domingo, 30 de noviembre de 2008

Una corta Feria 2.

Ahora sí, a lo que nos truje, Chencha. Éste es, oficialmente, el segundo día de actividades en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en su edición -?- 2008. La cosa, de principio, va bien, va bien, y va a estar mejoooor. Tengo dos entrevistas hoy, una con Marina David Buzali, una escritora española que ha revolucionado la forma de hacer libros de autoayuda, generando buenas conciencias y mejores autoestimas. La otra, con Antonio Garci, pretende girar en torno a su más reciente material, Por qué las mujeres aman a los pendejos -así, sin signos de interrogación- que, según lo he revisado ya amplia y detalladamente, pinta para bueno.
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La entrevista con que abrí el día fue con Eduardo Antonio Parra, uno de los seleccionados por el sello Grijalbo para editar novelas históricas, respaldadas por abundantes investigaciones y sistematizados procesos organizacionales, cuya temática sea la humanización de distintos personajes históricos del México de todas las épocas.
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En el caso de Parra, su personaje, Benito Juárez, inspiró la novela Juarez. El rostro de piedra, que también pinta bien. No es que yo ande positivo, o en negación, pero me es evidente que Parra ha construido su narración intentando jugar a destajo y sin consideraciones con la imagen del famoso -e iconográfico- presidente mexicano del siglo antepasado, todo esto fundamentando en los datos obtenidos por más de muchos -?- años de investigación precisa y formal.
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Eduardo Antonio me comentaba que, en su visión, estudiar la historia de Juárez, cosa que obviamente no es estudiarlo a él solo, sino a la nación mexicana, sus procesos, sus otros personajes, su cultura y su folklore, es estudiar también al mexicano en su conjunto, en todas las épocas, en todos los lugares y situaciones en que puede -y debe- estar. Juárez es, pues, en la visión de Parra, más que un personaje representativo de cierto periodo histórico: el ícono de algunos de los grandes males y bienes que el mexicano posee en su interior, que lo hacen ser, precisamente, mexicanísimo.
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Como ven, vale la pena que se den una vuelta. Yo no me cansaré de invitarlos a la FIL hasta que no los vea a todos por aquí, rondando en los pasillos, reclamando descuentos en los stands, persiguiendo firmas de autores, gritando consignas contra algún revendedor, o lo que se les ofrezca. No sean así: es un evento preparado para recibir a todos, sin importar edad, sexo, condición o religión -ya suena a declaración de los derechos humanos-. Desperdiciar oportunidades como ésta, que es la FIL, de acercarse a la comprensión y el amor absoluto que brindan los libros, es ser terco, obstinado, mojigato e imposible. ¿Quién se apunta a ponerse semejantes sacos? Ya, no sean, vengan.
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¡Salud!
Dos, dos, dos días, y esta fiesta sigue, sigue, sigue. Ya, arránquense. No dura tanto como pensamos.

De Bermeja a Barataria.

Este es un paréntesis chismográfico, anterior a mi comentario diario respecto a la FIL 2008. Consultando el raquítico y paupérrimo sistema de noticias de T1 Msn, que amablemente me informa día con día de las novedades más intrascendentes del mundo entero -ojalá no se tomara la molestia, digo yo-, me he encontrado hoy una noticia tan arrabalera como cuchufletera -osea, nada chingüengüenchona, nada importante, totalmente inestable, absolutamente inviable y radicalmente opuesta a los intereses de mi educación, nuestro blog -sí, también es suyo, y tuyo, y de él, y de todos los demás, que cooperan con los gastos- y la conciencia del país.
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Resulta ser que Bermeja es una isla... no, ya desde ahí, de entrada, estoy mal. Bermeja solía ser una isla que figuraba en los tratados cartográficos marítimos mexicanos desde el siglo XVI, y hasta 1946, cuando el gobierno mexicano editó un libro sobre islas y arrecifes nacionales, Bermeja seguía ahí, redondita y verdecita, a cien kilómetros norte del estado de Yucatán.
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Pero en los '90, según me dicen mis informantes, cuando México negociaba con Estados Unidos un acuerdo para delimitar las fronteras marítimas entre ambos países, ya saben, por aquello de los intereses petroleros, que requieren siempre pintar raya, el gobierno mexicano envió a un grupo de investigadores para conocer la localización exacta de la isla.
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Y, ¡oh, sorpresa! Los investigadores fueron, vieron y no vieron nada: en el lugar en que los antiguos tratados de cartografía marítima marcaban el puntito que simbolizaba a Bermeja, no había ni árboles, ni pájaros, ni tierra: nada, a lo sumo, imagino, el profundo y rasposo silencio de las inmensidades desoladas -¡ámonos! se puso poético el blog-.
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Ahora, con todo el debate reavivado -¿pus cuándo ha estado muerto?- en torno al petróleo y sus reformas -aviso al margen: el petróleo nunca se reforma: lo que se reforman son las leyes que giran en torno a él, intentan resguardarlo, manipularlo o explotarlo. fin del aviso al margen-, la cosa se ha puesto gruesa, y los diputados de las distintas facciones, que siempre están intentando aplicar sus arraigados y profundísimos conocimientos en el doloroso y complejo arte de no hacer nada, decidieron trasladarse hasta el lugar donde -quesque- estaba Bermeja, y corroborar de una vez por todas si nunca estuvo ahí, o si se nos desapareció, o si se hundió por el calentamiento global, la recesión económica o alguna de esas otras causas de todos los males mundiales.
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Como sus sueldos millonarios no les alcanzaban para ir en avión, decidieron pedirle a la UNAM prestado un navío explorador. Pero la UNAM, que vio a Manlio Fabio y a la Gordillo -ah, no, esa ya no es diputada, nada más se queda en las cuatro letras intermedias de la palabra-, bueno, a Manlio Fabio y a Ruth Zavaleta como con ciertos aires de robacoches de la Ángeles, decidió mejor someter a consideración de su Consejo General Universitario si le prestan el coche o no a los niños desquehacerados.
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Entre si se deciden si van o no, y quién va y por qué -tengo entendido que Encinas ya solicitó lo dejen ir, aunque sea en la cajuela-, les explico el fundamento de mi sospechosismo -ah, es que, faltaba decirlo, todo este asunto de Bermeja y su parecido con cierta palabra castellana de uso coloquial con que designamos, en femenino, a todo aquel ente que no da muestras de poseer amplia o profunda capacidad intelectual, todo este asunto de Bermeja, decía, me trae sospechosista-. Mi sospechosismo radica en el hecho de que, según mis informantes, si México hubiera encontrado en los 90 a su ansiada islita, hubiera podido pelearle a Estados Unidos una fracción más grande de territorio marítimo explotable de la que se le concedió -o se acordó- en el ya mencionado tratado.
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Pero no. Bermeja nomás no dio señales de vida, y México tuvo que quedarse con muchos miles de kilómetros menos de mar explorable y cargadito, sobra decirlo, de petróleo, ese recurso no renovable que tanto sustenta nuestra economía, y tan fritos trae entre sí a todos los distintos y distinguidos miembros que forman la opinión pública -ustedes y yo incluidos-.
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A mí todo esto me suena, siendo sincero y francote -¿cuándo no?-, a los dramas estilo el pastelero francés de la Merced cuyo reclamo de pago de pérdidas supuso detonar la invasión francesa a México en 1862, o estilo también el asesinato del archiduque austriaco Francisco Fernando, cuyo asesinato, en 1914, supuso detonar -sí, también- el inicio de la primera Guerra Mundial. Bermeja, y, repito, su semejanza con "pendeja" -oops, ahora sí lo dije-, me suena, en resumen, a uno de esos pretextos pendejos para pendejear y hacer actos pendejos, los cuales terminan, casi indistintamente, por cimbrar los suelos y modificar la historia de las naciones, no necesariamente pendejas.
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En la segunda parte de su libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, Sancho Panza, el gentil escudero de don Quijote, recibe de manos de un duque el supuesto gobierno de una supuesta ínsula, supuesta porque no era ínsula, ni el gobierno era gobierno como tal, llamada "Barataria". Barata era Barataria; pendeja es Bermeja. La historia, y sus nombres, me sorprenden. Sancho se lanzó a gobernar airado y ufano una isla barata, de pacotilla; nuestros diputados quieren encontrar, pendejos como suelen ser y estar, una isla pendeja, para motivos pendejos, que no logran repeler el pensamiento unívoco entre los mexicanos: lo que hace falta no es buscar más petróleo, ni siquiera cuidar el que ya hay, sino encontrar medios verdaderos, sustentables y a todas luces provechosos, de mantener nuestra economía. No baratijas, no pendejadas: realidades útiles y fructuosas.
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Yo, por mi parte, y para no quedar en el plan de esos observadores políticos que suelen decir cuán mal estamos, sin dar su propia solución a nuestras desgracias, yo, decía, por mi parte, propongo que la base de nuestra economía comience, de ya, a ser el libro. Como dice el comercial de Pronósticos: Ya me vi. Ya me vi: México en la cumbre de la industria editorial no sólo de habla hispana, sino mundial, internacional. México fabricando -y exportando- libros de editoriales mexicanas, argentinas, españolas, estadounidenses. México haciendo guiones, películas, promoción exhaustiva en torno al negocio de los libros. México sin petróleo: pero lector, rico y feliz.
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Claro que hacen falta muchas cosas. No se me escapa de las manos el hecho de que mi solución también es barata y pendeja, de tan soñadora, digo. Pero yo sí creo que es posible construir estrategias y realidades partiendo de sueños. Bermeja y Barataria son dos sueños emparentados, baratos y pendejos por igual. Me decía al respecto mi beatífica madre, citando a un respetado suyo, que no mío, pero teniendo a la vez una excelente idea: "Soñar y os quedaréis cortos", dijo alguna vez el fundador del Opus Dei, hoy canonizado ya, José María Escrivá de Balaguer. Yo ya estoy dispuesto a soñar, y espero ustedes también. Soñemos, y nos quedaremos cortos.
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¡Salud!
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Son ya 2 días de Feria Internacional del Libro en Guadalajara. Ustedes, ¿ya vinieron? ¿siguen soñando?

sábado, 29 de noviembre de 2008

Una corta Feria 1.

