domingo, 31 de agosto de 2008

Cuando los ricos también lloran.

Mi amiga La Wendy habla con la verdad, y no le sobran motivos. Al menos en parte. Y yo al respecto debería de guardar silencio, porque mi opinión es en mucho contradictoria. La cuestión está en que este es un blog multitemático -ecléctico, dijo mi buen El Alejandro, y yo sigo creyendo que esa palabrita suena más bien como a aparato ortopédico-, así que no puedo dejar de lado los temás que impactan, que sobornan, que usan taparabos -sí, así con r y no con rr, para que se oiga menos "grrr", omitiendo el uso adecuado del lenguaje que, claro está, no es mi fuerte-, o que simplemente me causan conmoción.
.
El día de ayer, sábado, muchos dejaron la comodidad de sus Cádillacs -¿sí es así, u omitimos el acento?-, sus sillones Chocolat y sus salas VIP, aflojaron sus Cartier y dominaron el impulso de forrarse de Scappino de cabo a rabo, y, saliendo fuertemente escoltados de sus casas, arribaron a una -o más, porque con eso de que son ricos, quizá hasta compraron su multipresencia- de las múltiples marchas que se organizaron a lo largo de todo el territorio nacional con un mismo hilo filial: reclamar la respuesta de las autoridades ante la creciente -casi imparable- ola de inseguridad que, vorazmente, ha estado azotando en recientes -?- fechas el México de todos, ricos, pobres, falsos y veraces.
.
Si hubiera sido solo así, yo le cedería a La Wendy el derecho de hablar por mí, y me limitaría a hacer de esta entrada un alegato sobre, ¿qué se yo?, el regreso de Britney Spears a los escenarios, o el próximo estreno estelar de la versión cinematográfica del clásico -es un decir- de Ángeles Mastretta, Arráncame la vida, ya antes presagiado en este baile, o sobre mi próximo -y ansiado- viaje a Ciudad de México, cuya hora de salida y llegada ha variado gracias a modificaciones estratégicas en los vuelos de Interjet, o sobre la manga del muerto, o lo bien que La Casicasi afirma se duerme en mi casa, o sobre lo difícil que me ha resultado leer un libro tan espectacular y servicial como La Visión de los Vencidos, del indomable Miguel de León-Portilla.
.
No hablaría, pues, del hecho de que la marcha contra la inseguridad fue planeada por la élite para llamar a la élite misma a levantar la voz en contra del asesinato -que es en realidad la gota que derrama el vaso, o que hace a las tiendas Ferragiamo vaciarse en un santiamén- de uno de los miembros de la élite, el joven -niño, diría yo, ¿qué no daría por volver a tener sus años? (¡Cálmate, ruco!)- Alejandro Martí -sí, hijo del dueño, o algo así, de las tiendas de artículos deportivos Martí de toda la República-.
.
Así es, coincido hasta ahí. El punto es que, planeada o no por los high class, la inseguridad que ha delatado -o más bien, hecho hervir- el asesinato de Martí hijo, es un asunto que nos compete a todos, absolutamente todos, incluso a los asesinos mismos, los que vivimos en esto que aún, y quién sabe por qué, llamamos México. A todos. Yo no conozco un hombre o mujer mexicano que diga con soltura: "A mí que me asalten", porque todos, así tengamos media tortilla para pasar el día, o un plato de enchiladas Sanbors, todos estamos dispuestos a defender lo que hemos adquirido, ya a costas del trabajo de otros, ya a costas del sudor de nuestra propia frente.
.
Lo digo porque lo sé. Yo, clasemediero, he sufrido en carne propia el terror de entrar a una casa que sientes violada, vejada, sucia, porque un ladrón la ha saqueado; yo, que viajo en camiones, he mirado con impotencia el rostro perplejo de una mujer que es asaltada; yo, que trabajo para vivir, he visto desaparecer ante los ojos de mi madre su camioneta blanca que, como mensaje de paz, es el contenedor principal de sus ingresos; yo, que soy sólo un ciudadano más de esta Nación -o algo así-, he visto los ojos rabiosos de mis amigos ante la ausencia repentina -y violenta- de sus útiles escolares, sus libros, sus apuntes.
.
Porque la inseguridad es un tema que nace en el hambre, cierto, pero se propaga a todos, los que fabrican el pan y los que no lo puden comer. Por eso creo en la marcha, con luz o sin ella. Y es que, ante todo, hay que ser concientes: si alguien puede hacer un cambio sustancial en este país, si alguien puede hacer que las altas esferas giren en reversa, si alguien puede modificar leyes y generar acuerdos, ese "alguien" es el grupo élite, la alta esfera misma. Y si el grupo élite marcha exigiendo la seguridad que yo también necesito, ¿qué me impide marchar con ellos, creyendo en el cambio que solamente sus morlacos pueden generar?
.
Sé que me estoy viendo bien agregado cultural. Yo no soy élite -lo fuimos un tiempo, mi familia y yo, y no hemos considerado regresar a la misma mierda existencial-, eso también es cierto, pero soy conciente de que hacer una marcha de y para los ricos, y otra de y para los pobres, conciente claro de que lo que se necesita es levantar la voz y exigir, no hará más que segregar más a este país mío que ya no halla su lugar.
.
Si me lo preguntan, yo no marché. No porque considerara el evento como una caravana de la marca costosa, ni porque creyera que se trataba de una exhibición de perlas, joyas y metales preciosos. No lo hice porque tenía que trabajar, pero sí mandé a cuantos pude en representación mía, y según tengo entendido, muchos de ellos, no ricos todos, se juntaron a la bola y también llevaron su velita. Y no, claro, ninguno de ellos iba en afán de lucir sus bolsas Prada o sus tennis Lacoste; su afán era marchar, y lo que otros hicieran aprovechando la marcha, les venía sin cuidado, los tenía sin afán.
.
No sé quién, seguro alguien muy radical, pero una persona alguna vez me comentó que la única forma de hacer que el país dejara de padecer inseguridad era robar a los ricos, dando o no lo obtenido a los más pobres entre los pobres. Yo cada vez estoy más seguro de ello. Ahora a los ricos ya les quitaron algo preciado -una vida, rica o no, ¿hay algo más preciado?-, y ya levantaron la voz para dejar ver que ellos también saben llorar. El joven Martí, me atrevo a afirmarlo, no padeció en vida las necesidades en las que otros tantos sí se ven día con día. Vivió y fue testigo, es el punto, en medio de una actualidad contrastante, desigual, injusta, en que reina la ley del más rico, el más ostentoso, el más pisacabezas. Yo, que también he vivido la mayoría de mis viente años en medio de todo eso, puedo afirmar que la única diferencia que existe entre él y yo, es que su muerte levanta ámpula y genera controversia, cuando la mía a duras penas hubiera hecho llorar amargamente -y ni tanto- a unos cuantos conocidos y amigos.
.
La cuestión está en que no hay dos Méxicos, por más que lo parezca, y lo que duele a unos también está punzando a otros. A los de Martí les cala no poder lucir sus joyas con agrado; a los de abajo, nos cala estar a la incertidumbre con el carro que a duras penas compré, el pan que a duras penas pagué, la vida que a contadas monedas llevo. A todos, pues, nos compete la seguridad.
.
Abraham Maslow, ya para terminar, un humanista bastante inteligentioso -?- del siglo XX, elaboró en los años ochenta algo que luego sus analistas llamaron justamente "La Pirámide de Maslow". Según ésta, la superación de la persona humana está limitada a la ascensión de un conjunto de niveles específicos de calidad de vida. En la base, la satisfacción fisiológica condiciona el ascensión a un segundo nivel: el de la seguridad. Y ahí para la cosa. Si no hay seguridad, olvídense del resto de los cuatro niveles. Los ricos aquí ya protestaron porque la seguridad que pagan no les basta, no les alcanza ante tanta violencia y robo. Y si logran hacer algo por el segundo nivel, cuando suban ellos subiremos todos, en menor grado, en menor velocidad, para encontrar las mismas condiciones injustas, pero seguros, seguritos seguritos.
.
¡Salud!

viernes, 29 de agosto de 2008

De rompe y razga.

