miércoles, 22 de octubre de 2008

Volviendo a la Doña Tele I.

Pesadona la semana. Entre garrafales metidas de pata en torno a la ubicación temporal de escritores vistos en clase -no ahondaré en el asunto... ya lo tratarán mis varios biógrafos-, hasta exposiciones cargadas de incomprensiones temáticas, ésta ha sido una semanita particularmente cargada de sobresaltos y desvaríos. Pero ya con las cosas más orden -o en ordenanza- en la cabeza y sobre el escritorio, me dispuse a echar un vistazo a las novedades televisivas que nuestra querida -?- producción nacional ha puesto recientemente en circulación para las mentes dominadas -nuestras mentes dominadas, quimosabi-.
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Y dando un rondón veloz por los distintos canales de la telera nacional, me encontré con un rostro que, familiar en mi niñez durante las tardes telenoveleras, se me había desaparecido desde hacía unos diez años a la fecha. Me refiero a Lucero -nunca nadie supo su apellido, y para evitarme la fatiga y no romperles la ilusión de la costumbre, no lo averiguaré-, "Lucerito" en sus tiempos mozos, quien tras varios años de ausencia ha regresado a las pantallas en un papel que en mucho la hace lucir como la buena actriz que es, y de paso le quita de encima el doloroso -y apestoso, y otros tantos -osos malévolos- estigma de ser "la niña buena" -cuarentona- de la televisión nacional.
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Ni mangos. Ignoro el nombre de la telenovela en que actúa Lucero, pero su imagen en pantalla me deslumbró -trae un cuerpo que ya quisieran otras cuarentonas-, así como su genial manejo de los gestos y las acciones de una malvada bastante malintencionada y sensual. Esto último de "sensual" es algo nuevo en una actriz como ella, a la que habíamos probado mayoritariamente en papeles de buena -léase "tonta"-. Y eso, intentar a los cuarenta algo nuevo en su perfil actoral es un "salto al vacío" que sólo un buen actor -o actriz, como ella- puede permitirse.
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La última vez que la miré en televisión con evidente gusto, fue en el papelón por partida tercia que se echó en la producción de Carla Estrada de 1995, Lazos de Amor, que si seguro no recuerdan por el nombre, sí lo harán por el hecho de que Lucero interpretaba en dicha novela no uno, sino tres papeles: el de una trilliza buena, una trilliza ciega y una trilliza mala. ¿Y cómo olvidar el final, que todavía hace discutir a los fanáticos de la telenovela quién murió y quién quedó viva?
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Obviamente lo que Lucero hace no busca la realización de los mexicanos, ni el cambio social, ni la paz mundial -todo menos que esto último-. Pero entretetiene. Entretiene porque, dentro de todo, es una actriz con chispa y capacidad histriónica, lo cual da pena. Pena que México entero la haya colocado a fuercitas en una piel de niña buena que, ya lo demostraron algunos acontecimientos temibles, algún día habría de quedarle chica. Pena que dicho papel impostado lo haya aceptado ella sin remilgar, sin pensar que algún día necesitaría de un cambio en su apariencia y en la expresión de sus necesidades. Pena porque nuestro cine, o nuestro teatro, u otras de nuestras tantas manifestaciones artísticas de la actuación, se perdieron así de una gran estrella y una buena actriz. Lás-ti-ma Mar-ga-ri-to.
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Si tienen chance, y ganas, chéquenla. Está mejor que nunca. Yo que los productores -televisivos, cinematográficos (ya me acordé que sí hizo películas; la última fue una aparición en Zapata, de Alfonso Arau... sin comentarios), teatrales (hizo Regina, por ahí del 2003, pero nadie la peló)- se han perdido de un buen, muy buen recurso histriónico. Por lo pronto, la tele la espera... y le devuelve el papel de actriz suprema que merece interpretar. ¡Aupa, Lucero!
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¡Salud!
Faltan 38 días para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Tienes razón, ahora que ha llegado su nueva época, la "Lucerito" luce mejor.
Últimamente ha tenido éxito en EU y se ve que va por buen camino.
Yo tampoco sé de su apellido y mucho menos de su telenovela, buena niña como mencionas pero muy educada o presionada por su madre, quien la quiso tener como una princesa y darle una vida de buena "actriz".