lunes, 12 de mayo de 2008

El resguardo cristalino del riachuelo.

La cuestión es que no ando de humor. Sí, yo sé que antes dije que cuando la lluvia llegara a estas tierras de mariachi y tequila, aún estuviera yo en el peor de mis días, la presencia del torrencial sobre mi ciudad sería suficiente para hacerme sentir tranquilo. Y lo dije y lo sostengo. La cuestión está en que éstos han sido días muy malos y hoy, cuando la lluvia ha llegado hasta mi ventana y amenaza ya con azotar contra mi perro, yo no ando con ganas de ver llover.
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Bueno, no, esperen, escribí muy rápido. Sí quiero que llueva, que llueva mucho, que se caiga el cielo a jicarazos y se inunden las calles de siempre, los nodos viales de siempre, los pasos a desnivel de siempre. Que la tempestad se lleve la basura, tape las alcantarillas y haga que los políticos, taciturnos y mojados, se pasen la bolita de la responsabilidad y se dejen ver como la basura y la infrahumanidad que son. Que la pintura de los edificios, a fuerza de granizo y precipitación helada, se resbale como mantequilla en el sartén. Que los fierros agoten su resistencia y se oxiden al contacto de tanta agua, tantísima, mucha, como nunca se ha visto, ni en el diluvio universal, y así las estructuras se derrumben, caigan en un sonar delicioso de crugido y piedra.
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Que las personas en la calle sientan tanta lluvia caer sobre sus paraguas que pierdan el interés por no mojarse, y andar siempre mojado se convierta en una moda, una nueva tendencia que "empape" las pasarelas: el flush look. Que la televisión nacional pierda sus satélites en medio de tanta agua, que la ventisca de la lluvia se lleve el calor inhumano del sol y las voces chillantes de Paty Chapoy y Galilea Montijo. Que se deslicen los estigmas, los estereotipos de los que tanto me río, sí, y que de tanta agua caigan también los paradigmas y las otras tantas barreras que oprimen nuestro pensar, nuestro creer, nuestro entender, nuestro vivir.
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Y que el agua inunde también los Sanbors y los puestos de revistas, y sea selectiva al inundar, de modo que se lleve en su corriente las frivolidades de las Quien y las Gente Bien, y todas esas cosas que tanto nos disgregan, y deje, al retirar las aguas, eso sí, a la noticia fresca y reluciente en los diarios del país.
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Que con el agua cayendo caigan también las molestias, las inconsistencias y las malas intenciones, de modo que todos seamos más frescos, más idealistas, más directos, más felices. Que la sencillez del agua desentrañe los misterios de nuestra razón y borre el smog de nuestras cabezas. Que tras el agua todo quede, quizá más devastado, irreconocible, sí, pero mejor, notable y cristalinamente mejor.
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¡Ah, claro! Y que deje de llover cuando todos hayamos comprendido que el agua puede purificarlo todo, y lo que no, no vale la pena siquiera pensarlo ni entregárselo de ofrenda al resguardo cristalino del riachuelo.
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¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Agua para limpiar las heridas
que antes de sanar debo exponer
Agua para arrastrar la inmundicia
que se ha acumulado sin querer

Agua para alimentar el árbol
que un día su fruto nos dará
agua no me faltes este año
dentro de tu ciclo quiero estar

Y con agua clara saciaré
la sed que a mi me persigue
y con agua clara brindaré
porque hoy estamos juntos otra vez

del Sino de Cafeta