viernes, 5 de septiembre de 2008

¡Fuera abajo!

Se va... se va... se fue. Qué cosa más fea es entrar al Internet -o esto que otros han dado en llamar Internet-, y, esperando noticias felices, alegrías perspicaces, cambios favorables en el mundo, quizá, no sé, la muerte de todos los políticos y policías corruptos y la pérdida de extremidades de todos los delincuentes -oficiales y no oficiales-, toparse con una noticia tan dramática, tan terrible, tan... impronunciable.
.
Pero como este blog tiene afanes expresivos y no silenciosos, y está más contentito cuando se le pone a hablar y no se le sienta nomás a ver las moscas volar, olvidaremos el hecho de que la noticia que he encontrado hoy en Internet es impronunciable, y hablaremos de ella: hoy, tras sesenta y dos años de historia y fealdad, el Toreo de Cuatro Caminos, mítico -y cutre- centro de espectáculos ubicado en los límites fronterizos entre el Estado de México y esa ciudad de Ídem que, según mi hermano, ya es mía también -es que suya es porque tuvo el tentativo acierto de nacer ahí-, se empezó a venir abajo.
.
Sí. Lo sé. Puedo imaginar al experto gramático de la Lengua Española -así, con mayúsculas, pa' que luzca- sentir en este momento un retortijón de estómago, el aumento de su temperatura corporal a nivel de calentura y la reaparición de acné, gota y cirrosis, males que consideraba por completo erradicados de su correcto cuerpecillo, todo esto ante la expresión que acabo de fabricarme: "se empezó a venir abajo". Y es que sí, porque el Toreo, un armatoste que mal que bien todos los defeños estaban acostumbrados a ver en su paso hacia el vecino Estado de México, está siendo derrumbado paulatinamente -es que si vieran lo que mide entenderían que apenas Dios podría hacerlo en siete días- para construir en su lugar un centro comercial.
.
Cosa fea. No, no sólo el hecho de que tiren como cualquier cosa -es un decir- un armatoste que nos ha costado tanto acostumbrarnos a ver, sino el armatoste mismo: una cupulota de miles de toneladas de cemento, casi todo el año pintada de blanco, sostenida por columnatas triangulares que daban risa de tan seconas, el Toreo era en su conjunto más bien un merecido homaneja al Cemento Tolteca que un centro de espectáculos, o feria de exposiciones, o lo que se les ocurra para lo que servía el chistesito. Así que no duele tanto que lo tiren, cuanto el hecho de que se va abajo con nuestros impuestos y nuestras necedades.
.
Dice mi madre que empezó la construcción del susodicho en cuestión -sí, esta entrada es un verdadero reto a la salud del gramático inicialmente mencionado- en 1946, cuando ella apenas y pensaba en pisar este mundo, y yo y los míos ni nuestras luces. Y ya para los setentas todo era un mar de graffiti y un verdadero estorbo al ojo humano. Nadie lo quizo nunca, a diferencia de otras grandes obras en principio odiadas, con la Torre Eiffel, en París, o la de Pisa, en Italia, que luego pegaban chicle y gustaban; nadie lo peló y nunca nadie se preocupó tampoco por embellecerlo -a lo mucho lo agarraron de panorámico en últimas fechas... pero hasta ahí-.
.
Con decirles que uno de sus últimos logros como centro de espectáculos fue fungir como sede del Festival Vive Terror 2007. Ni duda cabe: con sus gradas maltrechas, su ausente explanada, su perímetro falto de árboles y áreas verdes, el Toreo era una verdadera mansión del terror... del terror estético. Fashion, estetic, delirius emergency!
.
Pero ni hablar. Se nos va abajo... y con él mucho dinero invertido y muchas aspiraciones políticas, económicas, profesionales. Y que su arquitecto se esconda, su diseñador se pegue un tiro y sus visitantes sufran. Se nos va... se nos va... ¡gracias al Cielo! Yo espero no verlo en mi próximo viaje a México, no porque me duela su ausencia, sino porque pensaré que debió ser deber de todo el pueblo mexicano agarrar un mazo y echarlo abajo. Pero ya quequis, que muchos obreros nos ahorraron el trabajo.
.
¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Que cosa tan fea, tanto como ciertas cosas de Gdl -léase arcos del milenio-.