domingo, 28 de septiembre de 2008

Párpado carmesí.

¿Ven lo que les dije? Nomás septiembre cierra sus ojitos patrios, y esto que llamamos vida se llena de sorpresas. Esta entrada se escribe -es la primera, tomen nota del momento histórico (?)- desde la computadora personal de ésta su pluma. "Pus, ¿qué la compartías o qué?", preguntará el lector común, conocedor de las más elementales reglas de la conjugación gramatical y el acomodo sintáctico. Sí, es cierto, el sustantivo compuesto "computadora personal" podría fácilmente confundirse con la denotación de cualquier computadora que es utilizada por una sola persona. Pero en mi caso, a lo que me refiero más bien es que esta entrada la escribo desde mi nueva y reluciente laptop.
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Así es. No incluyo fanfarrias porque no es pa' tanto, pero desde esta tarde, octubre y con él el final del año, me han traido un procesador personal que además es muy sexy porque es color rojo, funciona de maravilla y me ha ahorrado los dolores de cabeza que día con día me significaba tener que estar a expensas de una computadora -de escritorio- que es propiedad comunal en esta su casa de piedra y canto.
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Y estando yo cabizbajo precisamente por tal motivo el otro día, mi hermana la menor que me ve y me cuestiona: "Bubo -que así me dice-, ¿cómo andas de compus y eso?, ¿no te hace falta una laptop?" Creerán muchos que respondí automáticamente que sí y la asalté y acto seguido estoy aquí con mi laptop nueva, con cubierta sexy y toda la cosa. Pero no, no fue tan drástico el asunto. Bajé aún más la cabeza, al puro estilo del indígena bajo el nopal, y pronuncié un casi inaudible "sí". "Pues ve opciones. Si encuentras algo de menos de 500 mensuales, Lalo y yo te hacemos el paro" -entiéndase "paro" como favor... digo, por aquello de que un neogramático de la lengua esté leyendo esta entrada y se me vaya a espantar, que no creo, porque mi insulsa redacción y mi incoherente ortografía los espantó hace mucho-.
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Y que me lanzo a investigar y a mover mis contactos. Obviamente el primer interceptado fue El Meromerosaborranchero, que ya otras veces han tenido conocimiento ustedes que libra a mi parte no tecnológica de la ruina. Y El Meromero... con el estilo profesionalmente desfachatado que lo caracteriza, me dotó de información, y entendí por fin aquello -bueno, ya lo sabía, lo reentendí- de que la información es poder. Con los datos enmano, taladramos al pobre del vendedor con preguntas y preguntas, y terminó ofreciéndonos ésta que es, sino para hacer y deshacer, sí para hacer y construir, lo que es más que suficiente.
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Me pregunto ahora cómo es que uno decide endeudarse 18 meses con el gigante estadounidense del autoservicio mundial, y no es capaz de donar unos cuantos centavos a Unicef -otro gigante estadounidense del servicio mundial-, o a otras tantas instituciones de ayuda humanitaria. Pero mi laptop roja -la apodaremos simplemente "Roja" para futuras referencias- me cierra la tapita y su párpado carmesí me obliga a callar. Ya compré. Ya qué. Ahora a escribir como idiota, trabajar como negro y construir como paria. Que si no se inventó la tecnología para estas tres cosas, entre otras tantas, no se ha inventado jamás, y entonces lo que El Meromero... hace es dar consejos de belleza, y no suplir mis carencias de información digital y similares. Puro cuento, pues.
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¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Muchas felicidades. Ahora si es usted todo un escritor y periodista profesional.