viernes, 7 de noviembre de 2008

Fuentes de luz.

Confieso que he vivido: no soy un lector asiduo de Fuentes. A duras penas soy un lector de Fuentes. Reconozco, sin embargo, las peculiaridades de su estructura novelística, la capacidad que tiene el autor nacido en Panamá en 1928, de padres mexicanos, para construir cosas con palabras: ciudades reforzadas, hechas personaje; sentimientos, dudas, caídas, abrumadoras consecuencias.
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Reconozco también el delgado y finamente fabricado hilo narrativo con el cual logra ofrendar al lector grandes escenarios, estratégicos personajes, idiosincráticas realidades. Le reconozco también, en su papel de ensayista, su capacidad para mirarlo todo con los mismos ojos dicotómicos con que construye sus novelas: los de un hombre profundamente mexicano, pero también profundamente extranjero. Un hombre con un pie en cada continente, y muchas ganas de contar lo que desde ese faro de calcio y carne se divisa en cada parte del mundo.
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Sucede que Fuentes vivió toda su infancia en lugares extraños al México de sus padres: Ecuador, Chile, Estados Unidos, Francia, España, lo que le permitió contrastar realidades, medir potencias, calcular finas diferencias entre los individuos del mismo género -el humano-, pero también las más finas similitudes.
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Dejen escribir a un hombre con tantas visiones distintas del mundo, y agreguen al crisol un cercano y familiar vínculo con grandes intelectuales y pensadores de su época -y de todas las épocas-, como Alfonso Reyes u Octavio Paz, y lo que obtendrán será una mezcla fabulosa: un hombre con la capacidad de entender lo cubano, lo soviético, lo norteamericano, lo mexicano, con los mismos ojos con que mira mecerse al viento alegres cempazúchiles y hiela su sangre con espectáculos charros, o estrecha manos de presidentes de todos los partidos y colores posibles, manos de intelectuales como él, manos de pensadores, artistas, deportistas. Manos de hombres.
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La región más transparente, su obra cumbre -para mí, que los otros críticos hagan moscas con el resto de su obra-, que cumple este año 50 de haber visto la luz, le da a los 80 que también cumple este año Fuentes luz y razón de ser. México, esa que ya también es mi ciudad, y que sé que podría pertenecerle a todos ustedes si se dejaran cautivar por sus finos ojos de vialidades y farolas, se convierte por vez primera en personaje cosmopolita donde conviven ventanas coloniales, ruinas aztecasy fachadas decimonónicas. Milagro mexicano hecho ciudad. Milagro literario hecho novela.
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Confieso también que cada que leo a Fuentes tengo que estar conciente de que he de perderme. Eso en narrativa se llama "estructura compleja" -o lector nefasto-: tiempos que se entremezclan, personajes que ahora son y ahora no, o son y no son al mismo tiempo, pasados que contemplan al futuro al tiempo que lo modifican, futuros que se desconocen. Y al final, en medio de todo, como estructura perdurable, el hombre y su extraña tendencia de radicalizarlo todo, de perderse hasta en la más absoluta de las soledades. El hombre hecho letra, vuelto hacia lo que siempre ha sido.
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Yo, si fuera mi amigo, lo felicitaba. Lo felicitaba por su gran genio, su manejo especial de la palabra y su manejo aún más especial de la política. Por hábil mediador, fino estratega del gerundio y claro estructurador del tiempo narrativo, la focalización y la voz. Lo felicitaría también por darle a México un buen hombre aspirante al Nobel de Literatura -él mismo-, pero no lo felicito por esto porque sé que no se lo ganará, aunque lo de aspirante ni quien se lo quite.
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Pero lo felicito de igual modo. Por Aura, La cabeza la hidra, La región más transparente y La muerte de Artemio Cruz, que son las que me he chutado sin más represalias que mi lectura misma. Lo felicito y lo abrazo, en la distancia y el anonimato, como abrazo a sus libros cuando logro digerirlos -es que son como un bocado de salvado de trigo con pimienta entera-. Enhorabuena, don Carlos. Provecho y muchos años más.
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¡Salud!
Faltan 23 días para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara.

1 comentario:

Gala dijo...

Buaaaaaaa!!!
Agus amé tu entrada, en verdad la amé. Me encanta como escribe Carlos Fuentes, pero creo que no podría poner en palabras su obra como tú lo has hecho.
Alguien debería hacerle leer esto!!!
Esperemos que algún día lo haga.
Hermosas palabras.
Besitos y saludos a la familia de mi parte.