viernes, 13 de junio de 2008

Un dos tres, tiempo para mí.

Cero y van dos. Una más y ya voy a exigir mi premio por constancia. Dos quiebres amorosos en lo que va del año, y eso que apenas llevamos la mitad -¿que por estadística me tocan otros dos?, cómo no, con todo gusto, cuando yo deje de ser yo y esto que tengo por cerebro deje de pensar, entonces sí, hablamos-.
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Bueno, en esta ocasión todo fue cuestión de darse un tiempo. Un tiempo. No sabía que el tiempo se diera, ahora que lo analizo bien, pero por lo visto todo esto funciona para decir que "algo ya nomás no jalaba" -no, no eso que están pensando, ¡decencia, por favor!-, y que es mejor dejarlo todo en paz, sobre la mesa, que la masa esponje y solita pida el fuego, o no, se suma, se arrancie, y ya en definitiva haya que tirarla.
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Admito mis errores, los conjugo y los declamo. No he sido nunca afecto a declarar mis más bajas pasiones -?-, y menos las de otras personas -doble ?-, así que de mí no saldrá una palabra más sobre el asunto. Me limitaré, eso sí, porque los límites son importantes, a agradecer a vida, cielo, mar y tierra, por la figura, talla y calidad de novia que tuve por dos meses y medio, y a reiterarle mi total apoyo -ahora más, mucho más- y mi completa gratitud, mi solícito cariño y mi profundo, muy muy muy profundo amor.
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¿Me quedo con algo? Sí, los buenos momentos, las risas, los besos, los abrazos, las caricias, las férreas palabras, las sinceras intenciones, los avances, los crecimientos -ahora ya no le tengo miedo a tantas, tantas cosas-, hasta con los olvidos, que son letra muerta a mi favor.
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¿El saldo? Números amarillos -no me animo a decir que negros, pero rojos rojos no quedan, realmente no, y como el amarillo es de mis colores áuricos favoritos...-, números amarillos que hablan de cómo se puede aprender en dos meses a amar leal y profunda, sinceramente, aprender cómo las tardes se deben pasar menos solitarias, más entregadas, más vacíadas, de cómo la vida entera puede aprenderse a multiplicar por dos, cómo no vivir para uno mismo por completo, ni tampoco por entero para otros, es mejor que vivir en sí, cómo discernir, conjugar, apreciar -ahora me siento más guapo, y en sólo dos meses y medio de terapia intensiva-, devaluar, entender. Aprender a amar, regreso a esa idea, y con esa solita, que engloba todo el resto, me quedo hasta la próxima ocasión en que el tema pueda -o más bien dicho, deba- tocarse.
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La pulsera que significa tantas cosas, con sus hilos naranjas, blancos y negros, me mira desde el buró. Ya no está en mi muñeca y falta mucho tiempo y muchas cosas por vivir para saber si vuelve o no. Yo no adelanto conjeturas, porque eso significaría rajarse a las planificaciones del señor destino. Mejor hablo de lo que fue, lo que ha sido y lo que sigue siendo, aún terminada la jornada, aún guardado el equipaje, aún hecho el recuento de los bienes. Aún ya entregándome a la noción del "ya no".
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Me llegan por lo pronto, y de muy pronto, últimas noticias de otra de mis tantos pocos, La Wera. Ha hecho cosas para ella, con ella, por ella, pero ella al volver con su novio, no al dejarlo ir. Me da gusto, mucho, porque se siente bien con ello, ha crecido y, con lo poco que la veo, puedo apreciar que sus cambios no han abierto una distancia entre nosotros. ¿Será que yo sigo siendo el mismo?, ¿que bajo el mismo cielo sigo respirando el mismo aire?, ¿que lo diferente que me siento no tiene nada qué ver con lo igualito que estoy? Lo dudo. Sea así o no, me abrazo a la vida porque es de lo poco que tengo por el momento, y además, he luchado mucho por ella, por llevarla hasta donde está, y ya para tomar retorno hace falta estar loco.
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¿Y el dolor? Bien gracias, haciéndose a la idea. ¡Vamos!, que con dos que llevo en el año, esto, más que costumbre, comienza a convertirse en ociosidad. En fin, la ventaja de que exista la tercera, es que siempre puede ser la vencida.
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¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Que para bien sea, te lo digo con esperanza porque para allá voy que vuelo.
Revisa mi entrada.
Te quiero.