jueves, 13 de noviembre de 2008

Lunario diario.

Y en las lunas de tus ojos
nadé la noche.
Cuando desperté,
ahogado estaba
de tanta luz.
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Iba yo pensando -cada vez que digo algo similar estando mi madre presente, la progenitora más católica de toda la República Mexicana se apresura a interpelar: "Ya es muy bueno que a tu edad pienses"-, decía que iba yo pensando en la multitud de cosas que tengo por hacer antes de la llegada de la FIL -ya viene, ya viene, quebrándose, quebrándose-, para poder vivirla agusto, cuando casi me atropella un 634 que iba -¡qué raro!- a velocidad luz.
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Repuesto del susto, una señora que andaba por ahí, y que se acercó a verme para decidir si seguía su camino o le hablaba a una ambulancia, me puso la mano en el hombro y, con ese tono admonitorio, entre macabro y sabio, que usan las personas mayores cuando van a decir algo importante, me susurró: "¡Ay, joven! Ya sé por qué le pasó a usted eso". La miré como quien está decidiendo entre salir corriendo o afrontar la situación. "Es que hoy hay luna llena".
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¡Zaz, caímos, sonamos! La cuestión de la señora es medio dicotómica: no sabía ella que el semiatropello no fue por culpa de la luna, sino porque iba yo distraído -¡qué raro!-, pensando -eso sí que es raro- en mi lista de pendientes; pero tenía razón, al bajar del camión, ¿adivinan que es lo primero que veo, más grande frente a mi cara que la pantalla de Roja ahora está? Sí, una luna, llena, regrandota como una pelotota que alumbra el callejón.
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Entonces se me vino a la cabeza una idea no dicotónica, sino polifacética: ¿hemos considerado últimamente los seres humanos la cantidad de cosas que a la luna legamos en forma de culpa y admiración, inspiración o miedo? Voy, digo, expreso, aquí están, algunas de las cosas que pensé que la luna tiene como saldos a favor entre nosotros, los que aquí, bajo su luz, hacemos -o intentamos hacer- cultura y civilización.
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Hay dieta de la luna -que dicen mis hermanas que no funciona-, dice Jaime Sabines que la luna se puede tomar a cucharadas, o como cápsula cada dos horas, para Mecano tuvo un hijo, Benedetti puso a un hombre a mirarla, y Pablo Neruda la eclipsó en su poema 20.
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Los antiguos hicieron calendarios con ella, que hasta hoy seguimos a pie juntillas para regir nuestros cultivos, nuestras actividades, para cuidar los embarazos. En la antigüedad creían que la luna, per sé, interfiere en el ánimo de las mujeres, hace que los nonatos tengan mal formaciones y altera el metabolismo. Hoy, nuestro sistema de creencias la sigue incluyendo en su entramado, colocándola en papel de transformadora de hombres lobo, alteradora de mareas -bueno, esto no es creencia, es más cercano a la ciencia- y protagonista de mitos, como el del conejo que sus cráteres forman, y que para los antiguos grupos nahuas era un conejo mandado allá por un sabio y dadivoso Quetzalcóatl.
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El hombre -gringo- llegó a ella en 1969, y luego siempre no. Uno de los más famosos filmes de la historia, Viaje a la luna (1902), de Georges Méliès, la tuvo como protagonista, he hizo famosa la estampa de su ojo derecho impactado por un cohete. La ciencia ficción la ha rellenado de alienígenas, platillos voladores y hasta villanos desconsiderados -¿alguien además de yo recuerda que en los Power Rangers, Úrsula salía del interior de la luna en el inicio de la serie, para aterrorizar a la Tierra?- La han pintado postimpresionistas -Van Gogh, en su Noche estrellada (1889)-, surrealistas -Dalí, en su Bodegón al claro de luna (1927)-, y más surrealistas -Joan Miró, en Campesino catalán al claro de luna (1968) .
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Remedios Varo la pulverizó en Papilla Lunar(1958) y Frida Kahlo la volvió el foco de su parte más oscura en su Árbol de la esperanza (1946). Diego Rivera no la puso en ninguna obra, los árabes se hicieron identificar durante siglos con su cuarto menguante, y Galileo hizo grabados con sus caras.
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La luna -nuestra luna- tiene caras -casi casi le diagnosticamos multipolaridad-, enferma, es de queso, hiere, enamora, crea locuras, engendra, sobrevive, es eclipsada. Nuestra luna ve, mira, juzga, oye, habla, se deja pisotear. Unos científicos le practicaron robo hormiga en la segunda mitad del siglo pasado, y sus pequeños fragmentos se exhiben en un museo de la NASA como trofeos de guerra, trofeos de luna. El arte la ama, la técnica la visita, y la ciencia le quitó la gravedad.
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¡Qué de cosas! Ahora nada más falta que la luna protagonice una novela, una caricatura, un manga japonés. Ahora nada más nos falta verla en la portada de una revista, siendo entrevistada por Diego Luna -miren, hasta apellido la hicimos-. ¿Y luego? Propongo bebernos juntos un luna nueva en las rocas, contarnos los lunares y comer lunetas. ¿Ven? Hay pachanga. La luna paga.
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¡Salud!
Faltan 17 días para la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2008.

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