domingo, 24 de agosto de 2008

Primer día.

Ya está todo listo. En unas horas más, y aunque mucho hayan puesto estas vacaciones de por medio para intentar evitarlo, este su papichulo empezará el quinto semestre de su licenciatura -aplausos chingüengüenchones por favor-. Y como lo mío lo mío es dar panoramas, porque para los pronósticos soy pésimo, y para las memorias ni se diga, daré un panorama general de lo que sé que encontraré, por inercia, por situación, por historia, por histeria, en el primer día de clases que es mañana y se prolonga hasta las próximas veinticuatro horas.
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Un día lluvioso. Ya los primeros días de clases universitarios rompieron el paradigma, pero antes de ellos nunca me había topado con un primer día de clases en que el cielo no amenazara con caer a cuentagotas. Ya era casi requisito para mí tomar el paraguas junto con la mochila y los libros nuevos, y esperar que no lloviera en el recreo, pues nada hay más deprimente en un primer día de clases que un primer recreo lluvioso, que lo destina a uno a vivir bajo el frío abrigo -?- de los pasillos escolares, donde toda la hormona se apretuja y son gestados muchos individuos -no lo sé, es leyenda urbana, me lo han dicho-.
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Un nuevo recopilador. En una nueva mochila, con una nueva pluma y un nuevo blog de notas. Esto de estrenar en el primer día de clases debería considerarse tradición obligatoria, so pena de morir emplasticado. Yo todavía recuerdo el romántico olor de la mochila nueva al abrirse como rosa en primavera, con todo su relleno de cuadernos nuevos forrados de plástico pegajoso -había crueles (pero prácticas) mamás que llenaban de talco los útiles para su fácil manejo-, y esa extraña mezcla de entre madera de lápiz y hoja de papel que inundaba todo el ambiente, que amenazaba con inaugurar un buen año escolar.
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Los libros diferentes. No diré que nuevos, porque por razones económicas no todos lo serán, pero sí diferentes, diferentes a lo antes leído, lo antes estudiado, lo apreciado hasta ahora. Yo, que no dejo de sorprenderme de lo poco prácticas que pueden ser algunas de las materias que he llevado, me conformo con que los libros sean una oleada fresca en medio de tanta controversia, de tanta inseguridad como suele darle a uno en los primeros días de clases -ya para el quinto semestre, cuando se tienen amigos y buenos ratos en la memoria, el miedo a un salón desconocido es irrelevante, pero no así el miedo a profesores maquiavélicos e insoportables, que podrían volver loco a cualquier desgraciado-.
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La razón. Porque ir sin ella a la escuela en el primer día de clases -ya cuando avanza el semestre se vuelve permisible dejarla en casa- es peor que ir a la guerra sin fusil... es más bien como ir a la tiendita sin dinero, o al tren sin cambio, o al castillo de Drácula sin alfileres -?- Razón de ser.
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Yo por eso, antes de aventarme a lo desconocido, tuve hoy fragante cita con mi amiga La Prisciliana para encomendarme a su virginal cuidado de buenas vibras -?- y su fascinante capacidad para hacer de todo problema un cacahuate. "Si alguien te ve feo, o si no te gusta lo que encuentras, recuerda que siempre tendrás la oportunidad de irte a tu casa y llorar como niño chiquito". Por eso la quiero... por entrona y macisa. Ya dije, y si la encuentran... le dicen que dije.
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¡Salud!

2 comentarios:

Wendy Piede Bello dijo...

Recuerda que en quintim ya no seremos amigos, así que ve buscando con quien juntarte, yo te puedo recomendar a una que otra arpía, o mejor, júntate solo, ocmo bien hacen algunos.
Hoy hay clase con el
Ash.
¡Ash!

Victor H. Vizcaino dijo...

A estas alturas, la primer semana de clases ya paso, pero aun así, espero nos vaya muy bien, me conformo con el bien, por que a decir verdad mi semestre pinta muy pesado, tan solo ya se asomaron 5 exámenes departamentales, no di de baja materias, por que lo veo como un reto, (chin!!!!, ya valió %$/&•) solo espero no irme a mi casa y llorar como niño chiquito.

Les deseo lo mejor.
Saludos.