miércoles, 30 de abril de 2008

Ley del libro: el libro es ley.

Mil gracias narradas llegan hoy hasta mis oídos. Lo que hasta hace unas semanas parecía tan sólo una propuesta lejana, desde aquellos aciagos días en que me enteré de lo sucedido -yo, que rara vez ando enterado como debiera-, hoy es ya una realidad latente, permanente y legal. Sí, legal, legal como deben ser las cosas buenas, aunque en este país se les olvide por completo. . Hoy, después de muchos días de paro "energético" -que no enérgico, ni energetizante- los senadores y diputados por fin se pusieron de acuerdo e hicieron por México, este México en el que todos ayudamos con los gastos -y chin chin al que no lo haga-, un bien de a de veritas. . De mano en mano cedida, detenida en su transcurso por las instancias legales en múltiples ocasiones desde su propuesta, elaborada inicialmente, según me dicen mis informantes, en los primeros años de este ya no recién iniciado siglo-milenio, la Ley de Fomento a la Lectura y el Libro por fin llegó a la administración adecuada para su entendimiento y fue recibida con múltiples votos a favor y mucha, pero mucha, consideración amistosa, esto el día de hoy, hace apenas unas cuantas horas. . Déjenme les explico según lo entiendo: a partir de que entre en vigor -todo parece indicar que su publicación en el Diario Oficial de la Federación (acto inaugural de toda ley) se llevará a cabo el próximo mes-, los libros tendrán el mismo precio en toda la República Mexicana, lo que obligará a todos los encargados de hacer que los materiales bibliográficos lleguen a nuestras manos a eficientar sus tareas y moderar sus insumos. . Así, pues, a partir del próximo mes, la editorial -imaginen la que sea, a mí, en general, todas me simpatizan (a excepción de esas sin escrúpulos que venden las obras literarias guillotinadas o mal impresas)- elaborará, basándose en criterios como distribución, título, autor y número de páginas, una lista de precios al público que será válida - y reclamable, ¡ojo!- en todo el territorio nacional. . Así, pues, García Márquez en Guadalajara costará exactamente lo mismo que García Márquez en Monterrey o el Distrito Federal. De este modo, los libreros podrán abastecer de libros, sin temor a pérdidas significativas dadas por precios desconsiderados que impidieran su compra y venta, todas las entidades del país en un margen realmente reducido de tiempo. Más libros, más ejemplares, al mismo precio. . ¿Y que cómo se logrará? Con la determinación de precios promedio al público y auxilio gubernamental a las empresas editoriales, fortaleciendo sobre todo a la publicación nacional, que a veces se ve mermada por la entrada en el mercado de títulos importados. Osea, más títulos, a precio promedio y equilibrado, en todo el país, con preferencia para los hechos en casa. ¿Así o más bueno quieren el mole? Queda pues, lejos de todo miedo, la posibilidad, hasta hace poco latente, de que se afecte con IVA al libro por no ser considerado artículo de primera necesidad -risas-.
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Claro que, como sucede con toda nueva ley, la hoy aprobada tiene sus contradicciones: ¿cómo tendrán el mismo precio, o similar, cien páginas de Saramago que cien páginas de Gaby Vargas? ¿cómo tendrá el mismo valor económico un libro de pasta dura de Porrúa que un libro de pasta dura de Editores Mexicanos Unidos? ¿y a los clásicos, como los de don Homero, o don Shakespeare -léase chaquespeare-, quién los valorará y a qué precio? Pues sí, ni hablar, asuntos por arreglar que, esperemos, las administraciones gubernamentales harán lo posible por subsanar.
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Así que, como lo manda la coma y este nomás es su humilde servidor, lo digo en pregón más alto: ¡quede este día escrito con letras claras en la historia de las leyes del país! Y al que no le guste -ey, amigo librero, ¡ya bájele!, está viendo la tempestad y no se arrodilla...-, pues ¡chin chun chan! Ya dije.
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¡Salud!

2 comentarios:

Butterflied dijo...

Enhorabuena, pues. ^^

Wendy Piede Bello dijo...

¡A huevo! En mi regri nunca falta leche, queso, aguacate y un libro.