sábado, 3 de mayo de 2008

; )

La imaginación, la loca de la casa.
Frase atribuida a Teresa de Ávila.
.
Lo difícil que es armar una entrada cuando el ritmo del baile anda bajón. Anoche hubo cateo y los guardias se llevaron al punto y coma, que por considerarlo innecesario. Pero no nos exaltemos, ya fueron el resto de signos de puntuación, la dueña de este baile incluida, a pagar la fianza pertinente y liberarlo del Ministerio de Asuntos Ortográficos. Sin dejar de lado la pena que causa un hecho así, nuestro baile ha decidido, por hoy, explicar el papel de cada signo en este baile.
.
No, no corten su lectura. Esta entrada no será una aburridísima clase de "horrortografía", esa extraña parte de quién sabe qué disciplina que tanto nos ha jodido la vida a todos los que escribimos -osea, a todos de todos-. Nos conformaremos con hablar de los invitados a este baile, ello sin bajarle el volumen a la música. ¡Música, maestro!
.
. El punto es, quizá para todos los que bailamos este baile, el invitado especial de la coma. Baila en pareja con ella y tienen gustos en común. Muchos podrían pensar que su mejor amiga es la mayúscula, que le sigue a donde va, pero los que lo conocemos mejor sabemos que su alma gemela es la coma, quizá porque la única diferencia física entre ambos estriba en el hecho sin importancia de que la coma tiene bracito "bailaor" y el punto nada más brinca cuando baila. Sí, lo han adivinado: el ritmo favorito del punto es el ska, y, con peligro de que mi buen amigo El Tahui se me encele, es el mejor "slamista" del lugar. .
: Los dos puntos son, desde la apreciación técnica de mi hermano unívoco -es que nomás tengo uno, y rara vez se equivoca-, la pareja gay del baile. Así que sí, la coma tiene amigos de todo tipo y no tiene prejuicios de ninguna clase -prueba de ello es que el punto, que es más bien gordito, o el guión, que nunca dice nada sin antes ceder la palabra, le caen a toda madre-.
.
; La pareja apresada tiene todavía más motivos para parar en la cárcel que su simple no utilización: agobiada por continuas peleas entre sus dos elementos, la pareja heterosexual del baile se pasa la vida entera discutiendo cómo poder llamar la atención y quitarle el puesto a otros que, con menos esfuerzo físico, sirven para lo mismo que ellos dos: separar ideas. Así que sí, se les quiere en el baile, aunque siempre estén en su propio rinconcito discutiendo sus ardores y fraguando planes para hacer que coma y punto se unan, como ellos, y la fiesta se termine ;;;
.
¡! Nunca juntos hasta el momento en que nada pueden expresar sino su propia sorpresa, los signos de admiración viven separados por multitud de voces ajenas, palabras que no les pertenecen pero a las cuales acompañan para darles connotación especial. La última vez que alguien intentó traerles una novedad, los signos de interrogación contestaron, con su pura expresión delineada: "ya todo nos sorprende". Fin del asunto.
.
¿? Con la única diferencia de que estos dos viven llenos de dudas y temores, los signos de interrogación comparten con los signos de admiración la misma fatalidad: separación de por vida si es que quieren servir de algo. Y falta decir lo mucho que han sufrido en últimas fechas ante la invasión de cierto comportamiento extranjero en el lenguaje, que ha relegado al olvido al miembro inicial de la pareja... o no? Ahora el miembro final debe trabajar el doble para llevar el pan a casa. Vita vitam est.
.
... Se lo cayan todo. Van por la vida intentando significar lo que nunca dicen y expresar lo que nunca significan. En el baile se les atiende igual, aunque su ritmo sea tan interrupto como sospechoso.
.
´ Es el gran odiado. Nadie lo quiere usar pero también nadie quiere admitir que én ciértas ocasiónes és necesário, ó más bién, indispensáble. Se le ve con malos ojos, pero igual se le deja bailar porque el ritmo que éste marca, con su simple aparición, ni la coma lo puede igualar.
.
Con un alto riesgo de que falten más, me despido de este baile porque el punto y coma ya llegó y están peleando a tan alto nivel de voz que ha tenido nuestro dj que subirle a la música para no aguadear la fiesta, y es tiempo ya que no escucho nada -miedo, miedo, el ruido me da miedo, tengo miedo, mucho miedo... ah, mmm, bueno, chiste local-.
.
Ahí luego les platico de otros fascinantes ejemplares, como las comillas -la pareja lesbiana del lugar-, o la diéresis, que tiene siempre tan poco trabajo que está pensando en retirarse, sin mencionar a la cuña de la ñ, que odia el internet porque le ha quitado su lugar y ha sustituido su ondulada presencia por "estupideces" de la talla de "ni". Ñi hablar.
.
¡Salud!