viernes, 31 de octubre de 2008

Hallo... where?

México tiene muchos monstruos. Digo esto a propósito de Halloween. No vayan a creer que mi intención es hablar de política y otros males, aberraciones y desgastes similares. Mi entrada es temática, no intrigosa o insidiosa. Vuelvo a mi idea, perdido como ando.
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México tiene muchos monstruos. Lo ataca La Muerte, La Infidelidad, El Narcotráfico, El Fraude, La Corrupción, El Malinchismo, El Prestanombrismo, La Ignominia, La Injusticia, El Embotellamiento, El Partidismo, El Presidencialismo, El Figurín, La Casta. A México, que es más grave que cualquier odio disfrazado de acto alevoso, lo ataca El Olvido.
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El Olvido viste de gris porque no cree en la diversidad magnífica y estética de los colores, esto porque ha perdido la vista. El Olvido no escucha, no habla, no compone. Recuerda, pero no habla, ni escribe, ni explica, ¿de qué le sirve acordarse? El Olvido carcome, siembra dudas, altera las urnas, facilita los desvaríos, regresa la silla a los dictadores, pierde los juegos, y los vuelve a perder, y los vuelve a perder.
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Nuestro Olvido es Chiapas, Ciudad Juárez, Tabasco, Sinaloa. Nuestro Olvido es narcotráfico, narcomenudeo, narcosatanismo, narcoreligión. Nuestro Olvido no viste de verde, blanco y rojo, porque para eso tendría que ser patriótico, y a nuestro Olvido hasta la Patria se le ha olvidado. Nuestro Olvido asecha en las sombras, ataca al desprevenido e imposibilita al fuerte. Corrompe el héroe y empodera al inútil. Hace villanos, ciegos, mudos, mensos. Nuestro Olvido es fichera, aventurera y prostituta. Nuestro Olvido nos prostituye.
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¿Así se los dejo o lo pinto más terrorífico? Podría seguirle. El punto es que ya me olvidé de a qué iba, salvo a hacerles ver que frente a nuestros propios monstruos, los del país y los que cada uno de nosotros trae en su cabecita -porque el monstruo es la personificación del miedo, y no hay miedo si no se le siente, si no se le vive, si no se le adopta-, la soledad, el miedo a equivocarse, la inestabilidad, la inseguridad, la incapacidad para decir "no", y un largo etcétera, frente a todos estos monstruos, diría yo, los de capas y colmillos, sangre falsa y sábanas raídas que nos pintan los gringos -o su cultura globalizada-, serían verdaderos actos de comedia. Ahí déjenlo. Al que le quede la pedrada, que se la acomode en su miedo y provecho le haga.
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¡Salud!
Faltan (todavía) 29 días para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara 2008.

jueves, 30 de octubre de 2008

La mata dadivosa de la semana.

Antes de que empiecen a regañarme, y para efectos de rapidez en el trámite engorroso, admitiré mi culpa: mea culpa no darme una vuelta por este mi baile desde hacía seis días; mea culpa no venir con muchos ánimos de escribir una entrada interesante; mea culpa no no aceptar mi culpabilidad en ninguno de los sucesos que han cambiado al mundo en los días que llevo sin pararme por aquí.
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Bueno, es que no acepto la culpa porque, al menos en este último mea culpa, yo de veras que tengo poco qué ver. Se aprueba la reforma petrolera, AMLO reclama que se aprobó como él quería pero que no quería que se aprobara cuando él aprobara que se aprobara como quería -¿cómo dice que dijo?-, se estrena Ceguera, un film basado en Ensayo sobre la ceguera, el genial y muy humano libro de José Saramago que he de ver -así, en futuro perfecto mandatorio-.
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Se recupera la bolsa, los medios informativos en México aceptan en convención estar acorralados por el crimen, La Traviata cumple años, El Apapachoquealivia me llama "nena" y me acusa de no querer faltar a clases por ir a ver a La Oreja de Van Gogh, viene a mi ciudad -que no es chinampa de un lago escondido- La Oreja de Van Gogh, un grupo que aunque no será el ideal es el idóneo -?-, sostengo reuniones informativas, voy a ruedas de prensa, entrevisto a la segunda mujer a la que ya le traída periodísticas ganas desde tiempo hacía (Ana Luz Navarro, La Muerte Irredenta en la obra teatral del mismo nombre, que les recomiendo como ver llover, osea, mucho), me piropean al bajar del camión -lo que hacía mucho no sucedía... no al bajar de un camión-, y hasta un buen samaritano me paga mi pan en El Globo -aparentemente sin afanes favoritistas o interesados-.
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¡Uff! Pobre del que pensó que no pasaban grandes cosas en seis días de vida. Y a toda esta larga lista habría que agregar los trabajos realizados, los ensayos redactados, las metidas de pata cometidas, los amigos reencontrados, las canciones escuchadas, las imágenes capturadas, los autores conocidos, los reconocidos, los objetos perdidos, las películas vistas -no observadas, que eso sería aplicarles demasíado tiempo en días como éstos, de reserva-, los enamoramientos frustrados... o no intentados -lo maravilloso de la soltería es que uno se mal acostumbra a ella-. Total que no paro.
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Pero me da gusto. Ya les decía yo que para mí el fin de año suele venir rellenito, cual piñata, de alegres momentos e importantes reflexiones. De esto se trata. Miren que si yo veía que el año empezaba a pintarme mal, daba marcha atrás y regresaba a junio, cuando, si revisan en las entradas de dicho mes, notarán que la bruma andaba en su máximo y la oscuridad nomás no cedía al amanecer... pero era junio, y no noviembre.
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Pero no es el caso. Este pinta para ser un buen fin de año que, de seguir así, logrará equilibrar medianamente a mis ojos la basura de meses que fue todo el primer semestre. Ya dije. Ahí les aviso cuando cambie el panorama... para ponerse mejor.
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¡Salud!
Faltan 29 días para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara 2008. Italia pone los libros... nos toca leer.

sábado, 25 de octubre de 2008

Partir el queso.

Domingo de flojera. Uno esperaría en situaciones como ésta que todo fuera de fácil digestión: la comida, las lecturas, hasta las noticias. Pero nada. Lo único que no traigo congestionado es el estomaguito, y eso que he estado degustando algunas novedades culinarias que podrían acabar con el más acérrimo amante gástrico de lo irritante. Pero de todas las cosas indigestas que este fin de semana han llegado hasta mi opinión degustativa, definitivamente el rubro del queso se lleva las palmas, la delantera y otros tantos premios por igual.
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No. El queso a mí me encanta. Yo he dicho ya en múltiples ocasiones que si el mundo entero careciera de alimentos, o si el Banco Mundial decidiera mandarme a la Luna para deshacerse de mi temperamental caracter, yo podría fácilmente sobrellevar cualquiera de las dos apocalípticas circunstancias con dos únicos alimentos bajo el brazo -o en la lonchera-: galletas y queso.
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Así que no piensen que el queso que me trae repitiendo -en el sentido indigestamente airoso del término- es ése que, bendito y siempre útil, obtenemos los seres humanos al someter la leche de vaca o cabra a un determinado proceso de bacterización y decantación, salación y venta. El queso que a mí me trae con el alma en un hilo, el colon irritado y la sazón desazonada, es el que Vicente Fox se acaba de aventar en una de sus múltiples y controversiales declaraciones -claro está que decir "Vicente Fox" y no "controversial declaración" en una misma oración es como decir "luna" y no referir per sé a las nocturnas horas-.
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Resulta ser que don Fox -que fue nuestro presidente, pero a mí no me echen la culpa, que yo ni voté por él... bueno, con decirles que la vez que él figuró como candidato, yo ni voté, porque no tenía edad para esas cosas-, don Fox, decía, se aventó otro de sus tantos discursos "particulares" -por no escribir "a todas luces carentes de toda luz"- durante una conferencia en el marco de un Encuentro Nacional del PAN, en la ciudad de Monterrey. Ahora no fue velado el asunto, ni producto sólo de sus pésimos asistentes o su boca floja -Calderón, el punzante y talentoso caricaturista de grupo Reforma, lo pinta siempre de color morado, con su propia lengua envolviéndole el cuello en ademán de harakiri de la estupidez más absurda-. Ahora don Fox -entiéndase el "don" no como un ademán lingüístico de respeto, sino como una burla a su andante caballería desquiciada- se aventó el round solito y sin paradas.
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Ya, pues, no se las hago más de emoción. Estas, según mis informantes -que no estuvieron ahí, pero son bien chismosos-, fueron sus explícitas palabras: "Tenemos que buscar estrategias diversas (para ganas la Presidencia en 2012), eficaces. Cosas como partirle el queso a López Obrador".
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Ya sé. Les doy tres puntos suspensivos para recuperarse de la impresión... Listo. O la estupidez de nuestro -¿y a mí por qué me incluyen?- expresidente llegó a un nivel tan desnaturalizado que le permite mover de ese modo tan violento la carnaza frente a esos perros violentos que somos la opinión pública, el pueblo, o de plano el señor está desquiciado y vía matrimonial ha recibido el gusto de poseer muchos tornillos menos en la cabeza.
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Denle la explicación que quieran. Las palabras que Vicente Fox Quesada se atrevió a enunciar en la reunión nacional del PAN son una absoluta "mentada de queso" -por no decir "madre", para que este baile no baje de catego- a la estabilidad que el país necesita en tiempos tan conflictivos. ¿Ya sabrá Vicente que mientras los pavorreales de su rancho comen maíz adicionado con leche Nido, su sucesor, Calderón, nomás no ha logrado levantar "la tienda" a falta de la credibilidad institucional que Chente se llevó a su rancho para comida de sus manatíes? ¿Ya sabrá Vicente que AMLO no sólo tiene buenas ideas, sino que está haciéndole robo hormina a su partido de esa cada vez más gigantesca porción del electorado que cree y seguirá creyendo en que un fraude electoral precedió a su salida de los Pinos?
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¿Ya sabrá Vicente que el país está cada vez más dividido entre los fanáticos de el Peje y los abstemios -no votantes-, dejando a Calderón, y con él al PAN completo, en la total derrota e incertidumbre? ¿Sabrá Chente lo que es una guerra civil, o una derrota por encima, muy por encima, de la que su lengua le provoca cada vez que abre la boca? ¿No se cansará Vicente de decir estupideces? ¿Sabrá acaso el exmandatario que cada vez que riega el atole se lleva al país entre las patas? ¿Sabrá Chente que vive en un país, y no en el Reino de Nunca Jamás? ¿Será todo esto una estrategia malévola de Martita por recuperar el trono que el rancho guanajuatense le arrebató?
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Como sea, la partida de queso que Vicente Fox Quesada propuso para el excandidato a la presidencia y lider moral Andrés Manuel López Obrador -me niego y me negaré siempre a llamarlo "presidente legítimo"... so sorry-, nos ha recordado uno de los miedos de la longa suma que los mexicanos más o menos enterados del negocio político e histórico cargamos: el "dale un balazo y aquí no ha pasado nada" que el priísmo enarboló junto con su escudo tricolor de falsa democracia. El "desaparece tu basura y vive sanamente" que mató a Colosio, Manuel J. Clouthier, Digna Ochoa, los del '68, y otros tantos. El "sácate las piedritas del zapato" que casi le arranca la vida a Lydia Cacho. El "si te estorba, aniquílalo" que le dio la presidencia a Salinas, a Echeverría, a Zedillo. El "muéstrales quién manda" que acabó con la revolución institucional para acabar también con México. El fin.
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Yo que el PAN, le partía el queso a Fox. El problema es que sus temibles palabras fueron recibidas por toda la concurrencia panista con un abrumador aplauso, muy parecido al grito orgiástico que se aventaban los vikingos antes de arrazar con los pueblos británicos. Lástima. Un país tan hermoso como el mío, frenado por la pugna entre la estupidez de un líder y las incomprensiones de otro -ahí ustedes decidan cuál es cuál-. Un país tan bonito como el que me vio nacer, sumido en la esclavitud del dedazo, el "aquí no pasa nada" y el "móchese pa'l taco". Fox y AMLO, Calderón y hasta Manlio Fabio Beltrones, Gordillo y sus logias, Ebrard y el Jefe Diego, son moldes cortados con la misma tijera Barrilito: la base de la corrupción de los líderes de un sistema no está en los líderes, sino en el sistema. Todos ellos, y los que me falten por mencionar, son el resultado de nuestra propia versión del acto de gobernar. Son quesos de la misma vaca. Son partidas de la misma madre.
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¡Salud!
Faltan 35 días para la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2008.

