lunes, 18 de agosto de 2008

Tras los pasos del gigante.

Da risa leer las cuestiones económicas más básicas en los libros de historia, filosofía o economía, porque eso significa adentrarse en el sostenimiento de tesis tan inválidas como sofisticadas, no adoptables en una sociedad naturalmente humana, que lo que menos hace es guardar reglas y seguir patrones -tan sólo la semana pasada. el New York Times publicaba una larga lista de cuestiones que los expertos en dichas materias consideran inabarcables por la razón humana (ya ni pa' qué quemarse las pestañas, pues)-.
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Entre esas cuestiones risibles que los teóricos económicos manejan como verdades aparentes, se encuentra la idea de que llegará un punto en la historia de la economía en que el comercio dejará de existir, todo se monopolizará, y las naciones mismas rendirán pleitesía, con todo y bandera y demás símbolos patrios, a dos o tres marcas-empresas que controlarán todo lo que pueda imaginarse como bien o servicio, desde las conchas de El Globo, hasta las cremas de depilar -mujeres del mundo: uniros para sufrir-.
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Risible y no. Hoy, citados por su jefe a una hora pornográficamente temprana, mi madre y yo, que soy su chalán, partimos presurosos a una cita de trabajo en la matriz de la popular -e italiana- marca de chocolates que ella distribuye en su changarro personal. El motivo de la cita era en realidad una junta en la cual se tocarían temas de vital importancia ante la llegada de un nuevo jefe de concesionarios -mi madre es catalogada como concesaria, no como jefa- que dice poseer geniales ideas y magníficas propuestas para que todos los que trabajen con él nunca más padezcan hambres, fríos o pestes -ya la falta de dinero se verá después-.
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Y como todos andábamos con los ánimos muy ennubilados, El Charles Warrior -el nuevo jefe en cuestión- se encargó rápidamente de moderar los ímpetus estableciendo una cuestión trascendental, sufridamente trascendental: "Wal Mart representa para nuestra marca el 70% de sus ventas. Cuando Wal Mart pone descuentos, le pide a nuestra empresa que se los patrocine con producto gratuito. Si la empresa se niega, Wal Mart retira sus productos de sus tiendas. ¿Creen ustedes que nuestra empresa no sacrificará ganancias y utilidades, con tal de estar en todas las tiendas de la cadena de supermercados, y tener así seguro el 70% de sus ventas a nivel nacional?"
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Para cuando la charla terminó, todos los concesionarios -y también sus respectivos chalanes- teníamos el ánimo por los sueños y soberanas ganas de ir a patear al primer empleado, pariente o parecido de Sam Walton -el creador de Wal Mart, según mis informantes y los folletitos que me dieron cuando fungía como cajero en una de sus tiendas-, hasta no dejar ni el polvo.
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Ya mi hermana la mayor, que de eso y otras cosas sabe mucho, me había explicado en alguna ocasión, cuando yo andaba en un poco habitual periodo de atención decidida, que el modus operandi del gran mounstruo del comercio al detalle -léase justamente Wal Mart- era castigar a sus proveedores, ya con la fijación de descuentos que éstos terminaban pagando, ya con la devolución sin tregua de mercancía en cantidades industriales que había sido comprada en cantidades igual de grandes, ya con ignorar a los surtidores que se portaran "gachos" y se pusieran sus moños para vender sus productos, todo lo cual redundaba -y redunda- en mucha ganancia para la cadena estadounidense, mucho mercado para la cadena estadounidense, y mucha felicidad para la cadena estadounidense, con un consecuente cierre de mercados ante la politización y un obvio derroche de descuentos y rebajas de toda índole.
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Wal Mart parece decirle al mundo entero, con su política de compra al menos, "El supermercado soy yo", y no hay nadie en el horizonte que se decida a ponerle el alto. Según el mismo Charles Warrior explicaba en la mañana, si las cosas siguen así, en dos o tres decenios el supermercado de la carita feliz habrá capturado el 70% de las ventas de todo lo pensable en nuestro país, desde papas Sabritas hasta carne asada, y ni siquiera la temida unión de otros dos medianamente grandes, Soriana y Gigante, llevada a cabo en recientes fechas, podría hacer temblar al gigante de los precios bajos.
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Yo, trémulo y poco decidido como soy, temo decir que compro mayoritariamente en Wal Mart y hasta he llegado a sentir relativa simpatía -que no estima, porque, ya lo decía en entradas anteriores en palabras de La Traviata, "estimas a tu perro"- por la marca y su modelo de operación. No es que sus precios sean los más bajos -bueno... eso está por verse-, sino que su visión del cliente como herramienta sustancial en la base operativa del negocio me viene bien como cliente quejumbroso -que no distinguido- que suelo ser.
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¿Que si Wal Mart el día de mañana acabará con las tienditas y otros detallistas, y con ello se llevará a la coladera el negocio de mi madre y otros tantos distribuidores pequeños?, ¿y que si yo no estoy pensando en el bien de lo nacional, y a cambio estoy vendiéndole la Patria, sobajada como está, a un montón de changarreros gringos? Sí, ya he meditado todo eso, y he llegado a la conclusión de que o Wal Mart hace algo más efectivo por revertir la simpatía que siento hacia él, o me veré forzado a marchar para exigir un Wal Mart menos competente, con menos ropa barata, o con más productos caros, y menos garantías, y menos descuentos... olvídenlo, se me antojó un baguette de sus hornos, y no pienso detenerme hasta obtenerlo.
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¡Salud!

2 comentarios:

Wendy Piede Bello dijo...

Pues sí, bara bara, bara bara, lo que es barato para nosotros, sale caro para otros. Ya son bien sabidas las anécdotas de mi madre y el Wal Mart.

Victor H. Vizcaino dijo...

MMM…

Pues ya no se ni que pensar, ese tipo de actitudes que a juicio de la Administración se le conoce como políticas, vienen siendo resultado de la famosa Globalización, aquí se aplica el famoso “bien mayor”, el que una empresa como esta, forme gran parte de el movimiento de nuestra economía, es bueno, el que una empresa genere empleos al por mayor, con prestaciones superiores a las de ley, encima motivación, seguro social y todo ese tipo de circo y medio, es bueno, el que sea un intermediario tan grande al reunir una gama de productos enormes, es bueno, en fin, trae muchas ventajas y unas desventajas, entre ellas la riqueza de unos pocos y una especie de oligopolio.

Lo que corresponde a mi juicio es, o nos juntamos varios socios y le damos guerra, hasta que nos saque del mercado como pelotita de Golf aventada por Lorena Ochoa, o no le unimos, sin decir Pío.
Creo que la ultima opción me agrada mas, así que o “copelamos o cuello”

Saludos.