domingo, 19 de octubre de 2008

La compañera fiel.

Para Ruth, o Buba, por ser mi hermana... y también por decidirse a abrazar el apodo.
.
Sentados en la banqueta, un estudiante de bachillerato con serios problemas en su núcleo familiar, y una estudiante de licenciatura con autocuestionadas visiones del mundo, dejaban que la tarde se apagara entre sus pláticas y se les fuera por entre los versos y los argumentos como algodón de azúcar al acariciar la humedad de la boca.
.
Eran hermanos. El hermano mayor de ambos, un hombre hecho y derecho, de grandes cualidades y singular inteligencia, había abandonado días atrás la hipocresía propia de su clase y su medio social, y había decidido, con paso gallardo, anunciar su homosexualidad al mundo, quisiese escucharlo o no. Dicha declaración aireada había generado una reacción tan negativa en sus padres, que al joven no le había quedado otra opción que salir de la casa paterna y hacer las cosas aparte, a su modo, a su gusto, por su felicidad.
.
Lo que los dos hermanos sentados en la banqueta intentaban hacer no era enjuiciar las acciones del mayor. Se esforzaban, más bien, por poner las ideas en torno a la crisis familiar en claro. No es que los dos conversadores fueran gratos y afables entre ellos hasta entonces. La llegada del menor de ambos a la familia, el estudiante de bachillerato, había desencadenado en la otra, la menor de un parto gemelar anterior, cierto sentimiento de pérdida de la atención que sólo ya entrada la pubertad había podido asimilar.
.
Pero esa tarde, sobre el machuelo de la banqueta, con un pirul lloviendo flores anaranjadas sobre un sol que se iba paulatinamente, minuto a minuto, lo que entre los dos había no era rivalidad, ni celo, ni pelea por la atención. Era simple y franco diálogo, necesario para librar el enojo de los padres, los argumentos desposeídos de razón de dos viejos jugando a ser excelsos, de dos enfermos de protección que hasta entonces habían sido consejeros absolutos -e irrevocables- de toda decisión tomada en la familia.
.
Ella fue muy clara: sabía infantil su argumento, de ahí su autoculpabilidad, pero no podía evitar pensar que la homosexualidad de su hermano mayor la dejaría sin sobrinos de su parte. Él, adolescente atolondrado al fin y al cabo, no alcanzaba a dilucidar el por qué de tanto rencor nacido de los padres, ni veía la necesidad de dividir a la familia en dos bandos, a favor o contrario al mayor de los hermanos.
.
La tarde se iba y los diálogos progresaban. Ella no creía; él no entendía. Ella se esforzaba por sanar; él intentaba buscar enfermedades. Ella daba un "sí"; él daba un rotundo "no". Ambos, al fin y al cabo, hermanaban una decisión conjunta, conjunta como sus lazos sanguíneos -también irrevocables-: los padres necesitan también ser educados, y a los hijos les toca redoblar esfuerzos al respecto.
.
Fue a partir de aquella tarde que Ruth comenzó a significar algo más que una hermana mayor para mí. Dejó atrás, a mis ojos, el papel de la hermana molestosa, afanada, junto con su cuata, en hacerme pasar la más ingrata existencia. A partir de esas horas tardías, bajo el pirul, Ruth se convirtió a mis ojos en la integrante de mi familia con el corazón sincero más grande y cariñoso. Su corazón es, desde entonces y hasta que la vida nos aleje, quizá hasta mucho después, el rincón más diáfano con que sé que cuento sin remilgos.
.
Ahora la relación es distinta. La homosexualidad de nuestro hermano ya no es tema principal, a duras penas es un tema. El amor profundo que le tenemos por todo lo que ha hecho por nosotros, amarnos en primera instancia, puede más como tema de conversación. Pero Ruth y yo seguimos conversando. La vida, los amigos, los malos ratos, las futuras decisiones, las metidas de pata, las inseguridades, incluso las vanalidades del diario existir, nos acompañan cada vez que hay tiempo, cada vez que nos damos un tiempo. Para mí, tras la tarde bajo el pirul, Ruth es una igual, una mujer hecha y derecha, que como toda mujer hecha y derecha está también en proceso de seguirse haciendo, de rehacerse con base en las experiencias que la vida le tenga destinadas. Una amiga.
.
Poco después de aquella hoy algo remota tarde, yo enfermé gravemente y por los mismos días Ruth tuvo que salir de viaje. Cuando regresó, encontrándome peor que a su partida, lloró abundantemente. Su llanto desesperado me hizo un poco más conciente de que yo no estaba haciendo todo lo necesario para sanar. Hoy le agradezco el llanto, ese llanto contrariado y asustado de quien cree estarse asomando al final de los días de lo que ama. Ese llanto de amor que nadie jamás me ha dado en la misma medida, que nadie jamás ha puesto en pago de mi salud, en bien de mi bien. Ese llanto que dice un "te amo" tan, pero tan audible, que sería necesario ser idiota, o descorazonado, para no escucharlo.
.
El próximo abril, ella se entrega en el altar al hombre que la acompañado gallardamente por los últimos cuatro años de su vida. Yo no acostumbro llorar. No es algo que se me dé. Sin embargo, sé que lloraré el día en que vea cómo mi adolorido padre entrega a Ruth al escogido suertudote. Lloraré no porque sienta que la pierdo, o porque crea que su relación matrimonial anulará nuestra relación como hermanos confidentes. Lloraré porque, al verla feliz, rotundamente feliz, mi corazón estará tan gozoso que mi llanto devolverá ese "te amo" que en bien de mi curación ella alguna vez depositó entre mis manos en igual forma de lágrimas. Y, al devolverle ese "te amo" de agua y sal, tendré saldada la deuda y ella será para siempre mi abrazo caluroso, mi ejemplo de corazón y mi consejo decidido. Ella será mi hermana, mi amiga, mi sol. Hará honor a su nombre, será mi "compañera fiel".
.
¡Salud!
.
Faltan 41 días para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara 2008.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Que lamentable saber dividida una familia por cuestiones de diferencias sin relevancia, porque en realidad no es relevante la preferencia sexual de las personas, sigue siendo una diferencia finalmente, no se puede excluir a un hijo de la familia solo porque le guste la música rock.. o RBD (bueno, esta si podría ser una causa contundente jejeje), o los tigres del norte, nunca he escuchado de caso semejante en mi vida, entonces, ¿Por qué tanto alboroto por una preferencia sexual? es la misma cosa, es cuestión de gustos.
Aahh esta sociedad mocha en la que vivimos. y más mocha todavía en la perla tapatía.

