martes, 1 de abril de 2008

Regresar al andar andando.

Lo difícil de salir de vacaciones es regresar a trabajar cuando la fiesta, el barullo y la distracción se dan por terminados. Aquí, en el baile, ya barrimos y trapeamos y volvimos a barrer -por favor, la estimable señorita que dejó un conjunto de Victoria's Secret colgadito de la lámpara de techo, pase a recogerlo lo antes posible... y si viene vestida mejor. Esto es baile, pero no acabose-. Nos hemos conformado, sin embargo, con mantener la música a volumen moderado y preparar más botanitas. Pero con el baile siguiendo un curso menos "orgiástico-apocalíptico", la escuela esperaba, y con ella el periódico -ya devolví, presa del pánico propio de mis informantes, las tres llamadas que me negué a contestar ayer... y hasta mandé fruit cakes navideños a los afectados-.
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Y en la escuela, pues como no queriendo me encontré con toda la bola de seudo letrados aspirantes a novelistas. La Cantante me recibió con look nuevo -se quitó como diez kilos de encima (¿más?, sí, más, y sigue la mata dando) y cinco de ellos eran de puro pelo-; La Casicasi, con su habitual rostro de cinematógrafa perturbada -pero guapa, chula chula la condenada-, me dio uno de esos abrazos que uno sabe que necesita pero no se anima a pedir; La Zucaritas, que cada vez trae el pelo más alborotado -es un desastre universal-al-al- me mandó decir que está muy bien, y La Malagueña, con esos ojos que parecen sumidos en la total somnolencia, me hizo reír como siempre. Platiqué con algunos otros pocos que hacía tiempo no veía, me tomé una foto haciendo el ridículo, platiqué con algunos pocos que hacía tiempo quería ver, me tomé otra foto esperando no hacer más el ridículo -claro, lo hice-, y hasta le pregunté a una persona que me era solamente respetada si desearía ser mi amiga. Osea que fue un buen día... y sigo pensando en ello.
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Por supuesto, como no puede faltar, La Carlos me avisó que de nuevo me lo cortaron -¡chin!, y tan bonito que me había quedado!-, y por supuesto, como tampoco puede faltar, El Meromerosaborranchero me hizo renegar... y reírme luego luegito de mis abigarrados genios.
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Y el día cerró con broche -o conversación- de oro ante la pregunta decidida de Mi Arandera: ¿en qué momento te pertenecí? Contesté como todo hombre lo hace ante preguntas tan profundas... poniendo en automático mi cara de "ahí disculparás, soy un idiota". "Sí, sí, ¿en qué momento me convertí en inolvidable para ti?" Dispuse la fecha con la dificultad de mi taciturna memoria -se solicita tarjeta de 1 giga, at least-, y ella aseguró que está enamorada desde que, el viernes pasado, vio a su madre platicar con la mía y entendió que valía la pena -sí, sí, la pena sí tiene valor- entregarlo -arriesgarlo, machacarlo, adiestrarlo- el todo por el todo.
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¿Y que por qué no andamos?, se preguntará la estimable concurrencia. Pues porque el decidido de su servidor no ha escogido todavía un discurso convincente para hacer del momento de petición algo validero. Sí, sí, digan lo que quieran, pero los momentos son los momentos y si uno se planta así nomás -digo, tampoco voy a leer ni declamar- corre, siendo medio retrasado como yo y falto de sentido común, corre el infinito riesgo de regarla. Total, no pasa de que me digan que, sí, conforme a mi autoconcepción, soy un bestia -efetivamente, efetivamente-. Mi Arandera -que no es mía, pero ya rayó mi brazo con su nombre-, sigue esperando, y yo apenas voy llegando a conclusiones inútiles. Sí, no se preocupen por mí, un día de estos amanezco ocupado y me les fui.
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¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Se quieren y no son novios. Ayer estaba realmente dormida. Te quiero amargado enamorado.