sábado, 21 de junio de 2008

Tejiendo la noche.

Para La Traviata,
por cómo se teje la noche.
.
Traigo para ustedes ojeras hasta el pecho, el fantasma de una gripa que amenaza con hacer acto de presencia, muchas menos cosas en la cabeza, o, mejor dicho, las mismas cosas pero más mansas, en proceso de organización, y, eso sobre todo, mucha vida renovada.
.
Sucede que este fue un fin de semana no muy bien planeado, pero que salió a pedir de boca. ¿Y qué pedimos si no había nada planificado? Pues esa lista de cosas que uno no sabe que necesita hasta que las recibe, una por una y sin descontar comisiones, producto interno bruto ni otras tantas brutalidades.
.
La Traviata, sabiendo que me quedaría bastante abandonado, tomó la palabra y me invitó a pasar la noche -y parte del día, como siempre sucede en las buenas pijamadas- con ella y en su casa. Y sobra decir que nos divertimos de lo lindo, comimos lo que quisimos -bueno, comí lo que quise-, actualizamos nuestras esperanzas y acercamos otra vez, como hacía mucho tiempo no nos pasaba, nuestras opiniones, nuestras conciencias y nuestros corazones.
.
Y ahí la razón de mis ojeras: a sabiendas que nos levantaríamos puntuales para "hacer las compras" -no, esas sí no estaban hechas-, nos quedamos charlando hasta las seis de la mañana. Me había olvidado de lo que las desveladas hacen en mi cuerpo, pero valió la pena: con el estilo particular que a cada uno de nosotros caracteriza, hablamos de los ausentes -si dolieron sus oídos, sépanse incluidos en la charla, y si no... también-, de los presentes y de la verdad de las cosas. Nos afanamos, en casi siete horas de plática, por reconstruir la vorágine del mundo sentados en nuestra cama. Nos miramos a los ojos en varias ocasiones, nos confesamos lo innenarrable y hasta llegamos a darnos cuenta de que muchas verdades ocultas son siempre secretos a voces para dos amigos que se quieren tanto.
.
Me he quedado con la sensación incluso de que no tuve que ser sometido a un interrogatorio exhaustivo para decir lo que quería, lo que traía trabado en la garganta y obstaculizaba las lágrimas -esas no llegaron, todo fue lo suficientemente centrado y el dolor se acompasó a la perfección all night long-, porque La Traviata, que además de ser mi amiga es muy intuitiva, cargaba silenciosamente mi verdad consigo mucho tiempo antes de que yo mismo lo entendiera.
.
Sobraron los consejos, las risas, las observaciones, las frases guiadas por el "a mí me parece", el "yo siento", y estuvo presente todo tono premonitorio posible. Conjugamos los verbos para llamar al destino, tentamos a la suerte y luego abrazamos a Dios sin chistar al abrazar nuestra propia amistad, que ya andaba medio abandonada. Entendimos, por milésima ocasión en vida, que no somos perfectos, que tenemos nuestras complicaciones, pero que en la medida en que aprendemos a sobrellevar y a crecer de -y con- nuestros errores y los de otros, somos más amigos, más humanos, más dioses.
.
Me queda una sonrisa, grata por todo lo que la noche en vela significó para mí, extraña porque los cambios siguen presentes y muchas de las cosas que decir me haría sentir mejor, simple y sencillamente no pueden ser dichas, ya que su realización locutiva acabaría tanto con mi mundo como con el de otras tantas personas. ¿Que si me llevaré toda esa melcocha de diretes a la tumba? Probablemente. Quizá mañana se salgan sin pensar, cansadas de estar atrapadas entre el "sí", el "no" y el "quizás". Pero quizá no, quizá se queden ahí y pasen a formar parte de ese inconciente personal llamado "temperamento". Por lo pronto, La Traviata lo sabe y con ella se queda la verdad a solas, segura y firme, como cadena de oro en caja de seguridad bancaria.
.
Es sábado. Ayer tocaba, pero hace tiempo no digo que los viernes toca. Lo haré pronto, lo prometo, cuando la memoria me alcance y los pájaros de mi cabeza me lo permitan con serenidad. Por lo pronto, ya es sábado, y eso es ganancia.
.
¡Salud!
.
PD: ¡Ah, miren, acaban de llegar las lágrimas! Una entrada, dos viajes en camión y dos canciones de Laura Pausini después, pero aquí están. ¡Ea, aupa para mí!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Todo está dicho (punto)