viernes, 8 de agosto de 2008

Y así, señoras y señores, se hace la luz.

El mundo de los mundos -en especial el de la mercadotecnia, pero también el de los que creen que existe la posibilidad futura de una humanidad pacífica- se llena hoy de la magia, el simbolismo y el espíritu deportivo más fino y racional que pueda verse en la Tierra cada cuatro años, para asistir a la inaguración de uno de los eventos mundiales más importantes -repito, para los diversos mundos que componen el nuestro-: la vigésimo novena entrega de los Juegos Olímpicos de la era moderna.
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A temprana hora de la mañana, dispuestos a empezar el trabajo tarde con tal de no perder un solo detalle del evento, su cuasiseguro servidor y la progenitora de éste agandallaron la televisión familiar provistos de café y galletas, sólo para asistir, a miles de kilómetros de distancia, a la inauguración de los Olímpicos de Beijing y la fiesta que con ellos han traido a todo el que esté dispuesto a chutárse las coberturas por televisión.
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Pero como mi madre y yo nada más tenemos espíritu mitotero, y lo de los deportes nos viene cayendo igual de mal que un resfriado en verano, en cuanto vimos que terminaba la inauguración, y antes de que López Dóriga comenzara a soltar mamarruchada y media sobre el espíritu humano y su quintaesencia, apagamos la tele y salimos de casa dispuestos a cambiar el mundo, o cuando menos, a llevar el pan al hogar.
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Y antes de salir, claro, fuimos testigos del formidable e irrepetible encendido del pebetero olímpico, que como cada cuatrienio es producto de una planeación estratégica digna del evento más visto de todo el evento mismo.
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Yo todaviá no bailaba muy bien que digamos, pero los que sí lo hacían -mis hermanas, fanáticas de las encendidas del pebetero por igual- me cuentan que una de las más impresionantes se vivió en los Olímpicos de Barcelona '92, cuando una flecha teledirigida viajó cientos de metros en el aire para ir a caer en una copa de acero que dominaba todo el estadio.
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Está también, y esa sí la recuerdo, la versión de Sidney 2000, donde una Kathy Freeman retirada del espectáculo deportivo por problemas con los anabólicos, se metió hasta las rodillas en un pequeño estanque en la mitad del complejo deportivo australiano donde se llevó a cabo la inauguración, y, al poner la antorcha olímpica sobre la superficie del agua, justo cuando todos pensábamos que la había regado y que la Freeman nos había aguadeado la jornada, un círculo en el agua se contagió de la flama y de las profundidades mismas del pequeño entorno océanico, surgió el pebetero completito, en forma coronaria.
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Y ya para acabar, y esto porque no me acuerdo de las demás, habría que recordar la de Atenas 2004, en la que el pebetero bajó hasta el atleta y luego, ya bien encendidito como vela de cumpleaños, se elevó solito y guardó su lugar en la estructura del estadio hasta ver su apagado en la clausura del evento deportivo.
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Este año, los takayakas -término materno aplicado a todo aquel ser humano, o conjunto de ídems, que guarde la proporción facial de los ojos razgados- se lucieron encenciendo la llama del pebetero haciendo correr a su atleta portador en vertical -agarrado a cables, no vayan a creer que los chinos son crueles con todo el mundo- por todo el perímetro del estadio, hasta llegar a una especie de espiral que prendió como Judas en Viernes Santo, llenó el estadio Nido de Pájaro -ni se les ocurra pedir el término en mandarín- de fuego y luego, ya cuando todo mundo pensaba que el estadio entero era el pebetero y que el primero que saliera huyendo sería el que ganaría más medallas, llegó hasta un escondidísimo receptáculo que tenía la misma forma de la antorcha olímpica, claro que mil o diez mil veces mayor.
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Yo nomás espero que el encendido de aquella llama nos haga prender también la nuestra. A México, así como está, le hacen falta muchas cosas, pero sobre todas ellas, la luz de la esperanza. Decía hace poco Guadalupe Loaeza en una atinada columna que México está triste. Sí, lo está, y si los chinos no nos han puesto el ejemplo hoy al encender una velita -de quién sabe cuántos millones de litros de gas- pese a sus debastadas circunstancias y su trémulo pasado, nada, ni siquiera que todos los políticos ardan en un ataque colectivo de combustión instantánea, o que una bomba de fuegos artificiales caiga sobre las editoriales de Caras y Quién, nada nos marcará el camino, nada nos hará sentir seguros.
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¡Salud!

2 comentarios:

Victor H. Vizcaino dijo...

5, 4, 3, 2, 1, 0
AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA.
La cuenta regresiva más excitante de todas las que puedan existir en este planeta.

El espectáculo mas esperado por uno de tus lectores, sacio expectativas y hasta las supero, al menos para mi, siendo así, me previne y grave todo el evento, si, TODO, las 4 horas 27 minutos, y como jefe de negocio hasta me tome la mañana para verlo de todo a todo, fue tal la emoción que llore, si LLORE, yo que soy tan seco en muchas cosas, (especialmente las películas rositas), y si, soy de los que creen que existe la posibilidad futura de una humanidad pacífica (hasta mensajes mande para recordarles a los dormilones), y no se que tenga que hacer para ver ese sueño como los takayakas lo dieron a conocer, pero mi proyecto esta en construcción, por que me voy a Londres para las del 2012, y mas por que de niño decía que ese seria el año en que me iba a casar, solo por que una caricatura que me encanta, se ubicaba en ese año, JAJAJA, eso si Dios me da Licencia, por si alguien se anota, para dentro de dos años comprar los boletos, así es esto, protocolo desde años antes.
Respecto a lo de México triste, estoy totalmente de acuerdo, vivimos en la triste tristeza de unos y la precaria tranquilidad de otros, pero pongamos el ejemplo del país anfitrión de estas olimpiadas, en donde demostraron y demostraran un compromisos social, un compromiso general, un compromiso con el país que los cría, basado en buenos ciudadanos para así ver buenos gobernantes, eso es lo que nos falta, poner nuestro granito, para así contagiar a los demás, y que ellos también pongan el suyo.

Saludos cordiales.

“Un sueño, un Planeta”
08/08/08 Beijing 2008

PD:
Y prepárense por que esto es solo el comienzo.

Wendy Piede Bello dijo...

Yo ni me acordé y este viernes ha sido de mucho trabajo para mí, así que no tuve tiempo de ver ni la repetición. Besos, tengo zapatos nuevos.