domingo, 21 de septiembre de 2008

Y nos dieron las diez.

Dos en lo que va del semestre. Otra más, y estaremos pensando en hacer membresía en La Playa o algo así. De hecho, hoy llegué a la conclusión de que cada vez nuestros motivos de celebración y reunión son menos sustentables. Ayer, por ejemplo, El Club de la Medianoche se reunió en sesión extraordinaria porque uno de sus miembros, La Chabela, tenía en su alacena de soltera tapatía una botella de Appleton Jamaica White a medio llenar -nótese mi optimismo-.
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Y como a nosotros nos chocan las medias tintas, no nos aguantamos las ganas y le dimos baje. La única que no tomó fue La Wendy, quien andaba en plan de abstemia -biciconductora designada- por motivos trascendentes y a todas luces no negociables. Así que no presionamos y más bien nos preocupamos: por beber, por indagar, por abrazar la vida.
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Y es que, entre las muchas otras cosas que El Club de la Medianoche hace por la salud de sus miembros, está la generación de catarsis. Porque cuando se vive en una ciudad -"y también en el campo", dirán los lectores asiduos a este baile que ya se acerca a sus 200 confrontaciones, y sí, diré yo, pero como yo vivo en ciudad, el campo me viene quedando lejos y me es casi desconocido- uno acumula y acumula a lo tonto, vivencias, experiencias, frustraciones, inseguridades y felicidades, y luego ya no halla qué hacer con tanta piedra en el costal.
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Por eso es bueno de vez en cuando, o de cuando en veces, hacer eso que Carlos Monsiváis describía alguna vez en uno de sus tantos y tan variados textos como "soltar vapor". Ayer yo solté vapor, y mucho, porque traía acumulado todo el de un viaje -¡y dale!- que me ha cambiado la vida -cada día descubro que un poco más de lo que yo esperaba- y me ha confrontado, a mi educación, a mis aciagos -y movilizados- principios, a mis desprestigiadas realidades.
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Y La Casicasi soltó su parte, y La Chabela la propia. Y si no fuera porque yo era el único individuo sexo masculino presente, tres de cuatro, por lo menos, hubiéramos coreado a Paquita la del Barrio, o cometido alguna desazón semejante, de esas de las cuales uno se arrepiente -si lo hace- a la mañana siguiente, entre nubes de embriaguez y memoria tergiversada. Bueno... dos de cuatro coreamos a Paquita, pero sé que poco faltó para que otra se nos uniera. Lo que pasa es que esa otra no estaba en el suficiente nivel de sangre etílica -?-
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Así que la más reciente reunión -nótese cómo soy incapaz de llevar la cuenta- de El Club de la Medianoche resultó, creo yo, todo un éxito. Por su proximidad a la espontaneidad, lo que hizo que casi fuera extraído de la mancuernilla todo este alboroto, ésta ha sido una de las reuniones del Club más memorables y menos accidentadas. De hecho, me atrevo a decir, esto se debe a que ahora había cosas más trascendentales por contar y menos alcohol para olvidar. Menos, pero igual funcionó de maravilla.
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No, si me lo pregunta, yo no olvidé nada. Soy conciente de lo que dije y lo que callé. Bueno, no, soy conciente ahora, sí, pero entonces, creo, hablé de más. En fin. Los borrachos y los niños, dicen. Y los niños está por verse. Por lo menos el cuasiprimito de La Wendy es directo y francote. Pero eso es un chisme local que ustedes no tienen por qué saber ni yo tengo pa' qué contar. Ai se las dejo. Esta es la 198, y vamos por dos más para superar nuestras propias limitantes. Iñor.
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¡Salud!

2 comentarios:

Pável dijo...

Ja.. mira que cosas yo pertenezco al "Club de los imposibles"... un grupo de noctámbulos que funciona bajo los mismos estatutos que el tuyo....Las asambleas siempre sabemos cuando y a que hora inician, pero nunca cuando ni a que hora terminan...
Saludos...

Wendy Piede Bello dijo...

No hablaste de más, porque nosotros no hablamos de más, jojo. Noches de esa más seguido y de Paquita a la Dúrcal hay un paso; las palabras hacen la diferencia.