martes, 15 de julio de 2008

A capela.

Ya en las primeras entradas de este blog que es mío, y también suyo si me ayudan con los gastos, había expuesto yo de un modo muy original -?- la extrañeza que es ese acto humano tan occidental, o tan cultural en general, de rebanar, generalmente con un hálito estético, una forma específica con fin y fruto, las vellosidades del cuero cabelludo, y de desear, quizá insospechadamente, de manera velada, pues, que el cabello cortado, o más bien el corte en sí mismo, tengan para otros, para uno mismo ante todo, significado, razón y justificación -¿qué no son lo mismo? Vaya uste' a saber, pero las palabritas suenan re' bonitas rejuntitas-.
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Así que en esta entrada, que dista mucho de ser de las primeras -150, aquí vamos-, no me afanaré por traerles la historia del corte del cabello, ni ponerles, como en la pasada que versó sobre este tema, los datos frescos sobre la mesa, y hasta ordenados alfabéticamente de cómo es que uno debe cuidarse de los barberos, estilistas y pécoras similares sin remedio. Me preocuparé, eso sí, por hacer una disertación intensiva sobre lo que el corte significa, o debe significar, o el por qué hacerlo, o el para qué pagar por él, o el... el por qué de su existencia. Corre palabra.
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Los registros humanos que versan sobre la necesidad del homo sapiens -?- de expresar algo a través de su cabello, son más antiguos de lo que los historiadores mismos imaginan. Se sabe que culturas muy sofisticadas, como los egipcios, distinguían físicamente la pertenencia de un individuo a cierta clase social por el corte de cabello que portaba. Los antiguos chinos hacían lo mismo con las distintas escalas jerárquicas de los miembros de su corte, distinguiendo a través de específicos cortes capilares, a consejeros de embajadores o emperadores.
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Ya más adelante, cuando la historia avanzó y no tuvimos de otra que pegárnosle y avanzar con ella, el corte de cabello dejó de ser primariamente señalamiento de una distinción social y se convirtió, más bien, en la evidencia de diferencias económicas. Durante la Edad Media, por ejemplo, el corte de cabello se convirtió en una necesidad imperante entre las clases serviles ante el asedio de piojos, pulgas y otras tantas garrapatas que, surgidas ante la pésima situación higiénica del ecosistema humano, amenazaban los cueros cabelludos -y la hemoglobina- de cuanto siervo agarraran de changuito. Y claro que había para todos, pues los señores feudales, los reyes y sus cortes, también adquirían en sus vellosidades a esos molestos animalitos del Señor, aunque éstos tenían más acceso al agua, y con ello al aseo de sus cuerpos.
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Para el Renacimiento la cosa cambió poco, y con la Revolución Industrial el corte de cabello fue ya un privilegio antes que una necesidad: las clases proletarias a duras penas tenían dinero y tiempo para trabajar en las fábricas, ya no digamos para modificar a su antojo su aspecto personal, o cuidar su higiene, así que los emperifollados -sigo preguntándome si sí se dice así o el adjetivo es creación materna o culichi- eran los propietarios -alias burgueses- y sus adineradas familias.
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Ya cuando la cosa estuvo más tranquila, y las sociedades agarraron forma bajo el modelo capitalista de organización social, todos tuvimos tiempo, dinero y ganas, de expresar a través de nuestro peinado nuestra personalidad y nuestra visión del mundo, incluso. Así, mientras los años avanzaban, el siglo XX adquiría su bestial y bélica forma, y aparecían en escena gurús de la moda, el estilo y la música, el cabello se iba convirtiendo también en un factor de expresión antes que en otra parte del cuerpo humano: de los jeans a los pesqueros, o de las blusas a los chalecos, el cabello también se tendría que modificar según el estilo o la necesidad de expresión.
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Para los que crean que todo esto no es más que invención de esta su pluma, busquen fotografías de cualquiera de los grupos juveniles surgidos en la mitad del pasado siglo: ¿no es acaso signo distintivo de los hippies el cabello largo y desgreñado?, ¿no era el pachuco por naturaleza engominado y de aspecto "presentable"?, ¿no es "síntoma" evidente de un punk el pelo parado en picos que dicen "aléjate que te pico"? Ya, si quieren más evidencia, búsquenla y remítanla. Se aceptan recriminaciones.
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Hoy día, para los que a duras penas somos "poperos", ya no digamos seguimos o no a un grupo de rock o etiqueta similar, que suelen ser mucho más expresivos con sus cabellos, para los "fresas", o para la gente común y corriente, que tiene un trabajo y lo trabaja, tiene amigos y los frecuenta, tiene problemas y les busca diaria solución, el cabello se modifica en base a dos factores experimentales: la necesidad de marcar un cambio físico ante un cambio vital o biográfico, y la necesidad de, simplemente, ya no estar viendo lo mismo en el espejo cada día, o peinando lo mismo, o descargando el estrés rascando lo mismo desesperadamente.
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Y he sacado de la manga todo esto, porque a partir de hoy soy más pelón que nunca: justifícome en el hecho de que era cortarlo hasta que sangrara o pintarlo hasta que alguien por la calle me chuleara -no precisamente una mujer... chin-. Así que hemos tomado, creo yo, la mejor solución, y hasta ahora los comentarios han sido agradables -ya fui "el de Prision Break", "Aleks Sintek", y hasta "Kuno Bécker en Gol"... dos veces-. Mi experto equipo de especialistas en imagen personal -integrado por mis dos agobiadas hermanas y mi aún más agobiada madre- ya dio el tradicional "sí" y yo ya les di el también tradicional "pues guau".
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La cuestión del aerodinamismo y la fluidez del aire a través de mi cráneo, que todavía no alcanzo a asimilar del todo, además del factor de tener tres kilos menos encima -no se asusten, en su mayoría son de cabello-, se irán, espero, acomodando con el paso de los días. Total, como decían las mamás cuando a uno se le atoraba el chicle entre los pelos y había que rebanarles cierta fracción hasta dejarlos como maizal de la película Señales -muy, muy, muy mala-, "ya crecerá, mijito, ya crecerá".
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¡Salud!

2 comentarios:

Victor H. Vizcaino dijo...

Valgame!!!!!!!!!!!

Si aquí lo que abundan son dos cosas, LETRAS y cultura general.
Aquí reportándose el apapachoquealivia el Vitor, PIPIRRIPIPIII!!!!!!!!!!.
Ya que entramos al tema de cultura general, por que quien iba a imaginar tanto significado del cabello, pues como que a este baile le hace falta una entrada titulada “69” , es decir algo de cache, jajajaja, NTC.
Mi estimado, pásela bien y sea feliz.

Wendy Piede Bello dijo...

Ya crecerá el pelón.
Se te olvidaron los jueces ingleses con sus ridiculas pelucas de rizos blancos.