martes, 30 de septiembre de 2008

Mamma mía! Qué manías.

Sorprende la intensidad con que a uno, que casi nunca se enferma, suele pegarle la gripa anual. Ah, y es que faltaría aclarar que no hay mexicano que no se aviente por lo menos una vez al año su maratón de gripa. Y seguro que habrá algunos compatriotas que tengan el atrevimiento de llenarse de mocos y andar por todo el país repartiendo virus a lo bruto en más de un periodo por cada 365 días. Pero los que somos más considerados, y nada más llenamos el ambiente de polución virulenta una vez cada 52 semanas, podemos asegurar que nuestra salud es excelente hasta que llega la gripa y nos saca de nuestro lugar, nos obliga a empapar el ambiente y cargar bolsitas de Kleenex a todos lados, convirtiéndonos casi en anunciantes de la marca.
.
El punto es que, con principios de gripe y todo, me lancé el domingo pasado al cine con la menor de mis hermanas para ver el último intento estadounidense por llevar a la pantalla grande las producciones musicales que en Broadway han tenido soberano éxito abrumador. Me refiero, claro está porque es el único musical actualmente en salas, a Mamma Mía!, de la realizadora inglesa Phyllida Lloyd, basado en el musical no propiamente broadwayiano, sino inglés, escrito por Catherine Johnson usando como inspiración las canciones del grupo sueco ABBA, sí, ése que a nuestra generación le tocó más que remasterizado -tendiendo al ridículo, pues- gracias a la incursión en escena del mamerto y a todas luces falto de talento proyecto ABBA Teens.
.
El punto es que Phyllida Lloyd se estrenó en el mundo del cine -bueno, éste es su segundo filme, pero el primero ni para qué nombrarlo si ni en su casa lo han visto- con una muy interesante propuesta cercana al tan manoseado género del cine musical. "Propuesta cercana", he dicho, y no me queda de otra, mío pesare, que dejarlo ahí.
.
Mamma Mía!, el musical del teatro, se estrenó en Londres el 6 de abril de 1999, y no llegó a América sino hasta poco más de un año después, con la puesta teatral en Toronto. Así, pues, el proyecto tiene relativamente pocos años de haber escrito su parte en la historia de los musicales. ¿A qué voy? A que siendo un proyecto que todavía huele a novedad -no se montó en Nueva York sino hasta hace dos años- me extraña que se hayan animado a hacerle su versión fílmica, cuando normalmente, tratándose de un género tan poco concurrido como los musicales, tan "de género", Holliwood prefiere esperarse a ver el éxito absoluto y universal de las producciones sobre los escenarios para entonces sí considerar su paso a la pantalla grande.
.
Yo no sé todavía a ciencia cierta quién se queda más corto. Si Phyllida, que tiene el único mérito de haber dirigido la puesta en escena antes que la versión que hoy está en las salas de cine de todo el planeta; o Catherine Johnson, que ha hecho la adaptación de su propia obra de un arte al otro; o los estudios, que se animan trémulamente a dar el "sí" a la producción de un musical que, a todas luces, necesita de un director que, de tan experimentado, le dé el brillo en la pantalla que ya posee sobre las tablas de más de diez países.
.
Los actores no tienen la culpa, eso es un hecho, ni las canciones, que ya están más que reconsideradas en el gusto del público -yo mismo, y otros en la sala, llegamos a corear en algunas de las escenas las voces en pantalla-.
.
Meryl Streep, siempre tan magnífica y diversa, tan profesional, interpreta genuinamente el papel de Donna, la inglesa radicada en cierta isla griega que tiene a su mando un pequeño y modesto hotel con vista al Mediterráneo. Su hija, Sophie, una Amanda Seyfried que aveces parece medio perdida en el horizonte marítimo, prepara su boda con Sky -ni el nombre del actor poseo, pero igual actúa bien-, y para ello ha decidido invitar a su padre. La cuestión es que, la chismosa revisando los papeles de su madre, se ha dado cuenta que tiene tres posibles progenitores. ¿Y qué creen que hace la desgraciada? Pues los invita a los tres. Chance y pega.
.
Y sí. A la isla llegan Sam -un Pierce Brosnan que deja muy muy muy atrás la galanura del 007 y se anima a zambullirse en la comedia casi hasta coquetear con el ridículo-, Harry Bright -un Colin Firth mucho más avejentado que en su reciente aparición en El Diario de Bridget Jones y su secuela-, y Bill Anderson -un Stellan Skarsgard mucho menos molusco que en su última aparición cinematográfica como el padre de Will Turner en Los Piratas del Caribe-. Y los tres hacen un excelente papel, cada uno en su modo y a su tiempo, y la cosa, respecto a lo que a ellos y los otros intérpretes corresponde, termina bien librada.
.
El problema es que aveces los número musicales se acortan excesivamente, la música no se canta sino que se pone de fondo, y las escenas son arriesgadamente aceleradas, de modo que la mitad de lo que podía apreciarse -como de hecho, según mi hermano, se hace a todo lujo en la versión teatral canadiense- se pierde absolutamente entre malos manejos de escenas, no muy acertada fotografía y no muy correcta utilización de la escala musical.
.
¿La recomiendo? Las actuaciones, ya lo dije, nomás lo estoy repitiendo pa' que no se pierdan, son excelentes, la comedia es aceptable y los pocos número musicales buenos que la propuesta cinematográfica tiene coquetean con lo excelso. Fuera de eso, yo mejor me esperaría otros veinte o treinta años para que salga la versión de otro director que quizá dé más en el blanco. Mamma mía! no es una historia sobre la música del cuarteto griego disuelto en 1980, mucho menos es una historia rosa sobre la felicidad de la vida y la alegría de lo cierto, como muchos críticos han querido hacer ver. Mamma mía! es una historia sobre los lazos, las relaciones y las complejidades que todo esto conlleva al hacerse entre seres humanos. Es una historia humana, no un musical de pacotilla, colocable en camisa de ridículo. Ojo, señores cinematógrafos, que quedan pocos buenos proyectos broadwayianos por llevar a pantalla, y otra metida de pata no la perdonaríamos los fans del género. Mucho ojo.
.
¡Salud!
.
Faltan 60 días para la Feria Internacional del Libro en Guadalajara 2008.

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

¿Menor por cuántos minutos de diferencia con la segunda?