la luz... y trae buenas noticias.
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Me traen de último momento la noticia al respecto mis informantes, que el significado etimológico de la palabra "ámbar" es "lo que flota en el mar". Miren, qué curioso. Como la vida, como la verdad, como tantas cosas de las que uno siempre termina enterándose. ¡Qué buen día! Otro de estos y pago las copas de todos... pero vacías, ¿eh? tampoco se manden.
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¡Salud!
Faltan 13 días para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara. Ya huele a tinta, yumi.

1 comentario:

Alejandro Bercini dijo...

Cada quien escoge su medio para inmortalizarse, en ocasiones será accidental. El mosquito cayó en el ámbar, yo he caído en el papel, y tu, mi amigo letrado de lares blogueriles, has caído en un blog y en un periódico - En la tinta al fin - Habrá quien deje su espíritu en roca, en escultura de yeso o hierro, otros han preferido un lienzo, y otros más -aunque no escogieron pero pasó - se inmortalizaron bajo tierra -recordemos a nuestros amigos dinosaurios, que ni tan amigos eran -.
No cabe duda que la madre naturaleza tiene manera muy particulares para maravillarnos y demostrarnos que - a pesar de los avances tecnológicos y le evolución (será?) del hombre- la que manda es ella, y no existe mayor perfección que la que ella crea.

Tenía algunos días sin pasar a dejar mi huella -que pudiera ser inmortal si no viene un Y3K que borré todos los datos de la computadora.. o el dedo de un Agus que opté por borrar los comentarios jeje - por este espacio. Un Abrazo.

Saludos desde Wonderland.