domingo, 4 de mayo de 2008

¡A la madre!

Ante la conmoción de la última entrada, he decidido no tocar hasta el aniversario el tema de los invitados de este baile, hasta el aniversario o el día que tenga ganas de escribir y no haya nada qué decir. Esto último lo dudo, pues en general los temas me siguen y las noticias adoran mis oídos, se acongojan en mi conciencia y saturan mis pensamientos.
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Esto último lo saco a raíz de sí, adivinaron, una noticia que he escuchado y he decidido comentar aquí: ayer por la mañana, mientras todos dormíamos -5:30, en sábado de puente, ¿algún insólito enfermo mental despierto? no me dirija la palabra-, Xóchitl Parra, adolescente hispana habitante de Long Beach, California, parió a su primogénito mientras tomaba una ducha.
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Ok, ok, no fui tan amarillista al presentar esta noticia como lo he sido en otras ocasiones, cuando me gana el sentimiento literario y termino por hacer llorar -¿verdad, Cutre, que lo mío son las lágrimas ajenas?- Pero sucede que Xóchitl, que además de ser nueva madre trabaja y estudia, y gracias a su vasote chocomilero de Calcetose diario rinde bien en todo lo que hace-ok, lo siento, comercial a bordo-, parió a un niño que ni sus amigos, ni su familia, ni su novio, el padre del chamaco -quiero esperar, o bueno, no, no quiero nada-, sabían que existía.
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No, no fue un embarazo biónico o cibernético. Tampoco representativo. Sucede que, como la pequeña -¿17 años no es un bebé?- no quería que su madre la fuera a "correr de la casa", ocultó "hábilmente" -pesa como cien kilos, y si no me creen vean la foto en Yahoo- su embarazo, y acto seguido se dedicó a llevar una vida normal, esperando que el momento del parto la agarrara confesada.
. Y ya con el bebé flotando entre la espuma roja de su L'Oreal Kids de sandía y sus patitos de hule , pues para no dejar lo llevó en brazos caminando, con el cordón umbilical todavía adherido a sus entrañas, al puesto de socorro más cercano -como a cuatro cuadras, con el frío de desierto nocturno que tiene California-
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Y que el médico la ve y que lo primero que le dice es "Don't move on!". Y que la recuestan, limpian al bebé, cortan el cordón y sacan la placenta, que todavía estaba medio adherida por ahí. Y que había riesgo de sangrado, y posibilidad de muerte por hipotermia en el menor. Y que, a pesar de todo, no fue inconciente porque pidió ayuda rápido -sí, claro, nomás con nueve meses de retardo-.
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Lo terrible es que la susodicha madre haya preferido ocultar su embarazo a atenderlo oportunamente en un país con un sistema de salud que garantiza, al menos para ella que es ciudadana estadounidense, la total atención y la integral salud. Pero detengámonos en el miedo de la menor: su madre, o, más bien, el rechazo de su madre.
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Y sí, ahí todo se justifica, pues por alguna extraña razón, y uno que tiene un ejemplar prototípico en casa lo comprende, la madre hispana sufre mucho cuando los hijos apenas se están enterando de que la llevan perdida, sigue sufriendo cuando los hijos ya vieron apagado el porvenir, y sufre todavía más cuando los hijos se van -nota alterna: no se pierdan el papelón de Libertad Lamarque (latina, argentina, por cierto) en la cinta del mismo nombre-.
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Y su sufrimiento lo demuestra, claro está, de múltiples maneras: pega, da de gritos, reza hasta que se le olvida hablar y nomás puede andar balbuceando padres nuestros por todos lados, camina de rodillas a Chalma o se saca los ojos.
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Así que sí: Xóchitl hizo lo correcto. Yo en su lugar no nada más hubiera ocultado el embarazo, sino también me oculto a mí mismo. No vaya a ser que en una de esas me adivine en la mirada el embarazo, con la singular percepción paranormal que caracteriza también a la madre latina, y me diga con su característico -que no melodioso, sino nada más odioso- tono de voz: "¿Ahora qué hiciste, golfo patán?"
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¡Salud!
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PD: Hoy no es 10 de mayo, pero para que el próximo sábado me acuerde está caón. Aquí se las dejo entonces diunavez y por adelantado.