jueves, 5 de junio de 2008

Escriba con ella.

Esta entrada está requerida como una especie de respuesta anónima. Digo "una especie" porque muchos de los lectores de este blog saben quién soy, y más o menos entienden las razones de mis réplicas. Y esta entrada, además de anónima, es justamente una réplica.
.
Sucede que en días pasados, cuando ya todos estábamos listos para salir del salón de clases, al profesor de cierta asignatura -objeción: he andado muy escolar últimamente en mis entradas. A lugar- se le ocurrió la genial, brillante, abrumadora idea de hablar acerca de lo que los críticos literarios han dado en llamar, porque así suelen ser ellos en eso de nombrar a las cosas, la "literatura de mujeres".
.
Más conocida como "literatura de género", el término es relativamente reciente y se aplica a un movimiento literario en particular: tras el Boom Latinoamericano, o, más bien, en pleno auge de éste, un grupo de mujeres escritoras de diversas nacionalidades "agandallaron" la escena editorial, se adueñaron de las plumas y las prensas, e intentaron demostrarle al mundo entero que en latinoamérica no nada más los hombres grafiteaban.
. ¿El resultado? Algunas de mis obras literarias-plumas favoritas: Isabel Allende, Laura Restrepo, Laura Esquivel, Elena Poniatowska, Ángeles Mastretta, Rosa Montero -nota: ésta es española-, y un largo etcétera que incluye a todas sin menospreciar raza, país o estado civil de procedencia. Total que las dichas féminas, amazonas de más artísticos encantos, pegaron y pegaron bien, generando cuantiosas -"jugosas", dicen por ahí- ganancias a las firmas editoriales, que, por obvias razones, es hora que no las dejan de publicar.
.
Y es que libro que sacan, libro que se vende. Sería inútil, sin embargo, afirmar que todos los miles de ejemplares vendidos por la aparición en portada del nombre de alguna de estas literatas son comprados por lectores femeninos: si bien es cierto que muchos de sus seguidores calzan tacón y cargan bolsa Prada, refugios de sus menopausias, también es cierto que también muchos de ellos usan bigote, corbata y saco, y sufren con la llamada "crisis de la mediana edad". Osea que hay de todos los sexos para todas las plumas posibles.
.
El problema surgió cuando una compañera, cuyo nombre no mencionaré para no perjudicar la buena imagen que la precede, pero que empieza con "I" y termina con "sabel", tuvo la no muy comprensible idea de lanzarse a la yugular contra la designación de dicho movimiento como movimiento propio, independiente, feliz y contento. Y es que para Isa -oops, no debí decir que así le dicen-, no es tan sencillo como tener la capacidad de vender libros y ser mujer, para ser catalogada dentro de una escuela literaria específica, y mucho menos para crear una ídem.
.
Estoy en total acuerdo. La cuestión es que ni Allende, ni Esquivel, ni mucho menos la Poniatowska, empezaron conquistando el cielo editorial por la pura intención de ganarse la vida escribiendo de todas esas cosas que ellas hablan -que si la desigualdad social, que si el movimiento que derrocó a no sé que patriarca, que si las pulgas de sus perros-, sino que cada una, con un cierto rigor metódico, fue moviendo el abanico hasta dar en el clavo: hablar de lo que a mí me importa gravemente -¿ya dije que en Arráncame la vida, de la poblana Mastretta, es todo un drama que a la criada de la casa se le ocurra embarazarse?-, haciendo que a otros incautos les importe igual.
.
Y si todo esto no fuera suficiente como para crear un movimiento literario -que mueva es otra cosa, pero que tiene con qué moverse y se mueve por sí mismo, eso nadie puede negarlo, ni el más acérrimo admirador de Faulkner-, habría que agregar entonces el hecho de que antes de que todas ellas agarraran las plumas y aprovecharan la atención mundial puesta en sus colegas masculinos tras el Boom, había pocas latinoamericanas escritoras brillando con luz propia en el panorama de la literatura -editorial- internacional.
.
Yo no sé las que hoy escriben, pero si yo fuera una de ellas -a duras penas soy uno de ellos-, tendría que estar, pese a mis ansias antinovelarosa, amplia y dadivosamente agradecida. No es que hayan cambiado la realidad: es que la hicieron posible.
.
Nota para Isabel: las literaturas no se pueden comparar tras un crisol tan frío. Brontë o Austen, Allende o Restrepo, viven, y merecen su lugar en las letras, sin implicaciones ni censuras, porque los movimientos literarios deben vivirse como las mejores cosas de la vida: paso a paso, por separado, que si las juntas se acaba la diversión -sigo pensando que mezclar chaca-chaca con comida y alcohol, deja graves mareos y serias consecuencias estomacales. Ahí queda-. ¿Para qué comparar ciruelas con manzanas, si al final lo delicioso es comer las que nos plazcan? ¡Caray!, más decencia y menos bilis.
.
¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Exacto Agus. Además, ¿por qué es pecado querer vivir bien, comer de las letras? Además, no toda la gente disfruta leyendo a Dostoievski y a Faulkner, para todos hay lecturas y para todo hay mercado, que de hueva sería el mundo si no. Abajo la intolerancia y arriba las minifaldas.