Yastuvo. En este mundo ensimismado, tan catatónico y promiscuo, no hay plazo que no se cumpla, ni tiempo que no se llegue. Por más que físicos suizos intenten detener la llegada de la primavera, o por más que el estudiante atolondrado de preparatoria se esfuerce por distraer la llegada del examen, tanto la primavera como la reprobada arriban a la vida con su traje de fiesta y flores, regaños y pérdida del año escolar. Por esa razón de lo ineludible del tiempo, nuestra Feria Internacional del Libro de Guadalajara -sí, es de todos, no le saquen- llegó hoy, en este 2008, a su feliz inicio.
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Esto que su bloggero predilecto y altamente masculino les escribe, se teclea desde la Sala de Prensa -un pomposo nombre para decir "salón con computadoras, mucho reportero alardeador y gente estresada copiando, pegando y redactando"- de la FIL. Son computadoras Mac, las que ha preparado el equipo de la FIL para todos los reporteros -alguien en el periódico en que trabajo supone que yo soy uno- que hemos venido a la Feria a avisarle al mundo lo bien que está. Aclaro lo de las Mac no crean que para ganarle espacio a la hoja en blanco -bueno, también-, sino más bien para decirles que, hasta que no me anime a traer a Roja a pasear por estos lares, pasillos y estanterías, no podré editar la entrada, así que la leerán ustedes en el aburrido Arial Narrow, tipografía de lo más rascuache y simplista que hay en el mundo editorial.
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Pero la Feria no pinta rascuache. Antonio Lobo Antunes recibió hace sólo un par de horas el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, y enunció un discurso que ya quisieran los ganadores del Nobel, o el Óscar, o cualquier otro premio chingüengüenchón. El discuso se tiñó de un aire denso cuando el portugués, nacido en 1942, recordó sus años como psiquiatra, tras la guerra en Angola, en la cual participó. Todo el público, callado y atento, se chutó el poderoso -y ligero, lo cual se agradece- discurso de Lobo Antunes con aire pomposo y resignado. Lo luctuoso, entonces, cedió paso a la fiesta, esa fiesta que es esta Feria del Libro tan nuestra, y todos nos fuimos a bailar por los pasillos, entrevistar en los stands, y besar, abrazar y acariciar, a la Literatura, en este encuentro anual que hoy ya está teniendo con nosotros, los que la amamos, o, mejor aún, los que la leemos.
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Les podría pasar otros muchos chismes curiosos. No, "podría" es pospretérito, y no acción a caudal: les pasaré algunos chismes curiosos, para que tengan datos de la Feria que no leerán en los periódicos: a la secretaria de educación, Josefina Vázquez Mota, le gritaron "¡Burra!" cuando se le presentó como miembro del presidium en el evento inaugural; el secretario de gobierno de Italia, de cuyo nombre no quiero acordarme, llegó media hora tarde a la ceremonia de inauguración, y se fue media hora antes de que acabara, argumentando problemas con su vuelo; el director de la Biblioteca de Nueva York, de cuyo nombre me molesta acordarme, enunció su discurso en inglés, lo que provocó terribles comentarios en su contra entre el público aplaudidor; el público aplaudidor abucheó, en mi forma de verlo, merecidamente, a Emilio "La Monja" González Márquez, nuestro intento de gobernador, y a Juan Sánchez Aldana, figurín de Botero, presidente municipal de Zapopan. Ya, con esos, tampoco se atasquen de chisme.
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Esta FIL pinta minimalista. Yo, por si las dudas, ya me fui a Scapinno a surtirme de trajes y corbatas llenos de aristas y tonos azulosos. Dense una vuelta -por la FIL, no por Scapinno-. Lo que yo les pueda decir, no se compara ni mínimamente con la experiencia que es vivirlo. Es la fiesta de los libros, está en Guadalajara, y ya arrancó.
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¡Salud!
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Faltan 0 días para la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2008. Arrraaaancaaaaan

jueves, 27 de noviembre de 2008

El decálogo del buen amigo.

El que busca un amigo sin defectos, se queda sin amigos.
Proverbio turco.
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Ya huele a FIL. Lo más probable es que no pueda contar el "falta 1 día" mañana, porque voy a andar del tingo al tango, disponiendo todas las cosas en esta su muy humilde oficina, para hacer de la FIL mi FIL, y de paso, el evento que se merece. Así que para no errarle, y que luego no me lluevan los vituperios y los reclamos altisonantes, voy a escribir esta entrada como si faltara un día para la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, y luego allá, si la FIL nos lo permite, les cuento cómo van las cosas. Voy, pues, a la materia de esta entrada.
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Hay tres cosas escenciales que nacemos sin saber hacer: leer, conducir y ser buenos amigos. Las primeras dos se enseñan en escuelas; la última, requiere de un profundo esfuerzo de los padres por rodearnos de recomendaciones y puntualizaciones sobre las relaciones humanas y su complegidad, y también de muchos catorrazos experimentales. En la amistad, como en otras tantas cosas de la vida, echando a perder se aprende.
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Pero hay quienes abusan de esta característica de la amistad de aprenderse a trastabillazos, y nada más andan viendo cómo equivocarse, yo no sé si para pasar el tiempo, o para aumentar su currículum personal de relaciones fallidas. Por este motivo, el equipo que hace El Baile de la Coma, que siempre está buscando la manera de llevar a ustedes información fructuosa y útil -? y ?-, ha decidido elaborar un "Decálogo del Buen Amigo", con la intención de que cada vez que sientan ustedes que la decisión que están tomando respecto a sus compas, sus carnales y sus jainas -¡Dios, quítame lo guarro porque yo no puedo!- anda errada, se detengan, mediten, piensen, y lean la lista de diez, que nos tomó diez minutos hacer, y que está de diez -en calificación sobre 100-, y ya no anden nada más cajeteando las cosas por la vida. ¿Va? Vale.
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1. No des consejos que nadie te pidió. Es molesto, infructuoso y cansado: tú vas a quedarte con la idea de que ayudaste, y tu amigo va a quedarse pensando que no debió confesarte lo de su prepucio atorado en su bragueta -¡guaaaarro soy!-, o lo de los braquets de su novio amarrados al pelo de su nuca -no entendí-. Tú cansado de hacer ver las cosas "como son"; él harto de estarte escuchando decir cosas que ya sabe. Espera a que pregunte, y, entonces sí, con el derecho que te da la cedida de palabra, habla, despotrica, aconseja y luego cállate.
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2. No pidas explicaciones. Lo que tu amigo menos sabe es por qué robó el carro de su exnovia, por qué mató al perro de su vecino que ladraba toda la noche, o por qué cometió tráfico de influencias y convirtió su 5 en 8 en Español. Si él no lo sabe, ¿cómo esperas querer saberlo tú? La linea entre estar con tu amigo y no meterte con sus cosas es delgada, pero vale la pena aprender a observarla, delimitarla y... ¡respetarla! A menos que tu amigo sea un niño de kínder, o de primaria, y entonces la pregunta sería para ti: ¿no tienes ganas de salir con gente un poquiiiito más madura?
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3. No niegues un abrazo, una llamada o una respuesta. Las tres cosas son igual de graves, igual de importantes e igual de valiosas. Deja que las tareas diarias te permitan un simple "¿cómo estás?" de kilómetros de distancia, o un "te quiero" pronto y espedito. El mensajito en Messenger, o en celular, es una alternativa útil y sencilla para los fríos o ocupadísimos. No te cuesta nada. No le niegues a tu gente la oportunidad de saber que vives y que siguen siendo individuos importantes para ti.
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4. No establezcas jerarquías. A ver: si tienes diez amigos, y con los diez has vivido momentos trascendentales en etapas varias, ¿cuál es la necesidad de pensar que uno de ellos tiene que ser el mejor de todos? Las personas somos polvo en el viento, cuya localización incierta nos permite tener encuentros mágicos cada vez que nos topamos. El de la secundaria, el de la prepa y la de la facultad, merecen por igual tu cariño y acompañamiento, porque han estado contigo en etapas diversas, pero igual de mágicas. No les niegues la oportunidad de ocupar lugares iguales en tu corazón.
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5. No veas a tus amigos como oportunidades. Ni de crecer, ni de madurar, ni de obtener una calificación: son personas que han entrado en tu camino por alguna extraña razón, y esa es la única maravillosa oportunidad que debes ver en ellos. Piensa, y piensa bien: si tu amigo tiene cara de Pase V.I.P, o de boleto en primera fila, o de 100 en Historia... alguno de los dos, y no creo que sea él, han estado equivocando el término "amistad", colocándolo en lugar de "contactos personales". ¡Aguas! Eso es jugar con fuego.
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6. No permitas que te cambien, ni los obligues a cambiar. Aprende de ellos. Son, seguro está, personas magestuosas y diferentes, cuya diversidad te da la capacidad de saber de otros modos de vivir la vida, de otras formas de caminar, de salir adelante, de encontrar oportunidades. Dejar que te influencien por completo, es imposibilitarlos a llegar a tu capacidad de conquistarlos. Dales la oportunidad de conocerte tal cual eres, en todos los aspectos -hasta los más íntimos-, y date la oportunidad de conocerlos a ellos tal cual son. No los esperes copias de ti, ni esperes ser copia de ellos. Si lo que ven en ti les gusta, ábreles el paso; si lo que ves en ellos te disgusta, date la oportunidad de decir "no", y contárselo a quien más confianza le tengas, quien seguro sí será tu amigo.
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7. No te aferres. Los amigos, como las parejas -uno de los pocos puntos en que ambos tipos de relación coinciden-, necesitan que se les deje volar de vez en cuando. La excesiva observación o el excesivo cuidado, agobian y agotan. Déjalos tomar decisiones, incluso sobre a quiénes quieren tener a su lado. No creas que eres siempre necesario e importante: todos, de vez en cuando, tenemos que darle su lugar al silencio, la soledad y la meditación. Los amigos estamos para ser la mano que apoya y el hombro que respalda, no la columna que levanta ni el sostén que acondiciona.
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8. Decide. Date la capacidad de decidir sobre tus relaciones y lo que esperas de ellas. Tampoco esperes mucho: en la medida en que aprendes a disfrutar los instantes, entiendes que la felicidad radica en eso, en pequeños momentos de alegría cuya totalidad hace los días mejores. Pero sí decide dejar que te conozcan, y abrirte a conocer. Nunca es tarde, ni demasiado, para aprender otra forma de caminar, de comer, de reír, de escuchar. Decide decidir: convéncelos de ir al café que te gusta, o de que te acompañen al espectáculo circense que te llama la atención. Negocia las salidas, o véndeles la idea. Hazles ver que lo importante no es qué hacen, sino que lo hacen juntos, y que eso los enriquece.
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9. Déjalos caer. Sí, es cruel, pero es verdad: la ayuda que debemos brindar como amigos termina dónde empieza su necesidad de aprender de los zopetones que da la vida. Yo esto lo aprendí hace poquito, y no llegué a la conclusión solito, sino acordándome de lo mucho que he crecido cuando caigo y me siento solo -que no significa necesariamente que lo esté-, y platicando con mi gentil Casicasi, quien siempre tiene buenas ideas para eso de la amistad. "Los amigos tenemos que ser el kleenex, Agus", me dijo la muy bailadora, "no el oráculo ni el aviso de advertencia". Yo creo que uno debe advertir, pero no impedir la caída: por dolorosa que ésta sea, nada es tan enaltecedor como su recuperación -por aquello de que lo que no te mata...-
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10. No te metas en sus relaciones. Regla de oro: tu amistad con ellos es tu amistad con ellos, y nada más. Deja fuera de ella, en la medida de lo posible, tus relaciones de pareja, o las relaciones de pareja de ellos. Su sexo, sus arrumacos y sus queveres, entre menos te importen mejor. ¿Por qué, si la intimidad es una de esas cosas que podemos compartir con los amigos y la fraternidad de la amistad las convierte en deleite? Pues porque no es algo que a tus amigos les incumba, ni que tenga de verdad qué interesarles. Ellos son para ti, como tú eres para ellos, personas maravillosas, independientemente de con quién se meten o qué hacen con sus órganos sexuales -¿verdad, Belinda?- De lo demás, por eso, no quiero enterarme.
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Ya acabé. Hacen falta más reglas, pero como hoy no es 14 de febrero, sino 27 de noviembre, y no San Valentín, sino vísperas de FIL, dejo pendiente el asunto pa' retomarlo el año que entra. Por lo pronto, quedan invitados a llevar a sus amigos a la Feria del Libro más grande de habla hispana. El que vaya solo, deberá pasar el examen y demostrar que es el mejor amigo de sí mismo. Si no, pues ahí están los libros, que como amigos nunca fallan... aunque sí interrogan, y bien gacho. Los veo en la FIL, amigos.
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¡Salud!
Falta 1 día para la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2008. En sus marcas, listos...

