miércoles, 6 de agosto de 2008

¿Seguro?

A ver si entiendo: cada vez en este país uno puede ir teniendo menos ganas de salir de la cama ante la creciente -expansiva, diría yo, un término mucho más bélico y deleitoso- ola de inseguridad, que ya encajueló a un joven de 14 años -y en Ciudad Juárez, ¿a cuántas no ha descuartizado, y de todas las edades?-, dejó a Culiacán como queso gruyere de tanto balazo y casi acabó con la parsimonia y el espíritu alegre característico de Michoacán -porque en Michoacán, diría la desaparecida La Traviata en fechas recientes, "matan"-. Todo esto, y el departamento de publicidad -así le diremos, para evitar buscar al responsable- del Ayuntamiento de Zapopan, en el cual tengo a bien vivir, ya ha tapizado todo su espacio disponible con pintadas y pósters sobre lo poquito que ha habido asaltos bancarios en el último año -"0" es la cifra que manejan, y "ummms" es la expresión de todos los zapopanos ante dicho número-, y lo mucho que ha aumentado la calida' de vida en el pequeño -es un decir- territorio municipal -50%, dicen-.
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Osea que estoy por sufrir un corto circuito. ¿Qué acaso Zapopan no es territorio mexicano? Porque, digo, si ya todo México es territorio Telcel, ¿no es de esperarse que una parte de México sea, ya de perdis, territorio mexicano? Mientras mis dudas surgen, me acompleja saber qué hemos estado haciendo de más -o de menos, o dioquis- en Zapopan, para que aquí ni asalten, ni haya tantos pobres insatisfechos, ni siquiera se hable de secuestros.
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¿Será acaso que ya le dimos al clavo, y sólo es cuestión de que el resto de las cabeceras municipales, entidades federativas, regiones separatistas y hasta el Distrito Federal, que componen México, nos miren con cautela y apliquen nuestros métodos antiinseguridad, sólo es cuestión de observación ajena, decía, para que este país avance bien y bonito -más bonito que bien- hacia la restauración -ah, caón, ¿pues cuándo ha sido instaurada?- de su seguridad nacional?
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En reciente viaje al extranjero, mi hermano -es el único que tengo, por eso no le pongo calificativos de "mayor que" o "menor que"- me comunicaba el sentimiento de miedo que pudo apreciar en la ciudad en que se encontraba -Bilbao, España- ante cierto atentado terrorista que se presentó entonces. "El miedo en la población civil", me explicaba, "es una fuerza invisible que obliga a callar, o a hablar de más, o a andar todo el tiempo a la espectativa, con el deseo atorado en la garganta, las piernas sin poder andar, las palabras sin poder salir". "Un pueblo con miedo, nano (mido casi un centímetro menos que él, y sigo siendo "el enano"), es un pueblo incapacitado para vivir".
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En México, la inseguridad -vía narco, vía secuestradores, vía corrupción política y policiaca, vía lo que se les ocurra- nos tiene a todos los mexicanos con el pescuezo a medio llenar. Los más sensibles, esos que en otoño lloran por la caída de las hojas, y que nomás no pueden comprender el por qué de tanta violencia impronunciable, sufren las de Caín al enterarse de las siete cabezas encontradas, el mensaje que dejó el secuestrador, o el rescate que, tras millonaria suma, sufrió un descalabro porque entre los secuestradores había un policía antisecuestros. Los menos sensibles, como su seguro -?- servidor, sienten un vuelco en el estómago al mirar las fotografías de los periódicos, el triste avance de las estadísticas y la incomprensible actitud de las autoridades.
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Hace unos años, cuando cursaba yo mi primaria, mis padres y mis profesores hablaban de la inminente llegada de una revolución social. Hoy, a diez años de aquello, me pregunto qué tanto sería bueno replantear la cuestión. Nuestro presidente municipal -mío y de otros tantos, por eso no digo "mi presidente"- miente, o dice verdades a medias, que es lo mismo pero no es igual; nuestro presidente nacional, mueve cielo, mar y tierra para hacer ver que ha emprendido lo que él mismo ha dado en llamar "una cruzada contra el narcotráfico", mientras todos somos testigos de la corrupción pantanosa en que se encuentra la Policía Federal Preventiva, la PGR y todo el cúmulo de aparatos burocráticos oxidados que, supuestamente, participan en dicha "cruzada"; nuestro gobernador, que apenas y alcanza a subir a su silla, ésa que le queda grande grande como camiseta de pijama, prefiere regalar dinero al clero para evitar la desgracia de meterse en un conflicto político -¿otro?- por sus declaraciones sobre el teje y maneje de la Universidad de Guadalajara.
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Osea que la inseguridad nos tiene medio tullidos, y los que deberían estar haciendo algo, nomás pinole. Por eso mencionaba antes la cuestión de la revolución. Total, no pasa de que salgamos con deuda externa, conflicto interno bruto e historia apaleada, como siempre sucede, como nunca sucederá otra vez.
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¡Salud!

2 comentarios:

Butterflied dijo...

Me paso deprisa y corriendo, sin leer nada, pero prometiendo volver para intentar quedarme... La mariposa no se posa en el baile ni en ningún lado, ha tenido un verano movidito y ha dejado de lado los lugares virtuales... Pero los vientos de fiesta se acabaron y en los huecos que le dejen las obligaciones, volverá.
Siento mucho haberos abandonado a todos, pero espero ser bien recibida de nuevo.
Un abrazo.

Wendy Piede Bello dijo...

Para miedo, el de los gringos, van a termina matándose entre ellos, autodestruyéndose -¿más?-, por eso se dedican a consumir, vivir el momento sin importar el futuro. ¡Chale!