"Piensa y trabaja".
Lema de la Universidad de Guadalajara.
.
Yo no sé el resto. Yo no sé el resto de los que tuvieron que viajar una hora -o más- en un apretujado camión, un taxi, quizá un autobús foráneo. Yo no sé el resto de los que postergaron salidas con sus amigos, tardes familiares, un rico café, un buen concierto, un buen libro. Yo no sé el resto de los que gastaron un transvale, o cinco pesos -m.n.-, o su propia gasolina, en desprenderse de "sus cosas" -un término que se puede prestar a falsas interpretancias-, y acudir presurosos al llamado de la educación.
.
Yo no sé el resto, pero a mí, que hice muchas de estas cosas, encontrar, al llegar este viernes a sus puertas, la Universidad cerrada, su función formadora paralizada, su posible labor humanista, su gran historia mellada en las ambiciones de dos pobres políticos -que no políticos pobres-, encontrarla así, decía, me ha significado un golpe bajo a la razón, una llave de judo al corazón... y mucho, mucho odio.
.
Yo había obviado el tema en este baile, que hoy, ante esto, se viste de desconsuelo, por la simple razón de que lo consideraba, como todos, creo, un ridículo circo de duelo de divas. Sigo considerándolo... o estoy en afán de eso.
.
Carlos Briseño Torres, hasta el día de hoy rector del Sistema de la Universidad de Guadalajara, agarró hace poco pleito tendido con otra "Aventurera", Raúl Padilla López, quien me parecía respetable por su labor al frente de la Feria Internacional del Libro en Guadalajara -la más importante de latinoamérica-, y el Festival de Cine en Guadalajara, su visión de la cultura -supuesta hasta hoy inteligente y fructífera- y su poco -relativamente hablando- protagonismo de porcelana.
.
Y las peluconas se armaron de palabras, y en sólo una semana cumplieron su sueño de aparecer en los titulares locales sin necesidad de desnudarse o entregarse al arrebato del alcohol. "Tongolele" Briseño -imagínenlo, por favor, vestido de rumbera y con mechón canoso- le dijo a "Ninón" Padilla, llamado -que no es lo mismo que nombrado- "líder político y moral de la Universidad de Guadalajara, que él merito era el rector -¿alguien lo puso en duda, o lanzó el facultativo alegato por sus puros ímpetus declarativos?-, y que ningún lidercillo del Consejo General Universitario -aquí entra Ninón Padilla- lo podría desfalcar.
.
Padilla le aclaró, en el mejor de los tonos posibles, que cero que ver y para nada, que lo suyo, en dado caso, era pura presencia consejera, inofensiva. Y, sin soltar el martini ni voltearse el chongo, se dio media vuelta casi sin chistar, cosa que dejó a Tongo bastante adisgustito.
.
Y ya: el resto de la semana se les fue entre que Briseño se les echaba encima a los del Consejo y quitaba a Padilla sus cargos. Aquí fue donde a Ninón le sonó mal el jueguito: siete hijos -todos de diferentes padres- que mantener, un conjunto de actos de burlesque que representar, ¿y le quitan el pan? No, ni Carmelita Salinas lo permitiría sin antes chistar.
.
Briseño juró que lo suyo lo suyo es regir a la Universidad, no hacer política o aspirar a un puesto gubernamental estatal -o, en su defecto, chance y pegaba en lo nacional-, esto cuando Padilla le dijo que se dejara de alharacas y aceptara que nadie permitiría postulación alguna de su parte.
.
Total que, por secas o mecas, hoy el asunto llegó a su punto álgido y Padilla le dio santo taconazo en la cara a Briseño, quien fue velozmente destituido, y quien todavía hace unas horas juraba que eso era un atropello, un verdadero atentado a su autoridad como rector.
.
Para esto sí se ponen las pilas. Mi centro universitario tiene siglos en construcción -ya ni los fósiles de los albañiles quedan-; nadie aclara todavía el vademécum que son las cuentas universitarias; todo proyecto U. de G., aunque funcional, parece angar de aspiración política de su realizador -Briseño, Padilla, Padilla, Padilla-; y el Sistema sigue sin recibir los mismos recursos que se dan a gigantescos auditorios y vanguardistas teatros. Todo eso, parado, varado, limitando la vida universitaria, y las vedettes entradas en el ring, con un público cada vez más cansado de no ver decisiones, de estarse chutando un show sin sentido, sin gracia.
.
Yo no sé qué se crean, pero a mí -y a La Zucaritas, La Traviata, La Casicasi, La Pau, La Wendy, El Meromerosaborranchero, El D'Artagnan, El Apapachoquealivia, El Todasmías, etc- me devuelven la U. de G., o yo me encargo de tomarla por la fuerza. Total, si Sor Juana fue capaz de volverse monja, o Simone de Beauvoir de disfrazarse de hombre, y ninguna de las dos grandes mujeres buscaba otra cosa que acceder al conocimiento, ¿no tengo yo derecho a bailar la zandunga, o tirar abajo la rectoría, o vestirme de imitador de Sarita Montiel -quizás... quizás... quizás-, con tal de acceder a ese mismo remanso de la irrealidad que es la educación? Claro que sí. Tengo tacones, exijo mi Universidad de vuelta, y estoy dispuesto a usarlos en contra del que se apunte. Ya dije.
.
¡Salud!

Canta, corazón.

Increíble lo que pueden hablar por uno las canciones que pone en su reproductor musical. Yo he descubierto eso hoy, cuando con afanes renovadores -ya sacamos la melcocha de la cabeza, falta la de otras áreas de la vida- me puse a revisar las canciones que desearía poner en mi falso Ipod -es que ahora hasta eso es falso- para hacer mis ratos en el camión, o en la escuela, o en el trabajo, más llevaderos.
.
Así que el primer paso fue borrar las 271 "rolas" que ya tenía, abrir mi Ares y darme a la tarea de buscar entre los 578 archivos descargados -uff- un conjunto de canciones que me latieran, cuya memoria o cuya voz, cuya tonada o cuyo sentimiento, me reflejaran actualmente, me trajeran buena vibra, me dieran calor.
.
¿El resultado? Cómo no, con mucho gusto: una selección selectiva y seleccionada de poco menos de doscientas canciones que me arropan, me representan, me hacen sentir, incluso, menos yo, me contrarrestan, pues, para que luego otras, las que siguen, me encuentren, me hagan verme renovado ante la otredad.
.
Ya me exalté, ya subí al lector a niveles íntimos y luego lo mareé con puro agregado existencial. Ya ni la amolo. Bueno, el punto es que mi falso Ipod está renovado, como muchas otras cosas en mí, y el conjunto de tracks -tracklist, dicen los angloparlantes, término que a mí más bien me suena a película de acción- me ha estado acompañando en mis recorridos de estos dos días -desde que los agregé al aparatito, pues-, llenándome de recuerdos y satisfaciendo mis oídos.
.
Y hay de todo, como en botica, como en mi vida, como en este blog. Porque yo, antes que en muchas cosas -en las propiedades medicinales del Mc Flurry, en la capacidad de la lectura para salvar al mundo, en el artista que todos llevamos dentro-, creo en la diversidad, en lo ecléctico -¡y dale!-, en las diferencias y en los contrastes. Nada hay, después de todo, tan satisfactorio como verse renovado por múltiples experiencias sensoriales, creo yo.
.
Supe una vez de un amigo que elegía a sus novias por el tipo de música que llevaban en su celular. Una vez, cuando se me ocurrió confrontarlo con todo y su idea, lo cuestioné sobre qué hacía en el caso de las chicas que conocía cuyo celular no cargaba tunes -otra palabrita mágica para decir canciones, que a mí más bien me suena a fruto de planta cactácea-. "¡Ah, mi estimado! En ese caso la juzgo por la música que lleva en el corazón".
.
Entonces mi corazón es casa de muchos cantos. Cabe el pop, de calidades y cualidades distintas, desde el interpretado por rubias descocadas sexys de porquería, hasta jpor los grupos españoles del momento; cabe el rock, con sus múltiples vocalistas y sus múltiples protestas; caben los soundtracks de películas que han hecho historia en el cine y en mi percepción del cine; caben las tonadas locales y las mundiales, también las universales; caben las canciones dedicadas y las mandadas de recado para decir "malditurías"; caben los tonos melosos y los agresivos, los ácidos y los dulces; caben las canciones que mueven y las que obligan a escuchar; caben las protestas melódicas y las acarreadoras de masas; cabe el baile, la coma, el baile de la coma. Cabe todo, porque mi corazón es un cancionero de múltiples páginas y mucha historia. Ahí está, la cosa es buscarle.
.
¡Salud!

Favor de fumar.

Otra ley más que se aprueba esta semana. Una más y yo tiro la toalla y me declaro excento de toda responsabilidad -si La Wendy tuvo el atrevimiento de jurar que no estuvo presente cuando Colón descubrió América, esto cuando todos sabemos que ahí andaba, con taparabos,penacho y toda la cosa, yo también tengo la oportunidad de no echarme al hombro responsabilidades que no me competen, ¿no?-
.
Esta vez le tocó a los fumadores. Bueno, de hecho, lo suyo no ha sido una ley aprobada sino una entrada en vigor -qué bonito término. Suena como a los tiempos en que el ejército ganador de una guerra (liberal:conservador; insurgente:realista; republicano:imperial; villista:carrancista) ingresaba en la ciudad en pleno desfile alborotado-. Ahora, a partir de hoy, de hecho, todos los fumadores tendrán prohibida la ejecución de su nociva actividad en los restaurantes cerrados y áreas públicas no ventiladas.
.
Si ahí la dejamos -sueno otra vez como en la entrada pasada-, todo iría bonito, todo sería como en un paraíso de fuentes de cristal y lagos de malteada de vainilla. Pero no. Da la casualidad que esto es un Valle de Lágrimas y no una canción de Cri Cri, así que nada puede salir perfecto. La cuestión está en que esta, como toda ley -de nuevo huelo a entrada pasada-, lleva inmersos tantos, pero tantos intereses, que llega un punto en que, si se le busca, deja de ser del pueblo para ser de los interesados.
.
Es un hecho que los fumadores no dejarán el vicio por el llano y risible factor de que ya no puedan ejecutarlo en una determinada área. Si se les prohibiera hacerlo en sus casas, y en la calle, o los estadios se retacarían de colillas de cigarro, o esto se transformaría en una verdadera prohibición. Pero como no será así, los fumadores seguirán fumando en donde la vista gorda de las autoridades se lo permitan, y en donde nadie con ganas de hacer moronga haga la de malas y dé el pitazo.
.
Por eso es una ley a medias. La parte buena es que defiende a los que, como yo, hemos probado sin resultados favorables el cigarro dos o tres veces en la vida, y detestamos tener que estarnos chutando el humor de otros en nuestros lugares favoritos -¿les conté ya de la vez que se trabó el elevador en que iba, y mi único acompañante era un fumador empedernido? Es hora que no recupero por completo el sentido del olfato-. Esto es particularmente lo que tiene feliz a La Pau, y a muchos otros que ya veían lejana la opción de un México de restaurantes sin tabaco.
.
La ley también impide que se venden cigarrillos sueltos, legislación cuyo propósito no entiendo del todo, pues los fumadores seguirán de cualquier modo comprando cigarrillos, vengan en cajas de veinte piezas o en paquetes de doscientos. La opción de comprar uno a la pasada en el puesto de revistas camino al trabajo, o en la tienda más cercana, vedada queda pero no disminuye el consumo. No creo, conociendo de cerca a varios viciosos, que no poder comprar de a piecita los detenga para fumar.
.
Los que deben de estar poniendo el grito son los tabacaleros. O no, pensándolo bien les ha de dar lo mismo la noción: sus compradores no dejarán de fumar por no poder hacerlo en lugares públicos mal ventilados -a lo mucho quienes sufrirán serán los restauranteros, que tendrán que buscar tirar paredes y construir terrazas para evitar la baja de afluencia de clientes comensales-, y además ahora tendrán que comprar material vicioso en mayor cantidad. Deafuercitas, la Ley Antitabaco privilegia a unos muchos y más o menos sirve de placebo a otros pocos.
.
Yo por eso más bien propondría que el cigarro se hiciera de otras cosas. ¿Ya pensó alguien en la posibilidad de hacer fumar a todos los nicotinómanos la producción nacional de libros de superación personal?, ¿o si mejor metemos todos los folletitos de "Familia Educadora en la Fe" en una máquina trituradora, y de eso armamos churritos espapirifláuticos? No les garantizo a los fumadores la reducción del sabor a sacristía, pero de que dejan el vicio no tengo duda.
.
¡Salud! (ahora sí)

