jueves, 30 de octubre de 2008

La mata dadivosa de la semana.

Antes de que empiecen a regañarme, y para efectos de rapidez en el trámite engorroso, admitiré mi culpa: mea culpa no darme una vuelta por este mi baile desde hacía seis días; mea culpa no venir con muchos ánimos de escribir una entrada interesante; mea culpa no no aceptar mi culpabilidad en ninguno de los sucesos que han cambiado al mundo en los días que llevo sin pararme por aquí.
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Bueno, es que no acepto la culpa porque, al menos en este último mea culpa, yo de veras que tengo poco qué ver. Se aprueba la reforma petrolera, AMLO reclama que se aprobó como él quería pero que no quería que se aprobara cuando él aprobara que se aprobara como quería -¿cómo dice que dijo?-, se estrena Ceguera, un film basado en Ensayo sobre la ceguera, el genial y muy humano libro de José Saramago que he de ver -así, en futuro perfecto mandatorio-.
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Se recupera la bolsa, los medios informativos en México aceptan en convención estar acorralados por el crimen, La Traviata cumple años, El Apapachoquealivia me llama "nena" y me acusa de no querer faltar a clases por ir a ver a La Oreja de Van Gogh, viene a mi ciudad -que no es chinampa de un lago escondido- La Oreja de Van Gogh, un grupo que aunque no será el ideal es el idóneo -?-, sostengo reuniones informativas, voy a ruedas de prensa, entrevisto a la segunda mujer a la que ya le traída periodísticas ganas desde tiempo hacía (Ana Luz Navarro, La Muerte Irredenta en la obra teatral del mismo nombre, que les recomiendo como ver llover, osea, mucho), me piropean al bajar del camión -lo que hacía mucho no sucedía... no al bajar de un camión-, y hasta un buen samaritano me paga mi pan en El Globo -aparentemente sin afanes favoritistas o interesados-.
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¡Uff! Pobre del que pensó que no pasaban grandes cosas en seis días de vida. Y a toda esta larga lista habría que agregar los trabajos realizados, los ensayos redactados, las metidas de pata cometidas, los amigos reencontrados, las canciones escuchadas, las imágenes capturadas, los autores conocidos, los reconocidos, los objetos perdidos, las películas vistas -no observadas, que eso sería aplicarles demasíado tiempo en días como éstos, de reserva-, los enamoramientos frustrados... o no intentados -lo maravilloso de la soltería es que uno se mal acostumbra a ella-. Total que no paro.
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Pero me da gusto. Ya les decía yo que para mí el fin de año suele venir rellenito, cual piñata, de alegres momentos e importantes reflexiones. De esto se trata. Miren que si yo veía que el año empezaba a pintarme mal, daba marcha atrás y regresaba a junio, cuando, si revisan en las entradas de dicho mes, notarán que la bruma andaba en su máximo y la oscuridad nomás no cedía al amanecer... pero era junio, y no noviembre.
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Pero no es el caso. Este pinta para ser un buen fin de año que, de seguir así, logrará equilibrar medianamente a mis ojos la basura de meses que fue todo el primer semestre. Ya dije. Ahí les aviso cuando cambie el panorama... para ponerse mejor.
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¡Salud!
Faltan 29 días para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara 2008. Italia pone los libros... nos toca leer.

1 comentario:

Victor H. Vizcaino dijo...

MMM
A que apachoquealivia con sus imprudencias en semejantes semanas, te asimilo y te comprendo, yo le agrego una enfermedad que me hizo tener una cita con el destino y seguido de bailar con la muerte, vieras que linda.