Andaba de parranda.

Quino se sorprende. No, no, miento: a Quino le sorprenden muchas cosas, que es lo mismo, pero no es igual. Le sorprende que Mafalda, la niña de seis años que creó hace más de cuarenta para darle al mundo la figura contestataria por excelencia que él mismo nunca pudo hacer de sí, la revolucionaria, la amante de la paz y aferrada inquisidora de los noticieros, esa Mafalda de tinta y papel, haya llegado a ocupar el lugar que tiene en la historia del dibujo y la "tira cómica" o el "cartón". Le sorprende a Quino, también, que México haya matado a Mafalda.
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Mafalda no murió. Hace unos años, cuando yo conocí y me determiné a abrazar al personaje -bueno, lo abracé desde niño, pero sólo hasta hace poco tiempo entendí que Mafalda y sus amigos distan mucho de ser una versión latinoamericana de Peanuts o Daniel El Travieso-, hace unos años, decía, llegó a mis oídos, junto con mi fanatismo hacia la niñita argentina de cabello alborotado más linda del cómic -no sé la distinción terminológica entre cómic, cartón y tira cómica, así que usaré los tres términos indistintamente. Ahí disculparán la rebuznada-, la tétrica y apantallante noticia de que Quino habría matado a Mafalda en 1973, haciéndola atropellar por un camión de sopa.
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Yo sufrí, tú sufriste, él sufrió, y así todos los otros pronombres personales. La sola idea egomaníaca con tendencias de divinidad subida de tono que me resultaba la capacidad de Quino de acabar con su personaje por el solo miedo de que éste fuera usado y abusado por el mundo entero, que ya para el '73 lo había hecho suyo, la pura idea, decía, me resultaba abominable y determinadamente imposible. Lo más terrible llegaba cuando, en afán de ceder a mi inegable necesidad de tener la verdad entre las manos, yo buscaba la tira original de la muerte de Mafalda, y topaba con pared ante su inexistencia.
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"Es que la dibujó underground", decían algunos, como justificando la leyenda, y completando el cuadro trágico, con un dejo de misticismo. "Es que la dibujó, se la regaló a un amigo, y luego el amigo la quemó", decían otros, y había los que agregaban "y cuando la quemó, se oyeron gritos", dándole cereza de aberración fantástica al pastel del asesinato monero. El punto es que nadie tenía jamás idea de dónde podría estar la bendita historieta -lo de "bendita" es un decir-, pero tampoco nadie se preocupaba por preguntarle a Quino y aclarar la cuestión.
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Ayer por la tarde, hábilmente cuestionado por una reportera de Grupo Reforma, Quino fue tajante en su resolución: "Ese fue un rumor que empezó aquí, en México, y no sé de dónde salió. Incluso hay gente que me ha dicho 'yo vi la historieta con mis propios ojos, dibujada por usted', y eso es algo que yo no he dibujado ni se me hubiera ocurrido nunca dibujar", expresó.
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Sí. El alma me volvió al cuerpo a mí y a otros tantos lectobservadores de Mafalda, quienes ya nos las olíamos que el asunto del asesinato tenía muchos baches y adolecía de muchas buenas razones. Mafalda está viva, más que nunca, y si Quino dejó de traerla día con día al mundo no fue por un arrebato de sadismo ególatra, sino porque, simple y sencillamente, el genial autor tenía "miedo a repetirse".
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Fue, a mi parecer, una excelente idea. Además, claro está, Mafalda necesitaría de mucha energía para resurgir hoy día, con la juventud dormida como está, la falta que nos hacen los Beatles, o lo poco que creemos ya en instituciones como el comercio o el matrimonio, focos "temáticos" sin cuya participación determinada en el material de Quino, el argumento de Mafalda carecería de los buenos ratos que tiene ya en lo escrito.
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Así que el Baile de la Coma se une a la celebración de la hija pródiga -perdida por sus fans, hallada por su padre-, y manda un sincero, fraternal e ilustrado abrazo a Mafalda, claro está, pero también a sus amigos, Manolito, Migue, Guille, Susanita, Felipe y Libertad, sin cuyas diminutas y conflictivas existencias, nos sería prácticamente imposible a muchos niños de ayer, jóvenes de hoy, como ésta su pluma, entender que la ilustrativa división entre "mundo de los niños" y "mundo de los adultos" es tan irrisoria como inútil, tan imposibilitadora como utópica.
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Quino estará en la FIL el próximo sábado 29, a la 1 de la tarde. Yo pienso estar ahí, si el tiempo, la razón y el trabajo me lo permiten. Mafalda, o su papá, o los dos juntos, presentarán Mafalda inédita, un compendio de tiras y dibujos que nunca vieron la luz, pero que Quino cree podrán ser del agrado de los fanáticos del personaje y sus añadidos. El que no vaya, quizá merezca un garrotazo con el tablero de ajedrez de Felipe, o una despensa "añeja" de los Almacenes Don Manolo. Conste que avisé. Ahí los veo. Yastán.
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¡Salud!
Faltan 2 días para la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Mafalda viene. Quino también. ¿Quién será el ingrato que se anime a faltar?

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Inocencia interrumpida.