jueves, 28 de agosto de 2008

Abordar el aborto.

"Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz".
Benito Juárez.
.
Ahí disculparán que inicie esta entrada -que se hace, sobra repetirlo, con tiempo ajustadísimo- con una frase tan trillada como manoseada -vejada, diría yo-, y que además proviene de un personaje histórico que en últimas fechas -curiosamente desde que Papi PRI dejó Los Pinos- ha sido revalorado y medio sometido a juicio inquisidor.
.
Solicitando el ardiente perdón, justifico la aparición de la frase en calidad de epígrafe en el tema mismo del derecho que fundamenta esta entrada: el derecho a decidir.
.
Apenas hoy, mientras muchos nos lavábamos las axilas en la regadera -osea, muy de mañana, y en raras condiciones- los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación se reunieron en consejo para decidir si se aprueba o no la Ley de la Interrupción del Embarazo -que es más bien un conjunto de reformas a otras leyes anteriores-, que permitirá a toda mujer embarazada interrumpir el proceso de gestación -no, bueno, ella no; alguien con conocimientos y recursos sanitarios suficientes- en las primeras doce semanas del embarazo.
.
El debate con esta ley -siempre que hay una ley hay un debate... para lo poco que esto sirva ante la aparente ceguera-sordera-necedad de nuestros legisladores- el debate estriba, decía, en el hecho de que muchos poderes -empresariales, Iglesia, partidos políticos, líderes de opinión free lance, opinión pública- parecen no estar en lo absoluto -o del todo- de acuerdo con este "poder embarazado de decisión" que se le otorga a la mujer con la ley aprobada.
.
Y es que superficialmente, la decisión no deja muchas dudas: a favor si se considera a la susodicha ley como una que permite a la mujer defeña -sí, sólo se está armando en el D. F. la pozolisa, como siempre, como nunca- decidir sobre su embarazo -y, por ende, sobre su vida sexual-; en contra si se considera que el aborto -"interrupción del embarazo" es un eufemismo que, dicen, es más adecuado usar cuando el feto (ahora le dicen "producto", una palabrita que a mí más bien me suena como a desecho fecal o preparado cárnico) no está aún formado en su totalidad- es un asesinato-negación del derecho a la vida que se hace en contra de un ser humano.
.
Si todo quedara ahí, por mí que armaran una consulta pública y se dejaran de lanzar acusasiones y enlistar epítetos. Pero no, "no todo es miel sobre hojuelas", diría La Traviata, citando -burlándose- a cierto espécimen con aspiraciones a conferencista-literato. La realidad, de hecho, dista mucho de ser simple.
.
Nadie le niega a la mujer, embarazada o no, el derecho a decidir sobre su maternidad, su vida sexual y hasta los carbohidratos que desea ingerir. Ante esta premisa, la mujer puede decidir si acaba con su hijo o no cuando ella lo desee. Gacho, pero cierto.
.
La médula de este hueso está en que, a todas luces, matar a un sujeto en gestación es un delito, y por ende una falta humana dolorosa y controversial. "No se hagan bolas", declaró en recientes fechas el doctor Jesús Kumate, exsecretario de salud, "la vida empieza en la fecundación", tenga el cigoto resultante la capacidad de sentir-saber que está en peligro de muerte, o no.
.
Pero habrá que pensar también en el hecho de que en muchos casos la mujer no es consultada sobre su maternidad. Tal es el resultado visible en los casos de embarazos por violación. ¿Ya entendió alguien que la violación es el resultado de un complejo engranaje malnacido de una cultura machista, retrógrada, a todas luces bárbara? ¿Ya creó acaso la Cámara una legislación que obligue al violador a responsabilizarse -ya de perdis económicamente- por el hijo que ha traído al mundo? ¿Ya creó la Cámara una ley que obligue al machista a hacer trabajo forzado? ¿Alguien ya valoró medianamente el hecho de que el embarazo no deseado no responde siempre a un error de cálculo o anticonceptivo?
.
"Es cultural", se dicen muchas veces, a modo de pretexto, cuando se advierte que el macho violador no respeta las decisiones de su pareja, y pasa sobre ella sin más pretensión que la satisfacción de su propio placer, acto que, denigrante como es, lo coloca en muchos casos en un alto nivel social o parental -que nunca educativo, claro está-. Sí, of course, ¿y lo cultural no es también educacional?, ¿y lo educacional-cultural no es susceptible también a ser legislado? A que sí.
.
Para mí que, sin ignorar el obvio hecho de que ésta, como toda ley, lleva entre sus artículos muchos intereses oligárquicos, lo que hace falta son otras legislaciones previas: una que ponga a raya al macho violador; una -o más- que valore la vida de la mujer y el hombre por igual, y castigue a las empresas que dan mejores sueldos y puestos a individuos masculinos, ignorando -o desvalorizando- al género femenino preparado, inteligente, apto al puesto. Todo esto, y más, se decida o no sobre legalizar la interrupción del embarazo, es necesario y justo, urgente, obvio, y quiero pensar que posible.
.
Y del otro lado, o quizá del mismo, harían falta instituciones confiables. ¿Quién castigará al violador, obligándolo a mantener la responsabilidad que su psiquis le echó encima?, ¿quién hará lo mismo con la empresa misógina, con el patrón retrógrada y acosador? Porque ante el panorama actual, en que la inseguridad ha orillado a lo que Denisse Dresser denominó en reciente artículo como una ausencia de hogar, una lejanía a la casa patria, ya nadie cree en nadie, haga leyes, busque equidad u organice marchas. La apuesta de AMLO de derribar instituciones así como así no cabe: hay que reformarlas, darles credibilidad a través de acciones reales, actos bien sustentados. Carlos Fuentes llegó a la conclusión, algo velada, por cierto, de que no queda más solución posible en México ante la poca credibilidad institucional que rige hoy día en nuestro país, que el dejar entrar al autoritarismo ilustrado. Yo no sé, pero como ya llegué muy lejos, mejor aquí le paro.
.
¡Salud!

miércoles, 27 de agosto de 2008

Entre la desidia y el atril.

