domingo, 10 de agosto de 2008

Por el micrófono hablará el espíritu.

Todo iba bien. Yo ya creía que este blog tenía de todo como en central de abastos, y que nomás era cuestión de días u horas para que me hablaran del Pullitzer al mejor blog y me dieran el cotizado premio, y me voy enterando de dos cosas: que le Pullitzer al mejor blog no existe, y que a este blog mío -y suyo también, si me ayudan con los gastos- le faltan todavía muchos sabores por exponer, muchos libros por leer, muchas películas por destrozar.
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Fue mi queridísima La Cotejasentaderas, amiga de tiempo a, la que me trajo la mala noticia, y puso este baile a temblar junto con todos sus invitados. "Todo está perfecto", me dijo después que la invité a sentarse y hasta la botanita puse a su entera disposición. "Pero me preocupa que nada más hables de cine y televisión, y dejes diario olvidada a la radio". Tan bien que íbamos. Ahora, pensé, tendré que confesarle a mis tres estimadísimos lectores -las estadísticas dicen que son más, pero como tres son los que suelen dejar respuesta, tres contaré ciegamente- que yo no escucho radio ni por error, y que prefiero diez o quince veces comprar el carísimo CD de mi artista favorito a tener que andar recorriendo el cuadrante buscando su nuevo sencillo.
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No, no soy enemigo de la radio. La considero, indeed -ahí disculpen, luego que se les baje el coraje, el anglicismo, pero es que es mi única palabra gustada del inglés, y ni modo que la deje fuera cuando hay oportunidad de incluirla- , un excelente medio de comunicación y un formidable método de añoranza del pasado. Porque si bien la tele y el cine han ido y venido a su antojo, y variado sus métodos de exposición, así como sus temáticas, la radio se ha mantenido firme en su posición cual madrota conservadora -¿eso existirá?-, y no ha cambiado en nada su forma de llevar a cabo... lo que sea que hace.
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Me dicen mis informantes que aunque la radio apareció comercialmente hablando en la segunda mitad del siglo XIX, ya más bien cuando el XX aparecía por entre las colinas dejando ver sus belicosos rayos, no fue sino hasta entrado éste último grupito de cien años que Marconi patentó su maravilloso invento y dio lugar a la reproducción del mismo y su consecuente venta y comercialización, misma que persiste hasta nuestros días, cuando no hay hogar en todo el mundo que no tenga un aparato emisor de ondas radiofónicas, y cuando todo el que no tiene un radio a la mano en casa se preocupa como si tenerlo encendido todo el día fuera una necesidad vital.
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Pero me sucede que a mí las imágenes me ganan. Alguien podría pensar que eso es incómodo cuando se trata de decir cositas lindas al oído, pero los que me conocen saben bien que a mí me conquistan diez veces más rápido los chongos pronunciados que las palabras altisonantes con fines reproductivos -sí, próximamente sabrán los fines de las palabras... nomás dejen que ande inspirado-. Por eso no procuro la radio, pero la considero útil, sencilla y, ciertamente, carismática, al menos como medio de comunicación y difusión, que es lo mismo, pero no es igual.
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Por eso... ¡qué viva la radio! Ahora que el internet domina nuestras conciencias, he usado ya en varias ocasiones los programas de radio que por el mismo se transmiten, y hasta me he sorprendido de ver que, contrario a lo que puede suceder con los aparatos de emisión radial, a la computadora rara vez -?- se le acaban las pilas, cosa que proporciona el hecho lógico de mucho radio mucho tiempo.
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Y hablando de radio, y sobre todo si son fans del absurdo, les recomiendo el programa matutino de los 40 Principales (102.7 de frecuencia modulada), Ya párate, cuyo cúmulo de conductores arma diario buena salsa y mucha pachanga, o al menos la suficiente para empezar con buen ánimo y energía la jornada laboral -obvio, nomás están de lunes a viernes-. Homofóbicos y antidesorden abstenerse... de oír el programa y de leer este blog.
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¡Salud!

3 comentarios:

Victor H. Vizcaino dijo...

MMM...

Pues fíjate que yo me compre un aparatito para mi ipod que sirve para escuchar la radio y además como mando a distancia del mismo, y escucho casi siempre 93.1 de FM que es la estación llamada “Imagen Informativa, Poniendo a México en la misma sintonía” y a las 6 a.m. hablan de la Economía Mexicana y como afrontarla, JAJAJA, además me sirve mucho para estar en todo, noticias, resultados olímpicos, si estalla la guerra, etc.
En resumen, la radio es un medio de comunicación alternativo cuando no esta a disposición la tele o la computadora, y así forman el gran poder de tres.

Alejandro Bercini dijo...

Tampoco soy como muy fan del radio, de hecho solo la oigo camino al trabajo, pero ahi en fuera prefiero por mucho mi mp3 player, o los discos de mis artistas favoritos cuyas canciones no siempre encuentro fácilmente en internet. Pero tiene muchas cosas buenas, es un excelente medio de comunicación y perfecto para estar al día en las noticias mientras vas camino al trabajo o atorado en el tráfico vespertino.
Y por cierto, Ya párate es bueníiiisimo, bastante divertido, Como dicen tonterías y como me hacen reír.

Saludos desde Neverland que ha cambiado ahora de dirección, si buscas bien podrás encontrarme en chilangolandia (I know). Salud!

Wendy Piede Bello dijo...

Yo te recomiendo a Javier Solórzano de 6 a 9 de la mañana por Máxima FM 89. 1 -creo-, a Licuado (mmmm) en RMX 100.3 FM de 8 a 10, en la misma frecuencia a Gonzalo Oliveros de 4 a 6 de la tarde, y en la misma frecuencia mi favorita es Tania García en los Clásicos a las 3 de la tarde; y a Fernandita Familiar, como olvidarla, tú sabes dónde.
Y cuando me quiero enojar, escucho a Pedro Ferriz.