"Para que una niña sepa lo que le corresponde, se le exige que no sepa nada".
Anatole France.
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Ni empiecen. Ya los oigo llegar, con su alharaca de "nos" y "¿pero cómos?" Esta entrada responde a mi bloggista derecho de sumirme por lo menos una vez al mes en temas vanos. No, Andares no fue tema vano: fue una invitación cordial y sincera a que asistan al espectáculo de la arquitectura moderna alzado en todo su esplendor. ¿No les traigo yo diario temas de actualida', cultura y política, que los tienen informados y bien informados? Ah, pues denme chance. Ésta que ya empecé, y que ustedes siguen leyendo, es mi entrada de permisión, mi cinco minutos, mi nomás poquito. Aclarado el punto, paso a los más bajos mundos de la farándula del arrabal.
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Ayer, mientras miraba el jocoso y picarón -a veces guarro- programa de Horacio Villalobos, Nocturninos, tuve una revelación extraoficial -osea, fuera de todo límite comparable-: Belinda, la nunca talentosa ni simpática artista joven de televisión, tuvo la osadía, en este mundo ya de por sí tan contrariado, de semidesnudarse para su novio degenerado en web cam. Aclaro el punto, que seguramente ya generó dudas: el novio es degenerado no porque hizo que Belinda se desnudara, eso es intimidad y como tal está fuera de toda jurisdicción contraria, sino porque, ya con el video en mano, faltó al respeto a su pareja yendo a vender su intimidad a una revista de espectáculos de esas de alta cultura -Tv Notas, Tv Novelas, o una de esas-.
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La revelación en todo esto está en el hecho de que yo sigo sin entender cómo puede haber gente tan nefasta en este mundo. El novio, claro, por una parte, y por la otra un personaje de Nocturninos, que se hace llamar -es que hasta en eso hay duda con ese tipo- La Supermana. La Supermana, un travesti de poca monta y pésimos dotes escénicos, tuvo la ocurrencia de demostrarle a la audencia su nivel de desarrollo cognitivo, no mayor al de una oruga en épocas de apareamiento -¿las orugas se aparean? ¿ven? puras dudas con el tipejo ése-. "Ay, pues qué tonta Belinda por dejarse grabar", dijo l@ muy insuls@.
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Sí, en parte tiene razón La Supermana: Belinda debió medir consecuencias de sus actos, no como mujer hecha y derecha -o en proceso de hacerse-, con derecho absoluto e irrevocable a llevar su vida sexual como mejor le agrade o le parezca, sino como figura pública -un término bastante ajetreadito en los últimos años-, en una época dónde lo único que quiere el pueblo como circo -y como pan- es ver caer a sus ídolos en la más absoluta y deleznable de las ignominias.
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El comentario de La Supermana, sin embargo, me resulta antipático por el hecho de que, imagino ella -ya, de una vez la hacemos mujer- lo sabrá por el medio en que se mueve, en la TV uno no sabe con quién sí y con quién no contar, pues este mundo está lleno de malas y buenas intenciones. Ojo: no de gente mala o buena, eso nomás en las películas de Disney, sino de intenciones bien o mal canalizadas. Belinda no se desnudó frente a su vecino, el tendero de la esquina o un completo extraño: lo hizo frente a su pareja, el hombre que ella esperaba -esperamos- habría de serle siempre fiel, amoroso y respetuoso, pero que terminó siendo un patán sin estrúpulos que merece más mi desprecio y mi indiferencia -y, espero, la de todos ustedes- que mi aplauso o mi felicitación.
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No conforme con eso, La Supermana se preparó para una segunda embestida, alzó los cuernos y se abalanzó con todo contra la figura de Belinda: "Es el problema de ser una niña y hacer esas cosas; ni modo, Belinda, tu inocencia te costará el éxito futuro". ¡Sonamos!, diría el célebre personaje de Mafalda, Libertad. Sonamos, y gacho: ¿sabrá La Supermana que Belinda tiene, según mis informantes, ya casi 20 años de edad, lo que le otorga el suficiente desarrollo cognitivo, de conciencia y de nivel moral como para decidir qué sí o qué no hace con su vida, su cuerpo y su web cam? ¿Sabrá La Supermana que la inocencia es un apetitoso pan para la opinión pública, que siempre quiere andar vendiendo y comentando su pérdida o sonsacamiento?
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¿Será La Supermana un ser de otro planeta, que no ha vivido sino poco tiempo en este mundo, en que nada regodea más a los lectores de éxitos literarios como Por Ti o Notas para ti, que ver a un artista de la talla que sea -digo, porque, siendo muy sinceros, Belinda nunca ha sido la graaaan promesa de la música mexicana- desplomarse cual chivito al precipicio -oops!-?
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Yo sigo creyendo que el culpable de todo esto es la cadena completa de ignorancia e intolerancia: Belinda por no medir posibilidades, La Supermana por babosa -ahí disculparán, no encontré mejor adjetivo-, el novio de Belinda por patán y aprovechado, y todos nosotros, que nos echamos el chisme al hombro y luego andamos comentándolo.
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Ya, les prometo que, a menos que Televisa caiga, Tv Azteca se queme -con todo y Paty Chapoy-, o Sebastián Ruli se declare abiertamente homosexual, no daré más declaraciones de este tipo en todo lo que queda del mes -por suerte para mí, le queda como una semana a este noviembre que ya huele a posada -oops otra vez-.
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¡Salud!
Faltan 4 -¡sí, cuatro!- días para la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Ya huele a congregación humana, librera y cultural.

domingo, 23 de noviembre de 2008

El desquehacer.

Mi holgazanería no me deja tiempo libre para nada.
Alphonse Allais.
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Notarán que estoy desquehacerado. Si no lo han notado, entonces tengo que decirles: cuando vean que escribo varias entradas en un sólo día, o una entrada diaria, cosa imposible en exámenes o trabajos finales, es que estoy desquehacerado. .
Pero no digo que esté mal. No se me malinterprete. Estar desquehacerado es el principio de las grandes cosas. Newton recibió un manzanaso en la cabeza mientras estaba echado bajo el manzano, no mientras corría, o hacía ejercicio, o estudiaba. Arquímides entendió la relación entre fluidos y presión mientras se sumergía en la bañera -nota alterna: sumergirse en la bañera es el placer más elitista de los desquehacerados-, no mientras escribía algún poema, o cocinaba.
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Y así puedo seguirle hasta que se cansen de leer: Bayer descubrió el polipropileno cuando se fue de vacaciones, dejando reposar un experimento recientemente fallido en el fregadero de su laboratorio; Freud estructuró el sicoanálisis mientras estaba tumbado en su diván; Darwin enarboló su teoría del origen y evolución de las especies mientras viajaba en un crucero por Sudamérica -dicen mis informantes que era un VTP, pero yo no me atrevo a afirmar semejante falta de respeto al espíritu del reformador de los estudios de la genética-.
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Por eso estar desquehacerado es bueno. Sé de algunos que odian estar sin cosas por hacer. Yo mismo no tengo en mucho agrado el nomás estar tiradote todo el día, viendo la vida pasar. Pero la verdad es que las últimas dos semanas he estado taloneando -¡Santa María de Magdala!- arduamente, con tal, justamente, de llegar a FIL lo más relajado posible, o, ya de perdis, con mi capacidad cerebral en nivel "normal".
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Pero para que no estén creyendo que lo mío es el rascado profesional de ombligo, les paso la lista del cúmulo de lecturas que tengo acumuladas -¡repetición!-, junto a mi buró -ojo: no dije "en" mi buró, sino "junto a", lo que significa que está grave el asunto, porque el buró también está que reboza de libros-. Sirve y escogen alguno pa' comprarlo en FIL, y sirve también, de paso, le hacen un favor a sus atolondradas conciencias lectoras.
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Me dice La Anabel, mi representante oficial en Ediciones B de México, que la cosa está como para no despegarse del librito -eso de "librito" es un decir: 440 respetables páginas-. El libro de los muertos, el más reciente lanzamiento de la multivendida Patricia Cornwell (sí, la autora de Depredador, el libro que inspiró al personaje de la saga de ciencia ficción), es un verdadero thriller: Kay Scarpetta investiga a un asesino serial -¿o serán varios?- , que misteriosamente hace girar sus asesinatos en razón de las partes anatómicas más descuartizables y lúdicas -es obvio que el matón es un verdadero adelantado del Play Doh y el Lego-. Me suena bien. Este semestre casi no hubo matanzas en las lecturas de la licenciatura -?, y más ?-, así que aprovecharé el libro de Cornwell -acabo de darme cuenta de que su apellido, traducido, significaría "Buenmaíz"- para desquitar mis ansias de sangre -no leyeron eso, ¿ok?-.
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La Anabel también me pasó al plato -o al buró-, el más reciente de Juan Ramón Biedma, El talismán y la brújula, que también está medio sangriento y morrocotudo: Jacinto Ortega, desertor de la guerra de Marruecos (años 20), sobrevive gracias al contrabando de pornografía. Contratado por un misterioso homosexual -no es discriminación: es que el hecho de que sea homosexual es de radical impotancia para la trama de la novela-, Jacinto deberá buscar un par de cintas pornográficas elaboradas mucho tiempo atrás por una misteriosa logia de la pornografía y el sadomasoquismo, tan ilícita que sus miembros -?- fueron exterminados, borrados del mapa, por la monarquía española, presumiblemente tras el descubrimiento de que uno de sus miembros dormía -y vivía, y comía, y era parte- en la Casa Real -yo sospecho del Rey... o de su achichincle-. El problema es que las dos cintas, en manos equivocadas, revelarían trascendentes verdades sobre la condición humana -casi casi como una piedra filosofal, pero más española, sexosa y cutre-.
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¿Sexo? Sí, gracias. Eva Roy acaba de lanzar Verdad y mentiras en el sexo, un libro magnífico -casi enciclopédico- en el que la autora bloggera -sí, es posible: algún día me verán a mí publicar un libro sobre cómo se mueve la coma- expone con lujo de detalle, pero sin perder la cordura y el tono jocoso -de carcajada vertical-, todo lo relativo al sexo, y cómo nos define como seres humanos la manera en que lo practicamos. Sadomasoquismo, homosexualidad, orgasmo anal, estimulación prostática, dildos, arneses, cibersexo, y otros tantos tópicos magníficos, son tratados por Eva con tanta fuerza que uno termina creyéndosela, tomando nota y buscando practicar. ¿Quién se anima? A leerlo, claro...
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Ahí le paro. Los otros ni siquiera los he revisado. Cuando comience a hojearlos, les aviso para que se pongan las pilas y vayan a conseguirlos. Acuérdense que la vida empieza hablando, pero termina leyendo. Yo que ustedes, me quitaba los prejuicios y le entraba. Leer no engorda, ni contamina -a menos que lean en el carro, o mientras comen garnachas placeras-. Lléguenle y avisen cuando acaben, pa' recomendarles más.
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¡Salud!
Faltan 7 días para la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2008. Repito: lléguenle.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Filia.