jueves, 23 de octubre de 2008

La suerte del librero...

Dicta en una de sus quince célebres profecías el sabio alemán Emulsemio de las Longas Íes: "Los Madrigal Cruz estarán cruentamente marcados por la dicotómica influencia de dos destinos rubicundos: una excelente suerte en el momento de elegir amigos sexies... y una pésima suerte en los asuntos del juego y el azar".
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Y tenía razón don Emulsemio, el de las luengas latas: en treinta y nueve años que como familia llevamos integrados, lo que hemos ganado los cuatro hermanos y dos padres que conforman la comuna, en asuntos de suerte, se contabiliza a duras penas en una pluma sin tinta, un pase para un concierto de bossa nova que a la mera hora se canceló y una televisión cuyo control remoto funciona sólo a golpes de martillo.
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De ahí en fuera, ni las bodegas de veladoras doradas de San Charbel en el Mercado de Sonora flameando al unísono, ni todas las visitas papales posibles, ni todas las peregrinaciones a Chalma imaginables, nos libran a los seis de esta su afable casa de perder las que se llevan de ganar.
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Pero como toda regla ve llegar tarde o temprano a su excepción, y ententiendo de antemano que el manejo general de las profecías las convierte en última instancia en reglas inviolables, esta profecía ya vio llegar su nota al margen y hoy, justamente, cedió su lugar a la buena suerte -que, según algunos con quienes justo ahora charlo, ya me tocaba-.
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Para no hacer más largo el complicadísimo tratado, contaré lo contable: hoy, hace apenas unas cuantas horas, Nubia "Todoterreno" Macías -sí, la misma que no dejo de elogiar cada que la menciono o entrevisto, esto por su genuino desempeño como directora de la Feria Internacional del Libro en Guadalajara- hizo una visita de promoción de la Feria a mi Centro Universitario.
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Dicha es que Súper Nubia nos libre de clases mafufas; dicha es que traiga las nuevas de "su" feria a una recua de estudiantes atolondrados que por lo general ni se afanan en ir a verlas con sus propios ojos; dicha que rife un paquete de libros de traducciones italianas -es que Italia es este año el invitado de honor a la FIL-; más dicha todavía es que el ganón del paquete sea ésta su sensual y fina pluma -?,?-.
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Y es que justo iba a explicarle a La Zucaritas, que a mi lado se encontraba en la conferencia de Nubia, que nunca me gano nada, y hasta iba a traerle a cuento el asunto del sabio Emulsemio para que corroborara mi maldita suerte en el azar, cuando Súper Nubia pronuncia "cero siete" en el micrófono y yo descubro que soy el ganador.
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Lo que siguió, o lo borró mi memoria, o es hora que no lo asimilo. Lo último que recuerdo es a La Zucaritas dándome masaje cardíaco -sigo sospechando de sus fines ¬ ¬ -, Nubia deteniendo mi caída y todo Letras abucheando la noción.
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Pero ni los abucheos ni las toqueteadas de La Zucaritas detuvieron la excepción profética: Súper Nubia tomó mis datos y los de los otros ganadores, y luego de mirarme detenidamente de arriba a abajo, me advirtió que el paquete de libros se entregará en "acto protocolario, con la presencia de todo el Comité Italiano Invitado de Honor" -así, hasta con mayúsculas y todo me lo dijo-.
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Lo de "acto protocolario" me sigue sonando a tanta corbata que no doy camisa a torcer ni saco a entender. Si es "tan" protocolario como me suena, voy a tener que remendar el único traje medianamente descente que tengo, y conseguirme zapatos que no parezcan un par de trozos de llanta carbonizada. De ahí en fuera, estoy tan protocolario que pasaré desapercibido entre los otros protocolarios de seguro. Iñor.
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Así que ya saben: nomás me avisan día y hora del "acto protocolario", y los dejo invitadísimos a que asistan para acompañarme. Además, creo ya de sobra lo sabrán, esta mi humilde biblioteca que ahora contemplo está siempre abierta a prestarse y compartirse, mientras, claro, el prestado tenga v de "I will be back". ¿Vale? Así que gano yo y ganan mis lectores, y mis amigos, porque mi biblioteca y ellos, al parecer, sí tienen el ángel de la buena suerte a disposición de las piezas de sus respectivos tableros. Lléguenle a partir de diciembre. Habrá Italia de sobra, a placer, a llenar. Pobre del que se levante del sillón antes de acabar el segundo libro.
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¡Salud!
Faltan 37 días para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara 2008. Italia, con todo y sus libros, invitado de honor.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Volviendo a la Doña Tele II.

Que se detenga el curso de los ríos, el caer de la lluvia y hasta el bravío resonar de las olas marítimas. Que se achaparren las montañas, se congreguen los abismos y se reúnan los continentes. Que se fundan los traseros de las luciérnagas campiranas, se funda el Sol y se fundan las estrellas. Que en el silencio, la cercanía y la oscuridad resultante de esta apocalíptica petición... me encuentre la noche mirando Terminales.
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"No m... e pases a fregar", va a pronunciar el atento lector seguramente. "Tan inspirado que andabas y ya volviste a regar la sopa". Y tendrá razón. Empecé muy poético el asunto y terminé mencionando el nombre de una de las últimas producciones seriales que Televisa ha puesto a degustación de los comensales -televidentes- de todo México para su consideración y juicio.
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Yo ya vi, ya probé y ya juzgué. Terminales, que se transmite todos los miércoles a las 20:30 horas por el canal 5 de Televisa -aquí, en la tele abierta de su apreciable Guadalajara, es el 21, pero igual varía de estado a estado de la federación- es una serie hecha con todas las de la ley... pésele a quien le pese. Van a decir -y con razón- que lo que me pasa es que estoy ardido porque la producción de Guillermo Wilkins me quitó a Susana Zabaleta -"nos" quitó, que esto se ha considerado afrenta nacional- de Sexo y otros secretos, y ante la ausencia de la coahuilense en las pantallas he tenido que buscar mejores opciones donde parar mi pupila.
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Y, repito, tienen toda la razón posible. Pero además del odio que siento hacia los golpistas de semejante talento actoral, he de reconcer que Terminales posee todo el brillo necesario para que yo -juzgón de la tele y crítico mordaz de la misma- la tenga -como serie, como producto artístico, como producto mercadológico- en buen nivel de estima.
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Resulta que toda la temática de la serie gira en torno a la pérdida paulatina e irremediable de lo que cada uno de nosotros podría considerar "vida". Abril, por ejemplo, a la que daremos en llamar "el personaje central", cumple 23 años, es enterada de que tiene cáncer, y con él un mes de vida. Obviamente no se tira a dormir -a duras penas llora-, sino que sale a intentar buscarle remedio a su propia guerra perdida, viviendo al máximo lo que la enfermedad le permita.
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En el camino de Abril -quien por cierto es representada por una nada despreciable Ana Claudia Talancón- se cruzarán otros muchos personajes que compartirán con ella la bizarra -y lamentable- experiencia de saber que la vida se les está yendo pean peanito.
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No, no es una serie sobre la muerte. A duras penas es una serie sobre la fugacidad de la vida. Es una serie, esto sí, sobre la vida misma: el don que significa cada día sobre la tierra, la experiencia de vivir cada día como el último, la vida como camino hacia la integración, la persistencia, los lazos. La vida como son, grito, promesa, amor, amistad, dolor, experiencia. La vida como una gran fortuna dispuesta a ser gastada.
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Dejo de lado el hecho de que con Ana Claudia conviven otra caterva de actores -o seudoactores- como Poncho Herrera -sí, el de Rebelde, pero no el gay, ni el cara de mamerto, el otro- o Martha Higareda -¿sí es así?-. También dejo de lado el hecho de que Terminales podría ver agotarse su tratamiento del tema junto con la vida de su personaje central, lo que llevaría a un alargamiento innecesario de la trama o la búsqueda de más risibles estrategias de permanencia del rating.
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Dejando de lado lo anterior, no me queda más que dejar la recomendación abierta: los miércoles, en punto de las 20:30 horas, o un poco después si el tiempo me lo permite, yo tengo, y ustedes también si se dejan, una cita con un buen proyecto televisivo nacional sobre cómo vivir sin miedos... o morir sin asuntos pendientes... o vivir sin asuntos pendientes... o cómo vivir. ¡Eso! Ya llegué a dónde quería: Terminales es un manual televisivo sobre cómo aprender a vivir... en toda la extensión que marque la palabra.
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¡Salud!
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(Todavía) Faltan 38 días para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara 2008.

