domingo, 20 de abril de 2008

Fama: con f de falso.

"Si lo pensamos bien, una millonésima parte del país aparece en revistas, actúa en televisión, ocupa los espectaculares y su nombre es reconocido por los otros cientos de millones que, simple y sencillamente, son entretenidos por los "artículos de colección" en que se han convertido los que se dicen artistas".
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Es difícil que yo recuerde una frase. Esta se me quedó grabada por dos razones: la escuché en la tersa voz de Issa López, una muy productiva cineasta mexicana, y, además, toca un tema que yo ya traía rato queriendo abordar en este baile: el tintineo espectacular del show business mexicano y sus secuaces.
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Issa López, creadora de aberraciones de la talla de Niñas mal -ok, ok, no la he visto, pero con los cortos me basta y sobra... ¡y aquí no aplica la de no juzgar un libro por su portada, si se supone que los cortos son lo mejorcito de la cinta!-, o Ladies' night, y que le atinó un poquito más al clavo con Efectos secundarios -"¿Por qué con la pelos, güey?"-, trajo a su boca la singular frase con que he iniciado esta entrada al ser cuestionada por Fernanda Familiar -"Ay, no, no, no, noooo Iiiiiissaaaaa, osea que si... ay, no, no, no, no, no puede ser"- sobre el argumento de su creación más reciente: Casi divas.
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Sobre la película... temo me hace falta otra revisada del material para poder darles un comentario más certero. Por lo pronto, en un primer ojo de buen alfiletero, no está mal para dominguear un sábado por la tarde -?- Vayan a verla para apoyar al cine mexicano y ríanse de los chistes sonsos y suspiren con dos o tres buenos, muy buenos diálogos, que la cinta tiene. Fuera de eso, me espero a la segunda vuelta.
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El argumento es la cuestión: en un país de 103 millones de mexicanos -me dicen en este preciso momento mis informantes que ya somos como 106, que no le baje, pero me da flojera borrar tanto número, así que actualícense de ya: 106 millones-, sólo un 1%, o menos, muchos menos, viven de su imagen y aparecen en portadas de discos, televisión, radio, cine y teatro, se habla de ellos en programas de espectáculos más cómicos que informativos -y más degenerativos que otra cosa-, y se les llama, nomás porque la cámara los quiere y los hace salir estéticos en cada toma, "artistas".
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"¿Y el otro titipuchal de gente?", preguntará el avisado lector. Bien, gracias, viviendo de la burla que los medios logran sacar de los que sí salen en revistas, sí generan raiting y sí viven de su imagen.
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La cuestión está más bien, y no lo digo yo, que lo pienso, sino Issa, que también lo piensa, en la multitud -y grosor- de paradigmas que los medios han formado al ensalzar a figuras de la talla de Bobby Larios y Poncho Denigris. Así, si antes caminábamos pian pianito para ser una nación sin complejos ni representaciones idolátricas, ahora nos convertimos cada vez más en adoradores de los dioses Irma Serrano -bueno, esa por lo menos trabajó en su juventud- y Carmen Campuzano -si alguien vio su naríz, haga favor de devolvérsela, no sea gacho-.
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Y como no nos bastan los famosos de la tele, que aveces ni las gracias dan, buscamos hacer famosos a gente que ni la debe, ni la tiene, ni se la merece. ¡Ah, claro!, y con la fama y el escándalo viene también la definición del ser. ¿Cómo? ¿Pues que no han visto el slogan publicitario de la nueva revista de sociales? Ah, pues la revista se llama "SOS" (sí, ¡auxilio por favor!, ¡que alguien nos ayude!) y la frase representativa dice más o menos: "Porque si no sales aquí, no eres nadie".
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Osea que ni yo, que me apellido Madrigal, ni mis amigos, que no son Corcuera, Lizárraga, Orendáin ni Ibezoazabal, ni mis parientes, que a lo mucho llegan a Cruz y de ahí no pasan, ni usted, quizá, lector, ni otros tantos que conozco por ahí, somos nadie. Caray, yo que ya creía que por tener un blog agarraba lugar en esta Tierra y no andaba nomás de oquis.
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Y lo triste del asunto es que las señoras copetonas con hijas güerejas embarazadas todo el año, o las esqueléticas morenazas que posan en sus mansiones, o los expresidentes que presumen ranchos émulos de El Jardín de las Delicias, todos ellos y los que me faltan, se la creen. Se creen que la foto los hace y el apellido los confirma. Éjele, se la creyeron.
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Triste nuestra situación, triste nuestra realidad, triste que se gaste tanto papel en tan miserable asunto. Yo, tiempo atrás, cuando conocí la Quien, decidí que era momento de hacer algo y es hora que no salgo en una. "¿Y eso qué?", preguntará el curioso. Pues que si todos hacemos lo posible por no salir en esas publicaciones, pronto ya no habrá nada que retratar y el negocio se les irá directo al fart. Yo ya dije.
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Ahora que si alguno de ustedes -o todos- quiere posar en un reclinable comprado en Milán -no, no, Milano no, Milán- entre dos cuernos auténticos de elefante australiano y quince jarrones de la dinastía Ming, bajo un encabezado que dice algo así como "Fulanito Iservayán de los Monteros nos abre las puertas de su lujosa residencia en Chimulco", pues allá ustedes. Yo, por si las dudas, ni los jarrones he comprado.
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¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

Yo ya tengo mis jarrones de murano junto a la pecera vacía de mi tiburón. Era falso el matrimonio y Puerquísimo no tiene seguro, chale.