jueves, 27 de noviembre de 2008

El decálogo del buen amigo.

El que busca un amigo sin defectos, se queda sin amigos.
Proverbio turco.
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Ya huele a FIL. Lo más probable es que no pueda contar el "falta 1 día" mañana, porque voy a andar del tingo al tango, disponiendo todas las cosas en esta su muy humilde oficina, para hacer de la FIL mi FIL, y de paso, el evento que se merece. Así que para no errarle, y que luego no me lluevan los vituperios y los reclamos altisonantes, voy a escribir esta entrada como si faltara un día para la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, y luego allá, si la FIL nos lo permite, les cuento cómo van las cosas. Voy, pues, a la materia de esta entrada.
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Hay tres cosas escenciales que nacemos sin saber hacer: leer, conducir y ser buenos amigos. Las primeras dos se enseñan en escuelas; la última, requiere de un profundo esfuerzo de los padres por rodearnos de recomendaciones y puntualizaciones sobre las relaciones humanas y su complegidad, y también de muchos catorrazos experimentales. En la amistad, como en otras tantas cosas de la vida, echando a perder se aprende.
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Pero hay quienes abusan de esta característica de la amistad de aprenderse a trastabillazos, y nada más andan viendo cómo equivocarse, yo no sé si para pasar el tiempo, o para aumentar su currículum personal de relaciones fallidas. Por este motivo, el equipo que hace El Baile de la Coma, que siempre está buscando la manera de llevar a ustedes información fructuosa y útil -? y ?-, ha decidido elaborar un "Decálogo del Buen Amigo", con la intención de que cada vez que sientan ustedes que la decisión que están tomando respecto a sus compas, sus carnales y sus jainas -¡Dios, quítame lo guarro porque yo no puedo!- anda errada, se detengan, mediten, piensen, y lean la lista de diez, que nos tomó diez minutos hacer, y que está de diez -en calificación sobre 100-, y ya no anden nada más cajeteando las cosas por la vida. ¿Va? Vale.
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1. No des consejos que nadie te pidió. Es molesto, infructuoso y cansado: tú vas a quedarte con la idea de que ayudaste, y tu amigo va a quedarse pensando que no debió confesarte lo de su prepucio atorado en su bragueta -¡guaaaarro soy!-, o lo de los braquets de su novio amarrados al pelo de su nuca -no entendí-. Tú cansado de hacer ver las cosas "como son"; él harto de estarte escuchando decir cosas que ya sabe. Espera a que pregunte, y, entonces sí, con el derecho que te da la cedida de palabra, habla, despotrica, aconseja y luego cállate.
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2. No pidas explicaciones. Lo que tu amigo menos sabe es por qué robó el carro de su exnovia, por qué mató al perro de su vecino que ladraba toda la noche, o por qué cometió tráfico de influencias y convirtió su 5 en 8 en Español. Si él no lo sabe, ¿cómo esperas querer saberlo tú? La linea entre estar con tu amigo y no meterte con sus cosas es delgada, pero vale la pena aprender a observarla, delimitarla y... ¡respetarla! A menos que tu amigo sea un niño de kínder, o de primaria, y entonces la pregunta sería para ti: ¿no tienes ganas de salir con gente un poquiiiito más madura?
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3. No niegues un abrazo, una llamada o una respuesta. Las tres cosas son igual de graves, igual de importantes e igual de valiosas. Deja que las tareas diarias te permitan un simple "¿cómo estás?" de kilómetros de distancia, o un "te quiero" pronto y espedito. El mensajito en Messenger, o en celular, es una alternativa útil y sencilla para los fríos o ocupadísimos. No te cuesta nada. No le niegues a tu gente la oportunidad de saber que vives y que siguen siendo individuos importantes para ti.
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4. No establezcas jerarquías. A ver: si tienes diez amigos, y con los diez has vivido momentos trascendentales en etapas varias, ¿cuál es la necesidad de pensar que uno de ellos tiene que ser el mejor de todos? Las personas somos polvo en el viento, cuya localización incierta nos permite tener encuentros mágicos cada vez que nos topamos. El de la secundaria, el de la prepa y la de la facultad, merecen por igual tu cariño y acompañamiento, porque han estado contigo en etapas diversas, pero igual de mágicas. No les niegues la oportunidad de ocupar lugares iguales en tu corazón.
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5. No veas a tus amigos como oportunidades. Ni de crecer, ni de madurar, ni de obtener una calificación: son personas que han entrado en tu camino por alguna extraña razón, y esa es la única maravillosa oportunidad que debes ver en ellos. Piensa, y piensa bien: si tu amigo tiene cara de Pase V.I.P, o de boleto en primera fila, o de 100 en Historia... alguno de los dos, y no creo que sea él, han estado equivocando el término "amistad", colocándolo en lugar de "contactos personales". ¡Aguas! Eso es jugar con fuego.