Híjole. Que me voy dando cuenta de que falta sólo una semana para la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, y no los he invitado a ninguna actividad en específico, ni he hecho labor proselitista. ¡Qué feo soy! Notarán que estudié para informante, pero lo mío, lo mío, es obligar a la gente a informarme. Ya, no cunda más el pánico. Aquí está su experto en FIL -les juro que si existiera la carrera, la estudiaba y me graduaba con honores-, que no los deja solos -?-, ni cuando van al baño. Empecemos con las recomendaciones, asequibles por igual en http://www.fil.com.mx/, que este año ya tiene espacio para que los cibernautas armen y guarden su agenda. Voy.
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La Feria inicia el sábado 29 -osea, de hoy en oscho-. A las 11 de la mañana se tiene programada la inauguración, pero es de sabios en FIL reconocer que uno, si no tiene credencial de organizador, prensa o profesional, es decir, si nada más va a entrar en la Feria con boleto pagado (20 general, 15 estudiantes y profes con credencial), podrá visitar la Feria a partir de las 12 o 1, ya cuando el mitote de la inauguración, los premios, los discursos y los aplausos, se hayan ido con el viento.
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Si no pueden asistir a la inauguración, los invito cordialmente a que, en cuanto los dejen entrar, le lleguen al Pabellón del País Invitado de Honor, que este año alberga a la cultura italiana, y todo ese montón de cosas hermosas y útiles que han legado al mundo, como la pizza o Mónica Bellucci. Dense una vuelta por el Pabellón -hay mapa en el sitio web de la Feria-, y beban café Illy, vean documentales, lean mucho y dense una vuelta por Italia, que viene franca y sencilla, llana y afable.
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Luego, claro está, pásense a los stands y compren mucho. Ojo, estimados lectores quimosabis: comprar mucho no es sinónimo de gastar mucho. Mi mejor récord en Feria es de 150 pesos, total monetario de la nada despreciable cantidad de seis libros. Seis libros por 150 pesos, y les aseguro que hay opciones más baratas -que no es sinónimo de "malas" o "deficientes"-, nomás que a mí, como siempre, me da "cosa" buscar.
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Y ya que compraron, no sean tacaños, compren más. Nuestra industria editorial -sí, también es mía, y tuya, y de los que colaboran con los gastos- necesita de la promoción e inversión que los lectores podamos darle. Ya que compraron más, váyanse a comer fuera de Feria -porque dentro, ya se sabe, ni de chiste hay que incar el diente- porque este año, y desde el pasado, la FIL invita tus entradas y salidas del mismo día luego de que compras un boleto. Así es: un boleto al día y puedes salir y entrar cuantas veces quieras, como en jueguito de Selva Mágica, pero sin tanto niño vomitón.
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Y ya que comieron, no sean gachos y regresen a la Feria. Entren a alguno de los salones de eventos y presencien alguna presentación de libro. Vienen autores buenísimos, y otros que no son tan buenos, pero que igual nos pueden gustar: Elena Poniatowska, Juan Villoro, José Emilio Pacheco, Sergio Pitol, Guadalupe Loaeza, Antonio Muñoz Molina, Ángeles Mastretta, Paco Ignacio Taibo II, et. al. No es necesario que compren sus novedades, pero igual pidan autógrafos y aumenten sus colecciones -de libros y de autógrafos, méndigos groupies-.
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Y si ya se hartaron de oir a Paco Ignacio Taibo despotricar como niño mensito sobre lo mal que anda el sistema político mexicano, sálganse de ahí y acudan a alguno de los muchos eventos que la Feria ha puesto a disposición del público conocedor en razón del 80 Aniversario de Carlos Fuentes, mismo que ya les he referido yo antes en este su humilde baile. Va a haber ópera en el Diana, presentación de novelas -reediciones y reinterpretaciones-, charlas con los amigos y hasta reunión con jóvenes. Carlitos va a estar dispuesto y contentote: ustédes atásquense, que habrá lodo.
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Pero si Fuentes no es su "hit", entonces no le fallen a los premios. Este año tenemos el FIL de Literatura en Lenguas Romances -lo que antes se llama "Juan Rulfo" y luego "FIL de Literatura -a secas-"-, que se le va a dar, merecidísimamente, a Antonio Lobo Antunez, un portugués dueño de la imagen -ni pregunten cuál: toda imagen-; también está el Sor Juana, que no falla de tan feminista, y que en esta ocasión se le ha otorgado a la nicaragüense Gioconda Belli; o si lo suyo no es la literatura, está el "La Catrina", que año con año se le otorga a lo mejor de la caricatura mexicana, y que en esta ocasión caerá en manos -es un decir- del inteligente Rogelio Naranjo. Total que hay para todos, y ni cómo decir que no.
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¿Pretextos? ¿Mucha gente? Este año la FIL crece 1,000 metros cuadrados, lo que redunda en más espacio para aislar amontonamientos y repegones -perdón por los que iban a su surtido anual de embadurnadas de tamal (¡qué guarro me oí!)-, más áreas de descanso y más fluidez de aire en todo el espacio cerrado. ¿Mucha literatura y poco arte vario? No le saquen: Tina Modotti, la polémica fotógrafa italiana amiga de Diego y Frida, será expuesta -bueno, ella no, ni que fuera nudista, su obra-, en Casa Vallarta, y en la explanada de la Feria habrá un 'ingo de eventos musicales -olvidaba decirlo: vienen los Tigres del Norte, por si a alguien le pasaba a interesar-.
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Ya no hay pretextos. Si tiene niños chiquitos déjelos endilgados a los chavos de trabajo social de la U. de G. en FIL Niños, que este año creció 2,000 metros cuadrados -+ chiquillos + espacio = negocio redondo-. Si no tiene para el estacionamiento, véngase a pata, o en camión, o en su defecto, deje el carro en el estacionamiento ¡GRATUITO! que FIL pondrá a disposición junto a la chocolatería Ibarra, justo frente a la Expo. Para los discapacitados hay rampas y elevadores. Para los mensos, pus libros.
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Ya están. Matanga al que diga que no invité. Yo voy a estar ahí casi las 24 horas -no estoy las 24 nada más porque la FIL abre 11 diarias nada más-. Si quieren que les dé un tour, me hablan y con gusto me los traigo de filón. La cita es con los libros. La cita es con la FIL. El que falte, tiene espantosa tache, y se sienta con la fea de regreso. Yastuvo.
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¡Salud!
Faltan -todavía- 8 días para la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Estamos invitados. El que falte no merece esa Feria, y eso está de dar miedo.

¡Ándale!

Vengo llegando. Vengo llegando estupefacto -que es una forma mucho menos albureable de decir "anonadado"-. Vengo llegando estupefacto de conocer un nuevo centro comercial. Vengo llegando estupefacto de conocer un nuevo centro comercial que acaban de abrir. Vengo llegando (¡ay, ya!, ¿no?) estupefacto de conocer un nuevo centro comercial que acaban de abrir muy cerca de mi casa, en el poniente de la ciudad. Vengo llegando, estupefacto, y estoy que no puedo articular toda una oración con sentido indivisible, nomás del anonadamiento -¿o se dirá "anonadación"?-
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"Andares", se llama el "proyectito". Claro que eso de "proyectito" es más un decir que otra cosa: la obra, que se realizó en diversas etapas durante año y medio aproximadamente -yo diría que fue mucho más tiempo, pero esos son los datos que me traen mis informantes, y ni modo de dudar de su capacidad investigadora (que es la única que tienen)-, la obra, decía yo, costó alrededor de mil millones de pesos, y fue realizada -o está siendo terminada- por más de mil quinientos trabajadores, contratados hasta en los fines de semana.
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La cosa está grandota -dice un informante con reducida inteligencia espacial, que el área total del proyecto supera las dos hectáreas-, y hermosota. Es, sin duda alguna, una aplaudible apuesta a la arquitectura moderna-minimalista, confeccionando, con aristas, fuentes, acero inoxidable y vidrios verdosos, que no pueden faltar en todo complejo contemporáneo, confeccionando, decía yo, no sólo un sorprendentemente bello centro comercial, sino un complejo habitacional descente y caro, muy caro.
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Por lo que cuesta la renta de suelo -alrededor de 50 dólares el metro cuadrado-, es de esperarse que las tiendas que abran en Andares no sean precisamente mexicanas, o de categoría tianguista. A la fecha han abierto dos, Palacio de Hierro y Liverpool, pero, en lo que pude asomarme, alcancé a divisar una sucursal de Tous, otra de Channel y una más de Hugo Boss. Ni ópticas Devlin, ni Joyerías Aplicsa, ni C & A, ya ni siquiera una Comercial Mexicana alcanzaron a ver mis ojillos sorprendidos. De diamante y perla no baja la bendita plaza. Ni hablar: los fans de Danny Yo tendremos que quedarnos con las ganas de una sucursal ahí.
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Bonita bonita, lo que se dice bonita, está la cosa. Claro que el ambiente es distinto al de cualquier centro comercial -sí, incluso la friyísima Galerías Guadalajara parecería un cálido hogar al lado de Andares y sus señoras copetonas y enmingeadas, sus niños ricos y fresas, y sus carros último modelo-. Yo, por lo que vi, les recomiendo que adopten un look también minimalista -como el de la plaza, pues- si es que quieren lanzarse a visitarla y no ser arduamente checados por los cientos de guardias que resguardan cada centímetro de las tiendas y áreas libres, y nomás andan viendo gente sospechosa... o pobre, para regresarla a su casa.
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No, no es cierto. Yo iba en pants, chamarra y cara de dormido, y nadie me dijo nada. Es un centro comercial muy "nice" y punto. Visítenlo. Guadalajara no es una ciudad a la que yo aprecie mucho, aunque, claro está, tiene a mi gente y muchas de mis raíces, pero esa no me es razón de peso como para decir que Guadalajara se merecía un centro comercial así. Pero la arquitectura moderna le debe estar profundamente agradecida, a Guadalajara, Andares, y también, ¿por qué no? a la señora encopetada que la visita toda. Yastuvo. Vayan. Luego no digan que no los invité.
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¡Salud!
Faltan 8 días para la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. No es minimalista, pero se da a querer. Ayquir.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Frigorífico asunto es el frío.

