viernes, 29 de agosto de 2008

Favor de fumar.

Otra ley más que se aprueba esta semana. Una más y yo tiro la toalla y me declaro excento de toda responsabilidad -si La Wendy tuvo el atrevimiento de jurar que no estuvo presente cuando Colón descubrió América, esto cuando todos sabemos que ahí andaba, con taparabos,penacho y toda la cosa, yo también tengo la oportunidad de no echarme al hombro responsabilidades que no me competen, ¿no?-
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Esta vez le tocó a los fumadores. Bueno, de hecho, lo suyo no ha sido una ley aprobada sino una entrada en vigor -qué bonito término. Suena como a los tiempos en que el ejército ganador de una guerra (liberal:conservador; insurgente:realista; republicano:imperial; villista:carrancista) ingresaba en la ciudad en pleno desfile alborotado-. Ahora, a partir de hoy, de hecho, todos los fumadores tendrán prohibida la ejecución de su nociva actividad en los restaurantes cerrados y áreas públicas no ventiladas.
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Si ahí la dejamos -sueno otra vez como en la entrada pasada-, todo iría bonito, todo sería como en un paraíso de fuentes de cristal y lagos de malteada de vainilla. Pero no. Da la casualidad que esto es un Valle de Lágrimas y no una canción de Cri Cri, así que nada puede salir perfecto. La cuestión está en que esta, como toda ley -de nuevo huelo a entrada pasada-, lleva inmersos tantos, pero tantos intereses, que llega un punto en que, si se le busca, deja de ser del pueblo para ser de los interesados.
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Es un hecho que los fumadores no dejarán el vicio por el llano y risible factor de que ya no puedan ejecutarlo en una determinada área. Si se les prohibiera hacerlo en sus casas, y en la calle, o los estadios se retacarían de colillas de cigarro, o esto se transformaría en una verdadera prohibición. Pero como no será así, los fumadores seguirán fumando en donde la vista gorda de las autoridades se lo permitan, y en donde nadie con ganas de hacer moronga haga la de malas y dé el pitazo.
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Por eso es una ley a medias. La parte buena es que defiende a los que, como yo, hemos probado sin resultados favorables el cigarro dos o tres veces en la vida, y detestamos tener que estarnos chutando el humor de otros en nuestros lugares favoritos -¿les conté ya de la vez que se trabó el elevador en que iba, y mi único acompañante era un fumador empedernido? Es hora que no recupero por completo el sentido del olfato-. Esto es particularmente lo que tiene feliz a La Pau, y a muchos otros que ya veían lejana la opción de un México de restaurantes sin tabaco.
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La ley también impide que se venden cigarrillos sueltos, legislación cuyo propósito no entiendo del todo, pues los fumadores seguirán de cualquier modo comprando cigarrillos, vengan en cajas de veinte piezas o en paquetes de doscientos. La opción de comprar uno a la pasada en el puesto de revistas camino al trabajo, o en la tienda más cercana, vedada queda pero no disminuye el consumo. No creo, conociendo de cerca a varios viciosos, que no poder comprar de a piecita los detenga para fumar.
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Los que deben de estar poniendo el grito son los tabacaleros. O no, pensándolo bien les ha de dar lo mismo la noción: sus compradores no dejarán de fumar por no poder hacerlo en lugares públicos mal ventilados -a lo mucho quienes sufrirán serán los restauranteros, que tendrán que buscar tirar paredes y construir terrazas para evitar la baja de afluencia de clientes comensales-, y además ahora tendrán que comprar material vicioso en mayor cantidad. Deafuercitas, la Ley Antitabaco privilegia a unos muchos y más o menos sirve de placebo a otros pocos.
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Yo por eso más bien propondría que el cigarro se hiciera de otras cosas. ¿Ya pensó alguien en la posibilidad de hacer fumar a todos los nicotinómanos la producción nacional de libros de superación personal?, ¿o si mejor metemos todos los folletitos de "Familia Educadora en la Fe" en una máquina trituradora, y de eso armamos churritos espapirifláuticos? No les garantizo a los fumadores la reducción del sabor a sacristía, pero de que dejan el vicio no tengo duda.
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¡Salud! (ahora sí)

2 comentarios:

Wendy Piede Bello dijo...

No, no estuve ahí, y menos con un tapaRabos, con un tapaRRabos es problabe, pero tapaRabos, no lo creo.
Mis alergias regresaron, cuando regresé a la escuela, sospecho mis alergias es un eufemismo para "humo de cigarro", pero no puedo dejar a mis amigos, aunque muera de enfisema y sin satisfacer mi fijación oral, sólo fumándome el humo ya fumado por otro.
Y sí, es una ley a medias, como todas en México, desde 1917, y antes.

Victor H. Vizcaino dijo...

Ja.

Haber si es cierto, como toda ley mexicana es buena, pero el punto es aplicarla.