viernes, 11 de abril de 2008

Un país de zonámbulos.

Por muchas razones, pero en especial porque estoy a 15 -sí, quince, leyó usted bien- entradas de llegar a mis cien bailezotes, hoy omitiré mentalmente mi viudez intermitente -osea, estaba, se fue, regresó y volvió a irse- e intentaré hablar de la hora y media de buen cine mexicano que acabo de chutarme. Y, para beneplácito de todos ustedes, dedicaré un último párrafo, sólo como conclusión, para felicitar a Mi Arandera que hoy llega a sus 20 -años, no entradas, que en eso le llevo delantera... bueno, en las entradas y en los años voy igual, delante a paso veloz-, y los está cumpliendo con bombo, platillo y dos lechoncitos sacrificados.
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Rodrigo Plá podría no ser un nombre que nos suene muy conocido. De hecho, no es ni remotamente referente a algo brillante y a todas luces lucidor. Es un director, sí, que apenas empieza a mover el bote -"fosaaaaaa"- en eso de la dirección cinematográfica. Este que vi, de hecho, es apenas su segundo largometraje. Se llama -el filme, que él no, ya debió quedar claro eso- La Zona, y tiene poquito poquito poquito de haber entrado con mucho entusiasmo -"con bomba y rebote", diría mi Tía La Matraca-, en las salas cinematográficas. Y quizá el nombre sea lo que menos -o lo único que no- merece mención aparte en todo lo que a esta cinta mexicana se refiere.
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Voy a lo que voy, pues, jubiloso -gracias a mi buen Vitor por la palabrita-: en un México cada vez más desigual -creo a pie juntillas que nuestra geografía es lo que menos desigualdad posee en contraposición con nuestra situación social-, un grupo de ricos bien ricos se resguardan, temerosos de la inseguridad que reina en la capital de la República, en un complejo habitacional que da el nombre a la cinta. Y sí, viven todo el tiempo con miedo, y sí, sus casas son idénticas -o hasta más bonitas- a las que ambientan la serie Desesperate Housewives, y sí, todo dentro de La Zona es ordenancia, controlancia y tranquilida'... no, ¿ya dije que se la pasan cuidándose de hasta el aire que les sopla por la axila? Pues sí, así viven -¿viven?-.
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Y todo va relativamente en calma hasta que, en una noche de tormenta, un panorámico cae, derriba el muro que protege al complejo habitacional y por ese derrumbamiento -¿?- se meten tres escuálidos chamaquitos de las colonias marginadas que rodean a La Zona con la férrea, única y trabajosa intención de robar. Y, claro está, Rodrigo Plá -que también tuvo a su cargo el guión de la película- introduce entonces no nada más a los púberes ladrones sino a una cantidad -y calidad- de temas insospechada: la seguridad, el bien, el mal, el criminal, la corrupción, la justicia, la lealtad, la riqueza, la pobreza, la igualdad.
. ¿Quién es el malo en una película donde un criminal es perseguido por un grupo de vecinos cuyas acciones rayan en la esquizofrenia? ¿Quién el irracional en un país donde las oportunidades son cada vez más desiguales? ¿Quién es digno de impartir justicia y por qué ha recibido semejante distinción? ¿El que pega primero tiene el poder de pegar dos veces? ¿Qué es poder? ¿Quién lo da? La vida, la paz, la seguridad, ¿tienen un precio?
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A mí, como lo notarán, La Zona me dejó pensando mucho. Pienso que vivo en un país cada vez más radicalizado, cuyos polos sociales se han abierto en brechas tan distanciadoras que quien intentara unirlos necesitaría otros quinientos años de historia. Pienso que vivo en un país que no merece lo que le pasa, pero que, en definitiva, tiene el gobierno que se ha buscado. Pienso que amo a mi Patria, pero no por un sentimiento nacionalista ciego, a la altura del temible "esqueaquínací", sino porque sí, porque México, mi México, tiene todo -y de todo- para ser amado, adorado y ¡respetado!
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Pienso que estoy muy lejos de encontrar una solución a la multiplicidad de problemáticas que La Zona plantea. Así que, para no acabarla de amolar, les dejo mejor una recomendación póstuma: véanla convencidos de que su estómago está bien acomodado y no les hará pasar mal rato al terminar el filme. Osea, véanla bajo su propio riesgo. Malinchistas, por bien de los que no lo somos tanto, absténganse.
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Prepostdata. Si el tema no les llama la atención, aquí tienen otra razón de peso para no perderse la cinta: las excelentes actuaciones de Maribel Verdú -¡aja, maja!-, Daniel Jiménez Cacho y Marina de Tavira, y otros tantos de cuyos nombres no quiero acordarme.
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¡Salud!
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Mi Arandera llega hoy a sus 20 por la puerta grande. Llega a los 20 porque se los merece, los necesita -o más bien, la necesitamos- y son parte de ella, enmarcan su historia. Yo, si no hubiera más años para que viviera la humanidad, le daba los míos. ¡Felicidades múltiples, coma mía!

2 comentarios:

Victor H. Vizcaino dijo...

Que honda Agus, pues me fascino tu critica, me alegra que alguien se de cuenta y valore lo bello que es México, se dice que México no es el problema, el problema son los mexicanos, esperan la próxima dadiva del próximo político con la mano extendida, Octavio paz lo cita como "el ogro filantrópico", o mi colega Dennis lo ve como "un sistema político, social, cultural, basado no en el merito, si no en la relaciones, basado no en la excelencia, si no en los contactos, donde importa menos el grado que el apellido, donde los puestos se adjudican como recompensa a la lealtad y no al profesionalismo, donde la puertas se abren para los disciplinados y no para los creativos” pero de ahí en mas, creo que “querer es poder” y el cambio esta en querer, en fin el punto es que yo también creo que México, tiene todo -y de todo- para ser amado, adorado y ¡respetado!, no le sigo mas por que no se cuantas palabras quepan en este cuadrito, y creo que me desvié del tema principal, Jajajajaja, pero el baile me pareció ideal para desahogarme depuse de tus comentarios, Jajajaja.

Saludos y mis más sinceras felicitaciones a la “Cuñis”, por sus primeros 20 años.

Atte:

Víctor H. Vizcaíno

Wendy Piede Bello dijo...

Felicidades, felicidades a La Arandera.