Hace frío. "Ay, ya empezó este con sus obviedades", va a anunciar seguramente el sabio lector de este su blog, que va que vuela para alcanzar las 250 entradas... hasta pasado el 2010. Y es que justamente el frío, que es tan obvio como se siente, ha traído mi cerebro en fase neanderthal, con más prejuicios que beneficios, y menos pensamientos que lapsus brutus. El problema del frío, que me trae tan menso, es que me gusta.
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"¡Chin, ahora ya pasó a lo personal, y se nos va a perder!", sale a la luz el comentario del lector, y hasta acá, a estas -también- frías lejanías, me llega su voz. Pero sí, tendré que apechugar y hacer oídos sordos -no mudos, ni que esto fuera sinestesia- a todo comentario, porque la verdad es que el frío me gusta, y yo, con tal de hablar con la verdad, ni a las críticas cedo lugar.
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El punto es que el frío llega y lo pone a uno a pensar. "Oh, pues, ¿qué no habías dicho lo contrario, que el frío te trae más menso de lo que ya naturalmente estás?". Sí, queridísimo -?- lector, sí dije eso, pero olvidé agregar que lo menso que me pone el frío no se compara en nada con lo mucho que puede inspirarme: por él dejo de hacer muchas cosas -como salir a caminar, cosa que tengo por costumbre inquebrantable-, así que es de esperarse que mi tiempo libre -friolento también, ¿hay acaso algo más frío que el tiempo mismo?- lo dedique yo a otras cosas, como pensar.
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Y pensando, llegué a la conclusión de que el frío hace muchas cosas por nosotros. Para empezar, descubrí que el frío lo pone a uno más guapo. No, les juro que no estoy divagando, no más de lo que comúnmente divago. A ver, vayan al baúl de sus recuerdos, o al rinconcito del gabinete de la cocina donde guardan sus álbumnes fotográficos, y saquen toda la marabunta de fotos desordenadas y apolilladas. O, si ya se las dan de muy tecnológicos, abran sus archivos digitales y extraigan dos fotografías suyas, una tomada en un día caluroso y otra en un día de chamarra, bufanda y mitones.
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¿No notan ninguna diferencia? Yo sí. A mí el frío me pone guapo, me hace ver más chulo y hasta me quita años de encima -arrugas incluídas-. ¿Por qué? No sé, pero las fotos en las que mis poros nasales salen más abiertos, mi frente más calva y mis cachetes más prominentes, son definitivamente fotos de verano. Las de invierno son otra cosa: uno me ve posando frente al árbol navideño, o rodeado de regalos, y no tiene otro aprecio de mi persona que el de ser un émulo de Adonis prominente, un Brad Pitt ojinegro en sus mejores años, un latin lover -no, no, el luchador no, el otro latin lover, que es más genérico- con dientes perfectos y look ensuetereado, tipo catálogo de Hugo Boss.
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También llegué a la conclusión, luego de estar mirando con recelo el último paquete de galletas que rodaba solito sobre la mesa de la cocina -es que eran galletas circulares, y estaba entrando aire (también frío)-, de que con el frío a uno le entran repentinas e insaciables ganas de tragar. Ojo, lector avezado: no dije "comer", ni "alimentarse". No, eso sería moderado, suficiente y satisfactorio para el buen nutrimento de nuestros cuerpecillos. Dime "tragar", así, de rompe y rasga, toma y daca, agárrate que ahí te voy.
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Y de la cocina, si se descuida la alacena, agarramos parejo: chocolates, papitas, pastelillos, galletas, dulces y cacahuates, y toda esa mole de cosas que los mexicanos compramos como si crecieran en los árboles, y que terminan creciendo en nuestras caderas y abdómenes prominentemente. El frío, si algo tiene, es que engorda.
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"Ay, ya empezó éste con sus complejos corporales", escucho decir al afable lector. Pues no, no es eso -esta vez-, sino que mis estadísticas personales -comprobables al ver los cuerpecitos esponjosos de mis compañeros de escuela al regresar de vacaciones invernales cada febrero, después de que en diciembre uno los dejara en calidad de vacas hambreadas, más para dar lástima que contento-, mis estadísticas personales, decía, demuestran que uno de cada un mexicano engorda en invierno. Por cierto, en lo que escribía esto, el frío ganó y el paquete de galletas circulares ya no rueda más en la cocina. Amén.
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El frío también nos pone comprofílicos. Todo mundo quiere hacer compras, y las compras tienen, definitivamente, destinatario. El destinatario es diverso: hay quienes compran para estrenar la tarjeta de crédito, con lo que hacen de su destinatario a la tienda departamental; hay otros, sin embargo, que compran para comprar poquito, haciendo destinatario de su compra a su bendita tacañería. Yo no compro -?- Ahí la dejo.
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Finalmente, mientras me zampaba la última galleta circular, llegué a la conclusión de que el frío nos pone melancólicos. Basta una tarde de ocio -ocio obligado, porque nadie quiere salir a hacer algo con el reverendo frío que azota la ciudad- para que se vengan a la mente toda clase de seres desaparecidos, desde la miss de inglés de la primaria, que no dejaba de gustarnos por más que se divorciaba, hasta la última neurótica secretaria con suéter de reno de Santa Claus que nos atendió en el último trámite burocrático. Vaya, con decirles que el frío hace que uno comience a añorar la presencia hasta del cilantro pegado en el colmillo superior de la boca del último camionero que nos arrancó el transvale de la mano y casi nos escupe antes de dejarnos pasar a "su unidad". "Híjole, tan cafre el bigotón, y con esas lonjitas tan bonitas", comienza uno a pensar, arropado en el sillón.
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Por eso es por lo que yo, mejor, escribo, porque escribir es la forma más certera de no dejar que el frío más terrible, el del corazón, se apodere de nosotros. Si ustedes tienen frío, les recomiendo emigrar, como los patos, a algún clima más templado, o, ya de perdis, tomarse muchas fotos. Aprovechen que el frío nos pone guapos. En verano, cuando quieran fotos sexys en la playa, ni la cámara ni el calor cederán belleza a sus atolondrados rostros. Por eso, viva la belleza. Viva el frío.
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¡Salud!
Faltan 9 días para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara. Con frío y todo, pero ayquir.

martes, 18 de noviembre de 2008

Dejar ir.