Volviendo a la Doña Tele I.

Pesadona la semana. Entre garrafales metidas de pata en torno a la ubicación temporal de escritores vistos en clase -no ahondaré en el asunto... ya lo tratarán mis varios biógrafos-, hasta exposiciones cargadas de incomprensiones temáticas, ésta ha sido una semanita particularmente cargada de sobresaltos y desvaríos. Pero ya con las cosas más orden -o en ordenanza- en la cabeza y sobre el escritorio, me dispuse a echar un vistazo a las novedades televisivas que nuestra querida -?- producción nacional ha puesto recientemente en circulación para las mentes dominadas -nuestras mentes dominadas, quimosabi-.
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Y dando un rondón veloz por los distintos canales de la telera nacional, me encontré con un rostro que, familiar en mi niñez durante las tardes telenoveleras, se me había desaparecido desde hacía unos diez años a la fecha. Me refiero a Lucero -nunca nadie supo su apellido, y para evitarme la fatiga y no romperles la ilusión de la costumbre, no lo averiguaré-, "Lucerito" en sus tiempos mozos, quien tras varios años de ausencia ha regresado a las pantallas en un papel que en mucho la hace lucir como la buena actriz que es, y de paso le quita de encima el doloroso -y apestoso, y otros tantos -osos malévolos- estigma de ser "la niña buena" -cuarentona- de la televisión nacional.
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Ni mangos. Ignoro el nombre de la telenovela en que actúa Lucero, pero su imagen en pantalla me deslumbró -trae un cuerpo que ya quisieran otras cuarentonas-, así como su genial manejo de los gestos y las acciones de una malvada bastante malintencionada y sensual. Esto último de "sensual" es algo nuevo en una actriz como ella, a la que habíamos probado mayoritariamente en papeles de buena -léase "tonta"-. Y eso, intentar a los cuarenta algo nuevo en su perfil actoral es un "salto al vacío" que sólo un buen actor -o actriz, como ella- puede permitirse.
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La última vez que la miré en televisión con evidente gusto, fue en el papelón por partida tercia que se echó en la producción de Carla Estrada de 1995, Lazos de Amor, que si seguro no recuerdan por el nombre, sí lo harán por el hecho de que Lucero interpretaba en dicha novela no uno, sino tres papeles: el de una trilliza buena, una trilliza ciega y una trilliza mala. ¿Y cómo olvidar el final, que todavía hace discutir a los fanáticos de la telenovela quién murió y quién quedó viva?
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Obviamente lo que Lucero hace no busca la realización de los mexicanos, ni el cambio social, ni la paz mundial -todo menos que esto último-. Pero entretetiene. Entretiene porque, dentro de todo, es una actriz con chispa y capacidad histriónica, lo cual da pena. Pena que México entero la haya colocado a fuercitas en una piel de niña buena que, ya lo demostraron algunos acontecimientos temibles, algún día habría de quedarle chica. Pena que dicho papel impostado lo haya aceptado ella sin remilgar, sin pensar que algún día necesitaría de un cambio en su apariencia y en la expresión de sus necesidades. Pena porque nuestro cine, o nuestro teatro, u otras de nuestras tantas manifestaciones artísticas de la actuación, se perdieron así de una gran estrella y una buena actriz. Lás-ti-ma Mar-ga-ri-to.
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Si tienen chance, y ganas, chéquenla. Está mejor que nunca. Yo que los productores -televisivos, cinematográficos (ya me acordé que sí hizo películas; la última fue una aparición en Zapata, de Alfonso Arau... sin comentarios), teatrales (hizo Regina, por ahí del 2003, pero nadie la peló)- se han perdido de un buen, muy buen recurso histriónico. Por lo pronto, la tele la espera... y le devuelve el papel de actriz suprema que merece interpretar. ¡Aupa, Lucero!
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¡Salud!
Faltan 38 días para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara.

domingo, 19 de octubre de 2008

La compañera fiel.

Para Ruth, o Buba, por ser mi hermana... y también por decidirse a abrazar el apodo.
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Sentados en la banqueta, un estudiante de bachillerato con serios problemas en su núcleo familiar, y una estudiante de licenciatura con autocuestionadas visiones del mundo, dejaban que la tarde se apagara entre sus pláticas y se les fuera por entre los versos y los argumentos como algodón de azúcar al acariciar la humedad de la boca.
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Eran hermanos. El hermano mayor de ambos, un hombre hecho y derecho, de grandes cualidades y singular inteligencia, había abandonado días atrás la hipocresía propia de su clase y su medio social, y había decidido, con paso gallardo, anunciar su homosexualidad al mundo, quisiese escucharlo o no. Dicha declaración aireada había generado una reacción tan negativa en sus padres, que al joven no le había quedado otra opción que salir de la casa paterna y hacer las cosas aparte, a su modo, a su gusto, por su felicidad.
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Lo que los dos hermanos sentados en la banqueta intentaban hacer no era enjuiciar las acciones del mayor. Se esforzaban, más bien, por poner las ideas en torno a la crisis familiar en claro. No es que los dos conversadores fueran gratos y afables entre ellos hasta entonces. La llegada del menor de ambos a la familia, el estudiante de bachillerato, había desencadenado en la otra, la menor de un parto gemelar anterior, cierto sentimiento de pérdida de la atención que sólo ya entrada la pubertad había podido asimilar.
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Pero esa tarde, sobre el machuelo de la banqueta, con un pirul lloviendo flores anaranjadas sobre un sol que se iba paulatinamente, minuto a minuto, lo que entre los dos había no era rivalidad, ni celo, ni pelea por la atención. Era simple y franco diálogo, necesario para librar el enojo de los padres, los argumentos desposeídos de razón de dos viejos jugando a ser excelsos, de dos enfermos de protección que hasta entonces habían sido consejeros absolutos -e irrevocables- de toda decisión tomada en la familia.
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Ella fue muy clara: sabía infantil su argumento, de ahí su autoculpabilidad, pero no podía evitar pensar que la homosexualidad de su hermano mayor la dejaría sin sobrinos de su parte. Él, adolescente atolondrado al fin y al cabo, no alcanzaba a dilucidar el por qué de tanto rencor nacido de los padres, ni veía la necesidad de dividir a la familia en dos bandos, a favor o contrario al mayor de los hermanos.
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La tarde se iba y los diálogos progresaban. Ella no creía; él no entendía. Ella se esforzaba por sanar; él intentaba buscar enfermedades. Ella daba un "sí"; él daba un rotundo "no". Ambos, al fin y al cabo, hermanaban una decisión conjunta, conjunta como sus lazos sanguíneos -también irrevocables-: los padres necesitan también ser educados, y a los hijos les toca redoblar esfuerzos al respecto.
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Fue a partir de aquella tarde que Ruth comenzó a significar algo más que una hermana mayor para mí. Dejó atrás, a mis ojos, el papel de la hermana molestosa, afanada, junto con su cuata, en hacerme pasar la más ingrata existencia. A partir de esas horas tardías, bajo el pirul, Ruth se convirtió a mis ojos en la integrante de mi familia con el corazón sincero más grande y cariñoso. Su corazón es, desde entonces y hasta que la vida nos aleje, quizá hasta mucho después, el rincón más diáfano con que sé que cuento sin remilgos.
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Ahora la relación es distinta. La homosexualidad de nuestro hermano ya no es tema principal, a duras penas es un tema. El amor profundo que le tenemos por todo lo que ha hecho por nosotros, amarnos en primera instancia, puede más como tema de conversación. Pero Ruth y yo seguimos conversando. La vida, los amigos, los malos ratos, las futuras decisiones, las metidas de pata, las inseguridades, incluso las vanalidades del diario existir, nos acompañan cada vez que hay tiempo, cada vez que nos damos un tiempo. Para mí, tras la tarde bajo el pirul, Ruth es una igual, una mujer hecha y derecha, que como toda mujer hecha y derecha está también en proceso de seguirse haciendo, de rehacerse con base en las experiencias que la vida le tenga destinadas. Una amiga.
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Poco después de aquella hoy algo remota tarde, yo enfermé gravemente y por los mismos días Ruth tuvo que salir de viaje. Cuando regresó, encontrándome peor que a su partida, lloró abundantemente. Su llanto desesperado me hizo un poco más conciente de que yo no estaba haciendo todo lo necesario para sanar. Hoy le agradezco el llanto, ese llanto contrariado y asustado de quien cree estarse asomando al final de los días de lo que ama. Ese llanto de amor que nadie jamás me ha dado en la misma medida, que nadie jamás ha puesto en pago de mi salud, en bien de mi bien. Ese llanto que dice un "te amo" tan, pero tan audible, que sería necesario ser idiota, o descorazonado, para no escucharlo.
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El próximo abril, ella se entrega en el altar al hombre que la acompañado gallardamente por los últimos cuatro años de su vida. Yo no acostumbro llorar. No es algo que se me dé. Sin embargo, sé que lloraré el día en que vea cómo mi adolorido padre entrega a Ruth al escogido suertudote. Lloraré no porque sienta que la pierdo, o porque crea que su relación matrimonial anulará nuestra relación como hermanos confidentes. Lloraré porque, al verla feliz, rotundamente feliz, mi corazón estará tan gozoso que mi llanto devolverá ese "te amo" que en bien de mi curación ella alguna vez depositó entre mis manos en igual forma de lágrimas. Y, al devolverle ese "te amo" de agua y sal, tendré saldada la deuda y ella será para siempre mi abrazo caluroso, mi ejemplo de corazón y mi consejo decidido. Ella será mi hermana, mi amiga, mi sol. Hará honor a su nombre, será mi "compañera fiel".
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¡Salud!
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Faltan 41 días para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara 2008.

viernes, 17 de octubre de 2008

Te veo y no te creo.