Mírenme aquí: dos artículos por entregar al periódico para el cual -mal que bien- trabajo, ninguno de los cuales está listo, ni redactado, ni pensado siquiera; dos lecturas pendientes -una de Cervantes, de quien espero hablar un día aquí sin meter en exceso la pata, y la otra de Miguel León Portilla, que siempre me ha caído bien pero que odio leer de a fuercitas-; mucho dinero por ahorrar para un próximo viaje del cual ya les hablaré -"es que si no se ceba", diría mi tía Enmiresca, que tiene una fábrica de jabones-; y muy pocas ganas de hacer todo lo anterior.
.
No, no es cierto. Habría que sumar el hecho de que lamento ver cómo mi fortuna -?- se dilapida poco a poco en los inicios semestrales -éste, da la casualidad, es un inicio semestral- entre útiles, órdenes de pago, transvales y botellas de agua -¿qué creían que iba a morir sediento con el calor infernal premonzón que baña la ciudad a mediodía por estas épocas?-, y que esa lamentación se transforma en desaceleración de mis ganas de hacer las cosas. Los libros los pongo aparte, porque como ya imaginarán, amo comprarlos, y son un gasto que hago todo el año, tenga o no dinero para subsanarlo -¿habrá un grupo de bibliófilos anónimos?-
.
La cuestión está en que el blog es en estas circunstancias más un distractor que una ayuda. Si bien ciertamente tengo mucho por escribir -para platicar la emoción que me causa ser testigo un semestre más de los coqueteos eternos entre la literatura y la historia (estoy apunto de caer en el mismo caso dadivoso que cierto profesor me planetaba hace unos meses: "vivo en matrimonio con la literatura... y en amaciato con la historia")-, también tengo mucho por investigar, por leer, por informar. Y es que el problema radical del periodista no está en el hecho de que tiene que estar enterado... sino de que su entendimiento de las cosas tiene que ser transmitido -si no, se queda en informado, no en informador-.
.
Ni hablar. Tendrá uno que resignarse, bajarle al blog y subirle a la nota roja y a Sor Juana. De ésta última también espero hablarles pronto. Porque, si no lo habían notado, algo tengo de esencialmente feminista -hembrista, me dijo una vez una maestra, cuando aseguré que la literatura masculina (tómala, también con ellos/nosotros se puede hacer segregación terminológica) era particularmente grotesca y sexualdemócrata-. Así que la monja jerónima me cae rebien, sumado el hecho de que Sor Juana tenía ese afán que yo valoro tanto en los mortales comunes y corrientes -y más en los corrientes que en los comunes-: el conocimiento.
.
En fin. Mucho por hacer y poco el tiempo disponible. Con eso de que tomé materias para reponer mis vacaciones del semestre pasado -¿cinco materias cuando lo bello y funcional es tomar siete? No tuve perdón de Dios-, voy a estar peor que como negro -no se considere a ésta expresión un acto racista, sino un reconocimiento de la voz popular que así se refiere al trabajo forzado. Muera el pueblo-, y muy probablemente no me van a ver ni el polvo. Yo nomás aviso, para que luego no me pasen a reclamar cuando vean este baile medio abandonado. Silencio, letrista trabajando.
.
¡Salud!

lunes, 25 de agosto de 2008

El lector ingenuo.

El título de esta entrada proviene de una "acusación" -vamos, que lo temperamental tenía que salirme por alguna parte- que hizo hace ya un año en mi contra cierto profesor de la carrera, cuando yo me "atreví" a asegurar que era una papanatada -patanada, dirían los enterados- que Federido Gamboa, el autor de la novela con tendencias naturalistas -y suicidas- Santa, dejara en responsabilidad de la herencia genética del personaje principal su propensión a los actos prostitutos. Yo, como imaginarán, sigo creyendo que tengo razón, y el profesor ya hasta fue destituido el semestre pasado por sus modos poco ortodoxos de impartir su materia.
.
El mote de "lector ingenuo" que el susodicho me apropió -yo también soy de los que votan por la expropiación de los motes-, generó no pocas bromas entre mi grupo de amigos de la licenciatura -que para dolencia de La Casicasi, ni son todos los que están, ni están todos los que son-, que rápidamente, y conforme al singular ingenio que los caracteriza, se pusieron a inventar cuanta historia podían para apropiarse del término, y, de paso, echarme en cara el hecho de que yo, lector asiduo, soy en realidad lector ingenuo.
.
Ingenuo y no, o no todo el tiempo, pero sí me declaro, y hasta con cierto orgullo, lector indisciplinado. Yo sí soy de los que van de aquí para allá controlando autores y movilizando páginas, hasta que ya de plano termino descubriendo que estoy echándome tres o cuatro libros al mismo tiempo, posponiendo lecturas ansiadas y adelantando malos tragos necesarios. Ni hablar, qué le vamos a hacer, aquí nos tocó nacer, en la región más lectora de uno mismo.
.
A lo que voy es que yo, lector ingenuo -nótese cómo el término me sigue doliendo al orgullo y por ello no dejo de repetirlo, como haciéndome a la idea-, reconozco en el mundo a muchos lectores como yo, y muchas otras clases de lectores. Hay lectores de palabra y de obra, lectores destinados a una sola editorial -los anagramos, los uranos, los que sufren de alfaguarizacióin-, y lectores indistintos. Hay lectores pictográficos, lectores ajenos y lectores atentos.
.
Pero entre todo el universo de lectores posibles, yo prefiero al lector lector, que me cae rebien porque no tiene otra intención que sorber tramas, conocer nuevos mundos y quemar naves añejas. Yo que ustedes, los que leen y los que no este blog, disfrutaría el hecho de poder ser lector lector. Para uno que hace de la literatura -en mayor o en menor medida- su medio de vida, y que tiene que leer lo que se aparece siempre con ojo crítico -rayando en el sospechosismo- y agudeza sin par, para uno que tiene que estar comparando toda obra como señora en frutería, y analizando como si no quedara nada mejor qué hacer en el mundo, para uno como yo, decía, la lectura rápida, indisciplinada, indistinta, ingenua, se extraña, se ve tristemente lejana.
.
Pero no me quejo, no mucho que digamos. Sucede que pocos podrían leer lo que yo leo y ver las cosas con el ojo avizor que yo me traigo últimamente -del fracaso de Santa para acá-. Pero sí admiro a los que leen de filón, con el disfrute que significa leer por leer -cosa que yo hago, y muy de vez en cuando, sólo en vacaciones-, con ese experimento lúdico que es la literatura -o que tiene que ser- y que no se reduce a reglas ni análisis específicos, porque por su naturaleza humana y artística lo supera todo. Para ustedes, los lectores lectores, un sincero mensaje: snif, snif.
.
¡Salud!

domingo, 24 de agosto de 2008

Primer día.

Ya está todo listo. En unas horas más, y aunque mucho hayan puesto estas vacaciones de por medio para intentar evitarlo, este su papichulo empezará el quinto semestre de su licenciatura -aplausos chingüengüenchones por favor-. Y como lo mío lo mío es dar panoramas, porque para los pronósticos soy pésimo, y para las memorias ni se diga, daré un panorama general de lo que sé que encontraré, por inercia, por situación, por historia, por histeria, en el primer día de clases que es mañana y se prolonga hasta las próximas veinticuatro horas.
.
Un día lluvioso. Ya los primeros días de clases universitarios rompieron el paradigma, pero antes de ellos nunca me había topado con un primer día de clases en que el cielo no amenazara con caer a cuentagotas. Ya era casi requisito para mí tomar el paraguas junto con la mochila y los libros nuevos, y esperar que no lloviera en el recreo, pues nada hay más deprimente en un primer día de clases que un primer recreo lluvioso, que lo destina a uno a vivir bajo el frío abrigo -?- de los pasillos escolares, donde toda la hormona se apretuja y son gestados muchos individuos -no lo sé, es leyenda urbana, me lo han dicho-.
.
Un nuevo recopilador. En una nueva mochila, con una nueva pluma y un nuevo blog de notas. Esto de estrenar en el primer día de clases debería considerarse tradición obligatoria, so pena de morir emplasticado. Yo todavía recuerdo el romántico olor de la mochila nueva al abrirse como rosa en primavera, con todo su relleno de cuadernos nuevos forrados de plástico pegajoso -había crueles (pero prácticas) mamás que llenaban de talco los útiles para su fácil manejo-, y esa extraña mezcla de entre madera de lápiz y hoja de papel que inundaba todo el ambiente, que amenazaba con inaugurar un buen año escolar.
.
Los libros diferentes. No diré que nuevos, porque por razones económicas no todos lo serán, pero sí diferentes, diferentes a lo antes leído, lo antes estudiado, lo apreciado hasta ahora. Yo, que no dejo de sorprenderme de lo poco prácticas que pueden ser algunas de las materias que he llevado, me conformo con que los libros sean una oleada fresca en medio de tanta controversia, de tanta inseguridad como suele darle a uno en los primeros días de clases -ya para el quinto semestre, cuando se tienen amigos y buenos ratos en la memoria, el miedo a un salón desconocido es irrelevante, pero no así el miedo a profesores maquiavélicos e insoportables, que podrían volver loco a cualquier desgraciado-.
.
La razón. Porque ir sin ella a la escuela en el primer día de clases -ya cuando avanza el semestre se vuelve permisible dejarla en casa- es peor que ir a la guerra sin fusil... es más bien como ir a la tiendita sin dinero, o al tren sin cambio, o al castillo de Drácula sin alfileres -?- Razón de ser.
.
Yo por eso, antes de aventarme a lo desconocido, tuve hoy fragante cita con mi amiga La Prisciliana para encomendarme a su virginal cuidado de buenas vibras -?- y su fascinante capacidad para hacer de todo problema un cacahuate. "Si alguien te ve feo, o si no te gusta lo que encuentras, recuerda que siempre tendrás la oportunidad de irte a tu casa y llorar como niño chiquito". Por eso la quiero... por entrona y macisa. Ya dije, y si la encuentran... le dicen que dije.
.
¡Salud!

sábado, 23 de agosto de 2008

Una noche más.