Si tienes algo, déjalo ir.
Si vuelte a ti, siempre fue tuyo,
si no... pues no.
Proverbio chino (remasterizado)
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Hacen falta muchas noches para arreglar el mundo. Muchos cafés, muchas tertulias, mucha energía, demasiada charla. He llegado a esta conclusión hoy, luego de tener dos satisfacciones gigantescas -bueno, no tan grandes, pero de buen tamaño sí- en menos de tres horas, lo que casi supera mis récords de satisfacciones en FIL -próxima salida, preparen se cuota-, que suelen ser más seguiditas.
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Uno no cambia en una charla de café. Cambian las cosas, eso sí, y el modo en que las pensamos. Pensar, decía hoy un buen amigo con quien fui a echar la platicada -bonita forma de decir "hablar", que se escribe más larga y se suena más "concha"-, es poner en orden las cosas, y poner en orden la cosas requiere dejar de sentirlas. Darle palabras al sentimiento es condenarlo a la categoría de palabra, noción lógica de la lengua, pero también apropiarse de él, hacer la cosa... nostra. Por eso es, quizá, por lo que las cosas que pensamos en las charlas de café están cercanas a salvar al mundo: la charla de café lo convierte todo en lógica, todo en concierto, todo en equilibrio, seguridad y delimitación. Todo lo apropian. Todo bien.
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La Zucaritas no tuvo hoy una charla de café, pero sí una charla, así, a secas, con ella, un micrófono, y un chico -bastante extraño, si me preguntan, y si no también, que para eso éste es mi blog- que medio anda pretendiéndola y al que ella, si mal no recuerdo, anda pretendiéndola bien. La charla fue sobre la cultura del reciclaje, y a mí la satisfacción me vino de estar viendo cómo una amiga tan amiga toma la palabra, se aclara la voz, y es capaz de librar con enteresa el mar de arduas olas que la dirige a sus sueños.
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No, no creo que el sueño de La Zucaritas sea el reciclaje. Esta noble actividad, que ella y su cuasigalán -es que además casi es guapo, pero le falta, le falta- proponen, ha nacido, según mis informantes, de la necesidad del ser humano por adueñarse de la esencia de otros, escuchar las vidas ajenas en los objetos, y además, ya de paso, salvar a este planeta nuestro que tanto nos necesita, y al que tantas veces le damos la espalda. El sueño de la Zucaritas es un mundo mejor, y en eso empatamos ella, yo, y mi amigo el del café, que por alguna extraña razón me ha invitado a divagar, quizá ignorando que es la divagación -que debería llamarse "divagancia"- una de mis actividades predilectas, de las que más me mantienen vivo y coleando. Su invitación es mi segunda satisfacción, y estoy dispuesto a aceptarla, a poseerla, a hacerla mía.
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Pero un mundo mejor no nada más se logra reciclando, o divagando. Hacen falta fuerzas, muchas ganas de ir contra corriente, y un muy buen equipo de trabajo que tenga corriente por su sangre las mismas ganas revolucionarias de chingarse al sistema. El sistema está mal en muchos aspectos, y será de inteligentes cambiadores del mundo, como La Zucaritas y mi amigo -que más bien es cambiador de "su" mundo, pero por algo se empieza-, la labor de mediar y discernir. Yo presto el colador, lo demás les toca a ellos.
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Quedan invitadísimos. La Zucaritas pondrá la mesa y a nosotros nos tocará hacer trueque. La idea es fomentar la cultura del reciclaje a través del intercambio sistematizado y preciso de objetos por objetos o dinero. El punto es no quedarse con nada que ya no nos sirva, y yo aquí en casa -y en el corazón- tengo dos o tres cositas que muero por intercambiar.
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Cambio dos corazones rotos por un par de ojos que lo han mirado todo. Tengo también un ventilador descompuesto que estoy completamente dispuesto a ceder por un auto del año, pero como eso es un sueño, y yo ni sueño ni quiero cambiar al mundo, le dejo la labor a los que sí, y me quedo con el par de ojos. Todos a truequear, el chiste es hacer que las cosas sigan su curso; ya saben, que obedezcan a aquel viejo proverbio chino de "Si tienes algo, déjalo ir..."
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El trueque será en los jardines de la Facultad de Letras, aquí, en Guadalajara, el próximo lunes 24 de noviembre, en punto de las 9 de la mañana y hasta las 7 de la noche. Todo el día para cambiar la vida, toda la vida para hacer trueques. ¡Zapatos que veeeendaaaan...!
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¡Salud!
Faltan 11 días para la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2008. Sí... también se cambian libros por vidas ajenas.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Panfleto número 3.

Para ti, por ser, y para estar mejor.
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Quisiera decirte muchas cosas. Decirte, por ejemplo, lo grande que se mira el conejo de la luna desde acá, o lo poco que brilla el sol cuando está anocheciendo. La tristeza que da verlo apagarse, poco a poco, aún con la consigna de que regresará al día siguiente, se le den de comer corazones sangrantes o no.
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Quisiera decirte muchas cosas. Decirte, por ejemplo que nos han mentido. Que no tenemos ninguna de las cosas que compartimos, que nos hacen hermanables, que ligan nuestra relación más allá de la sangre: que Carlota no murió loca, sino cuerda, cuerdísima, y que Maximiliano la amó hasta el último de sus días, que nunca le puso el cuerno con una negra en el Brasil, y que ninguno de sus capitanes estuvo vendido a Juárez y a su Reforma. Que ambos viven, felices, felices en una vejez sin par, rodeados del estilo de sus cortes, en un lugar de la Viena Imperial todavía, de cuyo nombre no quiero acordarme.
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Quisiera decirte muchas cosas, cosas que digan que tú y yo vivimos en una falacia absoluta, un error garrafal que hace que no seamos nada, a duras penas generosos conocidos: que Carlos V nunca probó el chocolate, que Cortés nunca dejó Cuba, que el Imperio Azteca nunca cayó... porque nunca estuvo alzado, y que el hombre no cruzó Bering, y que las glaciaciones, los calores infernales y las revoluciones del corazón nunca han existido.
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Quisiera decirte muchas cosas, cosas que nos despierten, nos hagan sentir en el amanecer de la vida, en la plenitud de la edad de oro. Decirte, por ejemplo, cómo se escribe una copla caribeña, cómo se atrapa una ola de mar, cómo se cuentan los ángeles en la punta de una aguja, o los versos en una rima sin pasión. Cómo se hace la vida, cómo se genera el amor, cómo se apaga una sonrisa.
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Quisiera decirte muchas cosas. Decirte, por ejemplo, que la palabra es un invento que nos hace humanos, pero no nos da la paz. Decirte, ¿por qué no he de decirte? que la luna es de queso, la naríz de los perros de chocolate, el núcleo de la tierra de zumo de naranja concentrado -y altamente hidrogenado-. Decirte, quizá, que la vida no se escribe en un minuto solamente porque haría falta otro millón de años para vivir ese minuto a conciencia.
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Quisiera decirte muchas cosas. Pero nada sirve. Nada funciona. Todo está mal. No hay peces en el mar, ni días felices, ni tierras pacíficas. No hay héroes, ni columnatas, ni efigies. No hay conciencias, no hay almas, morimos y aquí se acaba todo. Cuando no hay palabras, cuando no hay consuelo en las letras posibles, no hay para qué reinventar la realidad.
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Nada de esto, que yo intento hacer cambiar con mis letras, nada de esto que quisiera reinventar para ti, para hacerte sentir mejor, funciona si no estás tú. Porque nadie como tú para contar historias, para cambiar las realidades, para aplacar los conceptos y traer la sonrisa a la cara desde fondo del corazón. Nadie como tú para entender mis locuras, mis histerias, mis modos raros de creer, de amar, de leer, de soñar. Nadie como tú para compartir mis sueños, para darme el aliento diario, el hombro franco en qué apoyar la mano.
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Si me escuchas, si esto llega a ti, aprovecha el mensaje y dale todo de ti a esa maldita enfermedad, para que sepa que contigo no cuenta, que contigo todos sus intentos son fracasos nonatos, guerras perdidas. Porque eres fuerte, más de lo que tú y yo imaginamos incluso. Sigues siendo mi héroe, pero esa es una cosa que me toca a mí. Por lo pronto, necesito que estés bien, porque el mundo, mi mundo, el que está lleno de esas ganas de vivir que tú siempre me has compartido, es distinto sin ti, y distinto no me gusta, distinto no estoy dispuesto a vivirlo.
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Procúrate, no te abandones. Son los momentos duros, como éste, en que somos el refugio más ansiado. Tú sabes que cuentas conmigo, con lo mucho o poco que mis palabras puedan ayudarte, que mis mentiras puedan consolarte, que mi juicio pueda ponerte en razón. Yo tampoco soy perfecto, pero es gracias a lo que tú me has dado en los momentos más crueles, a manos llenas, como siempre, que hoy estoy a flote procurando hacer algo por ti. No es mi batalla, pero estoy dispuesto a redoblar mis fuerzas. Esto no se acaba hasta que uno de los dos doble los brazos... y los míos no cederán. No pasarán.
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¡Salud!
Faltan 13 días para la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2008.

Ámbar.

A la lagartija, por la longa espera.
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Flaca hasta perder los huesos, detenida en un colapso de piel y escamas, rodeada de partículas venidas de su propio mundo centáurico, apocalíptico, terminal, científícos de Chiapas encontraron a una lagartija conservada -y muy bien conservada- en ámbar. El animalito tiene la nada despreciable edad de 23 millones de años. Sí, leyeron bien, y si no lo pueden creer, o si leyeron muy rápido, les va de nuevo: 23 millones de años.
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El ámbar es, según mis informantes -sí, ya volvieron, ¡albricias!- un compuesto orgánico proveniente de las cortezas de ciertas coníferas que crecen en muy determinados puntos del mundo, y cuya tarea es la de resguardar al árbol lastimado de elementos patógenos que pudiesen atacarlo. En forma de resina, osea, líquida -o más bien como moco de gripiento-, el ámbar resbala desde el interior del árbol hasta cubrir la herida causada al árbol por cualquier elemento punzocortante.
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Altamente apreciada -incluso llega a cotizarse más cara que el oro, según me informan-, se hace con ella joyería diversa y bisutería de lo más "nice". La cosa es que el ámbar se ha hecho famoso no sólo por su dorado y transparente color, ni su función reguladora del equilibrio ecosistémico, sino porque es capaz de conservar gran cantidad de organismos al caer sobre ellos por accidente y endurecer.
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Sí, es como el mosquito prehistórico de la película Jurassic Park, cuyo ADN extraído hacía posible la clonación de los dinosaurios.
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Nuestra -es que es mexicanísima: la encontraron en Simojovel, una zona de Chiapas que tiene las minas más ricas de ámbar- lagartija no trae otro ADN que el suyo propio, y ya bastante petrificadón. Junto a ella, en la misma gota de ámbar, se encuentran algunas hormigas cenozóicas -osea, bastante antigüitas-, que según los encargados de la investigación tras el hallazgo, estaban atacando a la lagartija cuando la gota de ámbar se los llevó... a todos. También está en la misma gota un grillo, que, según fuentes extraoficiales, nomás andaba de mirón.
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Ya los estoy escuchando hasta acá: "Éste de plano cree que uno entra a su blog nada más para chutarse sus hallazgos mitológicos y leer las miserias de su existencia". Sí, tienen razón, pero por algo siguen entrando para leerme cual manadas de Pitufos cuando llega Gargamel -en bola, sin juicio ni beneficio-. A mí lo que toda esta noticia me trae de júbilo, y que espero a ustedes los contagie, es el hecho de recordar que los accidentes de lo fortuito, que de pronto parecen borrarnos de la faz de la tierra, pueden tener en realidad la función de perdurarnos.
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¿Qué sabia es la vida que logra encapsularse por millones de años, hasta que otro accidente la devuelve a la luz? Vida y verdad, me parece, tienen la misma estructura en su funcionamiento: el destino las cubre, las apaga, o hace lo posible por desaparecerlas... pero no falta el despistado que, sin deberla ni proponérsela, saca todo a la luz y luego se lleva el crédito.
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Pero el crédito, nomás por esta vez, se lo lleva la lagartija -y sus amigos-. Me han recordado que, después de todo, ser cubierto por una masa de ámbar caliente y aplastante, y ser enterrado en el subsuelo en el pasar de los siglos y milenios, no está tan mal después de todo: algún día todo, hasta lo que esconde el ámbar, sale a la luz... y trae buenas noticias.
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Me traen de último momento la noticia al respecto mis informantes, que el significado etimológico de la palabra "ámbar" es "lo que flota en el mar". Miren, qué curioso. Como la vida, como la verdad, como tantas cosas de las que uno siempre termina enterándose. ¡Qué buen día! Otro de estos y pago las copas de todos... pero vacías, ¿eh? tampoco se manden.
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¡Salud!
Faltan 13 días para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara. Ya huele a tinta, yumi.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Lunario diario.

