lunes, 14 de julio de 2008

Autoayúdame.

Existen en el mercado editorial cientos, quizá miles de títulos, que giran en torno a una sola cuestión: la necesidad del ser humano de encontrar algo que, con muchas caras, termina llamándose generalmente "felicidad". Se disfrazan de muchos modos, hay quien les dice "libros de autoayuda", y todavía, en últimas fechas, los he escuchado nombrar con el extraño término de "literatura de superación personal".
.
Yo, en lo personal, sigo sin poder meter en mi cabeza la idea de que un libro tenga que ser especialmente diseñado para elevar al ser humano a "otro nivel" de vida, acercarlo a eso que nadie sabe cómo ni qué es, pero a lo que todos llaman "felicidad".
.
Y es que sucede que todo libro tiene, per se, o al menos así debe tenerla, la capacidad de elevarnos a niveles de vida tan insospechados como altos. No comprendo todavía muy bien entonces que haya literatura dedicada a eso, cuando toda la literatura, si es bien leída, tiene esa misma capacidad. ¿Será acaso que el ser humano necesita un camino claro, estricto, antes que un montón de opciones? ¿Está nuestra libertad limitada por nuestras frustraciones, o nuestra responsabilidad obedece únicamente a nuestros miedos?
.
La vida nos gira vueltas muy duras. ¿Ya habrá algún libro de autoayuda que hable de eso? ¿Manejará la Clínica Osho, o Paulo Coelho, o la serie de El Secreto, El Esclavo y Los cuatro acuerdos, manejará alguno de ellos esa trémula idea, que incluso en la literatura genera dilemas, complejos y dolores de cabeza? Yo, por hoy al menos, necesito de un libro que me abrace y me consuele ante la insospechada jugarreta del destino que significa tener que atender en casa al único miembro de mi familia que la ha dañado y casi roto.
.
No he acudido todavía a la Gonvill más cercana a surtirme de tomos de Gaby Vargas ni de Jorge Bucay, porque hasta el momento todo el mal cúmulo de lágrimas amargas me las he enjugado entre Aventuras de Robinson Crusoe, la inmoral primer novela inglesa de Daniel Dafoe, que, como en mi caso sentimental, plantea el terrible relato de un náufrago solitario y cuya vida corre garrafal peligro ante la soledad misma, y Viajes de Gulliver, de Jonathan Swift, que me da a pensar que existen otros mundos mucho mejores que el mío, pero que vivir en ellos implicaría no ser yo, ni tener lo que tengo, ni esperar lo que espero.
.
Así que don Charlie Témoc Sánchez tendrá que esperar para que lo haga rico por el momento. Ya si empiezo a ver que ni Robinson y su inseparable Viernes, ni Gulliver y sus cuatro mundos deleitosos, me ayudan ni tantito, tendré que encontrar la manera de surtirme de Laura Day hasta el final de mis días, o hacerle caso a mi terapeuta y mandar dos o tres cosas a la goma, venciendo el miedo a perder el control de las cosas que, en definitiva, no puedo controlar. Me lo dejo de tarea.
.
¡Salud!

2 comentarios:

Do the Doo dah dijo...

Ay Agus, la mayorìa de la gente es tan pendeja o inculta que cree encontrar la felicidad en un librito de como ser feliz.


Nosotros estamos muy cerca de ellos, tambien encontramos la felicida' en un librito jojo.


ME CURTO A FULL EN SINALOAAAA

Wendy Piede Bello dijo...

Un abrazo que te daré esta tarde. Valor y fuerza te sobran, úsalas. Un beso de apoyo.
Y recuerda que la familia es un invento, a la verdadera familia la eliges tú. Yo te elegí y tú me elegiste, ¿no?