miércoles, 28 de mayo de 2008

El adiós de la rosa.

Te vas Alfonsina con tu soledad,
¿qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de mar
te requiebre el alma, y la está llamando.
Y te vas hacia allá, como en sueños,
dormida, Alfonsina, vestida de mar.
Alfonsina y el mar.
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A Rosa María Madrigal,
por las ganas de ser.
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Híjole -cero y van tres-. Qué difícil hablar de la muerte cuando cae tan cerquita y con tanta saña. Esta vez no se llevó a una víctima de un ajuste de cuentas, ni a una compañera de la lejana y apenas recordable secundaria, ni a un narcotraficamente de nombre y procedencia irreconocible. Tomó a una maestra que, sin temor a equivocarme, era no solamente una excelente docente, sino además una mujer "muy mujer", como dice mi madre, y una gran, gran, gran, muchos "gran" más, persona. Un ser humano en toda la extensión de la palabra.
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Rosa María Madrigal llegó a mi vida, y a la de otros veintinueve entonces recién admitidos en Letras, una tarde lluviosa de agosto del 2006. Aseguraré, sin grandes faltas a la verdad, que no me cayó bien en un primero momento. Estricta, quizá demasíado para alguien como yo que venía de cursar el bachillerato en una escuela de monjas donde lo último que se reconocía en los pasillos era la existencia -o permanencia- de un sistema disciplinario, firme en sus posiciones y demasíado preguntona, colocaba a mi "prepo", aferrado todavía en mí, irrestricto, contra la pared, y lo hacía dudar de sus decisiones, tergiversar las letras y modificar las respuestas, y todo esto para descubrir que no había estudiado lo suficiente, que "mucho" era "poco" y que "demasíado" es apenas "suficiente" cuando se hace lo que se ama.
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Pero hacia la mitad del curso, el ejército de treinta ya se la había ganado. Se daba el lujo de reírse de nuestros nombres, que decía parecían extraídos del argumento de una telenovela (Casandra Elizabeth, Ana Paulina, Miguel Guillermo, Perla Merith), preguntar sobre el origen de nuestros apellidos (Kabande, Madrigal, Olachea) y hasta surtirnos de bombones cubiertos con chocolate si llegábamos temprano. Nos confesaba estar cansada de correr de la escuela a su trabajo como médico industrial -porque además de todo tenía dos carreras en su haber- y luego de vuelta a la escuela, pero esta vez no para dar clase sino para estudiar su doctorado. Cansada, sí, pero feliz, plena, tanto que en muchas ocasiones llegó a demostrar que estando con nosotros no necesitaba nada más, nada más que una tarde de Español Primer Curso para arreglar el mal día, subir el ánimo y reconvencerse diariamente de su vocación.
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Hoy, cuando El Profe Concho nos comunicó el fatal deceso, el ánimo de la clase se fue inmediatamente al carajo. Sufrimos los que con ella estuvimos un semestre entero y los que con ella convivieron una vida completa. Sufrimos los que fuimos reprendidos por su severidad, y también los que fuimos instados por su dadivosidad. Sufrimos los que con ella charlamos, convivimos, los que le prestamos el hombro para que descansara la amarga jornada. Sufrimos los que le preguntamos, los que le contestamos un examen y los que tenemos el lujo sublime de haber sido calificados tolerantemente por su férreo método. Sufrimos, pero no dejamos de pensar que en el lugar en que esté ahora mismo estará mejor que aquí, sin necesitar de un doctorado, ni una maestría, ni una plaza pública, para ganarse los corazones de treinta estudiantitos fieles, ignorantes y sencillos.
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Ánimo. Que las almas nobles y sublimes dejan buenos recuerdos, pero sólo los espíritus gigantes, inimaginablemente grandes, dejan al partir la estela de luz, dicha y sabiduría que ha dejado Rosa María Madrigal. Ánimo.
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¡Salud!

2 comentarios:

Wendy Piede Bello dijo...

Olvidaba lo de los nombres de telenovela, Julio César, Ángela Paulina, Francisco Javier, Jorge Adolfo...
Así es, ahora comprendo que todo lo que nos dio, estuvo correspondido con lo que ella obtuvo de nosotros.
Adiós.

Anónimo dijo...

HOLA. ME PASE BUSCANDO A MI AMIGA ROSY POR TELEFONO Y NO LA ENCONTRE, TAMPOCO OBTENIA RESPUESTA POR MAIL. SE ME OCURRIO BUSCARLA POR INTERNET, YA QUE ES MAESTRA Y DOCTORA DOBLE. Y ME TOPE CON EL ADIOS DE LA ROSA. EL TRISTE ADIOS DE LA ROSA QUE ME HIZO LLORAR ABIERTAMENTE. ¡¡¡¡ DIOS GUARDE LA HORA. QUE MANERA DE ENTERARSE!!!! DE TODAS MANERAS GRACIAS. QUE DIOS TE BENDIGA Y LA BENDIGA A ELLA POR SIEMPRE.