jueves, 3 de julio de 2008

Jaque Mate.

Este baile se une a la fiesta universal. Ya le subimos a la música, que andaba medio apagadona, ya renovamos las botanas de los centritos de mesa, y ya mandamos traer cien buenas botellas del mejor tequila disponible -ebrios sin remedio, abstenerse-. Ya mandamos un oficio oficial a Colombia, y hasta musiquita de mariachi le pusimos, para que no se dudara su procedencia mexicana.
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Sucede que antier, mientras muchos de nosotros nos limitábamos a ver la vida pasar, la ex candidata al gobierno de Colombia, Ingrid Betancourt, fue liberada -no, bueno, no así tan fácil- junto con otros 11 sujetos, del refugio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (also FARC, also FART), ubicado en Tomachipán, Guaviare, al sur del país sudamericano, en el que permanecía tras un secuestro que duró la muy despreciable cantidad -no es el número, sino el hecho- de seis años y sus meses
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Para los que no están enterados del asunto, Betancourt fue, tiempo antes de ser secuestrada, férrea defensora del respeto a los derechos humanos en Colombia, el mantenimiento de los vínculos de comunicación entre el Estado presidido por Álvaro Uribe y el grupo revolucionario que ha traído en jaque a toda aquella tropical nación, así como el fortalecimiento del respeto a las garantías individuales de los colombianos -y las colombianas, ok, chiste local-.
. Y quizá por ello, o por la importancia que la figura de Betancourt representaba en el momento de su privación de la libertad -23 de febrero de 2002, Ingrid se encontraba en plena campaña por la presidencia, y había acumulado no sólo un número alto de simpatizantes, sino un gran porcentaje de la atención de la mass media gracias a su modo férreo y decidido de plantar la situación de Colombia y proponer soluciones objetivas y demandantes-, o por el hecho del importante valor que la prensa internacional le dio al seguimiento de su proceso de secuestro, o por el factor de que la desaparición repentina de esta importante mujer detonó en muchos aspectos la observación de muchas naciones del orbe sobre la situación civil inestable en el Estado colombiano, o por otros tantos motivos que se me escapan de las manos, el punto es que por alguna razón -o varias- la liberación de Ingrid Betancourt merece celebración, fiesta y pachanga -¿que no son cosas distintas? Estamos en proceso de verificarlo, por lo pronto haremos las tres-.
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Y sucede que en esta entrada, que no tiene límite de espacio, pero sí límite de lectura, deberían entrar, por mero valor informativo, muchos puntos importantes: sería primordial hablar de lo hermoso que es Colombia, de lo bello que es su español y lo fascinante que es su gente, de la variedad de su comida, de la importancia de sus artes, su folklore, su cultura, pero hacer todo esto sería dejar de lado la cuestión de que Colombia vive cercada, ya desde mucho tiempo atrás, por una de esas escorias -no tanto lo que distribuye, ni lo que vende, sino la forma en que lo hace-, una de las más grandes piedritas en el zapato, de todos los países latinoamericanos -México incluido- y otros tantos del mundo entero: el narcotráfico.
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Y mencionar al narco sería también dejar de lado la cuestión misma de las FARC, que según mis informantes traían en sus inicios ideas muy parecidas a las que tanto se afanaron en exponer en nuestro México querido Marcos y sus zapatistas, la desigualdad social y el rezago étnico incluido, y que fueron poco a poco, y con apoyo de quiénsabequémanopoderosa -ajá-, tergiversándose hasta convertirse en violencia pura engendrando más violencia y miedo.
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Así que, como hábilmente ya dije todo en el párrafo anterior, me limitaré a felicitar de nuevo a Ingrid y a su familia por su libertad renovada -úsela con cuidado, se gasta, me consta que se gasta, pero úsela mucho-, al presidente Uribe -y secretarios inmiscuidos- por el éxito y la excelente planeación de la "Operación Jaque" -sí, así se llamó, y vieran si no fue como de película: disfrazados de un grupo de auxiliares humanitarios, varios elementos de las Fuerzas Armadas de Colombia -las legítimas- se acercaron a las FARC hasta ganarse su confianza y proponerles su modesto helicóptero para trasladar a los rehenes -Betancourt muy debilitada incluida- a una zona de secuestro más segura, esto ante el aparente descubrimiento que hiciera la milicia colombiana de la localización del campamento de los insurrectos.
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Y tómala que los de las FARC dijeron "ámonos, pues", y que cuando el helicóptero estaba en vuelo, que dejan caer el teloncito y que se descubren como lo que realmente eran: militares arduamente entrenados para liberar rehenes inocentes y trasladarlos a zonas de seguridad. Y los de las FARC nomás se quedaron papando moscas y esperando entender qué había ocurrido, mientras Betancourt y los otros comenzaban a bordo la feliz pachanga, no muertos, no heridos, la gente justa de Colombia y del mundo entero muy feliz y muy agusto, y todos, eso sí, esperando entender más a fondo la compleja situación social de América Latina, que crea secuestradores y engendra liendres poderosas-.
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Y felicito también a todos y cada uno de los otros rehenes, a Colombia mismo, a su gente, a todos los que creyeron sin chistar que sería posible ver a Ingrid viva -las FARC rara vez se afanaron, durante los seis años de su captura, en dar muestras feacientes de su existencia-, y me felicito a mí, sobre todo, que sí creí que sería posible y que sigo creyendo que, si bien la nave camina viento en popa, todavía puede estar mejor el changarrito -"Aún hay más", decía el dominguero de Raúl Velasco-.
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Queda, claro está, mucho por pensar: ¿alcanzará algún día el gobierno colombiano, su gente, a comprender del todo a sus propios revoltosos?, ¿sabrá la razón de tanta ira, tanto secuestro, tanto miedo?, ¿resolverá el dilema del narcotráfico, o por lo menos tendrá el valor suficiente para decirle al mundo que participa con él?, ¿y el resto de los países latinoamericanos, y los europeos, y los africanos, y los asiáticos, ya lavamos nuestras propias gergas sucias, o también estamos esperando que en otras patrias se liberen a conmocionados secuestrados, o en otros países se hagan acuerdos, o en otras naciones se dé el ejemplo?
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Yo me quedo con la esperanza, ésa que Pandora dejó en el fondo de la caja y que además muere al último. La esperanza de que México escuche a Chiapas, Venezuela se escuche a sí misma y renueve su presidencia, Estados Unidos deje de escuchar, España escuche a sus propios separatistas, y todos, aquí la piedra angular de todo este jolgorio, todos estemos dispuestos a escucharnos a nosotros mismos.
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¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Dato: Lucy Barriga es un regalo de Bogotá para Guadalajara, para quienes no la conozcan es la mente creadora de la Vía Recreactiva; una vez tuve la oportunidad de entrevistarla y fue interesante saber que con todo y su guerrilla y su narcotráfico, en Colombia hay menos machismo que en México y las calles, al menos las de Bogotá tienes parques por aquí y ciclovías por allá. Para aprender y aplicar, algo bueno dentro de todo lo negativo que tiene Colombia. No olvidemos a Gabo, Shakira, Juanes y el café. Y Sin tetas no hay paraíso... jajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja.