lunes, 13 de octubre de 2008

Casarse está en el vestido.

Como ya sabían -y si no, pues van sabiendo-, las dos mujeres que tengo como hermanas amarrarán troglodita el año entrante -bueno, amarrados ya están; lo que se hará el próximo año, en respectivas ceremonias, será apretar la soga en el cuello de los susodichos hasta que su piel adquiera tonalidades verde olivo y sus pelos pinten soberanas canas-. Ante tal circunstancia, las dos damas casaderas han estado movilizándose ampliamente en la búsqueda de todo lo necesario para sus respectivos bodorrios, que se realizarán -en el sentido dionisiaco del asunto- con sólo tres meses de diferencia.
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Hoy por la mañana, tras una noche de mal dormir a causa de una recurrente pesadilla -era yo un mejillón gigante que un marisquero intentaba salpimentar-, mi madre -que no es santa todavía pero que ya consiguió la beatificación in vitae- me levantó, para ir a algo que las mujeres casaderas y sus respectivos cortejos dan en llamar "prueba del vestido", con soberanos zopapos en la nuca y con el aviso tajante de las de "si no te levantas en cinco minutos y en diez más estás vestidito y bañadito en la puerta, te dejas de llamar mi hijo y le digo al Dios de Abraham, Isaac y Jacob, que te quite de su lista de protección, lo que te dejará en estado vegetativo como por diez meses". "Mejor, así no voy a las bodas y te obligo por fin a mantenerme" "Pues como Dios es tan justo, si no te levantas de ya, va a quemar tus libros... sin consideraciones especiales". Así pues sí. Cinco minutos después ya estaba yo trepado en la camioneta y andando hacia la ciudad con pronto y asustadizo paso.
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Cuando llegamos al lugar de la cita, que era en las oficinas de un cotizado -?- diseñador -??- de alta moda -yo, la mera verdad, la vi muy baja-, mi madre ya iba en afán pleno y sincero de llorar, y yo en absoluto estado de "ommmm" -gracias a La Casicasi por el fructífero y útil término-, osea, en la leal y legítima lela. No podía dejar de pensar en lo ridículo que es soñar que se es un mejillón en riesgo de ser comido, y en lo todavía más ridículo que es asistir a ver cómo una mujer que podría casarse desnuda sin perder un ápice de su rectitud, se prueba vestido tras vestido como si no hubiera en el mundo más cosas qué probar.
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Mi madre entró corriendo, abrazó al fruto de sus entrañas -no, a mí no, al otro fruto que más bien es frutilla- y subió con ella sin soltarle el brazo, no con temor a caer sino con miedo a perder la compañía. Yo, que me vi rodeado ipso facto de telas, aditamentos y postizos, me aplané en la salita de recepción en plan de dejar a las plañideras lloraran y las costureras remendaran. Justo iba a abrir la primera Quién que el destino puso en mis manos, con la carota de Carlos Loret de Mola en la portada y un apetitozo lead consumiendo mis ansias -?- ("Todo sobre Loret. El conductor más sexy de la televisión completito para ti"). Justo iba, decía yo, a dedicarme a la amorosa tarea de la contemplación inútil del mundo de las revistas del corazón, cuando mi madre se paró en el descanso de las escaleras y mi insinuó con ese portentoso y convincente tono de voz que utiliza para decirte que si no la obedeces hará claudicar a tu ángel de la guarda y el resto de tu vida se irá a la caca: "¿No vieeeenes? Tu hermana necesita también tu punto de vista, Agus" -nótese que el último "Agus" es lo que acaba de taladrar la conciencia y obliga a levantarlas y moverlas. Chin-.
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Ya en el segundo piso -o lo que llaman así, que no es más que un entablado que cruje a cada paso sobre el primero-, mi madre inició su propio ritual, mientras la mayor de sus hijas mujeres entraba en el vestidor seguida de una asistente cuerpo de uva: sacó sus kleenex de bolsita, juntó las piernitas como para foto de generación de Instituto Comercial del Sol, levantó la cabeza con aire altivo y se quitó de un guantazo -es un decir- el rimel y la sombra -será chillona, pero nunca chorreada-.
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Primer ejemplar. "Razo de seda con incrustaciones de cristal cortado a imitación de diamante miniatura", dijo la encargada, con cierto tono de voz que me recordó al portero de los castillos en las películas clásicas de Disney. Todas las otras novias de la sala, y sus respectivas madres y amigas acompañantes, exhalaron portentosos ayes de ternura y emoción, y nada más que eso fue necesario para que mi madre comenzara a deshidratarse vía ocular.
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Iba yo a decir que el vestido me parecía una absoluta oda al pastel de tres leches que venden en Soriana, cuando un pequeño con aire famélico, como de unos ocho años de edad, se me acercó y, luego de preguntar mi nombre y escuchar mi contestación, se rió mucho y comenzó a girar a mi alrededor cual fauno miniatura preso de la rabia. "Andresito, deja ya al joven y ven con mamá". "No se preocupe, señora" "No, joven, sí me preocupo. Andresito anda malito del estómaguito, y desayunó huevito con chorizo". "¡Inga! Ándale, inche Andrés, hazle caso a tu devota madre y ve a empaparle a ella su regazo con tus nauseabundos jugos gástricos".
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Segundo ejemplar. "Estraples color perla con incrustaciones de razo y seda de imitación. Varilla de conchinchina". Mi madre chilla y chilla, y me mira con aires de "si no empiezas a emocionarte tú también, yo y todas las otras chicas que compartimos esta sala de rastro carnicero te sacamos a patadas". Así pues sí. No, la verdad es que amenacé con llorar porque la mayor de mis hermanas se veía soberana y chula entallada en semejante bola de tela, de modo que la emoción por verla tan realizada -es que ella ya lo estaba, pero lloro cada vez que sigue realizándose, paso a pasito- me trastocó los nervios y me obligó a ocultar los ojos rojos en el primer ejemplar de "Boda Magazine" que encontré en el camino.
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"Andresito, hijo, hazle caso a la señorita y salte de entre los vestidos" "No se preocupe, señora, tienen plástico protector" "¿Me lo jura? ¿Los del aparador también?" Con Andresito decorando a gusto de su delicado "estomaguito" los vestidos de la vitrina, mi hermana salió vestida con el ejemplar tercero y mi madre, que ya había agotado sus lágrimas, siguió exprimiendo kleenex a lo idiota, nomás pa' no dejar. "¿Seguros que les gusta? No los vemo muy convencidos" "Sí, sí lo estamos. Todo es cuestión de que te suban ese escote y te reduzcan el entallado y yo, tu madre, quedaré contentísima" "A mí se me hace que se ve rebien" "Es que tú no sabes nada" "Ah, sólo que por eso sea".
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Mi hermana se decidió por el último, que no le gustó a mi madre pero que a ella le acinturaba la figura y le levantaba el derrier, pasó su tarjeta, nos agradeció el acompañamiento y acto seguido se retiró, con todo y vestido nuevo, a seguir buscándole al bodorrio. "Ya namás quedamos tú y yo, méndigo", me dijo mi madre mientras hacía esfuerzos sobrehumanos por sacar la camioneta del atiborrado estacionamiento -¿será acaso que todo Guadalajara, hasta el que ya lo está, quiere casarse?-. "Ya sé. Vas a tener que quererme mucho porque si no te me voy" "Ah, no, te vas porque te vas, te quiera o no. Esa casa me gusta pa' residencia oficial de mis nietos, no para guarida de tus flojonadas" "Yastamos, en el mismo canal".
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Ahí le paré. ¿Para qué discutir si ella andaba sensible, Andresito era sacado de la tienda en andas y camillas, y yo no hacía más que pensar para qué tanta boda, si lo importante es amarse? Amémonos todos, unos contra otros, todos contra todos. Amén.
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¡Salud!
Faltan 47 días para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara 2008.

