lunes, 9 de junio de 2008

Mea culpa.

Y la culpa nació entonces
para recordarle al hombre
que tiene sus días contados
y sus afanes medidos.
Confesiones de un cuarentón desesperado.
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Hoy ha venido a colación -y es que a mí francamente me choca que a la colación siempre la traigan, así que mejor fuimos a ella- una palabra que hace mucho tiempo no escuchaba, ni sobre la cual reflexionaba, raro esto en mi formación particularmente católica: la culpa.
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No viene mucho al caso quién la trajo a colación -chin, ésta vez sí la regué-, pero la culpa vino a mí en este lunes -casi martes- de muchas voces distintas, este lunes de parques, jardines, lluvias y reconciliaciones, de portada y portadores, de arrebatos e histerias, traída como anillo al dedo -¡y dale con las expresiones jaladas de los pelos!-, o como tema a la entrada.
. Y tampoco vale mucho la pena inteligir la razón por la cual hace años no pienso en ella, ni la razón por la cual hoy, particularmente, accesó -se dignó a accesar- al cúmulo de tópicos que entran a este baile como juanes por su casa. Vale mejor, para salud de los lectores, pensar en la culpa misma, sin andarnos por las ramas -o por otras culpas-.
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Nadie sabe cómo ni cuándo ni dónde apareció, pero el punto es que la traemos arrastrando -esto es un decir, yo nunca la he sentido pegada a mis pies ni subida en mis espaldas, no al menos literalmente- desde mucho tiempo atrás, y juega confabulada con eso que otros muchos dan en llamar -me ha gustado esta semana particularmente aprender este verbo perifrástico, "dar en llamar"- conciencia, una especie de voz interior que siempre dice lo que es mejor hacer, o reprende indistintamente cuando no se ha hecho lo que se debe.
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"Lo que se debe", ¿y qué se debe? Pues lo que se ha tomado sin consideración, sin consideración en uno mismo. La Traviata, que de esto sabe mucho porque siempre sabe mitigar la culpa, dice que ésta no es más que un invento de la religión para hacernos infelices. Difiero, o bueno, sí lo es y también no. La religión, y más específicamente la católica, a la que La Traviata suele referirse al hablar de esta manera, suele, cierto, utilizar el sentimiento de culpa para vender a sus seguidores toda esa gama de maravillosos productos que ganan la vida eterna.
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Y no, porque falta que uno se deje. Además, claro está, se deje uno o no lo haga, la culpa es un sentimiento que hermana los corazones. No, en serio, sé que están pensando cuál fumado puedo ponerme aveces, pero en esta ocasión, en esta nada más si quieren, tengo la razón: ¿no es acaso un hombre igual al otro cuando siente culpa al robar a un desprotegido, herir a un amigo, hacer sentir mal a un familiar?
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Por supuesto que habrá que investigar qué tan amigo es el herido, o qué tan familiar es el sentido, pero de que suele aparecer la culpa, con su manto púrpura de pura indignación, suele aparecer, en grados distintos, pero aparece, para recordarle al ser humano que ha hecho algo que no va del todo con lo que podríamos llamar "facilitador de la comunión armónica", y que, por supuesto, es un ser sano y vivo: el sicópata, faltaba más recordarlo, si algo no tiene es culpa.
. Osea que la falta de culpa es una enfermedad. Mire asté, de qué cosas se da cuenta uno cuando no siente culpa sino ésta le llega más bien como tópico que como sensación.
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Mentiría si dijera que no soy un ser culposo. Desde lo que hago mal a diario, hasta lo que no está totalmente mal, pero tampoco me deja muy satisfecho de hacer, y que me genera cierto agrado, a lo cual llamo "placer culposo", soy un ser de culpa y culpa. ¿Y que sufro mucho? No, por la culpa rectifico, cambio y regulo. Todo está, creo yo, en ser más conciente de uno mismo que de la culpa que siente o de los errores que ésta suele marcar. ¿Y que para qué la culpa? Para saber que siempre, indistintamente de cuán mal haya actuado, siempre puedo volver a empezar.
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Hoy la culpa ya me hizo pensar. ¿A ti ya te hizo pedir perdón?, ¿ya liberó tu subconciente de melcocha insalubre?, ¿ya te acercó a la reconciliación contigo mismo? ¡Qué bueno! Es señal de que tu culpabilidad es sana -santa no, para eso le hace falta morir, y nadie la quiere muerta si es señal de salud-. A propouse...
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¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Fijate no más lo que causa hablar de la culpa de los otros. Mi enojó se fue con el sueño, pero las malas noches se quedaron en mi cama. Good bye to the blindness, nunca me había puesto a pensar que la culpa es signo de salud. Soy culpable de sentir culpa.
Gracias Agus.