Y en las lunas de tus ojos
nadé la noche.
Cuando desperté,
ahogado estaba
de tanta luz.
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Iba yo pensando -cada vez que digo algo similar estando mi madre presente, la progenitora más católica de toda la República Mexicana se apresura a interpelar: "Ya es muy bueno que a tu edad pienses"-, decía que iba yo pensando en la multitud de cosas que tengo por hacer antes de la llegada de la FIL -ya viene, ya viene, quebrándose, quebrándose-, para poder vivirla agusto, cuando casi me atropella un 634 que iba -¡qué raro!- a velocidad luz.
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Repuesto del susto, una señora que andaba por ahí, y que se acercó a verme para decidir si seguía su camino o le hablaba a una ambulancia, me puso la mano en el hombro y, con ese tono admonitorio, entre macabro y sabio, que usan las personas mayores cuando van a decir algo importante, me susurró: "¡Ay, joven! Ya sé por qué le pasó a usted eso". La miré como quien está decidiendo entre salir corriendo o afrontar la situación. "Es que hoy hay luna llena".
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¡Zaz, caímos, sonamos! La cuestión de la señora es medio dicotómica: no sabía ella que el semiatropello no fue por culpa de la luna, sino porque iba yo distraído -¡qué raro!-, pensando -eso sí que es raro- en mi lista de pendientes; pero tenía razón, al bajar del camión, ¿adivinan que es lo primero que veo, más grande frente a mi cara que la pantalla de Roja ahora está? Sí, una luna, llena, regrandota como una pelotota que alumbra el callejón.
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Entonces se me vino a la cabeza una idea no dicotónica, sino polifacética: ¿hemos considerado últimamente los seres humanos la cantidad de cosas que a la luna legamos en forma de culpa y admiración, inspiración o miedo? Voy, digo, expreso, aquí están, algunas de las cosas que pensé que la luna tiene como saldos a favor entre nosotros, los que aquí, bajo su luz, hacemos -o intentamos hacer- cultura y civilización.
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Hay dieta de la luna -que dicen mis hermanas que no funciona-, dice Jaime Sabines que la luna se puede tomar a cucharadas, o como cápsula cada dos horas, para Mecano tuvo un hijo, Benedetti puso a un hombre a mirarla, y Pablo Neruda la eclipsó en su poema 20.
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Los antiguos hicieron calendarios con ella, que hasta hoy seguimos a pie juntillas para regir nuestros cultivos, nuestras actividades, para cuidar los embarazos. En la antigüedad creían que la luna, per sé, interfiere en el ánimo de las mujeres, hace que los nonatos tengan mal formaciones y altera el metabolismo. Hoy, nuestro sistema de creencias la sigue incluyendo en su entramado, colocándola en papel de transformadora de hombres lobo, alteradora de mareas -bueno, esto no es creencia, es más cercano a la ciencia- y protagonista de mitos, como el del conejo que sus cráteres forman, y que para los antiguos grupos nahuas era un conejo mandado allá por un sabio y dadivoso Quetzalcóatl.
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El hombre -gringo- llegó a ella en 1969, y luego siempre no. Uno de los más famosos filmes de la historia, Viaje a la luna (1902), de Georges Méliès, la tuvo como protagonista, he hizo famosa la estampa de su ojo derecho impactado por un cohete. La ciencia ficción la ha rellenado de alienígenas, platillos voladores y hasta villanos desconsiderados -¿alguien además de yo recuerda que en los Power Rangers, Úrsula salía del interior de la luna en el inicio de la serie, para aterrorizar a la Tierra?- La han pintado postimpresionistas -Van Gogh, en su Noche estrellada (1889)-, surrealistas -Dalí, en su Bodegón al claro de luna (1927)-, y más surrealistas -Joan Miró, en Campesino catalán al claro de luna (1968) .
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Remedios Varo la pulverizó en Papilla Lunar(1958) y Frida Kahlo la volvió el foco de su parte más oscura en su Árbol de la esperanza (1946). Diego Rivera no la puso en ninguna obra, los árabes se hicieron identificar durante siglos con su cuarto menguante, y Galileo hizo grabados con sus caras.
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La luna -nuestra luna- tiene caras -casi casi le diagnosticamos multipolaridad-, enferma, es de queso, hiere, enamora, crea locuras, engendra, sobrevive, es eclipsada. Nuestra luna ve, mira, juzga, oye, habla, se deja pisotear. Unos científicos le practicaron robo hormiga en la segunda mitad del siglo pasado, y sus pequeños fragmentos se exhiben en un museo de la NASA como trofeos de guerra, trofeos de luna. El arte la ama, la técnica la visita, y la ciencia le quitó la gravedad.
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¡Qué de cosas! Ahora nada más falta que la luna protagonice una novela, una caricatura, un manga japonés. Ahora nada más nos falta verla en la portada de una revista, siendo entrevistada por Diego Luna -miren, hasta apellido la hicimos-. ¿Y luego? Propongo bebernos juntos un luna nueva en las rocas, contarnos los lunares y comer lunetas. ¿Ven? Hay pachanga. La luna paga.
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¡Salud!
Faltan 17 días para la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2008.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Lo chick y lo flick.

Al Anónimo, por creer en mí.
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Este fue un buen domingo. Bueno, bueno, como hacía varios domingos no era un buen domingo. Sucede que alcancé a hacer mucho, avanzar bastante y retroceder lo menos. Hasta película me aventé. Sí, es por eso que hago una entrada, ni crean que tengo algo trascedente e irrenunciable qué decirles -de hecho, en el aspecto de lo irrenunciable, mi vida ha estado bastante apagada últimamente-. Voy, pues, con la recomendación cinéfila, que lleva esta agarrosa dedicación porque ya hace bastantes meses se la tenía debiendo a alguno de los pocos comentaristas de este blog -es un decir... lo de blog-.
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Locura de amor en las Vegas no es una película. ¿Ven? Ya empecé mal, y tan bien que iba. No lo es no porque yo dude que está filmada. De que lo está lo está, a menos que, emulando a Sabrina, la película sea un "sueeeeeño". No es una película porque podría ser otra cosa: un filme gringo.
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Y es que el término película como que sabe a algo universal. Uno escucha "película", y se imagina imágenes, diálogos, cuestionamientos, decisiones, personajes, trama, estructura, tiempo, quizá hasta algún artista famoso. Pero en Locura de amor en las Vegas, protagonizada por Ashton Kutcher -o algo así, mis informantes están en descanso y yo ni ganas de ir y preguntarles si está bien escrito-, y Cameron Díaz, no tiene nada de esto.
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No, esperen. El domingo, con tantas cosas, también me ha puesto cruel. Locura de amor en la Vegas (noten que ni siquiera merece la pena buscar al director o escritor) no es una película universal. Es una película, sí, a duras penas pero sí, sobre lo decaído que está la gana de vivir en los Estados Unidos y lo ridículo en que pueden caer sus pobladores en afán de hacer algo por sus existencias.
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Pero hay que aplaudir el guión. No, no, no lo hagan. El domingo, con tantas cosas, también me ha puesto imbécil. El guión es lento, repetitivo y, si uno no viera las arrugas en la cara de Miss -?- Díaz, uno creería que lo que se está viendo es Loco por Mary con otros actores y otras caras. La trama cae en lo mismo y, en resumen, llega un punto en que uno se pregunta si lo que hay qué hacer es seguir los noventa minutos restantes esperando la cara más idiota de Kutcher -no, esperen, todas sus caras son idiotas-, o de plano apagarle y poner Temporada de patos.
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Ya dije. Y no crean que lo mío es intolerancia a la chick flick, o flick chick, o como quiera que se diga, que para eso tampoco tengo informantes. No, no, lo mío lo mío es responder a Anónimos desquehacerados -sí, hasta más que yo- que lo único que tienen qué hacer un domingo de desidia es entrar a Internet y comentar -o redactar- una entrada tan inútil como ésta. (Por cierto, ¿ya les dije que vamos volando para alcanzar las 250 entradas? Ahí les aviso para que preparen los sombreritos y se unan a la fiesta, que de seguro no será en Las Vegas).
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Lo que pasa en La Coma, se queda en La Coma.
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¡Salud!
Faltan 21 días para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara 2008. ¿Ya les dije que es Italia nuestro Invitado de Honor?