3 comentarios:

Alejandro Bercini dijo...

Mis mayores respetos por haber acompañado y sobrevivido a una prueba de vestido de novia. Eso simplemente no es para mí, y me rehúso a hacerlo algún día. Creo que en tu lugar hubiera preferido el estado vegetal jejeje, pero bueno, quien puede rehusarse a las amenazas de una madre jojojo.
Que fuerte que tus dos hermanas se casen el mismo año, aunque así es la vida.

Concuerdo con tus últimas palabras,no creo que la boda sea algo necesario, no se necesitan testigos para que una pareja confiese su amor, no hace falta un anillo, un lazo o un vestido nuevo, ni siquiera una misa o una fiesta (aunque esas si se puede tener jeje) para que se comprometan el uno con el otro.


Saludos desde Wonderland.

Gala dijo...

Agus!!!

Me intriga el personaje de Andresito en tu odisea pro vestido de novia @ GDL. Es así como la pimienta en la pizza.

Bueno cabe destacar que me ataqué de risa con este post. Me imagine perfecto todo -gracias a que ubico los rostros de manera perfecta, y el carácter de tus hermanas y tu madre-

No sé porque nos agarra la nostalgia, en esos momentos, no lo sé y sé de seguro que el día de la boda publicaras como la mejor amiga de toda la vida de una de ellas estaba incontenible -espero que no hagas mucha burla ehhh, porque la Gala se enoja e igual termina por matarte-

Tu post me hizo sentir culpable, -qué raro- culpable porque mi madre mata por una escena así en su vida y yo que no veo cuando ni cómo regalársela. Me hizo sentir nostálgica porque yo debería estar en esas pruebas y heme aquí a muchos kilómetros haciendo chocolates. ¡Pero bueno!

Aún así me hiciste reír mucho, ¡en verdad! Te mando un abrazo y saludos desde tierras regias y un tanto hostiles.

Au revoir!!!

Wendy Piede Bello dijo...

Pos nosotros también lloramos y eso que apenas era el aviso de que mi hermana se va a vvir con Senovio en febrero.
Yo quiero ir por lo menos a las misas de las bodas de tus sisters, porque me gustan las bodas, así si da gusto oír sermones.