miércoles, 24 de septiembre de 2008

El arte de las 200.

Imaginen por favor ustedes un pequeño trometista. El trompetista -muy parecido al personaje del Rey en la versión animada de Disney de Alicia en el País de las Maravillas-, corre por un escenario alfombrado de rojo, mientras la única luz visible lo sigue cuanto puede. Todo es negro, a excepción del trompetista -y su trompeta, claro, que será dorada, o cobriza, o algo por el estilo-, la alfombra y la luz que va en pos de él. Al llegar a un micrófono, nuestro trompetista levanta su instrumento musical y entona una diana desbordante.
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Así, señoras y señores, comienza ésta que es, en tonos tan festivos como imaginativos, propios de lo que celebran, la ducentésima -crédito aparte para El Apapachoquealivia, que me consiguió el número en ordinario- entrada de El baile de la coma, un blog creado hace 9 meses -si nos hubiéramos entregado a arrebatos pasionales propios del rito amatorio cuando iniciamos este camino, ya andaríamos pariendo un niño (o más)- con la única, sencilla, cabal y temeraria -temerosa no, eso nunca- intención de bailar al ritmo de la que mejor sabe hacerlo: la letra.
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Y como a mí esto de los festejos me sale cada vez más macutre -sabia combinación de "mamón" y "cutre"-, tras agradecer a lo debido-ya lo haré de nuevo al final, que tengo lista larga-, me he propuesto bajarle las luces a este baile, pintar todas sus paredes de blanco carmesí -?- y traerles a ustedes un blog convertido en sala de exhibición. ¿De qué? De tres obras artísticas -una por cada trimestre que me han acompañado, a mí y a mis informantes, pues- en cuya admiración coincidimos, como pocas veces, el cánon y ésta su pluma. Aquí se las dejo. Observen, miren, degusten, y luego sigamos celebrando.
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Por la juventud de su autor al momento de realizarla -24 añitos nomás-, por la magia con que combina distintos movimientos y pulsiones, por la fama que su propia belleza le ha ganado alrededor del mundo, La Piedad, obra escultórica del multifacético artista italiano Miguel Ángel, entra en esta triada de obras maestras con pie propio y fortalecido. Me dicen mis informantes que el llamado "complejo escultórico" -es que en realidad está elaborado con base en una técnica que combina a la perfección la interacción equilibrada de dos personajes esculpidos: una Virgen serena tras la muerte de su hijo único; un Jesucristo inherte, recién bajado de la cruz- fue realizado por encargo al artista renacentista -aunque la obra, explican los expertos, que no mis informantes, coquetea salvajemente con el barroco por su composición- por el cardenal Jean Bilhères de Lagraulas , nuncio apostólico -embajador, pues- de Francia en el Vaticano, en 1498, con la condición de que la obra fuera entregada un año después. Días antes de cumplido el plazo, en 1499, el cardenal falleció y la obra, terminada para entonces, se colocó sobre su tumba. Sobresalen los contrastes evidentes en su "trama": el movimiento -símbolo de vida- en la ropa de la Vírgen, contrastante con la rigidez y la tensión en las formas del Cristo muerto; la tenacidad que cobra el mármol -que, me dicen también mis informantes, fue escogido personalmente por Miguel Ángel según la idea que tenía en mente del proyecto, y luego tallado con cincel y martillo hasta darle la forma deseada- para hacer que la mano del Jesús muerto parezca real, muerta, pero real; las formas del cuerpo muerto versus la oscuridad que los pliegues en el manto de la joven madre doliente generan. Un obrón, sin duda, de esos que ya ni por asomo se hacen.
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Nacido en Francia, mientras su dinámico y laureado autor cursaba un segundo periodo de retención en el hospital siquiátrico de la localidad de Saint Remy de Provence, en cuyos cielos nocturnos se inspiró, La noche estrellada, de Vincent Van Gogh es, más que una obra de arte, el reflejo-interpretación del ansia de libertad -la del alma ante la asechanza de la muerte, la del cuerpo ante la ausencia de salud, la de la mente ante la ausencia del descanso- que todo ser humano vive y padece a lo largo de su existencia -si no me creen, acuérdense cuando faltan cinco minutos para que se acabe la clase, y ustedes no dejan de ver el reloj, rogándole sea cuatito y se adelante velozmente-. Considerado postimpresionista -eso es nueva información que me traen mis informantes, ya que según yo, el pintor francés era considerado simplemente impresionista-, el cuadro es una obra de arte no sólo por la sabia combinación de colores en que se ejecuta -el amarillo, el blanco y el casi imperceptible rojo de la fiesta, la vida; el azul y el negro, contraste cruel, dulcemente chillante, de la muerte, la soledad, la enfermedad y la penuria-, sino tambien por el contexto en que ha sido creado. Ésta no sería ni por asomo la última obra del artista, pero sí podríamos decir que es, junto con Los girasoles y Cuarto del artista en Arles, la más famosa. ¿Será acaso su belleza cautivante, convincente, que de algún modo atrapa al expectador, esté enterado o no de la dramática inspiración que lo ha criado? ¿O la fama de su autor? Como sea, La noche estrellada es una obra maestra de la locura, la perdición y la tristeza, sobre la cual siempre, por más que sea negra esa noche eterna, brilla la luz de los astros celestes.
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Ok. En esta última, estoy de acuerdo, mea culpa, rompimos el abigarrado abrazo a la crítica artística de todos los tiempos que habíamos estado dando con las anteriores dos. Pero, ¿qué quieren? Si el alma es débil y la carne más. Ésta que ustedes ven, no es la foto más famosa de la vedette del cine y la farándula norteamericana Marilyn Monroe, ni siquiera la más reveladora. Pero sí es, pese a lo que muchos podrían opinar, la más aclamada por la crítica: fotografiada para la revista Time tan sólo semanas antes de su muerte -misteriosa, está de más decirlo-, cuando su adicción por las anfetaminas y el complejo intríngulis amoroso que había vivido al lado del cada vez menos grato presidente John F. Kennedy la tenían más apesadumbrada, más dolida, más acabada, la imagen de Marilyn que yo les presento dista mucho, pero mucho, de aquella tan famosa en la cual la modelo y actriz intenta retener su volátil vestido del aire que la acosa al estar parada sobre una respirador en cierta famosa calle de Manhattan, y mucho, pero mucho más, de aquella extraída de cierto número musical de su famosa película Los caballeros las prefieren rubias -luego parodiado por Madonna en el video de su canción Material girl-. Es, más bien, la imagen de una mujer hermosa que ve cercana su muerte, la plasmación del mal de amores en un rostro acabado, dolido, que para colmo de males acababa de sufrir la extracción de ciertos tumores en el páncreas -de ahí la cicatriz en el bajo abdómen-. Es la cara de la recuperación dolorosa, del final amigable. Si se suicidó o no, es lo de menos: la modelo es un absoluto alegato a la vida, un grito al viento y un silencio absoluto a la inconformidad de lo pasajero de nuestros días. Queda, pues.
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Va, ya subidas las luces y apagados los ensambles, un gracias infinito. A La Wendy, El Alejandro, El Apapachoquealivia, El Pável, La Gala, La Butter y toda la banda de España, a mi hermano el mayor, El Tahualpa, La Chabela, La Casicasi, La Fer, La Traviata, La Wera, El Luidgi, El Miroslava, La Zucaritas, El Sexsymbol, La Garrasemueve, La Trompo, La Prisciliana, La Cotejasentaderas, Los Tres Anónimos, y toda la bola de lectores, directos, indirectos, comentados o no, letrados o no, invitados o no, conversadores o no, inspirados o no, que han hecho de estas 200 entradas 200 razones de ser y 200 sentidos palpitantes. Es gracias a ustedes, a los que tengo oportunidad de abrazar en persona y a los que diario les ando debiendo el apretón de espaldas -casi siempre por cuestión de distancias geográficas más que de deseo-, que esto se ha construido no en base a la unísona linea inicial que yo proponía hace 200 entradas -decir, escribir, expresar-, sino a otra doble, funcional y casi me atrevo a decir que perfecta: recibir, comentar, dialogar. Este es su blog, más que mío, y aunque siempre insista que se debe a mi intelecto, he de acusar a mi intelecto de faltante y a su razón de aplaudible y dadivosa. En ustedes y para ustedes, otras muchas entradas de éstas (y no fue albur).
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¡Salud!