Es extraño esto de ver a "grandes artistas" como Metallica, o 30 seconds to Mars, o Belanova, o Katy Perry (bueno, esta última merece más mis respetos), pisando el Aeropuerto Miguel Hidalgo, aquí en Guadalajara, o bañándose en betún en el Auditorio Telmex, o pisando alfombras rojas en lugares donde yo he estado, bambalinas por las que he cruzado (no como artista, sino como corresponsal de otros artistas y otros eventos), y escalinatas por las que he escalado.
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Extraño y melindroso (osea, que afecta delicadezas). Sucede que toda esta carta de artistas -no pondré comillas a la palabra artistas, pero imagínenlas- llegó a Guadalajara, una ciudad de maizales, calles empedradas y peatones descuidados, microbuseros asesinos y casta religiosa recalcitrante, con la única intención -gracias al Cielo no pasó a más- de protagonizar la más reciente entrega -no tengo el número, ni quiero- de los MTV Music Awards Latinoamérica.
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Pediría aplausos, pero a mí el eventito, o lo que va con él inmiscuido, no me acaba de caer en gracia. Admito que más de uno de los artistas presentes me late chocolate -ash-, como Juanes, con su capacidad de combinar lo musicalmente latino con corrientes mundiales como el rock o el pop, o Julieta Venegas, cuya simpleza me es muy digerible. Admito también que me gustan los conciertos, y las masas de gente coreando los mismos tonos y las mismas letras.
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Pero el problema que hiere mi sensibilidad es el hecho doble de que todo este borlote se organice en parte con dinero del Estado, donado a la "noble" causa por nuestro goberna(conlacola)dor Emilio "La monja" González Márquez, y que el borlote mismo lo arme el canal estadounidense de videos y música nacido en 1981 y traído a Latinoamérica con funestos resultados -ahorita les explico por qué, aguanten y retengan- en 1993.
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Mi panorama oscuro en torno al asunto se debe a que MTV llegó a la escena de la televisión cuando ésta comenzaba a convertirse cada vez más en un medio de "embotellamiento" de las conciencias y la igualdad bobalicona de las masas. A inicio de los ochentas, los jóvenes pasaban cada vez menos tiempo fuera de casa, en mucho debido a la expansión de la inseguridad en las ciudades, y los vínculos amistosos y fraternales se veían reducidos cada vez más por la insidencia de tecnologías de la comunicación alternas, como el Internet, el teléfono celular y el teléfono mismo -en los años ochentas, ya todo estadounidense tenía uno o más teléfonos en casa, cosa contraria a los setenta, cuando sólo uno de cada dos habitantes del país norteamericano tenían acceso directo a una línea telefónica-.
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Ante esta perspectiva, Warner, y después Viacom, sus dos propietarias en su historia, dieron en el clavo al llevar la música -esa bella arte que, no siempre siendo tan bella, nos llama tanto a los jóvenes- a la caja idiotizadora -osea, la tele-, completando un paquetazo de flojera y convencimiento de masas que ya quisiera el más grande dictador. ¿Para qué hacer amigos, para qué leer, para qué conocer otros mundos, para qué vivir la vida, si puedo sentarme aquí y nomás verla pasar?
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Pero los gringoides podrían haberse quedado con su programación autodestructiva. No, nunca, eso iría contra sus principios de expansionismo desmesurado. Por eso, tuvieron la genial -igual aquí pongan comillas imaginarias- idea de movilizar los elementos del canal televisivo y modificarlo para que encajara en una de las piezas de audiencia más proclives -o esperados- a ser convencidos: latinoamérica y su eterno gusto por lo extranjero, lo venido de lejos, lo producido por la otredad.
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Y aquí lo tienen: MTV latinoamérica, en 1993, cuando el PRI devaluaba, Pinochet no acababa de irse (salió del poder chileno en 1981, pero las pugnas por el lugar que dejó y las decisiones en torno sistema político más favorable prosiguieron en Chile hasta entrado el siglo XXI), Cuba seguía proclamando -¿cuándo no?- la vigencia de su revolución comunista, y los jóvenes en toda latinoamérica eran más "vulnerables" a las "malas influencias" de las revueltas, las revoluciones y los conflictos políticos de décadas anteriores.
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¿Ven? Un clavo para un agujerito milimétricamente medido: Estados Unidos proveyendo televisión musical enajenante a todo un continente, y los jóvenes televidentes del continente negando la realidad, absorvidos por la telera y sus letras insípidas, sus ritmos falsos y sus revoluciones fingidas -¿verdad, Rebelde?-
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Pero ya qué. Los premios MTV aquí en Guadalajara salieron viento en popa y ahí tienen ustedes a tres o cuatro generaciones de jóvenes paradotes afuera de un Auditorio producto mismo de la inconsistencia institucional esperando entrar y participar en una bacanal de olvido e indecisión. ¿Para qué pensar, para qué reclamar, para qué criticar, para qué señalar, si MTV me satura de imágenes divertidas (como Katy Perry lanzándose a un pastel y bailando en su betún) y me dota de ídolos culturales -que no es lo mismo que cultos- como Moderato o Belinda? ¿Para qué decir que no me parecen ni la inseguridad, ni los fraudes, ni los oscuros manejos sindicales, si con Metallica en mi ciudad estoy contentote? ¿Para qué decir que no quiero la comida que me dan, si la que me dan me llena, aunque no me nutre?
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Total. Así nos tocó nacer... ¿o no?
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¡Salud!
Faltan 43 días para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara 2008. Este sí es un evento digno, y no mamadas. Ya dije.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Una monja a todo dar.

