sábado, 25 de octubre de 2008

Partir el queso.

Domingo de flojera. Uno esperaría en situaciones como ésta que todo fuera de fácil digestión: la comida, las lecturas, hasta las noticias. Pero nada. Lo único que no traigo congestionado es el estomaguito, y eso que he estado degustando algunas novedades culinarias que podrían acabar con el más acérrimo amante gástrico de lo irritante. Pero de todas las cosas indigestas que este fin de semana han llegado hasta mi opinión degustativa, definitivamente el rubro del queso se lleva las palmas, la delantera y otros tantos premios por igual.
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No. El queso a mí me encanta. Yo he dicho ya en múltiples ocasiones que si el mundo entero careciera de alimentos, o si el Banco Mundial decidiera mandarme a la Luna para deshacerse de mi temperamental caracter, yo podría fácilmente sobrellevar cualquiera de las dos apocalípticas circunstancias con dos únicos alimentos bajo el brazo -o en la lonchera-: galletas y queso.
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Así que no piensen que el queso que me trae repitiendo -en el sentido indigestamente airoso del término- es ése que, bendito y siempre útil, obtenemos los seres humanos al someter la leche de vaca o cabra a un determinado proceso de bacterización y decantación, salación y venta. El queso que a mí me trae con el alma en un hilo, el colon irritado y la sazón desazonada, es el que Vicente Fox se acaba de aventar en una de sus múltiples y controversiales declaraciones -claro está que decir "Vicente Fox" y no "controversial declaración" en una misma oración es como decir "luna" y no referir per sé a las nocturnas horas-.
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Resulta ser que don Fox -que fue nuestro presidente, pero a mí no me echen la culpa, que yo ni voté por él... bueno, con decirles que la vez que él figuró como candidato, yo ni voté, porque no tenía edad para esas cosas-, don Fox, decía, se aventó otro de sus tantos discursos "particulares" -por no escribir "a todas luces carentes de toda luz"- durante una conferencia en el marco de un Encuentro Nacional del PAN, en la ciudad de Monterrey. Ahora no fue velado el asunto, ni producto sólo de sus pésimos asistentes o su boca floja -Calderón, el punzante y talentoso caricaturista de grupo Reforma, lo pinta siempre de color morado, con su propia lengua envolviéndole el cuello en ademán de harakiri de la estupidez más absurda-. Ahora don Fox -entiéndase el "don" no como un ademán lingüístico de respeto, sino como una burla a su andante caballería desquiciada- se aventó el round solito y sin paradas.
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Ya, pues, no se las hago más de emoción. Estas, según mis informantes -que no estuvieron ahí, pero son bien chismosos-, fueron sus explícitas palabras: "Tenemos que buscar estrategias diversas (para ganas la Presidencia en 2012), eficaces. Cosas como partirle el queso a López Obrador".
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Ya sé. Les doy tres puntos suspensivos para recuperarse de la impresión... Listo. O la estupidez de nuestro -¿y a mí por qué me incluyen?- expresidente llegó a un nivel tan desnaturalizado que le permite mover de ese modo tan violento la carnaza frente a esos perros violentos que somos la opinión pública, el pueblo, o de plano el señor está desquiciado y vía matrimonial ha recibido el gusto de poseer muchos tornillos menos en la cabeza.
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Denle la explicación que quieran. Las palabras que Vicente Fox Quesada se atrevió a enunciar en la reunión nacional del PAN son una absoluta "mentada de queso" -por no decir "madre", para que este baile no baje de catego- a la estabilidad que el país necesita en tiempos tan conflictivos. ¿Ya sabrá Vicente que mientras los pavorreales de su rancho comen maíz adicionado con leche Nido, su sucesor, Calderón, nomás no ha logrado levantar "la tienda" a falta de la credibilidad institucional que Chente se llevó a su rancho para comida de sus manatíes? ¿Ya sabrá Vicente que AMLO no sólo tiene buenas ideas, sino que está haciéndole robo hormina a su partido de esa cada vez más gigantesca porción del electorado que cree y seguirá creyendo en que un fraude electoral precedió a su salida de los Pinos?
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¿Ya sabrá Vicente que el país está cada vez más dividido entre los fanáticos de el Peje y los abstemios -no votantes-, dejando a Calderón, y con él al PAN completo, en la total derrota e incertidumbre? ¿Sabrá Chente lo que es una guerra civil, o una derrota por encima, muy por encima, de la que su lengua le provoca cada vez que abre la boca? ¿No se cansará Vicente de decir estupideces? ¿Sabrá acaso el exmandatario que cada vez que riega el atole se lleva al país entre las patas? ¿Sabrá Chente que vive en un país, y no en el Reino de Nunca Jamás? ¿Será todo esto una estrategia malévola de Martita por recuperar el trono que el rancho guanajuatense le arrebató?
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Como sea, la partida de queso que Vicente Fox Quesada propuso para el excandidato a la presidencia y lider moral Andrés Manuel López Obrador -me niego y me negaré siempre a llamarlo "presidente legítimo"... so sorry-, nos ha recordado uno de los miedos de la longa suma que los mexicanos más o menos enterados del negocio político e histórico cargamos: el "dale un balazo y aquí no ha pasado nada" que el priísmo enarboló junto con su escudo tricolor de falsa democracia. El "desaparece tu basura y vive sanamente" que mató a Colosio, Manuel J. Clouthier, Digna Ochoa, los del '68, y otros tantos. El "sácate las piedritas del zapato" que casi le arranca la vida a Lydia Cacho. El "si te estorba, aniquílalo" que le dio la presidencia a Salinas, a Echeverría, a Zedillo. El "muéstrales quién manda" que acabó con la revolución institucional para acabar también con México. El fin.
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Yo que el PAN, le partía el queso a Fox. El problema es que sus temibles palabras fueron recibidas por toda la concurrencia panista con un abrumador aplauso, muy parecido al grito orgiástico que se aventaban los vikingos antes de arrazar con los pueblos británicos. Lástima. Un país tan hermoso como el mío, frenado por la pugna entre la estupidez de un líder y las incomprensiones de otro -ahí ustedes decidan cuál es cuál-. Un país tan bonito como el que me vio nacer, sumido en la esclavitud del dedazo, el "aquí no pasa nada" y el "móchese pa'l taco". Fox y AMLO, Calderón y hasta Manlio Fabio Beltrones, Gordillo y sus logias, Ebrard y el Jefe Diego, son moldes cortados con la misma tijera Barrilito: la base de la corrupción de los líderes de un sistema no está en los líderes, sino en el sistema. Todos ellos, y los que me falten por mencionar, son el resultado de nuestra propia versión del acto de gobernar. Son quesos de la misma vaca. Son partidas de la misma madre.
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¡Salud!
Faltan 35 días para la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2008.

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