En sesión ordinaria, El Club de la Medianoche se reunió de nuevo, como casi siempre, para hacer de las horas de la oscuridad una luz absoluta, de la luz un faro, de la amistad una canción. Nos demostramos de nuevo que no hace falta más que un puñado de amigos, muchas horas sin luz natural, dos o tres presentaciones de azúcar embotellada, y un grupo de anécdotas de siempre, nada más que todo esto, para hacer de la noche una realidad adorable, un "ente" nunca temible.
.
Yo siempre he tenido temor a la oscuridad. Desde pequeño, cuando lo desconocido era el pan de todos los días -hoy ya nada más es el pan de ciertas horas-, hasta hace poco, cuando todavía no comprobaba el cambio obrado en mí, la oscuridad me imponía tanto que su presencia era como una suerte de traba a mi vivir. Yo podía disfrutar completamente de las horas diurnas, y hacer con ellas un verdadero milagro, pero la llegada de la noche me representaba duda y recelo, caída y pérdida.
.
Hace un par de días, cuando estaba yo muy acurrucado en mi cama, entregado a un abrazo octogenario con Morfeo, mi perro me despertó porque algo había encontrado extraño en la casa. Intenté calmarlo, hasta intenté amedrentarlo explicándole de la manera más amable -?- que si no cerraba el hocico -sí, con él no es insulto- ipso facto, él y yo tendríamos que discutir aguerridamente nuestras capacidades físicas en reñido combate -ni hablar, El Nez me gana, y por mucho, pero no me iba a rendir sin dar la batalla-.
.
Cuando ya de plano, tras mucho insistirle, comprobé que sería inútil pedirle guardara silencio, tomé mis chanclas -es un decir-, caminé entre la total penumbra hasta el lugar señalado por el cánido, y sin mucho afán de mi parte comprobé que lo que el perro reclamaba era la presencia de un vecino sonámbulo que, mirando la calle, estaba recargado en la ventana de nuestra sala. Lo saludé, tranquilicé a El Nez, y acto seguido me fui a dormir.
.
No supe la gravedad de las cosas hasta que, ya muy despertado al día siguiente, me di cuenta de que no sólo me había animado a tentar a la abismal oscuridad nocturna, fuente otrora de miedos en mí, sino que además había encontrado la solución a un problema de perspectiva y le había dado pronto fin, todo en medio de completa penumbra.
.
Creo que todo esto es el resultado de las sesiones de El Club de la Medianoche llevadas a cabo hasta la fecha -van pocas, pero las pocas que van han dado mucho-. Y es que cuando la noche es muy oscura, y hay poca esperanza en el amanecer, son sólo los amigos, y nada más que los amigos, quienes pueden darle otro sentido a la oscuridad, otra luz a la bruma negra, otra Pepsi Retro a la tristeza.
.
¡Salud!

Bajo la misma lluvia.

"-¿Y cómo hemos de encontrarnos, entre tanta gente?- ella les preguntó.
-Será fácil, mujer-contestó Ortega- pues seguiremos estando todos bajo el mismo cielo."
.
Sorprende la vida aveces. Cuando unos menos espera lo que sucede, sucede lo que no se espera. A estas dos brillantísimas conclusiones -?- llegué hoy cuando, después de poco menos de dos años de no vernos los rostros ni abrazanos los ánimos, los múltiples y variados integrantes del otrora llamado Breakfast Club, nos reunimos con el único objetivo de comprobar qué tanto la vida nos ha cambiado, o qué tanto estamos, tras dos años de talonear, más idénticos, más apegados al parámetro de nosotros mismos.
.
Entré al salón apenas dos segundos después que sonó la campana. El receso había terminado, y yo quería unos cuantos minutos a solas, los pocos minutos que mis compañeros podían darme en lo que tardaban en llegar al salón de clases vacío. Regresar a la histeria feliz del bachillerato tras casi dos meses de ausencia por una enfermedad que no sólo casi me arrebata la vida, sino que también casi me arrebata a mis amigos, lo que es peor, es como volver a la vida tras casi morir. Al mirar alrededor, buscando un salón vacío, sentado bajo el pizarrón, mis ojos toparon con la figura encorvada de un El Sexsymbol bastante adormilado y despistado por la somnolencia.
.
Nos miramos, como quien ve súbitamente algo que no espera ver, y todavía me pregunto, a tantos años de sucedida la escena, qué me sorprendió más: el hecho de que alguien que casi nunca, durante los seis semestres, me había dirigido la palabra me cuestionara acerca de algo tan personal, o el hecho de que yo pudiera dar una respuesta satisfactoria sin morir en el intentón. "¿Qué pasó, mi Agus, que dejamos de verte tantos meses?" "Anorexia", contesté como quien no quiere confesar lo inevitable. La respuesta de Mario la sigue recordando él todavía, y yo aún más: "Ni hablar, amigo, que lo importante es no morirse antes de empezar de nuevo".
.
Las palabras iban perdiendo poco a poco el sentido conforme las repetíamos una y otra vez frente al computador, elaborando en una misma computadora, que nos turnábamos a diestra y siniestra, cada uno su propia tesina a presentar en una semana. El bachillerato puede ser una gran experiencia... cuando los profesores no te obligan a tomártelo en serio. Los cinco, que tirados en el piso nos preguntábamos -a la par que nos quejábamos- cómo sería de difícil estar parado frente a un grupo de padres de familia, maestros y compañeros, hablando lo más profesionalmente posible sobre un tema en específico, teníamos los nervios de punta y las calmas consumidas.
.
La Vicky fue la primera que habló, cuando para romper el estrés del momento tuve la osada ocurrencia de cuestionarla sobre su última relación amorosa. "Ya no está, Agus" "¿Por qué?", surgió inevitable de mí. "Porque al idiota se le ocurrió preguntarme si yo estaba completamente segura de que no era lesbiana". La única que rió, quizá ya demasiado acostumbrada a que su amiga contara el suceso, fue La Cotejasentaderas, quien para entonces levantó la mano y comenzó a contar, sin que nadie le cediera la palabra -¿para qué, si al fin y al cabo todos íbamos a hablar?-, su propia historia relacionada con el duro e inseguro rompimiento de La Vicky.
.
Para cuando La Contejasentaderas acabó, todos los presentes -bueno, cuatro de los cinco- nos dimos cuenta que teníamos un hilo enebrante en común: todos, en algún momento de nuestras vidas, habíamos terminado una relación -o intento de ídem- al ser cuestionados, o incluso "inculpados" sobre nuestras preferencias sexuales. Lo que siguió fue totalmente idea de La Vicky, que para eso de celebrar siempre se pintaba solita: "¿Y si vamos a un café gay juntos para demostrarles a esos idiotas -claro que eso era un decir: los idiotas (la idiota, en mi caso) ya ni estaban- que si algo tenemos segura es nuestra sexualidad, le pese a quien le pese?"
.
Hecho. Dos semanas después cuatro amigos -no tan amigos hasta entonces- estaban brindando juntos rodeados de peluches, guirnaldas, arcoiris y parejas homosexuales respetuosas y a todas luces inteligentes. ¿Que si la experiencia sirvió de algo? Sí, nos demostró a los cuatro que la vida es más hermosa cuando se le vive con todo dispuesto a ella, y que nada puede dañarte más que tomarte en serio lo que sólo los idiotas pueden considerar decir.
.
El Breakfast Club se armó de inmediato cuando, ya casi acabando el último semestre, La Vicky, La Cotejasentaderas, El Sexsymbol y otros más, descubrieron que eran distintos, pero que sus diferencias encajaban dramáticamente en un punto aglutinador: todos éramos seres humanos dispuestos a crecer, vivir, hacer de nuestras existencias verdaderos mares de humanidad y felicidad, y creernos la cuestión de que para ser feliz hay que pasar primero por las aguas de la vida.
.
Las escapadas a Manzanillo, los desayunos -de ahí el nombre del fugaz grupo de amigos, y de la película homónima de los años noventa que planteaba la amistad de un grupo drásticamente heterogéneo de prepos en detención- fugaces en el Mc Donalds donde justo trabajaba El Apapachoquealivia antes de que yo lo conociera como tal, las tardes bajo la lluvia esperando ser capaces de probar una gota de agua que supiera diferente, las noches frente al televisor empapándonos en galletas y chocomilk -chocomiles, dirían en plural aquí en México-, las mañanas apretujadas, adormiladas, deseadas. Porque no es la similitud lo que une a un grupo de seres diferentes, sino su capacidad para encontrar en sus diferencias comprensión y empatía.
.
El Breakfast Club se disolvió tan pronto como cada uno recogió su certificado de bachillerato y entró a la facultad. Aún recuerdo esa última acampada en Manzanillo, cuando mientras veía el cielo estrellado frente a la fogata, La Hippie se me acercó meditabunda, se sentó a mi lado y, con la cabeza recargada en mi rodilla, comenzó a llorar sin que nadie hiciera afanes por detenerla. Cuando se serenó un poco, volteó hacia mí y dijo con ese místico tono de voz que utiliza el ser que ha encontrado la verdad: "Chales, Agus, lo que daría por volver el tiempo y hacer esto desde el primer semestre". Yo, que para los ratos sentimentales soy muy malo, sólo atiné a asentir y expresar: "Sí, Yuda, pero para que eso pase hace falta que no seamos nosotros, y que la prepa haya valido la pena. Y si la prepa valió la pena... ¿qué sentido tendría todo esto?"
.
Hoy, cuando los vi llegar a cuentagotas, encontré en sus rostros la mirada del que ha andado dos años buscando algo y no lo ha encontrado del todo. Sé que El Sexsymbol miró lo mismo en mi cara porque, cuando en un momento específico todos guardamos pronto silencio, atinó a comentar: "No hemos cambiado. Seguimos siendo los mismos". No, pensé contestarle, somos todos diferentes, pero seguimos esperando el mismo encuentro, bajo la misma lluvia, bajo la misma noche. Y eso, supera dos años completos de cambiar a palos y tachoneadas.
.
¡Salud!

miércoles, 20 de agosto de 2008

Volver a Almodóvar.