En perseguirme, mundo, ¿qué interesas?
Sor Juana Inés de la Cruz.
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Van a decir que ya era hora, que lo tenía yo prometidísimo y que nomás no daba mi brazo -ni mi pluma- a torcer. Van a decir que soy un jineteador de las verdades, un juguetero de las razones y un artífice de las lecturas. Y tendrán razón. Soy todo eso -que es como decir que soy un embaucador, pero más refinado- y mucho más. La cuestión es que no quería yo entregarles mi visión de sor Juana Inés de la Cruz-que es, en realidad, múltiples versiones- hasta no estar bien seguro en lo que iba a decir.
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Y ahora lo estoy, porque para hablar de la llamada "Décima musa" hay que tener la seguridad andante enmarcada en las palabras. Sor Juana Inés de la Cruz, o bueno, más bien dicho, Juana Inés de Asbaje y Ramírez, vino al mundo en fecha incierta. "Chin", van a decirme, "ya empezaste con incertidumbres". Y tendrán razón, a medias: la incertidumbre no la tengo yo, que confío a pie juntillas que nació, sino sus biógrafos e historiadores, que no saben si el asunto ocurrió en 1648 o 1651. Y es que su fe de bautismo, junto con otras muchas fes de bautismo y otros muchos documentos de toda índole, se perdieron en las metidas y sacadas -¡Jesús bendito!- de actas eclesiásticas -ah, ok, así sí- que formaron parte del desbarajuste -o uno de tantos- de la llamada Guerra de Reforma.
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Se sabe, sin embargo, que comenzó a escribir desde temprana edad -8 añitos, la muy inspiradita-, y que el primer contacto que tuvo con los libros -entiéndase literatura, medicina, filosofía, física, química, astrología, astronomía, anatomía, botánica, biología, teología y hasta alta cocina- le llegó a Juana Inés vía abuelar, osea, por la biblioteca que en casa tenía su abuelo materno -del paterno, incluso del padre, no sabemos nada-, un hacendado de letras y sobresaltos -enseñó a leer y escribir a sus cuatro hijas mujeres, algo insólito para una sociedad estructuralmente machista como la novohispana-.
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Educada para funcionar en las altas cortes virreinales -lo de "altas" es puro adjetivo insulso pa' que suene más bonito-, Juana Inés comenzó a moverse en las más altas -aquí sí cabe- esferas de la socialité novohispana. Ella misma afirma en su Respuesta a sor Filotea de la Cruz, que pudo tener acceso a las mieles del placer, el lujo y la fantasía cortesana. Para cuando decidió entrarle al convento, Juana Inés se había convertido ya en la poetisa oficial de la pompa y pompa del México del siglo XVII.
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Prueba de ello es el hecho de que sor Juana pudiera ingresar al convento -a dos, primero al de las Carmelitas Descalzas y luego al de San Jerónimo, en el que pasaría el resto de su vida- aún proveniente de una familia de no muchos recursos económicos. Su protectora, la Marquesa de Mancera, pagó no sólo su dote sino su manutención -incluidos algunos libros e instrumentos de alquimia-.
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Sor Juana -ahora sí, ya es "sor"- entra al convento de San Jerónimo tras haber pasado unos meses en la corte virreinal tras su salida del convento de las Carmelitas, lo que bien podría hablarnos de que no era en su casa dónde se sentía más cómoda, sino entre la crema y nata que tan bien la recibía. El punto es que, una vez vuelta jerónima -se ordena, según dice cierto documento del convento, en 1670 aproximadamente-, la monja pudo entonces quitar el velo de la seguridad vocacional religiosa que mantenía sobre su rostro para poder ingresar a la orden religiosa, y dedicarle todo su tiempo libre al esfuerzo del conocimiento.
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Sorry sentido y profundo por los que creen que la monja más famosa de la literatura mundial le entró a lo de la clausura y la contemplación porque tenía un amor fracasado, o porque era lesbiana de clóset -yo creo todo menos esto-, o porque nomás no se hallaba en el mundo. Entendamos su decisión en el concepto de su individualidad enmarcada en su sociedad, en la Nueva España que le toca vivir: su gusto por la lectura y el aprendizaje, por la búsqueda de la verdad, tiene dos caminos posibles: o consigue alguien que le pague los placeres -un esposo, cabe aclarar-, cosa complicada para una sociedad donde la Iglesia tenía en su poder libros y traductores, o desiste de su intento por saberlo todo.
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Nada. Entra al convento y, entonces sí, aprende lo que puede, hasta más. Incansable, inestable incluso, se rebela contra todo aquél que le pide termine de leer y empiece a buscar a Dios. Su superiora le reclama, le dice que no es asunto de mujeres el entendimiento de las cosas. Sor Juana contesta, en alegato sin igual, famoso: "Tonta, tonta, más que tonta". La madre superiora corre con el padre prior de acusona. El padre escucha el reclamo: la madre Juana Inés de la Cruz no hace más que leer, leer y leer, medir, conocer, preguntar. "Me ha dicho tonta, tonta, más que tonta". El padre no defiende ciegamente a la superiora, cosa esperable por su condición de mediador. Antes bien, contesta: "¿Le ha dicho tonta? Demuestre que no lo es y se le hará justicia".
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Y dentro del convento tampoco faltan los encargos: silvas, redondillas, sonetos, liras, puestas teatrales nacen de su mano y se convierten en el disfrute de toda la sociedad novohispana. Al final, asegura sólo haber compuesto una obra para su propio placer: “El sueño”, el gran poema de la literatura novohispana, tratado y retratado por cientos de intérpretes de todos los idiomas hasta nuestros días.
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Sobra decir lo que todos hemos leído o escuchado en nuestros cursos de literatura en secundaria o bachillerato: declarada defensora de sus derechos como mujer, es también preclara disertadora en torno al tema. “Hombres necios…”, “En perseguirme, mundo,…” y otras muchas composiciones suyas, retratan una sor Juana sumamente preocupada por el acceso de la mujer –egoísta: su acceso- a entornos más equitativos de trato genérico.
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Para mí, más que encasillar su perspectiva en un término como “feminista”, es válido interpretar en sor Juana los arranques, las desveladas (“Nocturna, más no funesta, de noche mi pluma escribe”), e incluso los desvaríos (llegó a cortarse el cabello y vestir de hombre antes de ingresar al convento), como los síntomas de un enamoramiento: el de la monja –que además era experta cocinera, dicen sus biógrafos- hacia el conocimiento, la verdad, la razón máxima de las cosas.
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Creo que es por eso por el que experimento yo un vínculo singular, cada vez más fuerte, con “La Fénix Mexicana”: a los dos, yo hombre, siglo veinte, ella mujer, siglo XVII, nos atrae particularmente la capacidad humana de abstraer, entender, comprender, abrazar, construir; a los dos nos gusta la cocina –a mí más bien ver cómo se hace que ejecutarla, pero ahí de vez en cuando también muevo la cuchara-; a los dos nos atrae particularmente la necesidad de expresar, de sacar la verdad del fondo de las cosas cueste lo que cueste. A los dos nos gusta vivir para saber, saber para crecer. Crecer para creer. Los dos somos ego, esencia, dilema. Los dos nos debatimos, nos entregamos, nos entendemos. Los dos somos palabra.
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Ahí la dejo. Ya la alcé mucho y luego si a ustedes no les gusta me la van a hacer caer. Pero esto está bien. Si esta mujer de baja estatura y abundantes ojos negros ha llegado hasta nuestros días revestida en gloria y talento pasados casi cuatrocientos años de su habitar en el mundo, es seguramente porque supo –sabe, seguirá sabiendo- mover el abanico. Y si no me creen, no me crean: acérquense a sus obras, sus sonidos, sus figuras. Sean testigos de su ingenio. Abrácenla. Alguien que ha puesto el nombre de las letras mexicanas –hispanas- en tan alto sitio, se merece, ya de perdis, un buen abrazo y una buena lectura. Lléguenle. Hay retearto de dónde escoger.
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¡Salud!
Faltan 44 días para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara 2008.

lunes, 13 de octubre de 2008

Casarse está en el vestido.

Como ya sabían -y si no, pues van sabiendo-, las dos mujeres que tengo como hermanas amarrarán troglodita el año entrante -bueno, amarrados ya están; lo que se hará el próximo año, en respectivas ceremonias, será apretar la soga en el cuello de los susodichos hasta que su piel adquiera tonalidades verde olivo y sus pelos pinten soberanas canas-. Ante tal circunstancia, las dos damas casaderas han estado movilizándose ampliamente en la búsqueda de todo lo necesario para sus respectivos bodorrios, que se realizarán -en el sentido dionisiaco del asunto- con sólo tres meses de diferencia.
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Hoy por la mañana, tras una noche de mal dormir a causa de una recurrente pesadilla -era yo un mejillón gigante que un marisquero intentaba salpimentar-, mi madre -que no es santa todavía pero que ya consiguió la beatificación in vitae- me levantó, para ir a algo que las mujeres casaderas y sus respectivos cortejos dan en llamar "prueba del vestido", con soberanos zopapos en la nuca y con el aviso tajante de las de "si no te levantas en cinco minutos y en diez más estás vestidito y bañadito en la puerta, te dejas de llamar mi hijo y le digo al Dios de Abraham, Isaac y Jacob, que te quite de su lista de protección, lo que te dejará en estado vegetativo como por diez meses". "Mejor, así no voy a las bodas y te obligo por fin a mantenerme" "Pues como Dios es tan justo, si no te levantas de ya, va a quemar tus libros... sin consideraciones especiales". Así pues sí. Cinco minutos después ya estaba yo trepado en la camioneta y andando hacia la ciudad con pronto y asustadizo paso.
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Cuando llegamos al lugar de la cita, que era en las oficinas de un cotizado -?- diseñador -??- de alta moda -yo, la mera verdad, la vi muy baja-, mi madre ya iba en afán pleno y sincero de llorar, y yo en absoluto estado de "ommmm" -gracias a La Casicasi por el fructífero y útil término-, osea, en la leal y legítima lela. No podía dejar de pensar en lo ridículo que es soñar que se es un mejillón en riesgo de ser comido, y en lo todavía más ridículo que es asistir a ver cómo una mujer que podría casarse desnuda sin perder un ápice de su rectitud, se prueba vestido tras vestido como si no hubiera en el mundo más cosas qué probar.
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Mi madre entró corriendo, abrazó al fruto de sus entrañas -no, a mí no, al otro fruto que más bien es frutilla- y subió con ella sin soltarle el brazo, no con temor a caer sino con miedo a perder la compañía. Yo, que me vi rodeado ipso facto de telas, aditamentos y postizos, me aplané en la salita de recepción en plan de dejar a las plañideras lloraran y las costureras remendaran. Justo iba a abrir la primera Quién que el destino puso en mis manos, con la carota de Carlos Loret de Mola en la portada y un apetitozo lead consumiendo mis ansias -?- ("Todo sobre Loret. El conductor más sexy de la televisión completito para ti"). Justo iba, decía yo, a dedicarme a la amorosa tarea de la contemplación inútil del mundo de las revistas del corazón, cuando mi madre se paró en el descanso de las escaleras y mi insinuó con ese portentoso y convincente tono de voz que utiliza para decirte que si no la obedeces hará claudicar a tu ángel de la guarda y el resto de tu vida se irá a la caca: "¿No vieeeenes? Tu hermana necesita también tu punto de vista, Agus" -nótese que el último "Agus" es lo que acaba de taladrar la conciencia y obliga a levantarlas y moverlas. Chin-.
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Ya en el segundo piso -o lo que llaman así, que no es más que un entablado que cruje a cada paso sobre el primero-, mi madre inició su propio ritual, mientras la mayor de sus hijas mujeres entraba en el vestidor seguida de una asistente cuerpo de uva: sacó sus kleenex de bolsita, juntó las piernitas como para foto de generación de Instituto Comercial del Sol, levantó la cabeza con aire altivo y se quitó de un guantazo -es un decir- el rimel y la sombra -será chillona, pero nunca chorreada-.
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Primer ejemplar. "Razo de seda con incrustaciones de cristal cortado a imitación de diamante miniatura", dijo la encargada, con cierto tono de voz que me recordó al portero de los castillos en las películas clásicas de Disney. Todas las otras novias de la sala, y sus respectivas madres y amigas acompañantes, exhalaron portentosos ayes de ternura y emoción, y nada más que eso fue necesario para que mi madre comenzara a deshidratarse vía ocular.
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Iba yo a decir que el vestido me parecía una absoluta oda al pastel de tres leches que venden en Soriana, cuando un pequeño con aire famélico, como de unos ocho años de edad, se me acercó y, luego de preguntar mi nombre y escuchar mi contestación, se rió mucho y comenzó a girar a mi alrededor cual fauno miniatura preso de la rabia. "Andresito, deja ya al joven y ven con mamá". "No se preocupe, señora" "No, joven, sí me preocupo. Andresito anda malito del estómaguito, y desayunó huevito con chorizo". "¡Inga! Ándale, inche Andrés, hazle caso a tu devota madre y ve a empaparle a ella su regazo con tus nauseabundos jugos gástricos".
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Segundo ejemplar. "Estraples color perla con incrustaciones de razo y seda de imitación. Varilla de conchinchina". Mi madre chilla y chilla, y me mira con aires de "si no empiezas a emocionarte tú también, yo y todas las otras chicas que compartimos esta sala de rastro carnicero te sacamos a patadas". Así pues sí. No, la verdad es que amenacé con llorar porque la mayor de mis hermanas se veía soberana y chula entallada en semejante bola de tela, de modo que la emoción por verla tan realizada -es que ella ya lo estaba, pero lloro cada vez que sigue realizándose, paso a pasito- me trastocó los nervios y me obligó a ocultar los ojos rojos en el primer ejemplar de "Boda Magazine" que encontré en el camino.
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"Andresito, hijo, hazle caso a la señorita y salte de entre los vestidos" "No se preocupe, señora, tienen plástico protector" "¿Me lo jura? ¿Los del aparador también?" Con Andresito decorando a gusto de su delicado "estomaguito" los vestidos de la vitrina, mi hermana salió vestida con el ejemplar tercero y mi madre, que ya había agotado sus lágrimas, siguió exprimiendo kleenex a lo idiota, nomás pa' no dejar. "¿Seguros que les gusta? No los vemo muy convencidos" "Sí, sí lo estamos. Todo es cuestión de que te suban ese escote y te reduzcan el entallado y yo, tu madre, quedaré contentísima" "A mí se me hace que se ve rebien" "Es que tú no sabes nada" "Ah, sólo que por eso sea".
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Mi hermana se decidió por el último, que no le gustó a mi madre pero que a ella le acinturaba la figura y le levantaba el derrier, pasó su tarjeta, nos agradeció el acompañamiento y acto seguido se retiró, con todo y vestido nuevo, a seguir buscándole al bodorrio. "Ya namás quedamos tú y yo, méndigo", me dijo mi madre mientras hacía esfuerzos sobrehumanos por sacar la camioneta del atiborrado estacionamiento -¿será acaso que todo Guadalajara, hasta el que ya lo está, quiere casarse?-. "Ya sé. Vas a tener que quererme mucho porque si no te me voy" "Ah, no, te vas porque te vas, te quiera o no. Esa casa me gusta pa' residencia oficial de mis nietos, no para guarida de tus flojonadas" "Yastamos, en el mismo canal".
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Ahí le paré. ¿Para qué discutir si ella andaba sensible, Andresito era sacado de la tienda en andas y camillas, y yo no hacía más que pensar para qué tanta boda, si lo importante es amarse? Amémonos todos, unos contra otros, todos contra todos. Amén.
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¡Salud!
Faltan 47 días para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara 2008.

