sábado, 5 de abril de 2008

Del Infierno al no me acuerdo.

Sus años son los de la especie... quizá más. Nació con las tradiciones, los cultos, las culturas. Se formó en el fogón de los mitos, en el compás de los cánticos primarios y ditirambos, en las noches de luna, en la tradición oral. Caminó por las praderas, por las sabanas y las esteras. Atravesó páramos, conquistó las montañas heladas, se arriesgó en los mares salados, de donde otros tantos monstruos surgieron también. Fue, en el fondo del corazón de hombre, eterno terror y complejo ser de manías fuertes, de convencimiento ineludible. . Ha recibido tantos nombres como culturas han pisado el mundo. En un momento, sin embargo, supo colarse, como la idea constante que era, en la tradición de un pueblo que, guerras y siglos después, vio surgir a la creencia religiosa más impactante en la historia de la humanidad. Y entonces él, todo corazón, todo alma, todo putrefacción, tomó su lugar. Ya no fue una sombra, una simple sospecha, encarnación del mal. Se convirtió, con el soplete del mito mismo, en un ser insufrible, indeseable, un ángel caído: Luzbel ("luz de Dios"), abominable, nunca entendido, repudiado, se convirtió en Lucifer, “luz” de los infiernos. . Y así, caminando de la mano del cristianismo como cultura cada vez más imperante, llegó a la Edad Media del hombre y reclamó su propio espacio en las tradiciones de los pueblos europeos en formación. Y se lo dieron. Quizá porque al catolicismo le satisfacía la idea de que Dios poseyera un eterno oponente, un representante vivo de todo lo “no divino”, una peste, la basura de la cual huir, debido a la cual buscar refugiarse en el brazo bienamado de la Iglesia, en su mensaje de "salvación" portado desde la ascensión de Cristo al seno de su Padre.
.
Voy a todo esto porque hace unos días, me dicen mis informantes que no se rajan, el líder máximo de la Iglesia Católica, el Papa Benedicto XVI, declaró en una homilía que el infierno existe -pese a lo que muchos creen- y es no un espacio mental o espiritual, sino un espacio físico de alto tormento, consideración y peligro -pese a lo que muchos creían-. Y con todo esto, claro está y porque nadie podía olvidarlo, existe Lucifer.
.
Sí, leímos bien. Al morir, "descendemos" -vaya uste' a saber si está en verdad abajo, y de qué- a una caverna misteriosa, nos recibe un diablo con pinta de juez -ah, mire usted, ya llevamos ganancia: en México hay puros jueces con pinta de diablos-, lee el libro de nuestra vida y nos dirige con dos poco amables azafatas a nuestro lugar de castigo eterno. Y luego el Meromero -no saborranchero, todavía no llega a esas andanzas cruentas mi buen amigo-, se aparece, nos da tres nalgadas y nos manda a dormir en una cama de clavos... porque todo esto existe.
.
Si usted fue muy malo en vida, y cursó sus días perdiendo el tiempo o robando dinero -ambos síntomas de que usted es diputado-senador en acto o en potencia-, quizá le toque que un émulo de Lorena Herrera -con más pezón, más cuernos y más cara de hombre- le santolotee la espalda con una latabotella de Jumex partida por la mitad y rociadita de limón. Si usted no fue tan malo y nomás engañó a su mujer -se aceptan rechiflas-, quizá le toque entonces pasar su eternidad en el palenque de un diablo travesti imitador de Paquita la del Barrio -aguas con los engaños, que esto es peor que lo de la latabotella-. .
Yo, como soy muy autodidacta, y medio incrédulo, ya agarré mis chivas y me dispuse a buscar la entrada al infierno. Si la hallo, y con ella a Lucifer, les llego con el chisme y nos ponemos todos muy contentos. "Si no", como decía el guionista de Amelie, "pues no."
.
Ayer fue viernes, y aunque no tocó, hoy sí hay fiesta -e infiernito- y chance y toca. Mi Arandera cumple 20 -ya matamos al lechón y vamos por el cerdote-, y lo va a estar celebrando toda la semana. Quedan invitados, o mejor no, para que luego no me dejen solito en este baile.
.
Y a los que quieran anotarse en la expedición al infierno... consíganse una vida.
.
¡Salud!

1 comentario:

Wendy Piede Bello dijo...

A ver,no entendí, La Alteña es Tú Malgueña y yo soy La Malagueña, o ¿qué?, o ¿cómo?