Algo de mi poca experiencia al respecto me lo dice: el cine de Almodóvar es mejor si se come por separado, con la conciencia muy tranquila y el ánimo muy dispuesto. Si cualquiera de estas tres condiciones se tacha de irrelevante, y uno pasa toda la tarde frente al televisor, o aplanado en la butaca, chutándose la historia cinematográfica completa del director español, o si uno se sienta a ver alguno de sus filmes después de haber cometido alguna "maldituría" -gracias a La Casicasi por el neotérmino-, o si lo hace medio apesadumbrado y con pocas ganas de vivir, las consecuencias podrían ser fatales.
.
Estas vacaciones, como no queriendo, me eché dos. Dos de Almodóvar en dos tardes algo distantes, y todavía sigo pensando en por qué no se me ocurrió ver una este verano y la otra hasta el siguiente, cuando ya hubiera digerido la primera. Pero no lo hice, y en cierta parte no me arrepiento: ambas cintas son buenas, y han resultado un acercamiento más que satisfactorio al cine del probablemente más renombrado director español de los últimos tiempos-yo le voy más al manejo temático de Julio Medem, pero los arrebatos de Almodóvar sólo él-.
.
Volver fue mi segunda intentona por mirar a Almodóvar con ojos de fanático, y la primera de este verano. Se ganó mi aprecio por reivindicación, definitivamente, que ya había alguna vez había estado coqueteando mi intelecto con mi primer vistazo a su trabajo cinematográfico -Todo sobre mi madre, que vi recomendadísima, y acompañadísimo, por mi hermano, hará unos dos años-. He de admitir que, aunque había recibido de parte de muchos cinevidentes -fanáticos almodovarianos o no- recomendaciones expresas de ver Volver -que no de volver a ver Volver-, me dejé llevar más bien por la posibilidad explícita de conocer un poco más del trabajo de Almodóvar, más de su intelecto, de su mordacidad, de su humor negro, de su manejo sustancialmente agresivo de temas tabú como la homosexualidad o la liberación femenina. Más de todo lo que es él, y que nadie se pone de acuerdo todavía qué es, pero todo mundo sabe que algo es. Mención aparte a la actuación genuina de Penélope Cruz en papel de sospechosa culpable y mala hija, con ese rostro y esas piernas que hacen pensar a uno que si no fuera por su voz indigerible... las cosas con Penélope irían siempre viento en popa.
.
La mala educación, que hace unas horas apenas acabo de digerir, fue mi tercer acercamiento -segundo de este verano que ya comienza a oler a otoño- "a lo de Pedro", y salió tan bien librada a mis ojos como lo hizo Volver. Con esa lucidez estética que ilumina el cine del español, el humor y la temática negra que maneja se ven tan, pero tan iluminados, que es imposible separar un minuto el ojo de la pantalla, así se hable de abusos, vejaciones, dolores, muertes, trasvestismos no asimilados, asesinatos y violaciones. Aquí la mención aparte, ya lo sabrán los fanáticos o simples espectadores de la cinta, se la lleva Gael García en una actuación bastante bien ejecutada -y casi doble- de un travestido -¿qué nosotros los mexicanos no decíamos "travestis"? Seguiremos informando- con muchos complejos, culpabilidades y retorcidos caminos mentales. No se ve guapa la Gaela, pero tiene con qué defenderse cuando se pinta los labios.
.
No sé quién, pero alguien me comentó alguna vez que Almodóvar es lo que es gracias a que no se inspira en otra cuestión para armar los argumentos de sus cintas que en los artículos periodísticos de nota roja que suelen llamar su atención. Así, pues, su cine es atractivo al ser humano porque, si bien no es necesariamente humano, sí plantea las visicitudes del suelo básico del hombre -en genérico-: la vida cotidiana.
.
Yo, con lo poco que sé de cine, y lo menos que sé de Almodóvar, me quedo con Todo sobre mi madre. No me lo tomen a mal, es más, ni siquiera me lo tomen; se trata en realidad de que en esa cinta el director se ve menos incisivo y más productivo, menos alardeante y más dirigido. ¿Y dirigido a qué? A dirigir, y no a ganar el Óscar. Ya dije.
.
¡Salud!

lunes, 18 de agosto de 2008

Tras los pasos del gigante.

Da risa leer las cuestiones económicas más básicas en los libros de historia, filosofía o economía, porque eso significa adentrarse en el sostenimiento de tesis tan inválidas como sofisticadas, no adoptables en una sociedad naturalmente humana, que lo que menos hace es guardar reglas y seguir patrones -tan sólo la semana pasada. el New York Times publicaba una larga lista de cuestiones que los expertos en dichas materias consideran inabarcables por la razón humana (ya ni pa' qué quemarse las pestañas, pues)-.
.
Entre esas cuestiones risibles que los teóricos económicos manejan como verdades aparentes, se encuentra la idea de que llegará un punto en la historia de la economía en que el comercio dejará de existir, todo se monopolizará, y las naciones mismas rendirán pleitesía, con todo y bandera y demás símbolos patrios, a dos o tres marcas-empresas que controlarán todo lo que pueda imaginarse como bien o servicio, desde las conchas de El Globo, hasta las cremas de depilar -mujeres del mundo: uniros para sufrir-.
.
Risible y no. Hoy, citados por su jefe a una hora pornográficamente temprana, mi madre y yo, que soy su chalán, partimos presurosos a una cita de trabajo en la matriz de la popular -e italiana- marca de chocolates que ella distribuye en su changarro personal. El motivo de la cita era en realidad una junta en la cual se tocarían temas de vital importancia ante la llegada de un nuevo jefe de concesionarios -mi madre es catalogada como concesaria, no como jefa- que dice poseer geniales ideas y magníficas propuestas para que todos los que trabajen con él nunca más padezcan hambres, fríos o pestes -ya la falta de dinero se verá después-.
.
Y como todos andábamos con los ánimos muy ennubilados, El Charles Warrior -el nuevo jefe en cuestión- se encargó rápidamente de moderar los ímpetus estableciendo una cuestión trascendental, sufridamente trascendental: "Wal Mart representa para nuestra marca el 70% de sus ventas. Cuando Wal Mart pone descuentos, le pide a nuestra empresa que se los patrocine con producto gratuito. Si la empresa se niega, Wal Mart retira sus productos de sus tiendas. ¿Creen ustedes que nuestra empresa no sacrificará ganancias y utilidades, con tal de estar en todas las tiendas de la cadena de supermercados, y tener así seguro el 70% de sus ventas a nivel nacional?"
.
Para cuando la charla terminó, todos los concesionarios -y también sus respectivos chalanes- teníamos el ánimo por los sueños y soberanas ganas de ir a patear al primer empleado, pariente o parecido de Sam Walton -el creador de Wal Mart, según mis informantes y los folletitos que me dieron cuando fungía como cajero en una de sus tiendas-, hasta no dejar ni el polvo.
.
Ya mi hermana la mayor, que de eso y otras cosas sabe mucho, me había explicado en alguna ocasión, cuando yo andaba en un poco habitual periodo de atención decidida, que el modus operandi del gran mounstruo del comercio al detalle -léase justamente Wal Mart- era castigar a sus proveedores, ya con la fijación de descuentos que éstos terminaban pagando, ya con la devolución sin tregua de mercancía en cantidades industriales que había sido comprada en cantidades igual de grandes, ya con ignorar a los surtidores que se portaran "gachos" y se pusieran sus moños para vender sus productos, todo lo cual redundaba -y redunda- en mucha ganancia para la cadena estadounidense, mucho mercado para la cadena estadounidense, y mucha felicidad para la cadena estadounidense, con un consecuente cierre de mercados ante la politización y un obvio derroche de descuentos y rebajas de toda índole.
.
Wal Mart parece decirle al mundo entero, con su política de compra al menos, "El supermercado soy yo", y no hay nadie en el horizonte que se decida a ponerle el alto. Según el mismo Charles Warrior explicaba en la mañana, si las cosas siguen así, en dos o tres decenios el supermercado de la carita feliz habrá capturado el 70% de las ventas de todo lo pensable en nuestro país, desde papas Sabritas hasta carne asada, y ni siquiera la temida unión de otros dos medianamente grandes, Soriana y Gigante, llevada a cabo en recientes fechas, podría hacer temblar al gigante de los precios bajos.
.
Yo, trémulo y poco decidido como soy, temo decir que compro mayoritariamente en Wal Mart y hasta he llegado a sentir relativa simpatía -que no estima, porque, ya lo decía en entradas anteriores en palabras de La Traviata, "estimas a tu perro"- por la marca y su modelo de operación. No es que sus precios sean los más bajos -bueno... eso está por verse-, sino que su visión del cliente como herramienta sustancial en la base operativa del negocio me viene bien como cliente quejumbroso -que no distinguido- que suelo ser.
.
¿Que si Wal Mart el día de mañana acabará con las tienditas y otros detallistas, y con ello se llevará a la coladera el negocio de mi madre y otros tantos distribuidores pequeños?, ¿y que si yo no estoy pensando en el bien de lo nacional, y a cambio estoy vendiéndole la Patria, sobajada como está, a un montón de changarreros gringos? Sí, ya he meditado todo eso, y he llegado a la conclusión de que o Wal Mart hace algo más efectivo por revertir la simpatía que siento hacia él, o me veré forzado a marchar para exigir un Wal Mart menos competente, con menos ropa barata, o con más productos caros, y menos garantías, y menos descuentos... olvídenlo, se me antojó un baguette de sus hornos, y no pienso detenerme hasta obtenerlo.
.
¡Salud!

El valor de la escucha.