domingo, 12 de octubre de 2008

Pa' familias la mía.

Esto que hoy les traigo es en realidad la crónica de un domingo poseso de desidia. No, no debía ser así. Debía ser un domingo de harto trabajo, harta dedicación al estudio, harta Sor Juana -ya sé que se las debo, la entrada sobre la monja jerónima más famosa de la historia, pero cuando llegue va a ser de calida', se los prometo-, harto Quijote, harto Quijote y harto Quijote. En lugar de eso, este fue un domingo de harta flojera, harta televisión y harto no hacer nada. Hago este aviso sumario para que no crean que lo que voy a enunciar a continuación es el resultado de un análisis profundo del contenido televisivo de este fin de semana. Nada de eso. Esto es desidia, desidia pura.
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Brothers and sisters es una absoluta cachetada televisiva. Nunca en la historia de mis años como televidente había sido yo testigo -que es lo mismo que "había yo sido testigo" o que "testigo había sido yo"- de una tan malintencionada y evidente remembranza de progenitora a mi sentido del gusto -que casi, advierto, no existe-. Ya estoy escuchando a toda la recua de fans de la serie de Universal Channel vociferar y proponer mi nombre como primer candidato a la quema inquisitoria si la Inquisición regresa.
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Pues hagan lo que quieran, que hasta quemado seguiré diciéndolo: Brothers and sisters no es nada más que una absoluta y muy mal planeada telenovela estadounidense. Bájenle al nivel de fanatismo y lean: la serie sigue las andanzas -es un decir- una madre de familia -tentativamente- cuyo único chiste es escupir hasta tres galones de lágrimas por capítulo -a veces se las echa por minuto-, y toda la bola de hijos que tuvo con un esposo que le puso el cuerno: una republicana ( que es como decir panista, pero más recalcitrantemente conservadora ), una abogada con esposo con complejo adolescente, un gay, un exdrogadicto enlistado en Iraq y un empresario de malos pelos-.
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Y ya, la cosa no va a más que exponer las ridiculeces de una bola de gringos clasealtamedieros que no hacen más que abrazarse, echarse en cara sus inconsistencias y descubrirse sus vínculos amorosos truculentos y chingüengüenchones. Eso no es el argumento de una serie: es una vil, rascuache e improvisada telenovela -cuando mucho-.
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La cosa es que nos la venden con empaque gringo y la compramos -yo no, quimosabi, yo nomás la veo comprar- como si fuera la gran cosa. Sally Field se luce en su papel de madre llorona, es cierto, pero fuera de ella, que siempre se luce llorando, en el papel que sea, el resto de la cuasiserie-telenovela y su argumento no merecen más espacio en el mundo que el cesto de la basura.
. Hoy, cuando discutía con la menor de mis hermanas esta cuestión, llegué a la conclusión, y se la hice ver, que todo este asunto llevado a México se llamaría algo así como "Familia de lágrimas" y la cosa saldría mejor librada que en el original -es un decir- anglófono. Sally Field y su perfectamente madura figura sería reemplazada por una muy curvilínea y ojos bonitos Angélica Aragón, y el resto de los protagónicos se dividirían entre alguno de los Bichir, alguna de las Anas -de la Reguera, Claudia Talancón, Lasalvia-, y quizá hasta la Ceci Suárez entraría al quite. Se alargaría hasta el cansancio -la "serie" norteamericana pinta para eso, pero no me hagan mucho caso-, y al final una nave extraterrestre aparecería para llevarse a Margarita Gralia, todos se casarían y el resto del último capítulo sería utilizado en explicar cómo se filmaron los primeros diez minutos. Eso es televisión y no estopas aceitosas.
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Pero mi hermana no me escuchó. Con eso de que ya tiene vestido de novia en la mira, y de que el novio ya firmó declaratoria en la Iglesia -que es como el presuicidio-, anda muy concentrada en sus cosas. Se limitó a ver cómo Sally Field se limpiaba los mocos y luego le pasaba el pañuelo a otras de las Walkers -¡ah, lo olvidaba!, la familita se hace apellidar "Walker", que es lo mismo que caminante pero en otro idioma... ¡háganme el h. favor!-
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Pero como yo ya me acostumbré a que no me escuche, les paso el dato: a la misma hora que Universal se pone la soga al cuello con semejante patraña, TV Azteca está retransmitiendo los capítulos de una de sus telenovelas más estratégicas y abrazables, precursora del hitazo de Mirada de Mujer. Me refiero a la bien protagonizada y mejor escrita, siempre memorable, Todo por amor. Vale la pena echarle un ojo. Bueno, si ya están desperdiciando su preciado tiempo en la caja idiotizadora -mírenme a mí, dedicándole una entrada a semejantes basuras protoclásicas-, por lo menos busquen caviar en los restos pepenados. Ya dije.
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¡Salud!
Faltan 48 días para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara 2008.

viernes, 10 de octubre de 2008

Deme dos crisis para llevar.