A veces somos los hijos los que tenemos que enseñar y educar a los padres, aunque es muy complicada esta labor principalmente por la negación y terquedad de los padres a sentir que ellos lo saben y han vivido todo, pero fueron otros tiempos, otras costumbres, otra moral, hoy mucho ha cambiado y es evolucionar o quedarnos estancados en un pasado que no será jamás.

Que lindo que tengas un apoyo tan enorme y grato como el de Ruth... a cuya boda - existen posibilidades - asista, veremos que dice la agenda para Abril.
Siempre es placentero y confortante saber que hay un hombro por ahí en donde podemos recargarnos para llorar, descansar, dormir o reir.


Saludos ahora desde Wonderland!

(Gracias por los comentarios)

Alejandro Bercini dijo...

solo para aclarar.. ese último comentario fue mío jejeje aunque creo que era evidente con el saludo final.

saludos de nuevo.

Lilia Torres dijo...

Tenemos que hablar de Bubba…

Recuerdo tantas cosas de ella, ha estado allí desde siempre, no podemos concebir una Ruth sin Lili, y para sentido estricto primero iba mi nombre antes del de Ruth, porque así es, pero por “educación” la nombre a ella primero. No podemos concebir a una Lili sin Ruth porque tiene tanto estando allí, recuerdo cuando fue a aquella fiesta de cumpleaños a la casa donde ahora vive mi tía, son los primeros recuerdos que me quedan de tus hermanas que siempre confundía sólo podía diferenciarlas porque una usaba unos artes en forma de corazón y la otra unos aretes circulares.

Luego vino la secundaria y allí fue dónde nos supimos super amigas. Donde nos supimos ya inseparables, dónde todos los días pasaban por mi para ir a la secundaria y tu hermano mayor enloquecía cada que ponían a Mecano en la radio, y nos íbamos todos cantando por avenida Guadalupe, el club de los humildes, y tu hermano nos despedía desde aquel Chevy, que si mal no recuerdo era blanco y era Chevy, soy mala para aprender esas cosas de autos. Y llegábamos a la secundaria a hacer de todo, Ruth me ayudaba con las miles de bolsas que siempre cargaba, el pastel para los cumpleaños del mes o un montón de galletas para aumentar la energía que nos faltaba para estar criticando a los maestros o rellenar chismografos, o burlarnos de los chistes de Ariadna o Romina Peña. Éramos niñas tan buenas. Tan llenas de risas todos los días en el recreo.

Luego vinieron los amores, y las decepciones e irónicamente fue que jure al cosmos nunca llorarle a un Carlos, fue por Ruth y un personaje con dicho nombre jajajajaja. Ya ni me acuerdo de dónde salió el Carlos de Ruth, es más yo creo que ni ella lo recuerda. ¿Te acuerdas Ruth que lo prometí para las dos? Que malas promesas.

De repente pasaron tantas cosas, que ya ni enumerarlas es posible, pero siempre ha estado allí Ruth, mi mejor amiga de toda la vida, siempre para todo lo necesario y lo no necesario, para recomendarme alguna película, para decirme de algún libro, para verme llorar, para soportar mis decisiones no muy sabias, no muy inteligentes. Para decirme no estaba de acuerdo pero siempre lo respete por ti y por lo que representas. Para jalarme las orejas, y sé que últimamente me paso; que le he salido con múltiples sorpresas los últimos 3 años. Y siempre ha estado allí.

Debo confesar que esta etapa me da mucho miedo, me da miedo que el año que entra varias de mis amigas se casan, que la mayoría se ve tan claramente vestida de blanco y en algunos años con bebés y yo no encuentro muy bien mi lugar en esos planos. Pero sé que pase lo que pase, Ruth seguirá siendo esa gran mujer maravilla con corazón de Cenicienta a la que tanto queremos, admiramos y yo en mi caso por la distancia, extrañamos.