viernes, 12 de septiembre de 2008

El otro viaje.

"Una tarde naranja, Julia Corzas le abrió la puerta su tercer marido (...) Sacaron el tablero de ajedrez. Abajo estaba el lago adormeciéndose. (...) <<¿Por qué se van los maridos? ¿Por qué te fuiste tú? >> <>, contestó él. <>, dijo Julia y pasó un ángel con su caudal de silencio".
Maridos, Ángeles Mastretta.
.
Así arranca, aunque con muchas otras frases más que le dan agarre, Maridos, el último intento de la escritora poblana Ángeles Mastretta por alcanzarle los talones a sus dos más grandes creaciones, Mujeres de ojos grandes (1990) y Arráncame la vida (1985, ya comentada en las primeras entradas de este blog). Sobrará decir que otra vez la esposa de Héctor Aguilar Camín -sí, el peloncito conductor del programa de comentario Zona Abierta- se quedó lejos de superar su propia marca. Pero no sobrará decir que he dado pie de inicio a esta entrada con semejante frase porque hoy, tras muchos meses de no vernos, tras una semana de constante y fijado reencuentro, La Arandera y yo nos dimos la tarde y nos sentamos a jugar nuestra propia partida de ajedrez.
.
Las reflexiones vinieron antes. De hecho, he estado pensando que si el Messenger no nos hubiera ayudado antes a poner las cosas claras, difícilmente se hubiera dado el acercamiento de hoy. ¿Por qué? Porque cuando una relación como la nuestra acaba, tan rodeada de olores, sabores, crecimientos e inexperiencias, es necesario un choque estelar, forzado, forzoso, para que sus actantes regresen a escena y se propongan tapar -si no, por lo menos señalar- el gigantesco cráter que ha dejado la colisión.
.
Y ya con el asfalto preparado y la vaciadora de cemento en marcha, ella y yo abrimos el tablero y pusimos otra vez las jugadas sobre la mesa, nos vimos a los ojos y nos descubrimos las férreas intenciones. En la plática previa ella dijo que la cosa no arrancaría otra vez porque yo ando bastante "verde" para el asunto. Es su percepción, y la respeto, como la respeto a ella y todo lo que le toca. Yo no creo estar "verde" para una relación, pero sí en un momento de mi vida en que estoy en franco y pleno disfrute de mí mismo, tras espantarme en mucho los pájaros de mi cabeza, y, sobre todo, tras hacer una purga -organización- interna, pormenorizada y decidida, de los recuerdos y los momentos vividos hasta ahora.
.
Así que reunimos las ánimos y volvimos a tomarnos de la mano. En nuestro caso, no frente a un lago naranja sino a una pantalla cinematográfica sobre la que se proyectaba el último intento cinematográfico de Roberto Sneider (Dos crímenes, 1995) por trasladar a la imagen una creación de tinta y papel, creación proveniente justamente de las manos de Ángeles Mastretta, Arráncame la vida (bien por la Talancón y el Jiménez Cacho, la adaptación y la ambientación; mal por el De Tavira, que se vio más mejor en Cansada de besar sapos).
.
Porque es imposible no evitar la atracción, o reprimir el impulso. Somos dos, constantes, sonantes, y muy dispuestos a vivir -bueno, creo que ella más que yo, pero ¿qué le voy a hacer?, mujer tenía que ser-. Hubo torres caídas, alfiles robados y peones masacrados. Hubo también pausas de reflexión, recaídas y sobresaltos. Pero al guardar otra vez las fichas en la cajita, ella y yo regresamos a casa con una amplia sonrisa en el rostro, ésa que sólo puede dejar tras de sí el sentimiento de que está uno resanando sus propias heridas, y dos -o más, ya no me acuerdo- besos robados.
.
Dicen que los viajes nunca vienen solos, y que si ya preparaste uno, es bueno te vayas preparando para la rachita que le seguirá. Yo lo creo. Hoy emprendí uno, antes que el de mañana, a mi pasado reciente, al último amor tras la última puerta, y no me fue tan mal como podría esperar. Tanto así que estoy esperando la revancha. Y, esta vez, no habrá ajedrez melancólico sino jaquemate estratégico. O eso espero... o eso imagino.
.
"Luego entró en la casa evocando un principio. Aún temblaba en la mezcla de sus alas la misma inquietud de los viejos tiempos. Tarareó una canción. ¿Qué otra cosa ha de hacerse en días así? La tarde también era naranja y se iba tras el agua y los montes. Guardó el tablero de ajedrez".
.
¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Ya te dije lo que opino al respecto, y reitero que me da gusto. Me llegó tu mensaje maldito perro desgraciado afortunado ya te merecías este viajecito, si no lo disfrutas te regreso cabrón, y sin ropa interior, a ver cómo le haces.
Beso a ti y Benjamín.