miércoles, 10 de septiembre de 2008

Viajero que vas. Parte 1.

El que afirme que después de un viaje no ha cambiado,
o miente o no ha viajado.
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Todos emprendemos viajes. Desde el útero, del cual salimos como expulsados apresuradamente de un Universo paralelo -paralelo como las vidas humanas, que son otros muchos universos-, hasta la tumba, a la cual descendemos guiados por otros, en un compás sonoro y degenerativo, que sabe a regreso más que a odisea.
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Y entre los viajes, hay cruzadas sin tregua y trayectos sin ritmo; hay viajes que mueven y viajes que afianzan; viajes que asegura y viajes que destruyen, viajes bomba, viajes desastre, viajes silencio. Hay viajes esperados y viajes que, sin planearse, salen mejor. Hay viajes fuerza, viajes fuego, viajes paz. Hay viajes sin retorno, y viajes sin inicio. Hay viajes espejo, flor y canto. Hay viajes que ilustran, y viajes que pierden. Hay viajes perdidos.
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El que emprenderé el próximo sábado, muy de mañanita, es un viaje muchos viajes. Para iniciarlo, ha sido necesario perder, dejar muchas cosas de lado, crecer y reconsiderarse. Para finalizarlo, será necesario estar decidido a volver. Porque mi viaje muchos viajes es también un viaje destino, donde el cambio elemental lo ejecutará en mí el viaje mismo, aunado a mi paradero de cuatro días: la capital de este México mío que es bandera y sangre, historia y pérdida, piedra y sol.
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Todos emprendemos viajes, y de la multitud de viajes posibles, se desgrana un hilo filial: todos los viajes cambian al viajero, porque si deseas preguntarle a una persona su propia historia, le será más fácil contarte lo que ha visto, lo uqe ha recorrido, lo que ha pisado, lo que ha viajado. Porque cada vida es un viaje, y el que diga que no ha viajado, es un pobre desdichado que no ha vivido.
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¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

La experiencia, es inenarrable, la experiencia se vive, no es traducible a palabras. Eso dice Foucault. ;)