"Tener amigos requiere de dos cosas trascendentales e impostergables: estar dispuesto a no ceder tu parte, y estar dispuesto a dar todo lo que no quieres ceder".
.
Hay dos cosas, en el cúmulo de cosas de la vida, que me cuesta trabajo tolerar, dos cosas no inútiles -porque de esas mi lista personal no tiene fin-, de gravedad, pues, cuya presencia en mis días tengo por muy mala afrenta y muy arriesgada situación: una es la violencia física; la otra, quizá más productiva que la primera, es el hecho de que uno de mis amigos -o esa selecta lista de personas a las cuales considero como tales- me reclame desatención y abandono.
.
Sucede que soy distraído -no... ¿yo, distraído yo?-, así que cuando no estoy cometiendo errores graves en mi relación conmigo mismo, por olvidar o dejar pasar aspectos fortalecientes de la misma, estoy cayendo en graves faltas en mi relación con los demás. No trato de ampararme en mi distracción, pues es una causa-excusa muy relativa y deleznable, pero sí intento hacer ver que la causa de que yo abandone a mis amigos nunca se encuentra en un intento alevoso y ventajoso, sino en mera y soberana bobería de mi parte -yo sí tengo colección de charolitas para la baba-.
.
De modo que cuando no olvido cumpleaños o fechas importantes, olvido avisos trascendentes de la talla de "no le vayas a decir a mi mamá que me fui al antro", o "que no se te vaya a salir frente a mi papá que ya le agarré la nalga a fulanito", y cuando menos pienso ya estoy soltando la sopa con afanes curiosos -o de conversación- y ya estoy recibiendo por parte de mi cauteloso y admonitorio amigo una mirada de esas que significan "tenías que ser..."
.
Cuando La Traviata me expresó en recientes minutos, con esa expresividad tan suya, que se ha sentido abandonada por mí en el último semestre -osea, los primeros seis meses de lo que va de este 2008, que son justos los que pasamos intentando llevar el 4o semestre de la carrera que nos ha unido y que cursamos juntos-, yo no pude hacer más que pedir una disculpa y hacer ver que no ha sido mi intención, pero que mi habitual distracción, aunada a mi no habitual ocupación múltiple -siento mi cerebro como hotel en temporada alta-, ha hecho que descuide yo mi relación con ella, y no procure una llamada, o un abrazo, o un sincero "¿tú qué traes?"
.
No, no me lo perdono, y quizá no lo haga hasta que no la vea encarrilada y con menos cosas en la cabeza por decir. Por ello es que en esta semana, que por su ambiente de regreso a la actividad escolar y profesional naturalmente está algo sobrecargada de cosas por hacer, pensar, decir y escribir, en esta semana tan compleja, decía, he decidido abrirle cancha en mi agenda para regalarle una tarde, a ella y a los que se apunten, con afán de escuchar, maldecir, interpretar, informar, decidir y trasgredir, todo con no otro afán que actualizar las coordenadas, redefinir el rumbo y pedir las disculpas, abrazos, besos y agarrones que sean pertinentes, necesarios y debidos. ¿Ven? No soy taaaan intransigente como parezco... todo es cuestión de que me agarren por el lado bueno -¿qué pasó?, ¿qué pasó? vamos ai-.
.
¡Salud!

domingo, 17 de agosto de 2008

Regalo de cumpleaños paulatino.

Un error ignominioso, de esos de "trágame tierra", y lo que es peor, debido a mi cada día más evidente pérdida de memoria, me hizo cometer una gravísima omisión esta semana -no ésta esta, sino la que acaba de acabar-, cosa que todavía no me perdono y que está a punto de provocarme la salida pronta de erupciones purulentas en la piel con escozor acompañadas.
.
Pero como a mí eso de andar lleno de pus y peste me preocupa bastante -sobre todo desde que he tomado conciencia de mi imagen personal (?)-, revertiré el embrujo remendando el error: esta semana, bueno, desde la pasada, mi querido y estimado -que es lo mismo, pero no es igual- El Apapachoquealivia, un amigo que arribó a estas tierras mías en recientes fechas, pero que por azares del destino tiene ya pasaporte añejo y cosecha desde hace mucho tiempo mi simpatía, ha estado cumpliendo años.
.
Sí, ha sido todo un proceso. Sucede que él es muy conciente y sabe que cumplir edad de zopetón es de muy mal gusto, sobre todo cuando haces sentir a los que contigo están más viejos -¿y que por qué se sienten viejos, si los que cumplen años son otros? Ya ven, uno que casi no es ideático-. Así que, en bien de la humanidad, El Apapacho... se ha decidido por la valiente opción de anunciar paulatinamente sus festejos de cumpleaños, y posponerlos poco a poco hasta que ya nadie sienta que lo que se cumplen son días de vida, sino gracias recibidas.
.
Una puntada que yo valoro, aplaudo y abrazo. Después de todo, el poder inquisitivo y aleccionador del gentil buen joven en cuestión vale por cualquier "pero" y destruye toda controversia nonata. Yo, en lo personal, cada día estoy más dispuesto a entregarle a consideración mis planes y decisiones, para que su casi perfecta mente planificadora -yo insisto en pensar que dentro de él habitan muchos informantes bien capacitados... sin ofender a los presentes- someta todo mi plan de vida a juicio y elucubración, y de dicho examen riguroso proceda un bien nacido pronóstico de opinión.
.
Por lo pronto queda el abrazo cariñoso y la cordura, dos deseos que no están de más hoy día para un joven tan emprendedor como lo es El Apapachoquealivia. Y como a mí lo que me gusta es regalar cosas que sirvan, le dejo a él, y de paso a los que quieran usarlo, un regalito que tampoco está de más cuando de entender las abigarradas y barrocas -que tampoco es lo mismo, pero también es igual- expresiones que este baile -o su bailador, más bien- suele incluir en cada entrada.
.
Se trata del link al diccionario web de la Real Academia de la Lengua Española, que aunque no dice todo lo que hay que decir, ni explica todo como se debe explicar, sí es de gran ayuda cuando de salir del paso se trata. Y si ya buscando encuentran que lo que yo digo es puro invento con afán de despistar, me avisan y les mando clausurar el changarro a toda esta bola de usureros -?- Sí, yo tampoco entendí... pero queda:
.
.
¡Salud!

sábado, 16 de agosto de 2008

110º C

"110º C es la temperatura promedio a la cual el plástico se funde".
Wikipedia.
.
A ver si entendí: nunca cantaron -a lo sumo dos de sus integrantes, cuando muuuucho-, bailaban a medias, salieron de un producto prefabricado para ser otro producto prefabricado -como si dentro de una lata de Pringles viniera otra lata de Pringles-, y de las pocas cosas buenas que hicieron -relativamente hablando- apenas es rescatable el hecho de que vendieron discos por todos lados, fortaleciendo con ello a la industria discográfica mexicana -?-, y de que viajaron por todos lados promocionando sonsos sonetes y letras mal arregladas. Todo eso, y ahora tienen el tino de anunciar su separación, como esperando que todo México llore, o los reggaetoneros por fin tengan un dejo de piedad y se conviertan en la última advertencia.
.
Pero nada. El anuncio de la separación de RBD (Rebelde, pues, nomás que tomaron el apocopado nombre para parecer más rebeldes todavía), nos viene sin cuidado incluso a los que sólo alcanzábamos a estimar -"Estimas a tu perro", dice la proverbial Traviata- a la agrupación -?- por dos o tres temas que tenían la innegable capacidad bochornosa de pegársenos en las amígdalas y hacernos cantarlos todo el santo día.
.
De ahí en fuera, los que sufren son los fans -¿habrá algún metalero fan de RBD? Seguiremos informando-, que seguro irán de rodillas a la Basílica a pedirle a al Morenita que algo en sus descerebrados cerebros los convenza de que necesitan comer, y que comer necesita trabajo, y que el trabajo sólo se obtiene moviendo las piernitas y la quijada, haciendo como que cantan, como si las decisiones las tomaran ellos -bueno, si así fuera, eso explicaría el porqué de tanta ridiculez-.
.
Aunque sé que muchos fanáticos de este Baile sufrirán al saber la noticia -?-, y muchos otros más sufrirán al enterarse que yo no soy tan fanático de RBD como se piensa -aquí sí no cabe el ?, absténgome-, las cosas son, y a lo hecho pecho. Mañana será un mejor día, eso seguro, cuando ya no estén en la radio sus unísonas voces -de los dos de seis que cantaban-, y todos tengamos que ir a buscar en otros grupos sus rítmicas tonadas y sus profundas letras... o mejor no, pues preferible nos será quedarnos sentados viendo la vida pasar.
.
Pero ya vendrán otros, no se preocupen, que recorrerán toda América intentando hacerle ver a la juventud que cero que ver con la mala onda y multiplíquense por cero los choros mareadores de papi y mami. Rebeldes o no, la fabricación de grupos musicales no parará hasta que los jóvenes comprendamos que quitarte un sonido de la cabeza es posible... sobre todo cuando no está hecho más que con amplificador, tres teclas de teclado Casio y mucho sonido láser.
.
Por eso yo no me preocupo. De un cúmulo de fanáticos que, diciendo ser rebeldes, utilizaban el mismo atuendo y cantaban sin cesar las mismas canciones -hasta que aparezca César y lo arruine todo... perdón, chiste local para los fans de 31 Minutos-, ya veo venir a otros que, diciendo ser nerds, o fresas, o punketos, o emos, vestirán "diferente", cantarán "diferente" y hasta dejarán de comer para entrar en los ajustados pantalones que todas las modas requieren, y acto seguido correrán a pedir dinero a sus papis para continuar con la rebeldía -¿qué creían, que se paga sola?-, y los papás, claro está, se lo darán todo a manos llenas, pues no hay nada más efectivo para desentenderse de la educación de los hijos que procurar estén formando parte de un movimiento prefabricado.
.
¡Ouch! Qué punzante me quedó la sopa.
.
¡Salud!

viernes, 15 de agosto de 2008

Bienvenido al mundo Sodoku.

