viernes, 29 de agosto de 2008

Canta, corazón.

Increíble lo que pueden hablar por uno las canciones que pone en su reproductor musical. Yo he descubierto eso hoy, cuando con afanes renovadores -ya sacamos la melcocha de la cabeza, falta la de otras áreas de la vida- me puse a revisar las canciones que desearía poner en mi falso Ipod -es que ahora hasta eso es falso- para hacer mis ratos en el camión, o en la escuela, o en el trabajo, más llevaderos.
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Así que el primer paso fue borrar las 271 "rolas" que ya tenía, abrir mi Ares y darme a la tarea de buscar entre los 578 archivos descargados -uff- un conjunto de canciones que me latieran, cuya memoria o cuya voz, cuya tonada o cuyo sentimiento, me reflejaran actualmente, me trajeran buena vibra, me dieran calor.
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¿El resultado? Cómo no, con mucho gusto: una selección selectiva y seleccionada de poco menos de doscientas canciones que me arropan, me representan, me hacen sentir, incluso, menos yo, me contrarrestan, pues, para que luego otras, las que siguen, me encuentren, me hagan verme renovado ante la otredad.
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Ya me exalté, ya subí al lector a niveles íntimos y luego lo mareé con puro agregado existencial. Ya ni la amolo. Bueno, el punto es que mi falso Ipod está renovado, como muchas otras cosas en mí, y el conjunto de tracks -tracklist, dicen los angloparlantes, término que a mí más bien me suena a película de acción- me ha estado acompañando en mis recorridos de estos dos días -desde que los agregé al aparatito, pues-, llenándome de recuerdos y satisfaciendo mis oídos.
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Y hay de todo, como en botica, como en mi vida, como en este blog. Porque yo, antes que en muchas cosas -en las propiedades medicinales del Mc Flurry, en la capacidad de la lectura para salvar al mundo, en el artista que todos llevamos dentro-, creo en la diversidad, en lo ecléctico -¡y dale!-, en las diferencias y en los contrastes. Nada hay, después de todo, tan satisfactorio como verse renovado por múltiples experiencias sensoriales, creo yo.
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Supe una vez de un amigo que elegía a sus novias por el tipo de música que llevaban en su celular. Una vez, cuando se me ocurrió confrontarlo con todo y su idea, lo cuestioné sobre qué hacía en el caso de las chicas que conocía cuyo celular no cargaba tunes -otra palabrita mágica para decir canciones, que a mí más bien me suena a fruto de planta cactácea-. "¡Ah, mi estimado! En ese caso la juzgo por la música que lleva en el corazón".
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Entonces mi corazón es casa de muchos cantos. Cabe el pop, de calidades y cualidades distintas, desde el interpretado por rubias descocadas sexys de porquería, hasta jpor los grupos españoles del momento; cabe el rock, con sus múltiples vocalistas y sus múltiples protestas; caben los soundtracks de películas que han hecho historia en el cine y en mi percepción del cine; caben las tonadas locales y las mundiales, también las universales; caben las canciones dedicadas y las mandadas de recado para decir "malditurías"; caben los tonos melosos y los agresivos, los ácidos y los dulces; caben las canciones que mueven y las que obligan a escuchar; caben las protestas melódicas y las acarreadoras de masas; cabe el baile, la coma, el baile de la coma. Cabe todo, porque mi corazón es un cancionero de múltiples páginas y mucha historia. Ahí está, la cosa es buscarle.
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¡Salud!

2 comentarios:

Wendy Piede Bello dijo...

Yo hubiese dicho ya ni la amuelo.Nada hay tan satisfactorio como un buen y azucarado pan,¡tómen eso dietistas! Y no me lo como antes de las 6, ni siquiera antes de las 9. ¡Ja!
En cuyo Ipod no cabe todo eso, que CuadradO.

Victor H. Vizcaino dijo...

MMM

Pues yo soy un introvertido con la música que me gusta, en mi Ipod, tengo hasta del divo de Juárez, y culpo a mis padres por eso, pero también tengo de gustos universales, así que como resultado, yo me acoplo a lo que "haiga".