martes, 4 de noviembre de 2008

Caída... ¿libre?

Hoy La Traviata, con sus casi dos metros de altura, sus huesos grandes y su sonrisa indistinta, abierta y franca, se desmayó completita... dos veces. En la primera entendí la cuestión: habíamos tenido una charla concisa y estruendosa sobre nuestros pareceres de la carrera y las prioridades en la cuestión del estudio. Ella me planteó una realidad emergente que yo ya había dilucidado: está descepcionada del sistema que guarda la licenciatura, y eso la trae considerando gravemente abandonar el barco a mitad del viaje o seguir en la travesía hasta llegar a un puerto que, quizá, no sea el que ella deseaba, ni la esté esperando.
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La segunda caída de La Traviata fue una especie de réplica: sin lograr asimilar el estrés que le provoca -como a cualquiera en una situación así- estar haciendo algo en contra de gran parte de su voluntad, todo con tal de demostrarse algo a sí misma -como si lo necesitara, como si no hiciera ya suficientes cosas para demostrarse lo fuerte y decidida que es cuando se lo propone-, su cuerpo no soporta la presión y la estructura se derrumba sin derecho a protesta.
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Juan Camilo Mouriño, el hasta hoy Secretario de Gobernación del gobierno de Felipe Calderón, cayó también, en el desplome de la avioneta en que viajaba. La caída le costó la vida. A él y a muchos otros testigos que, sin deberla ni temerla, estaban ahí, en pleno Periférico de la Ciudad de México, a hora pico, por la tarde. Paren el videotape y explíquenme la nota: ¿una aeronave de la Secretaría de Gobernación... sobrevolando la capital del país... cae sobre una de sus principales arterias en un aparatoso accidente?
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La caída de Mouriño levantó sospechas en mi taimado intelecto: al igual que La Traviata, Mouriño había comenzado a llenarse de incomodidades desde su nombramiento oficial, acaecido hace unos cuantos meses, e incluso puesto sobre la mesa en una entrada de este su luctuoso baile. Desde que salió a la luz -bonita expresión para decir "lo denunciaron"- su supuesto tráfico de influencias cuando, siendo Subsecretario de Electricidad en la Secretaría de Energía, en el año 2003, otorgó indebidamente licencias a la empresa de su padre, firmando él mismo -Mouriño, no el padre- como representante legal de los solicitantes.
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A eso súmenle una acusación por supuesta falsifiación en las actas de nacimiento y pasaporte de sus padres, y el hecho de que toda la "realeza política" mexicana -que tiene poco de real, y mucho de surrealista- se le echó -es un decir, era guapo, pero no fue para tanto- encima al enterarse de la nacionalidad española de por lo menos uno de sus progenitores. "Un criollo, ¿en el gobierno otra vez? Esto es infamia, traición a la nación, genocidio pactado, malinchismo puro, abrumadora derrota de la Revolución", promulgó toda la clase política mexicana que, si de algo no da señas, es de inteligencia o astucia.
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Las acusaciones contra el Secretario fueron en aumento. La situación se puso tan incómoda que Presidencia hubiera hecho una noble labor si hubiera guardado silencio. Pero no, tenía que hablar. O tenían que pedirle que hablara. Felipe Calderón recibió el micrófono y no hizo más que pedir a la opinión pública que dejara a Mouriñito en paz y se dedicara a perseguir a Niurka, Jorge Salinas o alguno de esos otros que diario andan haciendo escándalos. Triste situación. AMLO y toda su recua de oportunistas vieron la indiferencia de Calderón como un acto proteccionista y comenzaron a lanzar crueles pedradas hacia el ya de por sí desprestigiado y desacreditado gobierno panista presidencial.
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La molestia cae hoy con su propia avioneta. No quiero aventurarme, pero sé que mañana, y el resto del año, y del sexenio, la muerte de Mouriño, sobre todo por las circunstancias extrañas que la rodean -caer aparatosamente cuando volaba la ciudad de México... en una avioneta del Estado... en medio de un derroche de fuego y explosiones nunca antes visto en las calles de la capital-, será puesta en el balcón de la duda: ¿habrá intentado Calderón deshacerse de la "espinita" que Mouriño le representaba en su lucha por reivindicarse a los ojos de AMLO y sus garrafales seguidores?, ¿es esto una estrategia de "mágica-sangrienta desaparición" que lleva todo el estilo priísta que Fox evidenciaba en cierta declaración también comentada en este baile hace unas semanas?, ¿será cierto eso de que en el asunto de gobernar, PAN y PRI, por lo menos, son sopa del mismo cazo?
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La caída de La Traviata no tuvo consecuencias mayores. Ella tomará sus decisiones más en serio y se replanteará muchas cosas para lograr recuperar la paz que tanto necesita. La caída de Mouriño, en cambio, deja muerto a un "hijo incómodo" del gobierno calderonista... y también a una piedra molestosa fuera del camino. Ya dije que no quiero aventurar nada, pero como partícipe y actante de la cuestión periodística en este país, me atrevo a decir que esta situación tiene mucha, mucha, muchísima tela de dónde cortarle. Si la moneda fue lanzada por el gobierno federal para acallar deudas y someter conciencias altisonantes, sólo queda esperar que, al caer, la suerte no salga truncada y sean muchos más los muertos, desaparecidos, violentados, los caídos. Esto se va a poner feo, de mí se acuerdan.
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¡Salud!
Faltan 26 días para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara.

1 comentario:

Alejandro Bercini dijo...

Hasta para falsificar un accidente son medios weyes.
A mi que no me vengan con la historia esa del accidente, era un estorbo para muchos, pero lo irónico es que se hablaba ya de su renuncia en los próximos días. Creo que la decisión fue tomada muy tarde.
Lo malo de estas "limpiezas" es que se llevan a muchos "Entre las patas", porque pues pies no creo que tengan estas bestias que juegan a ser dioses y decidir sobre las vidas de las personas.

Saludos desde Wonderland.