2 comentarios:

Alejandro Bercini dijo...

Pues primero y antes que se me acabe el poco tiempo que tengo para revisar asuntos personales en la oficina, muchas Felicidades por su - como usted mismo mencionó - duocentésima entrada. (inserte sonido de aplausos aquí)

Le ha invertido horas y horas de arduo - o quizá no tan arduo pero igualmente invertido - trabajo en tan poco tiempo. Digo, 9 meses es poco tiempo para haber logrado la nada despreciable y bien admirable cantidad de 200 entradas. Un hijo bien concebido, así es mi estimadísimo amigo de letras y andares por el mundo, usted ha concebido, oficialmente, a un hijo "El baile de la coma".

¿Podría alguien definir este lugar? Sería muy complicado y pedir mucho, la verdad es que este lugar tienen una personalidad muy compleja y ecléctica, un espacio muy "garigoleado" (y no por colores sino por letras)o, como se diría a la mexicana, aquí hay de chile, mole y picadillo.
No hay tema que se salve de la mirada crítica y objetiva de nuestro anfitrión "Agus". Como ya lo hemos visto, desde Van Gogh hasta Marylin Monroe, ya sea película, libro, poema, poeta, música, circunstancia, o a sí mismo.

Una vez más felicidades por el cúmulo de entradas que, afortunadamente, no han decaído en calidad, sino por el contrario, el ojo del crítico y narrador nuestro se ha vuelvo cada vez más objetivo y más crítico.

Saludos desde Neverland.

P.D. ¿Viste la exposición de Julio Galán? ¿Qué te pareció? Maravillosa, ¿no crees?

P.D.2 Hoy es jueves, hoy se vale brindar por su festejo (en realidad cualquier día es bueno para brindar), SALUD!

P.D.3 Gracias por las gracias (redundante? jaja)

Wendy Piede Bello dijo...

Yo digo que no hay porqué darlas y que disculpes, pero después de diez días de andar más que ocupada, me pongo al tanto.
Gracias a ti, este blog ha sido más de una vez un vaso de agua en el desierto (de cocacola no, porque no me gusta).