jueves, 15 de mayo de 2008

La Primadonna

Ya sé, ni me reclamen. Traigo este baile a medio abandonar. Pero, ¿qué quieren si uno vive en una ciudad donde todo tiene que hacerse rapidito y bien, y como diría mi padre, "así no ha habido quién"? ¿Cómo hacerle para resumir las cuentas, registrar más rápido los pensamientos, entrevistar a velocidad luz, sacar artículos hasta por debajo de la manga y sin el mínimo error, y luego correr para ver a la novia y "cumplir" -no en el sentido sexual de la palabra, bueno, sí, también aveces, ¿por qué no?-? Y ya con tanta cosa encima, encima tener que venir a este baile y sacar dos o tres entradas para que las lea vayausteasaberquécibernautaquenuncadejarespuestitas. ¡Ah, no!, devuélvanme mi dinero y déjenme en pax.
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Pero sí, llegando rápido me propongo anunciar una gran premisa bastante percudidona. No, no es una premisa, claro está, porque ya está percudidona, pero sí es una invitación, una invitación aireada e insistente: escuchen, aprecien y valoren la nueva propuesta musical de la inigualable Madonna.
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¿Que cómo me atrevo a meter tanto pop en el ritmo de este baile, si el pop es pecado? No es la música, no, no es ni siquiera la particular -muy, muy, muy particular, rayando en lo "rarito"- belleza de la cantante británica. No es tampoco que yo sea popero -ay sí, ay sí, mea culpa, (trompetilla)-. El punto es que lo que ha hecho Madonna como último trabajo merece mi admiración por sus propios méritos -los de Madonna, no los de las cosas que ha hecho-. Mire que a los 40 y tantos -me dicen mis informantes que este agosto la llamada "Reina del Pop" apaga las 50 velitas, y sin gran problema-, dicen, la vida empieza a verse más feíta, y le dan a uno menos ganas de hacer las cosas.
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Pero las ganas de Madonna nomás no frenan. Ya usó conos, ya fue castaña, peliroja, güera exagerada, ya brincó en New York y besó en la boca a Antonio Banderas, sin mencionar el revuelo que causó con el video de su tema Like a Prayer, en el que sostenía relaciones sexuales con un santo de figurín vuelto a la vida. Esto desde los ochenta, cuando treintaba. Y llega a los cuarentas y decide hacer un dúo con Britney Spears, la entonces llamada "Princesa del Pop", y hasta besarla -a ella también- con gran cachondonería, en una entrega de premios juveniles de transmisión internacional -sí, ya sabemos todos ahora que aunque Britney pensó que eso era un "you'll be the next queen", Madonna quizo decirle en realidad "get out of here, stupid girl, and giveme your fans"-.
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Y no conforme con eso, hace dos años saca a la venta un material discográfico en cuyos videos derivados tiene la indesencia de flexibilizarse como si tuviera quince años, al tiempo que vuelve a poner de moda, por su pura presencia en las discos, los ritmos más setenteros.
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Y ahora, con Hard Candy, la esposa y madre de dos hijos -Rocco, el menor, me dicen mis informantes, se refiere a ella como "Momi The Queen"-, la muchas veces ganadora de premios Grammy, la sensacional, la diva de gays, heterosexuales, hombres y mujeres, la odiada, la prohibida, la amada, la abusada, la nada atolondrada Madonna, con un disco agridulce, se nos pone al brinco y le dice a todas sus aguerridas competidoras -por cierto, ¿alguien sabe en qué parte del camino quedaron rendidas Britney y Christina? Si las ven, apiádense de ellas-, "quítense, que ya me andaba por darles su lección de inteligencia".
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Y la da bien y bonito. Envejece, sí, pero se da el lujo de hacerlo con gracia y como si tuviera quince años y su "envejecimiento" fuera solo "crecimiento". Y se renueva, y aparece con algo distinto cuando todo mundo esperaba verla retirarse a un asilo a vivir de su fortuna -muchos, pero muchos millones de dólares-. Y es Madonna otra vez, con su fama, su éxito, su estilo particular de vivir del espectáculo. Y es capaz de llegar a audiencias jóvenes y no perder vigencia, y de muchas cosas más que todavía no nos entrega envueltas en CD y celofán.
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"¿Crees que en la vida real sea una perra?", me preguntó una tarde mi hermano, férreo admirador madonnista, cuando la veíamos cantar en el televisor. "No sé si lo es en la vida real, pero con que lo sea en la pantalla basta para que el mundo la ame". Lo dije y lo reitero: será una golfa maldita (gracias a La Maye por el singular epíteto), pero es al mismo tiempo la demostración fiel de que el mundo puede amar sin problemas a las golfas. Ya dije, ya lo volveré a decir cuando se ofrezca.
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¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

tunouyu its tu lovyu, dice su canción, más bientunoujer its tulovjer, biutifulxxtrenyer, nanananananananana, biutifulxtrenyer...