Entrada brevísima de apreciación informativa: habemmus sodoku. Gracias a que los de blogger se pusieron las pilas, todo el grupo de invitados de este baile se puso las pilas también y ya agregó a este blog, que este mío y también de los que ayudan con los gastos, un diario jueguito de sodoku, con la firme decisión de evitar paulatinamente la lectura de las entradas, y provocar así una hecatombe mundial -o algo peor-.
.
¿Que dónde se le encuentra? En el conjunto de aditamentos del lado derecho de la pantalla, hasta el final. No sean gachos, yo sé que causa adicción, pero jueguen ya que leyeron. No vaya a ser que en una de esas me quede sin público y tenga que convertir esto en "El baile del Sodoku" -sick-.
.
¡Salud! (y buena suerte en el juego).

Información a prueba de minis.

Yo creo muchas cosas. Creo que el pan Bimbo sabe mejor con Nutella, y que lo bajo en grasa no es tan sano como lo pintan -a las pruebas me remito-. Creo también que todos tenemos derecho a opinar, y que entre más opinamos más somos capaces de formar criterio, de modo que toda opinión no es acertada o incorrecta per sé, pero sí per sé es parte de un proceso de comprensión y decisión. Finalmente, creo que el mejor informado es el que mejor puede opinar. -¿Qué tienen que ver el pan Bimbo y la Nutella en todo esto? Nada; despiste del enemigo, que le llaman-
.
Por eso es que me punza en el hígado cuando le dan el micrófono a malos opinadores -mal informados, antes que nada-, pues mi alma -opinadora, de hecho- entristece al pensar que las malas opiniones de otros generarán confusión en los muchos mexicanos que nunca están informados, o que ven palabra infalible en las versiones de los malos opinadores a los que acuden en pos de información.
.
Ya sabrán, y si no se van enterando, que estoy hablando del extraño y repugnante modus operandi de la prensa mexicana que, al menor asomón de cualquier cosa, corre con sus micrófonos a preguntarle a cuanto cardenal, arzobispo, diácono o abad se le aparece en el camino para ver qué opinón guarda al respecto de asuntos tan inútiles como que llovió en Pátzcuaro, que el gobierno federal imprime en hojas recicladas, o que al nuevo Iphone se le queman las bugías, todo lo cual genera a la larga un cúmulo de opiniones tan idiotas -ahí disculparán- como innecesarias.
.
Innecesarias, pero terminan haciendo creer a los fieles -extraña palabrita que me huele a fanatismo y a ceguera- que todo es malo, todo es bueno, todo no es, todo es más o menos, o lo que sea que los clérigos apunten. Y la confusión, clarito está, no se hace esperar, dejando a los pobres neomexicas, con aspiraciones a católicos, descerebrados, desquiciados y desinformados -sí, peor que si oyeran misa en latín-.
.
Uno de los ejemplos más frescos está en la reciente declaración por parte del Arzobispado mexicano -les explico brevemente, por lo menos para que estén informados: un conjunto de parroquias forma un decanato, muchos decanatos están integrados en un arzobispado, y varios arzobispados están bajo las órdenes de una arquidiócesis-, que, lleno de inteligencia, sabiduría y profunda gracia divina -?, ?, ?-, razgos innegables que siempre le caracterizan en cada una de las acciones que emprende -más ?-, afirmó la semana pasada -bueno, la que está por terminar- que para disminuir el índice de violaciones sexuales, las mujeres mexicanas deberían dejar de usar minifaldas y escote, y resignarse a buscar prendas "que provoquen en menor medida la lascivia y el pensamiento libidinoso de sus compañeros masculinos".
.
Dejemos a un lado, por bien de la objetividad -?- que caracteriza a este blog mío, el hecho de que a mí, siendo muy sincero, las minifaldas no me gustan nadita -me parecen, más bien, un artículo en demasía cutre e inapropiado, sobre todo para la anatomía celulosa propia (y divina) de la mexicana promedio, la misma que usa la prensada prenda y quien suele tener aguayones muy chorridos y caderas muy apretadas, lo que hace quedar a la minifalda en calidad de emboltura de jamón endiablado Fud-.
.
Y dejando de lado eso, será trascendente decir que uno no puede imaginar a México sin minifaldas. No, al menos, al México de las instituciones -mal que bien, pero las hay-, ese México lleno de mujeres burócratas pelospintados que, sí, adivinaron, no pueden resistirse a usar las minifaldas, se vean en ellas como chorizos mal envuentos o no -tengo la ligera y casi confirmable impresión de que las trabajadoras del Estado tienen la idea de que entre más apretadita y sobre la rodilla esté la minifalda, más agarrará parejo la portadora y más leche y tortillas llevará a la casa-.
.
Por eso es por lo que el inútil consejo del Arzobispado sobra y causa disgustos. Por eso y porque hace el garrafal intento de proveerle a una simple prenda femenina toda la responsabilidad de un conjunto de hechos deleznables y a todas luces producto de dos faltantes gravísimas y antiquísimas en nuestro país: información y educación -que, casi casi, van de la mano-, como si el escote -ése es otro cantar- o la minifalda tuvieran un chip especial que activa a los violadores mexicas y provoca actividad irregular en ciertas áreas cerebrales que despiertan los más bajos instintos. Como diría La Wendy (antes La Malagueña): "Que no mamen" -sic, sick-.
.
Yo digo que la solución a todo esto -la desinformación, el clero bocón, las violaciones, la minifalda burócrata mexicana- está clara y consisa: déjense de cosas y comiencen a informarse. Y, ya entrados en la información, edúquense. Ese consejo les doy, porque su amigo el blogero soy, pu-púh.
.
¡Salud!

Inercia.

Una tarde, dos mesas, poco más de cinco o seis equipales, un dominó, muchas rondas de bebidas y botanas varias, las voces ajenas que, confundidas con el rumor de las propias, hacen el trago más amable. No se necesita más, llegué a la conclusión el otro día, para que el pasado arribe al presente y lo sorprenda con su fragor de episodios terminados.
.
Hace unos días, y usando de pretexto el vigésimo aniversario de nacimiento de la siempre dadivosa Casicasi, varios de los que solemos estar nos reunimos en un café del centro de la ciudad para recuperar fuerzas. No, no habíamos corrido un maratón, pero el último semestre nos había dejado con el sabor de la distancia en nuestras bocas, y el extraño rumor de la separación en los oídos.
.
Sucede que los caminos se abren poco a poco, y uno ni cuenta se da. Yo tengo en terrible error querer tener a mis amigos en un estado de latencia aparente, de modo que nada en ellos cambie en relación a mí, ni en relación a nada. Pero mi error maquiavélico lo pago caro: cambian, y gacho, y todavía se toman la molestia de pedirme unirme al cambio. Y como uno es en ciertas cosas un cuadrito reticente... pues ya sabrán la pugna interna que se arma entre conservadores y cambistas.
.
Por eso reunir a las mismas cabezas que en algún momento hicieron una parte del camino muy muy muy juntos -casi o no casi sexualmente hablando-, es hojear el pasado e intentar descubrir qué tanto somos diferentes, qué nos ha modificado, qué tanto la modificación es favorable o qué tanto, más bien, debería de haberse quedado todo como estaba. Yo en esta reunión he encontrado de todo, y eso que todavía no la digiero por completo.
.
Viéndolos charlar y reír al final de la misma, cuando ya muchos de los que no estuvieron en el mismo camino el mismo periodo de tiempo se habían ido, recordé aquella tarde, no muy lejana, cuando mi terapeuta -gracias a mi hermana la menor por el eufemismo- me cuestionó sobre qué me unía a mis amigos. Tardé minutos en contestar un ligero y casi inaudible: "nada, creo, quizá la inercia". Me imagino que se sorprendió, pero como es muy profesional supo entender rápidamente la cuestión: "la inercia es lo único que nos mueve en los tiempos difíciles", me respondió.
.
Pero claro que tenemos cosas en común, como el hecho de que nos gusten algunas de las mismas películas y algunos de los mismos libros, o que hayamos tenido -o estemos teniendo- experiencias similares en todos los aspectos de la vida. El punto es que todas esas semejanzas son tan mínimas que, si no me dedicara a observarlas, me serían totalmente imperceptibles.
.
Pero no sufro con la cuestión de la inercia. Como dijo mi terapeuta, estos tiempos difíciles requieren del mismo movimiento que los sencillos, y si uno no está de ánimos pa' caminar, por lo menos que sea la inercia lo que lo mueve es bastante liberador. Recuerdo aquel viejo refrán de los dos amigos que se encuentran en el Ades, y al mirar hacia atrás en el camino, uno de ellos le reclama al otro porqué lo dejó sólo al notar sólo un par de huellas marcadas en la arena. "Ese par de huellas es el mío. Fueron los momentos en que te cargué porque no podías con tu alma", le da el otro por respuesta. Tómala. Tómolo.
.
¡Salud!