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6. No permitas que te cambien, ni los obligues a cambiar. Aprende de ellos. Son, seguro está, personas magestuosas y diferentes, cuya diversidad te da la capacidad de saber de otros modos de vivir la vida, de otras formas de caminar, de salir adelante, de encontrar oportunidades. Dejar que te influencien por completo, es imposibilitarlos a llegar a tu capacidad de conquistarlos. Dales la oportunidad de conocerte tal cual eres, en todos los aspectos -hasta los más íntimos-, y date la oportunidad de conocerlos a ellos tal cual son. No los esperes copias de ti, ni esperes ser copia de ellos. Si lo que ven en ti les gusta, ábreles el paso; si lo que ves en ellos te disgusta, date la oportunidad de decir "no", y contárselo a quien más confianza le tengas, quien seguro sí será tu amigo.
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7. No te aferres. Los amigos, como las parejas -uno de los pocos puntos en que ambos tipos de relación coinciden-, necesitan que se les deje volar de vez en cuando. La excesiva observación o el excesivo cuidado, agobian y agotan. Déjalos tomar decisiones, incluso sobre a quiénes quieren tener a su lado. No creas que eres siempre necesario e importante: todos, de vez en cuando, tenemos que darle su lugar al silencio, la soledad y la meditación. Los amigos estamos para ser la mano que apoya y el hombro que respalda, no la columna que levanta ni el sostén que acondiciona.
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8. Decide. Date la capacidad de decidir sobre tus relaciones y lo que esperas de ellas. Tampoco esperes mucho: en la medida en que aprendes a disfrutar los instantes, entiendes que la felicidad radica en eso, en pequeños momentos de alegría cuya totalidad hace los días mejores. Pero sí decide dejar que te conozcan, y abrirte a conocer. Nunca es tarde, ni demasiado, para aprender otra forma de caminar, de comer, de reír, de escuchar. Decide decidir: convéncelos de ir al café que te gusta, o de que te acompañen al espectáculo circense que te llama la atención. Negocia las salidas, o véndeles la idea. Hazles ver que lo importante no es qué hacen, sino que lo hacen juntos, y que eso los enriquece.
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9. Déjalos caer. Sí, es cruel, pero es verdad: la ayuda que debemos brindar como amigos termina dónde empieza su necesidad de aprender de los zopetones que da la vida. Yo esto lo aprendí hace poquito, y no llegué a la conclusión solito, sino acordándome de lo mucho que he crecido cuando caigo y me siento solo -que no significa necesariamente que lo esté-, y platicando con mi gentil Casicasi, quien siempre tiene buenas ideas para eso de la amistad. "Los amigos tenemos que ser el kleenex, Agus", me dijo la muy bailadora, "no el oráculo ni el aviso de advertencia". Yo creo que uno debe advertir, pero no impedir la caída: por dolorosa que ésta sea, nada es tan enaltecedor como su recuperación -por aquello de que lo que no te mata...-
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10. No te metas en sus relaciones. Regla de oro: tu amistad con ellos es tu amistad con ellos, y nada más. Deja fuera de ella, en la medida de lo posible, tus relaciones de pareja, o las relaciones de pareja de ellos. Su sexo, sus arrumacos y sus queveres, entre menos te importen mejor. ¿Por qué, si la intimidad es una de esas cosas que podemos compartir con los amigos y la fraternidad de la amistad las convierte en deleite? Pues porque no es algo que a tus amigos les incumba, ni que tenga de verdad qué interesarles. Ellos son para ti, como tú eres para ellos, personas maravillosas, independientemente de con quién se meten o qué hacen con sus órganos sexuales -¿verdad, Belinda?- De lo demás, por eso, no quiero enterarme.
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Ya acabé. Hacen falta más reglas, pero como hoy no es 14 de febrero, sino 27 de noviembre, y no San Valentín, sino vísperas de FIL, dejo pendiente el asunto pa' retomarlo el año que entra. Por lo pronto, quedan invitados a llevar a sus amigos a la Feria del Libro más grande de habla hispana. El que vaya solo, deberá pasar el examen y demostrar que es el mejor amigo de sí mismo. Si no, pues ahí están los libros, que como amigos nunca fallan... aunque sí interrogan, y bien gacho. Los veo en la FIL, amigos.
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¡Salud!
Falta 1 día para la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2008. En sus marcas, listos...

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

no sé si era éste el que querís que leyera con prioridad -su puta madre!!!!! por qué tengo que escribir tan formal!!!! extraño mi bloga para decir guarradas como tú, ya no quiero hacer trabajos-, pero ya lo leí. Creo que a veces aunque sepamos bien ese décalogo, no podemos evitar hacer lo que no debemos; pero siempre podremos caer en la cuenta de que metimos la pata a tiempo para pedir disculpas.
Un besote. Ayer no te busqué porque fui únicamente por unos periódicos que Pau no me llevó. Luego anduve con ella, Vinicio, Itzel y Lía viendo libros. Y luego me sentí extremadamente frustrada por no poder comprar nada, así que los me fui, cerca de desertar de la Feria en ese momento. Luego me jhice cocowash, pero si vuelvo a andar por los stands viendo libros que quiero y no puedo comprar, me voy a poner a llorar. Me evitaré la pena. Hoy si te busco.