Imaginen ustedes la escena: comparten mesa un aspirante a estudiante de Licenciatura en Letrasy una aspirante a Licenciada en Finanzas Internacionales. Ella muy muy muy (coloque aquí muchos más "muy") inteligente; él... ahí la llevaba. Ella con alto entendimiento de las razones del dinero, los índices bursátiles y el mercado internacional; él... con entendimiento. Ella con afán de golpear al ignorante; él... ignorante.
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El panorama del diálogo no podría ser más desolador. Cuando en 2006 alguien mencionó aisladamente que sobre los mercados internacionales se cernía una prominente crisis financiera, yo le pedí a mi hermana, alta viajera y contemplativa soltera -en aquel entonces; hoy, ya quedó amarrada- me explicara qué demonios era una crisis financiera, o, ya de perdis, con qué se pagaba el inventario de los mercados internacionales.
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"Estás bien bruto", intentó explicarme amablemente, siempre con respeto hacia el educando. "Se llama crisis financiera al proceso bursátil mediante el cual sufren un desacomodo los activos fijos de los mercados mundiales en relación con la cantidad de activos circulantes en el medio económico". "No, pues ya estuvo. Así sí cacté" "¿De veras, o me estás tirando a cuento?". Mirada de "sin embargo" de mi parte. "Como que te veo en la cara que no has entendido". Mirada de "no, pus no". "A ver, va de nuez".
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Fue de nuez como treinta veces. Y nunca regresó. Al final, atendiendo a guardar el amor de nuestra madre y el profundísimo cariño de lazo filial que nos tenemos, dejamos el asunto en paz y yo me fui a dormir con signos de números y Georges Washingtons escalando pirámides todopoderosas en mi cabeza. Cuando desperté, el dólar seguía ahí.
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Ahora el panorama es menos desolador. Ella ya tiene título sobre su escritorio, y yo ya estoy moviendo el abanico de las letras -no me atrevería a decir que cada día mejor, pero ahí la llevo-. Así que, como la crisis predicha se vino encima con todo su jumento, mi hermana la mayor y yo nos sentamos a otro round que no tenía para mí otro objeto que explicarles todo a ustedes y salir todos de dudas.
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Resulta ser que el mundo en que vivimos está conectado monetariamente hablando. Como todo es cuestión de compras, ventas e inversiones, lo que uno hace para comprar, afecta a otro al vender. Un ejemplo sencillito: si Juan López, en México, compra dos manzanas porque están baratas, a 2 pesos, digamos, Abdalí Masarath, en Arabia, pone a la venta más manzanas y el precio del mercado sufre una diferencia de cotización, lo que vulgarmente conocemos como "oferta y demanda".
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El mole se arma cuando el gobierno construye alrededor de todo este proceso una nube de apoyos e incentivos aparentes, con la idea de que los mercados compren y vendan más -como un colchón de espejismo que paga con su propia morralla para que todos, sintiéndose seguros, inviertan más-. Un buen día, el gobierno se levanta y se da cuenta que ha agotado el dinero que tenía para pagar esta nube de tranquilidad inversionista. Caído el telón, los precios suben y las inversiones se disparan, todos entran en pánico y nadie quiere vender ni comprar. El mercado, una maquinaria de inimaginables proporciones, se paraliza cual estómago en épocas de hambruna.
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¿Y que a nosotros qué con tanta compraventa de manzanas? Pues sucede que el mercado es una conexión que nos lleva de filón. ¿Apoco creían que sus Donitas Bimbo y sus Ruffles Queso subían de precio nomás porque al tendero se le antojaba cobrar de más? Al subir las cotizaciones de los precios de los productos básicos, estos se cotizan más caro en cuanto a su producción y cuesta más también la gasolina y el transporte para llevarlos hasta la fábrica. Y sí, la harina de sus Donitas y la papa y el aceite de sus Ruffles, entran en el rubro de "productos básicos".
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Así que se vuelve cierta aquella cuestión de que el estornudo de E. U. se nos convierte a todos en ataque mucoso, migraña y punzada en la ciática. Hace algunos años, el gobierno de Mr. Bush creó toda una nube de seguridad inversionista para incentivar a los bancos e instituciones financieras a que dieran créditos. Viendo el suelo planito planito, las inmobiliarias ofrecieron créditos al por mayor, y muchos estadounidenses corrieron a hacerse de su patrimonio. Pero, ¡oh, fatal sorpresa de los sempiternos dioses! A don Bush la guerra -estúpida- en Iraq le ha quitado la morralla que tenía en la caja chica, y el telón de la seguridad financiera se ha ido hasta la fosa. Caos absoluto, precios por los cielos y mundo entero viendo las de Caín -¿las qué?-.
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Atendida la cuestión, y quedando yo muy enterado y esperando que ustedes también, mi hermana se resignó a explicarme que la seguridad financiera sólo es recuperable si los gobiernos sacan de sus propias cajas chicas y generan en sus propios países la nube de seguridad financiera que Mr. Bush creó y descuidó. "La base de todo está en que el incentivo del gasto público no se le salga al gobierno de las manos, y termine endeudado".
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Cuando el entonces presidente de México, José López Portillo, nacionalizó la banca en el 82, lo hizo con la esperanza de que, teniendo el gobierno el dinero de los bancos, todo girara desde el mismo eje de rotación, ordenadito. Los bancos cedieron los capitales, López Portillos los tomó en sus manos... pero el guajolote se le salió de la olla porque el mercado no es estático, no puede obedecer a los caprichos de un gobernante o las insatisfacciones de un sistema político. La cosa, como sabemos, acabó bien gascho.
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Osea que, para caminar más parejito, Carstens y su bola... de colaboradores tendrán que proponerle al Banco de México que suelte el cambio que trae bajo la ubre y ponga más dinero a correr por la encostalada economía nacional. Así, más dinero corriente generaría más inversiones y más confianza en el paradigma monetario. ¡Chido, chido, chido!
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¿Para qué quiero más? Esto no es crisis. Es cuestión de perspectiva.
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¡Salud!
Faltan 50 días para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara 2008.

martes, 7 de octubre de 2008

Barrococó.

Barroco es un término que implica muchas cosas. Me van a decir ustedes, que diario andan llevándome la contra -yo y mis lectores imaginarios-, que no hay término que no implique un montón de cosas. Cierto, cierto como una respuesta bien contestada en un examen, o como la razón de que el clima es inasible. Pero a lo que yo me refiero es que el término barroco implica más cosas que las que el gramático, el lexicógrafo, el filósofo del lenguaje y hasta el crítico literario se han imaginado jamás.
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Barroco es, en instancia primaria, la escuela artística que prevaleció en España durante el Renacimiento Europeo. No, miento, o digo una verdad a medias: la entrada tardía que España ejecutó al Renacimiento -Europa le entra el movimiento artístico nacido en Florencia desde finales del siglo XV; España llega tarde a la fiesta, considerándose renacentista hasta la segunda mitad del siglo XVI-, ocasionó que la Madre Patria bailara su propia versión de lo renacentista, haciendo casi casi una escuela aparte. A esa versión española del renacimiento se le llama barroco.
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Barroco es también sinónimo de complejidad. No hay que fijarse mucho en la palabra para entender el hálito que la sostiene -fonética, estructuralmente hablando-. De hecho, barroco es una palabra de origen portugués -en aquellos años, España y Portugal eran potencias marítimas de separación no muy definida-, que significa literalmente "perla deforme". Sí, es como decir "flor manchada" o "papa sin cátsup": una imagen que naturalmente debería representar belleza, cordura, equilibrio, es llevada al extremo de la fealdad, convirtiéndola no en algo feo cuanto en algo grotesco. El arte barroco es, por lo general, grotesco: exagerado hasta morir, cargado de líneas, sonidos, oscuridades, palabras, cambios sintácticos. Es una perla, porque al final es arte, pero su belleza extralimitada la convierte en un monstruo, un monstruo bello.
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Barroco es también el momento literario que abraza a algunos de los más geniales, influyentes y dadivosos escritores de habla hispana de todos los tiempos: Francisco de Quevedo, Luis de Góngora y Argotte, Sor Juana Inés de la Cruz, Carlos Sigüenza y Góngora, Lope de Vega, Pedro Calderón de la Barca, por citar sólo algunos, construyen y acompañan a la hispanidad en sus primeros pasos como elemento moderno del catálogo de las lenguas, del catálogo de las literaturas. Son testigos primarios, todos ellos, de la formación de un español que hoy habríamos de recibir limpio, claro, adecuado a los hablantes y modificado a su favor. Son testigos del nacimiento de una lengua cada vez menos "vernácula" y cada vez más "hispánica".
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Barroco es, ya por último y para que se vayan con calma a hacer sus tareas, una palabra que a mí, en lo personal, me sabe a duraznos y madera, vino y pan. ¿Que por qué? Porque así son las palabras: tienen sabor cuando uno menos lo espera, y se descubren desabridas cuando se quiere saborearlas. Barroco es luz y sombra, Dios y Satán, filosofía y muerte. Barroco es intelecto, razón, razón de una España cada vez más española y una hispanidad cada vez más hispana. Barroco es el principio de nuestra lengua, nuestro principio.
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¡Salud!
Faltan 53 días para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara 2008.

lunes, 6 de octubre de 2008

Currículum tramititis.

"Mike Wasawski, no llenaste tu papeleo anoche".
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"Oye, Pau, ¿qué onda con eso?" Estoy casi seguro de que mi voz le ha de haber parecido a La Pau, que además de todo es mi editora, como un arrebato de pena, dolor, desazón y sufrimiento, porque ante mi imprecación, ella, muy digna se limitó a contestar: "Es parte de nuestra institucionalización, Agus, estamos formalizando todo". No, pues así sí, ni quien se oponga.
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A lo que tanto Pau como yo nos referíamos es al aviso de su parte de que todos los que laboramos en Mujer Hoy -sí, así se llama la publicación local donde laboro, o hago como que laboro- tendremos que perfilarnos bien y bonito, reunir un conjunto de documentos -original y copia- específicos y elementales -la cartilla de vacunación del perro incluida-, y llevar todo el mazo de hojas a la redacción de nuestra Asociación Civil de Capital Variable, esto para que nadie nos dé de baja, y Mujer Hoy sea cada día más profesional e institucional.
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La verdad, me ha confesado La Pau, es que corre el rumor de que pronto dejaremos de ser presencia de cada dos semanas en los puestos de revistas, para convertirnos en publicación semanal. Sí, lanzaría albricias y mandaría correr cuetes, armar verbena y partir piñata, pero como la conversión a semanal nos hará trabajar más -que no es lo mismo que mejor-, estoy como que no quepo -cabo- del asombro-susto.
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Pero como uno nada más es el tornillo del engrane, ni quien le pregunte su opinión. El punto es que uno de los requisitos papelares -?- es justamente un Currículum Vitae -así, con mayúsculas, pa' que luzca-. Sí, como leyeron: voy a tener que hacer acopio de conciencia y sentar a Roja a que redacte una hoja -no creo que pase a más- dónde aparezca todo lo poco, poquísimo, que he hecho por mi vida -y la de los demás-.
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Yo no sé porqué este mundo se afana en deprimirlo a uno. Ya iba yo saliendo del asunto de la caída de la bolsa, las inundaciones en Tabasco y el paro de maestros, y ahora me ponen a hacer examen de conciencia para recapacitar de lo inútil que soy y lo lento que voy.
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Voy a pedir ayuda. No porque no sepa hacer un currículum vitae -ya con minúsculas, ya pasó la emoción-, o también, para que mi hermana la menor -que va a fungir como pinche de Roja y mía en esta preparación escueta- me ayude a rascarle al rescondo de mi existencia. Y es que... ¿qué quieren con veinte años y apenas uno y tres cuartos haciéndole a la reporteada? Eso no es experiencia, es jueguito de arrabal, pura empiernada placera.
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Cuando tenga lista mi "Hoja de Vida" -que así le llaman en ciertos lugares de habla hispana-, me encargaré de que por ninguna razón llegue a ustedes, ni a nadie. Confío en La Pau para que el asunto se mantenga en total confidencialidad y la hojita diabólica no pase a mayores.
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Increíble que Mujer Hoy, el primer periódico que busca la equidad de género antes que informar con veracidad, parte pues, de un México más democrático y abierto, enterándose de que nuestro gobierno acaba de armar un concurso para "premiar" al trámite burocrático más engorroso e innecesario, se ponga a hacer más trámites de los que ya tenemos -sigo sin hacerme a la idea de que los artículos periódisticos tienen que ser entregados en una fecha y forma específica-.
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Pero en fin, repito, el tornillo del engrane tiene poco pa´quejarse. Apechugo. Por lo pronto, participen en el concurso del trámite que armó la Secretaría de Gobernación y, si pueden, inscriban a Mujer Hoy. No somos gobierno, pero ¡ah, cómo fregamos!
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¡Salud!
Faltan 54 días para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara

domingo, 5 de octubre de 2008

Ping-pong-bang.

