viernes, 10 de octubre de 2008

Deme dos crisis para llevar.

Imaginen ustedes la escena: comparten mesa un aspirante a estudiante de Licenciatura en Letrasy una aspirante a Licenciada en Finanzas Internacionales. Ella muy muy muy (coloque aquí muchos más "muy") inteligente; él... ahí la llevaba. Ella con alto entendimiento de las razones del dinero, los índices bursátiles y el mercado internacional; él... con entendimiento. Ella con afán de golpear al ignorante; él... ignorante.
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El panorama del diálogo no podría ser más desolador. Cuando en 2006 alguien mencionó aisladamente que sobre los mercados internacionales se cernía una prominente crisis financiera, yo le pedí a mi hermana, alta viajera y contemplativa soltera -en aquel entonces; hoy, ya quedó amarrada- me explicara qué demonios era una crisis financiera, o, ya de perdis, con qué se pagaba el inventario de los mercados internacionales.
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"Estás bien bruto", intentó explicarme amablemente, siempre con respeto hacia el educando. "Se llama crisis financiera al proceso bursátil mediante el cual sufren un desacomodo los activos fijos de los mercados mundiales en relación con la cantidad de activos circulantes en el medio económico". "No, pues ya estuvo. Así sí cacté" "¿De veras, o me estás tirando a cuento?". Mirada de "sin embargo" de mi parte. "Como que te veo en la cara que no has entendido". Mirada de "no, pus no". "A ver, va de nuez".
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Fue de nuez como treinta veces. Y nunca regresó. Al final, atendiendo a guardar el amor de nuestra madre y el profundísimo cariño de lazo filial que nos tenemos, dejamos el asunto en paz y yo me fui a dormir con signos de números y Georges Washingtons escalando pirámides todopoderosas en mi cabeza. Cuando desperté, el dólar seguía ahí.
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Ahora el panorama es menos desolador. Ella ya tiene título sobre su escritorio, y yo ya estoy moviendo el abanico de las letras -no me atrevería a decir que cada día mejor, pero ahí la llevo-. Así que, como la crisis predicha se vino encima con todo su jumento, mi hermana la mayor y yo nos sentamos a otro round que no tenía para mí otro objeto que explicarles todo a ustedes y salir todos de dudas.
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Resulta ser que el mundo en que vivimos está conectado monetariamente hablando. Como todo es cuestión de compras, ventas e inversiones, lo que uno hace para comprar, afecta a otro al vender. Un ejemplo sencillito: si Juan López, en México, compra dos manzanas porque están baratas, a 2 pesos, digamos, Abdalí Masarath, en Arabia, pone a la venta más manzanas y el precio del mercado sufre una diferencia de cotización, lo que vulgarmente conocemos como "oferta y demanda".
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El mole se arma cuando el gobierno construye alrededor de todo este proceso una nube de apoyos e incentivos aparentes, con la idea de que los mercados compren y vendan más -como un colchón de espejismo que paga con su propia morralla para que todos, sintiéndose seguros, inviertan más-. Un buen día, el gobierno se levanta y se da cuenta que ha agotado el dinero que tenía para pagar esta nube de tranquilidad inversionista. Caído el telón, los precios suben y las inversiones se disparan, todos entran en pánico y nadie quiere vender ni comprar. El mercado, una maquinaria de inimaginables proporciones, se paraliza cual estómago en épocas de hambruna.
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¿Y que a nosotros qué con tanta compraventa de manzanas? Pues sucede que el mercado es una conexión que nos lleva de filón. ¿Apoco creían que sus Donitas Bimbo y sus Ruffles Queso subían de precio nomás porque al tendero se le antojaba cobrar de más? Al subir las cotizaciones de los precios de los productos básicos, estos se cotizan más caro en cuanto a su producción y cuesta más también la gasolina y el transporte para llevarlos hasta la fábrica. Y sí, la harina de sus Donitas y la papa y el aceite de sus Ruffles, entran en el rubro de "productos básicos".
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Así que se vuelve cierta aquella cuestión de que el estornudo de E. U. se nos convierte a todos en ataque mucoso, migraña y punzada en la ciática. Hace algunos años, el gobierno de Mr. Bush creó toda una nube de seguridad inversionista para incentivar a los bancos e instituciones financieras a que dieran créditos. Viendo el suelo planito planito, las inmobiliarias ofrecieron créditos al por mayor, y muchos estadounidenses corrieron a hacerse de su patrimonio. Pero, ¡oh, fatal sorpresa de los sempiternos dioses! A don Bush la guerra -estúpida- en Iraq le ha quitado la morralla que tenía en la caja chica, y el telón de la seguridad financiera se ha ido hasta la fosa. Caos absoluto, precios por los cielos y mundo entero viendo las de Caín -¿las qué?-.
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Atendida la cuestión, y quedando yo muy enterado y esperando que ustedes también, mi hermana se resignó a explicarme que la seguridad financiera sólo es recuperable si los gobiernos sacan de sus propias cajas chicas y generan en sus propios países la nube de seguridad financiera que Mr. Bush creó y descuidó. "La base de todo está en que el incentivo del gasto público no se le salga al gobierno de las manos, y termine endeudado".
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Cuando el entonces presidente de México, José López Portillo, nacionalizó la banca en el 82, lo hizo con la esperanza de que, teniendo el gobierno el dinero de los bancos, todo girara desde el mismo eje de rotación, ordenadito. Los bancos cedieron los capitales, López Portillos los tomó en sus manos... pero el guajolote se le salió de la olla porque el mercado no es estático, no puede obedecer a los caprichos de un gobernante o las insatisfacciones de un sistema político. La cosa, como sabemos, acabó bien gascho.
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Osea que, para caminar más parejito, Carstens y su bola... de colaboradores tendrán que proponerle al Banco de México que suelte el cambio que trae bajo la ubre y ponga más dinero a correr por la encostalada economía nacional. Así, más dinero corriente generaría más inversiones y más confianza en el paradigma monetario. ¡Chido, chido, chido!
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¿Para qué quiero más? Esto no es crisis. Es cuestión de perspectiva.
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¡Salud!
Faltan 50 días para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara 2008.

2 comentarios:

Wendy Piede Bello dijo...

A mi me vale madre, porque tengo mucha tarea y no tengo tiempo para preocuparme por la crisis, ni para tener sexo. La vida apesta.

José Nuño Ledesma dijo...

Pues como sea, yo tengo que quejarme de tu conclusión final. El Banco de México no puede poner la máquinita de imprimir billetes a andar así nomás porque sí. El simple hehco de que haya más dinero no quiere decir que haya más inversiones. La inversión depende del ahorro.
Si se empezara a poner en circulación más dinero del demandado ocurriría lo que se da por llamar inflación por emisión monetaria.