miércoles, 17 de septiembre de 2008

Crónicas de la Nueva Nueva España IV.

"En México no hay tragedia; todo se vuelve afrenta".
Carlos Fuentes, La región más transparente.
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La plaza se bañaba poco a poco con la luz de los arbotantes. El gris natural de la tarde daba paso a una experiencia multisensorial: el amarillo de las farolas a todo lo largo de la Plaza de la Constitución; el olor sacro del copal de las limpias chamanescas; el garasposo de la voz de Paquita la del Barrio -"Santa Paquita"... ruega por nosotros- vibrando en las bocinas. La fiesta, que no necesita de un sentido especifico para vivirse.
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Heme aquí, parado en un extremo de la plaza pública más grande del país, este Zócalo en este México mío que este año ha quedado a dos de tener cien como -oficialmente hablando- nación independiente. Este México mío -y de los que ayudan con los gastos- que es eterna verbena y profundo grito. Este México mío de luces y sombras, aforismos y sinrazones. Este México mío de bandera, héroe y nopal. Este México dios.
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Pensaba en todo esto, y también me reclamaba súbitamente el estar ahí, casi solo, en el cúlmen de la celebración nacional y de un viaje que ha sido de todo y para todo, en medio -literalmente hablando- de una ciudad de más de diez millones de habitantes, tan lleno de peligros, cuando la plaza se llenó de pronto y la gente -el pueblo, la raza- le dio la más cordial bienvenida y hasta la palabra a uno de sus principales líderes.
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AMLO tomó el micrófono, casi al mismo tiempo que mi hermano aparecía a mi lado para darme la chamarra que me había traído desde su casa. Y México frío se calienta con la palabra del líder; la lluvia no cede, el exjefe de gobierno y excandidato presidencial tampoco. Clama soberanía, y el pueblo clama; exige legalidad, y el pueblo exige; insita a una marcha, y el pueblo camina con él.
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Entonces México se nos transparenta, a dos hermanos provinicianos que no votamos por el agente divisor, como dos Méxicos: uno que cree en la existencia de un fraude electoral y, ante la negación institucional, levanta a su rey fuera -no por encima, por más que lo crean- de las instituciones que lo niegan, de la institucionalidad misma -lo que casi lo baña de antiinstitucionalidad-; y otro que, si bien no cree a pie juntillas en el fraude electoral, tampoco se niega a recibir la verdad. Un México doble, que habrá de costarle caro -más, sí, más todavía- al México total.
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Y al irse el líder con sus seguidores, la plaza casi sola se vuelve a llenar. Entra el México de verbena y sale el México de política y sobresalto. Y con el legítimo -institucionalmente hablando- en el balcón de la sede gubernamental -institucionalmente hablando también-, se da el otro grito: el no marginal, el centralista, el de la fiesta total. No es que Calderón sea el verdadero, es que el pueblo elige, y hay tanto pueblo que ninguna de las dos opciones se queda desangelada.
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Nos regresamos a casa en cuanto se apaga el último de los fuegos artificiales. Increíble que un México tan caótico tenga una fiesta popular tan ordenada; dividida, doble, pero ordenada. Es qeu así es México, todo: el orden del caos.
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¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Yo me enconmiendo a Santa Paquita cada noche, de hecho le puse su altarcito con una botella de mezcal y toda la cosa, y me consiguió novio.
Yo creo Agus, que no te vayas a vivir allá, no con la idea de que la ciudad te dará el éxito que queires, porque tú lo consigues hasta en Buthan -llévales una tele a ver si no, jojojojo-; me parece que la ves con ojos de turista, de turista provinciano no en un sentido peyorativo.
De que es la gran ciudad, lo es, pero yo no quisiera que ese amor que le tienes se te acabara y termines amargado por obligarte a amarla cuando ya no te de motivos.
O es que en realidad como yo no sé si estaré aquí, o estaré allá o acuyá, no quiero que te vayas a donde yo no esté.
Quien sabe, a lo mejor habla el inconsciente o subconsciete o paraconsciente, el chiste que por lo menos de aquí a principios de diciembre, la estancia es segura.
(Demonios, extrañar tanto a Cas me hace pensar en lo que te extrañaría a ti).
Beso.