lunes, 22 de septiembre de 2008

En el nombre del padre.

Inicio de semana. Corrijo. Inicio atolondrado de semana. ¿No notan ustedes que mientras más se acerca el otoño, y su consecuente invierno, todo se va poniendo más pesado, y los días se van haciendo más lentos? Yo hoy llegué a esa conclusión al notar a mis compañeros de clase en plan más faltante que el de costumbre -El Meromerosaborranchero afirma estar pasando por un periodo de "extraña pesadez"-, a los empleados de las librerías que visito menos dispuestos a perseguir al cliente -como si uno pudiera robarse algo con esos detectores tamaño rotwailer que tienen en las puertas-, y a los miembros de mi familia mucho, mucho, mucho menos protestantes.
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Y mi indagación también llegó a la conclusión de que la pesadumbre que se vive por estos lares iniciando la semana, no se compagina con la que se vive en la capital de la República, lugar que es actual residencia del mayor de mis hermanos, que por motivos económicos, sociales y hasta turísticos -que involucran a todos los anteriores- siempre tiene que andar en friega y robándole el tiempo al resto del país.
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Sucede que hoy, cuando me disponía yo a declarar esta como la entrada 199 de El Baile de la Coma, y adelantar de una vez, a falta de tema expositivo y a sobra de ganas de celebrar, el festín que se estaba preparando para la entrada 200 -próxima desviación, preparen su cuota-, cuando estaba yo dispuesto a dejarme llevar por esta absoluta pereza que flota en el ambiente, haciendo una entrada con puros puntos suspensivos (.............., o en su defecto .,.,.,.,.,.,.,), el mayor de mis hermanos, que, como dije, dada su localización geográfica no comparte conmigo esta dormición absoluta, depositó en mi bandeja de entrada de correo electrónico un mensaje con absoluto y comentable contenido informativo.
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Resulta que ciertos diputados locales del PRD en el Distrito Federal han decidido emitir una iniciativa de ley -es que toda ley inicia con una iniciativa, si no, no chacha- con la cual pretenden -además de iniciativos, pretensiosos- cambiar el artículo 58 del Código Civil Federal que establece que todo niño registrado como mexicano recibirá como apellidos, en este respectivo orden, el proveniente del padre y posteriormente el de la madre, sin distinción ni alteración posible.
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Osea que, con este cambio, los padres del innombrado podrán poner a su gusto sus respectivos apellidos en el mocosete, evitando así, dicen los diputados, toda cuestión o idea de prevalencia de alguno de los dos engendradores sobre el engendrado -nótese cómo evito decir "niño" olímpicamente-.
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¿Equidad de género?, ¿idea con fines de exaltación del partido?, ¿búsqueda de opciones para la prevalencia de ciertos nombres o cadenas filiales? Sepa la bola -y a la bola, ¿alguien le ha preguntado ya si sabe?- El punto es que a mí, como seguramente también a mi hermano -ok, ok, rara vez nuestras opiniones coinciden al primer encontronazo, pero luego me preocupo en convencerlo-, nos parece que esta es otra iniciativa más para evitar entrarle de lleno a las reformas legislativas que tanto le urgen al país -bueno, a la capital, que supuestamente intentan legislar esos señores, también-.
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¿Qué hay de Pemex y los otros energéticos?, ¿qué de el presupuesto a partidos?, ¿qué de lo destinado a programas de promoción pública? ¿Ya arreglaron los legisladores de este país el asunto de nuestros límites de aguas?, ¿ya hicieron reformas sustanciales a los códigos penales que lleven a tener un México con más árboles, menos contaminación y más sanciones para los contaminantes, todo estoy de ley y para ley? No, no creo. Yo, al menos, sigo viendo el asunto medio turbio y medio indispuesto a la solución.
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¿Y los señores se preocupan más por pensar en una ley que deje a dos amorosos padres-aveces no tanto, pero generalicemos y, por bien de las ideas de muchos, pensemos que sí, que todos lo son- decidir un par de apellidos que, seamos extremos, los pequeños seguramente ni respetarán ni amarán? ¿Para qué darle prevalencia a la discusión de una ley que da un pasito minúsculo en torno a decisiones minúsculas, cuando lo que le urge a esta patria nuestra, y a sus leyes por ende, es dar pasos agigantados?
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Aquí mi propuesta final, que ya va oliendo a entrada número 200: nuestros diputados deberían más bien de legislar la elección de nombres para los hijos, prohibiendo aberraciones de la talla de "Braian Moctezuma" o "Eleodoro Abulón". Esto, señores de las cámaras y los consejos de todo el país, sí nos haría un favorzote. Yo, aunque a otros sí les guste mi nombre, o de plano les dé igual, sigo esperando justicia.
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¡Salud! (¿lo huelen? Es el olor de 200 saludes. Yumi.)

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Ja. Fue mi reacción al enterarme de esa noticia por los siempre oportunos "licuados". Con esa gente tenemos para corajes y más, ellos deciden ignorar la sangre en las calles, yo decido reírme de ellos, por lo menos ahora que puedo, porque según muchos expertos en todo, hasta en astrología, se viene lo más difícil para este país. Esperemos que después de mucho batallar, consigamos un avance.
Valentía e slo que necesitamos.