jueves, 24 de abril de 2008

De a boda por choque.

Y que choca. Y a mí, como no soy fanático de burlarme de la desgracia ajena -?-, pues simple y sencillamente me tocó acompañarla en su dolor -físico, emocional, intelectual, económico, en fin, toda esa serie de dolores que le llegan a uno (me han contado) cuando choca-.
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"Es que yo iba dando la vueltita", contaba entre sollozos, "y el otro venía hecho la mocha (¿ya notó alguien como a los culichis nos gusta chochear?), y nomás sentí el golpe y salí girando". Asustada, mi hermana, que entre otras muchas cosas sabe hacer finanzas sanas, me relataba los hechos todavía medio golpeada, medio ultrajada y medio llena de vidrios. Yo, como paciente ser sujeto al aviso del llanto ajeno que soy -?, otra vez-, me resigné a escucharla y consolar su pena.
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¿Y la Cheyenne, apá? Mal, muy mal, en pérdida total, lo que significa, según me han explicado mis informantes, que si lograra algún día un mecánico entusiasta echarlo a andar, el Vaticano tendría suficientes motivos para nombrarlo santo -"San Clodoveo de Tepito, patrono de mecánicos, eléctricos y carroceros"-.
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¿Y que cuál es el alboroto si quedó viva y nada más rasguñadita? Pues que esas dos cosas son incombinables para el momento que vivirá el próximo sábado -¿ya?, ¿así sin avisar siquiera?-: su boda civil.
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Sí, leyeron bien, se nos casa y se nos va luego lueguito para Monterrey a disfrutar de un fin de semana de lunamielera express. No, no es cuestión de falta de presupuestos -aunque el choque la mediomucho desfalcó, todavía hay reservas para pagar iglesia, flores y fiesta, esto el próximo año-, sino falta de tiempo. Y es que, parecería imposible, todo lo que gastará en la boda lo va a obtener trabajando. ¿Que el dinero no crece en los árboles? ¿Deveritas deveritas?
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Por lo pronto está tomando terapia intensiva para no andar en la ceremonia civil del sábado en pose de Cuasimodo tras noche de parranda. Y, siendo sincero, ya hoy la vi mejor, ya por lo menos no generaba ese sentimiento de desazón que inevitablemente provocan en gentes sensibles como yos -?- los individuos cons collaríns. Ya nomás es cuestión de que le pongan en su lugar dos o tres vértebras que trae en posición de torre de Jenga al final de la partida, para que pueda caminar hacia el "escritorio" y firmar "amor eterno hasta quel divorcio los separe". ¡Iñor!
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Ah, prepostdata: sí, es la misma hermana que hace poquito azotó en las escaleras al intentar bajarlas. Si les digo que el que tiene pacto con el suelo no niega dicha unión indisoluble.
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¡Salud!

2 comentarios:

Butterflied dijo...

Pobre!!!

Al menos espero que el matrimonio cambie su suerte, se separe del suelo para casarse con las mieles de amor y no le queden muchas secuelas (en ambas cosas, que sabemos que el amor puede herir mucho más que cualquier golpe...)

Felicidades a la novia por la boda y por un hermano como tú.

Besos. ^^

Wendy Piede Bello dijo...

Ni hablar, cuando te toca, aunque te quites, y cuando, aunque te pongas, dice la Tania García. Que le lleve el coche al Meromerosaborranchero, si no se lo arregla, mínimo, le consigue otro.