Con Roja trabajando a un ritmo desconsiderado -nota alterna: esto de considerar a las computadoras cual si fuera mujeres vivas y coleantes (a veces más coleantes que vivas) se lo debo a El Meromerosaborranchero, entre otras muchas cosas de conocimiento particularmente arrabalero con que él ha llenado mi disco duro cerebral-, tanto que ya hasta humo le sale a la pobre, este ha sido un domingo de intensa actividad laboral, propio de mis domingos, que dejaron de ser consagrados al merecido descanso para ser consagrados al merecido trabajo hace ya dos años y medio.
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Con Roja tecleando a velocidad luz, haciendo reportes ejecutivos, mandando mails y aceptando convocatorias, revisando ortografía y agendando eventos, esta su pluma se topó con la ardua y siempre descomunal tarea de preparar la entrevista de la quincena que, nomás por esta semana, se hizo -oi nomás, impersonalizando la acción-, que hice, pues, a una politóloga de considerable comentario y abrazable consideración.
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Me refiero a Ivabelle Arroyo, columnista del periódico Mural, quien me citó en un Estarbus -nótese cómo evito decir la marca para no recibir luego cuenta por regalías mercadológicas- al sur de la ciudad, y que aceptó la muy poco admirable y muy cansada tarea de sostenerse a uno de esos interrogatorios que suelo sostener cada quincena con quien se me ocurra o me pongan enfrente. .
Pero Ivabelle salió invicta, y dejándome medio apaleado, con mucho qué pensar. Desde el primer round, de hecho, sentí yo que la cosa se pondría seria y que, aunque la entrevista era mía, la que regularía la fuerza de los entres sería esa mujer de delicadas maneras y pelo rubio, que tuvo el arrojo de avisarme que llegaría tarde a la cita, y luego todavía se aventó el acierto de pedir una disculpa, no arguyendo al tráfico, ni siquiera a su incopetencia para encontrar las vialidades, como muchos hacen, sino a su simple y mortalmente humano olvido de la hora de la cita.
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Perdonada Ivabelle, o más bien disculpada, el primer encontronazo comenzó con menos puntos a mi favor en la tabla general de los que yo hubiera querido esperar. En los primeros quince minutos, Ivabelle se aventó frases de la talla de "La política es la actividad más noble que existe, pero también la más sucia, tiene esas dos caras", "su nobleza radica en su capacidad para llevar al humano a alcanzar su divinidad", o la todavía más temible "Mi columna la escribo para el lector político, no tanto para el lector de a pie".
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Y ya cuando la testosterona informativa me levantó, el segundo round lo empecé yo, esta vez imprecándola sobre su capacidad para combinar dos facetas -sí, como las dos de la política- de sus muchos gustos vitales: por un lado la cultura, el arte, y por el otro la ciencia política. "No son incompatibles", me tiró un derechazo cruel y desmesurado, "la literatura, por ejemplo, te hace mejor político, mejor reportero, mejor profesional, mejor ser humano. Otro gallo cantaría si todos los políticos leyeran". Fin, ¿para qué quieren que siga describiendo la golpiza que a raudales me puso encima?
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Para la tercera entrada yo ya quería apagar la grabadora y pedir esquina. Pero Ivabelle me levantó con un solo dedo y me puso en jaque de inmediato: "El panorama electoral para 2012 lo veo perdido, para el que gane. De aquí al 2012 no se generarán suficientes recursos legales para afinar decisiones e iniciativas de ley posteriores a la elección, no se generará un panorama electoral satisfactorio y lleno de credibilidad para un público electoral que, creciente o mantenido, cree en el fraude del 2006, no se elaborarán bases eficientes de administración de los recursos. De aquí al 2012 está perdido el negocio". Ya, pido base, fin, córtenla.
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Decía el gran filósofo de Aguayón, Filomeno de la Cruz, célebre entre otras cosas por su hábil su conteo silábico, -y si no lo dijo él, lo digo yo, faltaba más-, que el arte de la entrevista radica en dejar que el entrevistado hable y caiga redondito al mismo tiempo. Osea, enseñarle a usar la pistola para que él solito apriete el gatillo. Ivabelle me dio tiro por culata. Y tan seriesita que se veía la muchacha. Ahí le dicen al próximo entrevistado que no estoy, que me fui a lamber las heridas. Pido tiempo.
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¡Salud!
Faltan 55 días para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara 2008.

sábado, 4 de octubre de 2008

Las doce y sereno.

¿Han tenido la sensación, ciertos días sino es que todos, de que la vida es como una película de tratamiento muy muy muy bizarro? ¿De veras nunca han llegado a su casa, tras un arduo día de trabajo o estudio, y al poner la mochila o bolsa en el suelo y tirar las llaves al escritorio, se han preguntado cómo es que hace quien sea que lo hace para escribir argumentos tan intrigantes, tan "pasados de lanza"? Yo hoy, tras un suceso que a continuación y para beneplático de todos mis lectores puntualizaré, llegué a casa con esa sensación y otras tantas.
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Mañana soleada. Si vivo de letras hispánicas de lunes a viernes, como con ellas, duermo con ellas, estudio con ellas, trabajo con ellas, el sábado por la mañana rompe el panorama hispanohablante de los otros seis días y se pinta de inglés para hacerme tomar la materia de lengua extranjera que me veo radicalmente forzado -nótese el ánimo abasallador- a estudiar para poder recibir un título que dirá, así o con menos ciencia: "Licenciado en Letras Hispánicas". Así que ya desde ahí, mi sábado por la mañana rompía, como cada sábado por la mañana, la rutina de las otras voces, y me entregaba a un matutito y nauseabundo cambio de existencia lingüística.
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Mañana soleada de un sábado angloparlante, caminando por una avenida de alto tráfico vehicular. ¿Han notado lo particularmente bizarras que pueden ser las calles un sábado por la mañana? Si no lo han hecho, háganlo. Un sábado por la mañana la gente va y viene como zombie, los carros andan como si zurcaran campos minados, y en general los andantes no parecen tener un rumbo fijo apetecible.
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Mañana soleada de un sábado angloparlante, caminando por una avenida de alto tráfico vehicular, y en eso se te acerca un hombre y te pide la hora. Me van a decir que cómo soy de manchado, que qué tiene de fuera de lo estándar que un hombre te solicite la hora, y yo estaré de acuerdo una vez más con la opinión crítica y acertada que dan ustedes a mis palabras. La cuestión es que el sujeto se tomó unos -muchos- minutos para observar mis dos manos en busca del reloj que, por razones de cierta histeria incomprensible, nunca llevo puesto. Y eso lo sé porque lo vi brincar su mirada de mis manos derecha a izquierda y luego izquierda a derecha como cinco metros antes de que me encontrara y me dirigiera la palabra.
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Mañana soleada de un sábado angloparlante, caminando por una avenida de alto tráfico vehicular, y en eso se te acerca un hombre y te pide la hora, para luego preguntarte si no eres tú el hermano del Chester. Sí, así como lo oyen, o más precisamente como a continuación lo escribo: "Oye, tú eres el carnal del Chester, ¿que no?" Agus niega. Bueno, primero piensa: tiene hermanos, sí, pero de los tres que tiene dos quedan descartados porque su sexo les impide llamarse o darse a conocer con el apodo de "Chester" -esperando, claro está, que Chester sea un apodo y no el nombre de un sujeto cuyos padres lo han evidentemente detestado desde su nacimiento y le han dado un nombre que más suena a mascota de popular botana frita que a ser humano digno y razonable-. Así que de los tres que me quedaban, de los tres que me quedaban, nada más me queda uno, uno, uno. Pero mi hermano único es, por decirlo de alguna manera, "especial". Especial en sus modos, sus gustos y hasta en sus preferencias -que es lo mismo, pero no es igual-. Así que no puedo imaginarlo haciéndose llamar "El Chester", ni mucho menos teniendo como amigo a un tipo que no sabe que para dar la hora es necesario llevar un reloj, y que si éste no se encuentra en la muñeca, será más eminente recibir un "no lo sé" como respuesta que la información solicitada -nota aclaratoria: mi hermano rara vez tiene amigos que no poseen lógica en sus procesos cognitivos-.
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Mañana soleada de un sábado angloparlante, caminando por una avenida de alto tráfico vehicular, y en eso se te acerca un hombre y te pide la hora, para luego preguntarte si no eres tú el hermano del Chester, y, ante tu respuesta negativa, insistirte afirmando la característica poco moral del sujeto en cuestión. "A huevo que sí eres (sic, sick)" "No, pero, ¿por qué?, ¿me parezco?" "A huevo. El Chester es un bato acá todo pasado de lanza". O eso significa, cosa que dudo, que el mentado Chester es un adefesio de proporciones alarmantes, o que el ídem es más cabrón que bonito. Yo, personalmente y para ahorrarme las broncas existenciales, le voy más a mi segunda hipótesis.
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Mañana soleada de un sábado angloparlante, caminando por una avenida de alto tráfico vehicular, y en eso se te acerca un hombre y te pide la hora, para luego preguntarte si no eres tú el hermano del Chester, y, ante tu respuesta negativa, insistirte afirmando la característica poco moral del sujeto en cuestión, para luego, ante tu prolongada negativa, decirte que olvides el asunto... y se lo saludes. "Ya, pues, ahí déjala. Pero me lo saludas". Di media vuelta y seguí caminando. Si ni siquiera le pude dar la hora... ¿cómo esperan que le salude a Chester? Y -afortunadamente- esto -no- es toooodos los días.
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¡Salud! (mental)
Faltan 56 días para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara 2008.