domingo, 22 de junio de 2008

La luz en las gotas.

"¿Cuál es la diferencia entre paraguas y sombrilla?" La mirada ligera de La Zucaritas abrazó mi cámara fotográfica. La sesión había durado quince minutos y sus mejillas, blancas al encender la cámara, estaban ahora adquiriendo tonalidades rosadas intensas. "Pues... es lo mismo, ¿no?, pero el paraguas es para lluvia y la sombrilla para sol". Levanté la cara por sobre la mira de la cámara, y miré fijo a mi modelo-amiga, como esperando el resto de la respuesta. "Es eso, ¿no?"
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Yo no estaba tan seguro, no con ganas de quedarme con media pregunta al aire. "¿Entonces es una palabra que cambia de forma como cambia el clima?" El brillo en la mirada de La Zucaritas varió tan de súbito que tuve que hacer esfuerzos para no reír. Se trataba de capturar justo en el momento exacto los movimientos faciales que denotaran pensamiento, proceso lógico mental. "Pues... sí, prácticamente sí, aunque podrían ser..." El "podrían ser" quedó tan preciso en la fotografía que no limité mi sonrisa. "¿Qué?" "Nada, continúa" "Podrían ser sinónimos"
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La sesión de tomas, que debía durar cuando mucho unos minutos, se había prolongado ya por veinte y yo todavía no estaba del todo satisfecho. Le pedí que abriera su curioso paraguas, que tiene una cabeza de pato de madera como mango, para jugar con los reflejos de la luz. La Zucaritas no estaba desesperada, a duras penas le alcanzaba la cabeza para intentar responder acertadamente a mis preguntas, sin imaginar que lo que menos me importaba era la respuesta, sino el gesto al pensarla, la movilización facial al expresarla.
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"¡Como mi tía Biachi, que dice 'mole dulce' por 'capirotada'?" La Zucaritas rió. Lo hice a propósito, con alevosía y ventaja, pues ya era hora de poder cautivar su sonrisa, consideré. "Así, más o menos, pero más colectivo. Más gente dice 'sombrilla' por decir 'paraguas', pues". Asentí. Una sombra recorrió el rostro de mi amiga. Pensé que sería de nuevo su abundamente cabellera, deteniendo el paso de la luz del sol, hasta que descubrí que todo alrededor había adquirido de pronto una tonalidad gris intensa. Nubes.
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"Pero, ¿de qué nos sirve entonces tener dos palabras para una misma cosa, si al fin y al cabo nadie ha visto nunca una sombrilla diferente a un paraguas?" La Zucaritas apenas se veía en la pantalla de cristal líquido. Intenté elevar el nivel de compensación, pero estaba a toda su capacidad. "En las películas las sombrillas son de tela, de tela delgadita, como gasa, y los paraguas no, son duros, mira". Me alargó el suyo y perdí el efecto en el visor. "No, espera, entiendo el punto, pero no lo retires de tu cara".
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Ya era imposible, a esas alturas de la luz, tomar una foto más. Me limité a registrar los gestos con la mejor de las intenciones y el peor de los resultados. "Sí, pero al fin y al cabo ningún Suburbia tiene sombrillas, porque todos tienen paraguas" "¿Sí?" "Sí, sólo los venden en el verano, porque el verano es la estación de la lluvia". Nez salió de la sala de televisión a la terraza, sólo para ladrarle al vecino quien, en mangas de camisa, domingo de fútbol, salía a su propio patio para alimentar a su propio perro. "¿Y no hay luz también en el verano?"
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La Zucaritas estaba en aprietos. El aire había cambiado y, al irse el sol, la tonalidad blanquizca de su piel volvía a reflejarse en el visor de la cámara. "La lluvia es... propia del otoño, ¿no?" Miré al cielo. Sin pensárselo mucho, las nubes sobre nuestras cabezas comenzaron a soltar las primeras gotas. "Dime, porque eso es lluvia, ¿estamos en otoño?" La Zucaritas levantó la cabeza. Su cabello se esponjó al contacto con el agua. "No, definitivamente no".
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Entramos en la casa apenas a tiempo para poder cerrar la puerta de cristal y detener el paso del agua. "Además, hace mucho que no escucho a alguien decir 'sombrilla'". La Zucaritas tenía razón. El paraguas era lo de hoy, lo de mucho tiempo atrás. "Quizás la gente teme satisfacer la bifocalidad de un objeto como ése, que tiene tantas formas de ser nombrado, que cambia nomás según sirve para cubrir el agua o la luz, nombrándolo de dos distintas formas". "Además para la luz están las cachuchas, y los lentes" "Que son más discretos, ¿no?" Asentí. Nuestra sesión de fotos tendría que quedar para después con tantas gotas cayendo afuera, sin paraguas ni sombrillas para detener su paso.
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Poco después, mientras esperábamos a que cargaran las fotos en la computadora, La Zucaritas abrió su paraguas dentro de la casa y se quedó mirándolo fijo. La observé, curioso y en silencio. Al percatarse que la veía, sonrió sin consideración alguna. "Pensaba en lo complicado que puede ser un paraguas". La miré con interrogación. "No, está bien, pensaba en lo complicado que puedes tú hacer las cosas". Sonreí. "Lo sabía" "La próxima vez que tengas sesión de fotos, pregúntame algo que, por lo menos, al ser resuelto traiga la paz mundial, o algo así". Asentí. Si a esas íbamos, no sabría que preguntar la próxima ocasión. Quizá sea tiempo de buscar una modelo menos inteligente, o de hacer preguntas tan inútiles que su respuesta no pueda ser más que un gesto, un gesto transformado en luz, eso que es lo único que cuenta para que exista una fotografía, con paraguas o con sombrilla.
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¡Salud!

3 comentarios:

Die Wörter des Vagabund dijo...

si!! regrese por estos lares, y veo que sigues escribiendo como en fermo.... pero pues ya me di por vencido yo dare entradas cada visita del papa y como el actual es medio mamón pues entonces casi nunca lo haré... De rato

Do the Doo dah dijo...

A mí no me engañas Agus, esas Zucaritas eran putas.

Wendy Piede Bello dijo...

Y para el sol, están también los suéteres, "¿no?".